Eclesiástico, escritor, pedagogo y humanista antioqueño
(Medellín, marzo 23 de 1887 - Bogotá, diciembre 16 de 1965). Fue el padre jesuita Félix
Restrepo, a no dudarlo, una de las personalidades más destacadas e influyentes de nuestra
patria durante los últimos decenios; notable filólogo, escritor, helenista, letrado,
pedagogo, orador y sacerdote egregio y una de las figuras más familiares y preciadas para
todos los colombianos. Nació el padre Restrepo en Medellín, en el hogar de Juan Pablo
Restrepo y doña Ana josefa Mejía. Su padre, distinguido magistrado, jurista y
catedrático, dejó perdurable recuerdo de virtudes cristianas y civiles. Cursó estudios
de bachillerato en el colegio de San Ignacio de Medellín. En 1903 ingresó a la
Compañía de Jesús. Ya en ella, adelantó estudios en el colegio noviciado de María
Inmaculada de Bogotá (1903-1906). En este año de 1906 sus superiores lo enviaron a
España, país en el cual continuó su preparación sacerdotal y humanística en las
ciudades de Burgos y Oña (19061910). En 1911 se doctoró en la ciudad holandesa de
Valkenburg, donde se habían establecido los jesuitas alemanes expulsados por Bismarck. En
1920 obtuvo el doctorado en teología, en Oña, y en 1923 el de pedagogía, en Munich. En
los años siguientes residió en Madrid (España), donde fue redactor de Razón y Fe y
allí, en 1926, recibió del general Primo de Rivera el nombramiento de consejero real de
Instrucción Pública. Ese mismo año regresó a Colombia y ocupó aquí sucesivamente los
siguientes cargos: director de la Juventud Católica, prefecto de estudios de los colegios
de la Compañía de Jesús en Colombia y rector del seminario de la Compañía en nuestro
país. En 1932 fue nombrado decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Jurídicas de
la Universidad Javeriana (luego Pontificia Universidad Católica Javeriana) de Bogotá, en
cuyo restablecimiento había colaborado eficazmente con el entonces provincial, padre
Jesús María Fernández. En 1941 pasó a ocupar la rectoría de la Universidad, que
desempeñó hasta 1949. En 1940, el gobierno nacional, por iniciativa del ministro de
Educación Jorge Eliécer Gaitán, fundó el Ateneo Nacional de Altos Estudios,
institución destinada al cultivo de la investigación científica y que debería
continuar, entre otros trabajos, el Diccionario de construcción y régimen de la lengua
castellana de Rufino José Cuervo y las realizaciones de la Expedición Botánica de José
Celestino Mutis. Como vicepresidente del Ateneo y director de la Sección de Filología
fue designado el padre Restrepo. Del proyectado Ateneo sólo sobrevivió la mencionada
Sección de Filología, que tomó primeramente el nombre de Instituto Rufino José Cuervo
y, luego, a partir de 1942, el de Instituto Caro y Cuervo. Dirigió el padre Restrepo las
labores del Instituto hasta el mes de julio de 1948. En octubre de dicho año, por decreto
número 3507, fue designado presidente honorario del mismo. En 1955 pasó a ocupar la
dirección de la Academia Colombiana de la Lengua, de la que era miembro de número desde
1933. Estuvo al frente de la Academia hasta el día mismo de su muerte, ocurrida
súbitamente cuando se dirigía a su despacho a continuar la faena cotidiana. Fue el
ilustre jesuita miembro de innumerables academias y sociedades cultas de Colombia y del
exterior: socio de número de la Academia Colombiana de Historia, miembro de número de la
Academia Colombiana de Jurisprudencia, miembro correspondiente del Centro de Historia de
Tunja y presidente honorario de la Asociación de Escritores y Artistas de Colombia, entre
otras. Dos meses antes de su muerte, el 13 de octubre de 1965, la Universidad de Antioquia
le confirió solemnemente el doctorado Honoris causa en Ciencias de la Educación. El
padre Restrepo también representó a nuestro país en el primer seminario de estudios
sociales, reunido en Washington en 1942, y formó parte de la embajada que el gobierno de
Colombia envió a Roma con motivo del año santo (1950), con el rango de enviado
extraordinario y ministro plenipotenciario.
