Escultor y pintor nortesantandereano (Pamplona, 1923).
Eduardo Ramírez Villamizar hizo algunos años de arquitectura en la Universidad Nacional
de Bogotá, entre 1940 y 1943, aunque desde adolescente se inclinaba por las artes
plásticas. A1 dejar la carrera de arquitectura, comenzó a pintar en términos
expresionistas, un poco a la manera de Georges Rouault. El paso definitivo al arte
abstracto lo dio en París, poco después de su llegada a esa ciudad en 1950. Vinculado al
arte geométrico, Ramírez no fue un epígono más, sino que realizó una obra personal,
caracterizada por la relación estrecha de unas formas planas que, presididas por la
línea recta o la línea curva, por diseño y color se imbrican o se engranan entre sí. A
veces la composición está dominada por las curvas, otras veces sólo hay rectas, aunque
en la mayoría de los casos aparecen unas y otras en los más diversos acoplamientos. El
colorido es variado, pero hay un predominio del rojo, el azul, el verde, casi siempre
puros, y de los neutros, el negro, el blanco y los grises. La pintura abstracta de
Ramírez fue el preámbulo necesario de su obra de escultor. Es tal la unidad de toda su
producción, que algunos cuadros anticipan claramente sus primeros relieves e, incluso,
anuncian las formas y los espacios de sus esculturas libres. Entre 1959 y 1964, Ramírez
Villamizar realizó numerosos relieves. Los primeros son blancos. Los planos superpuestos,
de escaso espesor, prolongan tanto la morfología como las composiciones de las pinturas.
Poco a poco los relieves se vuelven más complejos, los elementos se multiplican y sus
relaciones se hacen más intrincadas. También aparece el color (el amarillo, el azul, el
ocre), aunque el blanco sigue predominando. Los relieves de 1962 fueron dedicados por el
artista a la orfebrería precolombina, y aunque estas obras no tienen nada que ver con
aquellas piezas, es innegable que Ramírez Villamizar ya era un estudioso del Museo del
Oro, en el que aprendió mucho del diseño, la organización de las superficies y los
contrastes entre planos lisos y otros muy elaborados de los trabajos prehispánicos. Desde
antes de sus primeros relieves, ya el artista había hecho incursiones en el campo de la
escultura exenta. En 1963, en medio de su producción de relieves, Ramírez Villamizar
trabajó la escultura libre Homenaje al poeta Jorge Gaitán Durán. Esta obra es un doble
relieve, a manera de pared, de la que, a uno y otro lado, surgen elementos proyectados y,
en especial, una serie de ondas localizada en el centro del rectángulo. Entre 1964 y 1966
Ramírez realizó otras esculturas exentas: Al poeta Eduardo Cote, Saludo al astronauta,
Reliquia y otras.
Ramírez Villamizar frecuentó los Estados Unidos desde
los primeros años cincuenta. Vivió en Nueva York de 1967 a 1974. Allí comenzó a
trabajar láminas de plástico, inclinó los planos que siempre se habían mantenido como
paredes, y estableció el espacio dentro de la escultura. De 1967 a 1968 son las
Construcciones emergiendo, los Círculos intersectados, las Construcciones suspendidas,
las Cámaras en progresión, las Construcciones topológicas y otras. Pese a sus diversas
morfologías, todas estas series están íntimamente relacionadas. Todas las formas, las
opacas y las vacías, se generan entre sí y cada serie hace germinar la siguiente. En
1971 Ramírez Villamizar realizó cuatro torres en concreto en una autopista de Vermont. A
partir de esta obra trabajó Columnata, en Fort Tryon Park de Nueva York, y las 16 torres
en los cerros orientales de Bogotá, a la altura del Parque Nacional. Con base en el
módulo ortogonal de estas esculturas, Ramírez realizó un múltiple de madera, varios
relieves y algunas construcciones. En 1973 hizo otras esculturas públicas en Estados
Unidos: Hexágono, en Nueva York, y De Colombia a John Kennedy, en Washington. Esta
última obra, inspirada en la espiral del caracol, anticipa sus construcciones de 1975 y
1976. La mayoría de estas esculturas tienen grandes dimensiones y se caracterizan por su
disposición horizontal. Construidas en hierro y pintadas de rojo, negro o blanco,
constituyen un rico engranaje de segmentos muy inclinados, que decrecen de tamaño hacia
el centro de la composición. Cuando el artista regresó al país, en 1974, se instaló en
Suba, en una casa con amplio jardín. Allí colecciona, junto a algunas obras
precolombinas y modernas, cientos de caracoles. Ese contacto tan cercano con la naturaleza
se manifestó de muchas maneras en sus trabajos de fines de los setenta. Por esos años
hizo Peines del viento, Insectos policromados camuflándose, Caracol-pájaro,
Flor-pájaro-caracol y otros. En estas obras, el artista no confunde su claro sentido de
forma y estructura con la "imagen" que representan. A esos años corresponde,
también, la enorme escultura pública de Bogotá, Nave espacial, inspirada en la osamenta
de un pájaro. A comienzos de los ochenta Ramírez volvió a trabajar esculturas de
líneas rectas y realizó algunas piezas de escasa altura, prácticamente extendidas por
el piso. Si la naturaleza permeó su obra inmediatamente anterior, la arquitectura volvió
a presidir muchos de los trabajos de los ochenta; aunque, algunas veces, se ve una
síntesis afortunada de las dos fuentes de inspiración: Insecto-nave espacial,
Columna-flor, Arquitectura-insecto.
Desde una pintura como El dorado, de 1957, hasta numerosas
construcciones de los ochenta, la obra de Ramírez Villamizar recuerda el arte
precolombino. Si después del óleo mencionado, el escultor realizó especialmente
relieves con referencias prehispánicas; en los ochenta han sido constantes las
construcciones en hierro oxidado relacionadas con el arte precolombino. Una relación que
nunca ha sido meramente nominal, pero que tampoco ha sido de transcripciones directas. En
los últimos años, el escultor (sobre todo), ha conocido los principales lugares
arqueológicos de América Latina y estas vivencias le han ayudado a fortalecer su
concepción de las formas y lo han estimulado a desarrollar las más variadas recreaciones
de lo precolombino. El viaje a Machu Picchu, a fines de 1983, fue definitivo para la
producción iniciada a comienzos del año siguiente, de grandes construcciones plenas de
sobriedad y poderío. A la serie Recuerdos de Machu Picchu, que alude a los muros,
terrazas, caminos, canales de irrigación de la arquitectura incaica, Ramírez Villamizar
ha agregado trabajos como las Piedras cansadas, los Trajes ceremoniales, los Mantos
emplumados, las Máscaras rituales, las Deidades agustinianas, los Templos y otros. Desde
fines de los setenta, el escultor ha realizado esculturas de hierro oxidado. AI principio