Educador y periodista
Desde cuando era estudiante de teología, tomó el padre
Félix Restrepo la resolución de dedicar su vida a la educación de la juventud, ideal
que se fue ampliando hasta convertirse en el anhelo de encauzar y dirigir los destinos de
la sociedad entera, pues, como él mismo decía en página autobiográfica, la pedagogía
le atraía no tanto como «arte para educar y perfeccionar a los individuos» sino como
«ciencia para transformar las sociedades». Pero si sus tesis no lograron imprimir, al
parecer, nuevos rumbos a nuestra sociedad, sí llegó, en cambio, a ser el maestro por
excelencia, universalmente respetado y acatado, que formó toda una pléyade de
discípulos. Sobre problemas relacionados con la pedagogía propiamente dicha versan sus
obras La libertad de enseñanza (Madrid, 1924), y La reforma de la segunda enseñanza
(Bilbao, 1924), a más de muchísimos escritos menores, aparecidos en España y,
posteriormente, en Colombia. Ya en sus años del "magisterio" jesuítico fue
profesor de varias materias en el colegio San Pedro Claver de Bucaramanga, de 1912 a 1916.
Unos años después obtuvo el ya mencionado doctorado en pedagogía en la Universidad de
Munich. La tesis doctoral se intitulaba Die Entwicklung des Elternrechts in Deutschland
seit der Reformation (1924), y ganó el segundo premio en un concurso abierto por la
Universidad. Antes de recibir el grado, y como preparación a él, visitó las
universidades de Alemania, Francia e Inglaterra con el objeto de conocer su organización.
De 1924 a 1926 libró en España una campaña periodística para lograr la reforma de la
organización escolar y mereció ser nombrado, por el gobierno español, consejero real de
Instrucción Pública. En 1926 el gobierno de Colombia resolvió contratar una misión
alemana para la reforma de la enseñanza; con tal motivo fue llamado a la patria el padre
Restrepo, quien en dicha oportunidad escribió unas "Glosas al proyecto de reforma
instruccionista", publicadas en El Nuevo Tiempo, de Bogotá, en que quiso dar pautas
a la reforma; pero, desgraciadamente, el Congreso de la República se desentendió del
asunto y el proyecto quedó sepultado. Sus servicios a la recién fundada Universidad
Javeriana de Bogotá fueron relevantes. Durante el período de su rectorado, la
Universidad creció notablemente con la creación de nuevas facultades, entre las que se
cuentan la de medicina y las femeninas; se multiplicó varias veces el número de alumnos
y mejoraron las dotaciones disponibles. El padre Restrepo fue, además, profesor de griego
de 1936 a 1940, con algunas interrupciones, en la Escuela Normal Superior de Bogotá.
Conexa y afín con la labor pedagógica fue su extensa actividad periodística. Cuando
todavía no había recibido las órdenes sacerdotales, fundó (1913) y dirigió en
Bucaramanga la revista Horizontes. En Madrid, España, fue redactor del diario El Debate,
que dirigía el cardenal Angel Herrera, así como de la revista tradicional de los
jesuitas españoles, Razón y Fe. De regreso a Bogotá, dirigió Juventud Católica
(1926-1929). En 1934 fundó la Revista Javeriana, de que fue director hasta 1945. Para
dicha revista redactó un sinnúmero de notas y comentarios sobre cuanto libro de interés
caía en sus manos o sobre los problemas que por entonces se debatían.
Académico
El padre Restrepo fue un académico activo y entusiasta.
Se dio cuenta de que hay que contrarrestar la tendencia existente en nuestros países a
adoptar no sólo usos y costumbres ajenos sino aun a abandonar el alma y la personalidad
propias. Así mismo, percibió claramente la necesidad de exaltar y defender los insignes
valores espirituales que perviven y se expresan en la lengua y en la literatura españolas
y a esta causa consagró buena parte del espléndido caudal de sus energías. Ya en 1915,
cuando realizaba las prácticas pedagógicas indispensables en la carrera del jesuita (el
"magisterio"), le sorprendió el nombramiento como académico correspondiente de
la Academia Colombiana que esta institución le había conferido por iniciativa de don
Marco Fidel Suárez y don Antonio Gómez Restrepo. Fue elegido académico de número, para
suceder, justamente a don Marco Fidel Suárez, en 1933, y tomó posesión de su sillón en
octubre del mismo año. En 1942 fue elegido subdirector de la Academia. Presidió la
delegación de la Academia Colombiana al primer congreso de academias de la lengua
española, reunido en la ciudad de México en 1951, y pronunció el 23 de abril de dicho
año el discurso inaugural del congreso. Formó luego parte de la comisión permanente de
academias que en México se encargó de llevar a la práctica las resoluciones aprobadas
por el primer congreso, en calidad de vicepresidente. En 1955 la Academia lo eligió
director y bajo su dirección se inició para esta institución una etapa singular de
pujanza y renovación. Logró, en primer término, que el Estado contribuyera a la
dotación y funcionamiento decoroso de ella. Obtuvo, además, el apoyo del gobierno
nacional y del Distrito de Bogotá para la construcción del edificio de la Academia, el
que tuvo la satisfacción de ver concluido, después de vencer un sinnúmero de
dificultades, y en el que se reunió el m congreso de academias de la lengua española,
del 26 de julio al 6 de agosto de 1960. Gracias al celo del padre Restrepo, la Academia
inició una serie de publicaciones, entre las que figuran las Obras completas de Rafael
María Carrasquilla. También se reanudó la publicación del Boletín de la Academia
Colombiana, se atendieron consultas idiomáticas y se examinaron centenares de neologismos
con el objeto de encauzar la evolución futura del idioma; se organizaron concursos y
conferencias de prensa, con lo que se logró hacer de la Academia una institución
operante y de influjo sobre la opinión pública del país y de real prestigio en el
exterior.
Obras
La vocación de defensor y cultor de la lengua castellana
y de maestro, que demostró el padre Restrepo durante toda su vida, le llevó a componer
una serie de textos útiles y atrayentes para la enseñanza de nuestro idioma, algunos de
los cuales han conocido muchas ediciones. Son ellos: El castellano en los clásicos (3
tomos, 1929, 14á ed., 1962); Raíces griegas (1935) y La ortografía en América (1936,
12á ed., Medellín, 1960). También sobre temas de castellano tratan: El castellano
naciente (1956), Astros y rumbos: Discursos académicos (1957) y Alarma en el mundo
hispánico (1958), que es el discurso inaugural del Seminario Andrés Bello del Instituto
Caro y Cuervo, que no pudo pronunciar por causa de grave y súbita dolencia. De los años
juveniles del connotado jesuita datan las dos obras que le ganaron amplia fama de
filólogo. De 1912 es la primera edición, hecha en Friburgo de Brisgovia, de la Llave del
griego: Colección de trozos clásicos según la "Antología micra" de Maunoury.
Comentario semántico, Etimología y Sintaxis, escrita en colaboración con el padre
Eusebio Hernández, y cuya 5 edición apareció en Barcelona en 1959. El Comentario es
obra exclusiva del padre Restrepo y en ella presenta la etimología griega de más de tres
mil palabras españolas, lo que hace del libro también una valiosa ayuda para el
estudiante de historia de la lengua española. En 1911 concluyó el más importante de sus
trabajos en el campo de la lingüística: El alma de las palabras: Diseño de semántica
general, que es el primero y, por muchos años, el único libro escrito en español sobre
la materia y el primer ensayo serio de semántica española. La primera edición de este
libro apareció en Barcelona, 1917. Su discurso de ingreso a la Academia Colombiana, La
cultura popular griega a través de la lengua castellana, 1933, es otro testimonio de su
versación en las filologías helénica e hispánica. Su último trabajo fue un estudio
titulado La evolución semántica en el castellano de Jiménez de Quesada, escrito como
contribución al Homenaje a Dámaso Alonso (Separata del Homenaje a Dámaso Alonso,
Madrid, 1963; publicado también en el número 54 del Boletín de la Academia Colombiana,
Bogotá, 1964), donde recogió algunos centenares de voces notables del Antijovio y
explicó su significado. En cuanto al Instituto Caro y Cuervo, bajo su dirección dio
éste los primeros pasos. En asocio de don Pedro Urbano González de la Calle, inició las
labores de continuación del Diccionario de construcción y régimen de la lengua
castellana, de Rufino José Cuervo, con un examen y escrutinio detenidos de los materiales
dejados por el gran filólogo bogotano para el Diccionario. Igualmente el padre Restrepo,
el profesor González de la Calle y sus colaboradores reanudaron la lectura de clásicos y
la correspondiente recolección de papeletas lexicográficas con destino a la gran obra, y
comenzaron la publicación de las 48 palabras que Cuervo dejó completas, en las páginas
del tomo 1 del Boletín del Instituto Caro y Cuervo. Cuando, en 1957, se inició la
organización del Seminario Andrés Bello como dependencia del Instituto Caro y Cuervo, se
le designó decano de él, mediante la resolución 200, de 31 de octubre, expedida por la
dirección del Instituto. El padre Restrepo se posesionó en mayo de 1958 del decanato,
pero en septiembre del mismo año se vio obligado a retirarse por causa de su delicada
salud, que por entonces le impidió también dictar la cátedra de estructura del
español, creada por iniciativa suya, y que sólo más tarde, en 1961, pudo profesar
durante algunos meses. A1 hacer la cuidadosa revisión de los papeles de Cuervo,
conservados en la Biblioteca Nacional de Bogotá, tuvo el padre Restrepo la satisfacción
de encontrar algunos trabajos inéditos de don Rufino José y el texto de otros que,
aunque publicados anteriormente, habían sido completamente reelaborados. De ellos eligió
los tres más importantes: Castellano popular y castellano literario, Las segundas
personas de plural en la conjugación castellana y Disquisiciones sobre antigua
ortografía y pronunciación castellanas y los reunió y editó en un volumen, que es el
primero de la serie de Publicaciones del Instituto Caro y Cuervo, con el título de Obras
inéditas de Rufino José Cuervo (1944). En 1939, año del centenario de Epifanio Mejía,
publicó las poesías del vate antioqueño en edición crítica con prólogo y notas suyas
(Epifanio Mejía, Obras completas, Medellín, 1939). Posteriormente dirigió la edición
Poesías selectas de Epifanio Mejía, Bogotá, 1958. En repetidas ocasiones le cupo hacer
el elogio de ilustres figuras de nuestra literatura y de nuestra historia en oraciones de
factura elegante y sencilla. A honrar la memoria de Marco Fidel Suárez, su coterráneo,
por quien siempre sintió encendida admiración, consagró el padre Restrepo nobilísimas
piezas oratorias, que fueron reunidas en el libro El oro en el crisol, Bogotá, 1955. De
él quedaron así mismo, muchos otros discursos sobre temas religiosos, patrióticos,
literarios y académicos, parcialmente recogidos en los ya mencionados libros Astros y
rumbos y El oro en el crisol, y, además, en La cultura popular griega a través de la
lengua castellana y otros discursos, Bogotá, 1938, y en el tomo 79 de la Selección
Samper Ortega de literatura colombiana: Oradores sagrados de la generación del
Centenario. En el tomo ~ del Boletín del Instituto Caro y Cuervo puede leerse la oración
"Vida escondida de Rufino J. Cuervo", pronunciada en el centenario del insigne
lingüista. Otras obras suyas son: una selección y traducción de algunos tratados de San
Agustín: San Agustín, sus métodos catequísticos, sus principales catequesis:
Introducción, traducción, comentarios y notas por el P. Félix Restrepo (Madrid, 1925),
España mártir (1937) y España anárquica (1937), que tratan de los sucesos que por
entonces acaecían en España. Síntesis de sus complejas inquietudes intelectuales son
los Diálogos en otros mundos (Manizales, 1936), en los que, con increíble agilidad,
salta de las consideraciones sobre política doméstica colombiana a la glosa literaria e
idiomática y a las disquisiciones físicas y astronómicas. Con este libro guarda alguna
similitud Entre el tiempo y la eternidad (Bogotá, 1960, y Santander, 1963), la obra
predilecta de sus últimos tiempos, especie de testamento filosófico, donde intenta una
vez más, como otros hombres de la modernidad, el itinerario ideal de Descartes. En
prominentes hombres de acción no refleja, sin embargo, la obra escrita, aunque ella sea
muy grande la bibliografía del padre Restrepo abarcaba hasta 1950 setecientos siete
numerales- sino un aspecto parcial de su personalidad y de su influjo humano. La obra que
dejó el padre Restrepo no está únicamente en los múltiples escritos que de él quedan
esparcidos por periódicos y revistas como producto de su incansable pluma, sino en los
frutos reales de su actividad incesante como director de institutos de alta cultura, como
profesor y educador, como fundador de empresas relacionadas con la educación y las
letras, tales como la Editorial Voluntad, que él organizó en 1928, y como sacerdote y
soldado de Cristo.
RUBÉN PÁEZ PATIÑO
Noticias Culturales, N° 61, 1966
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.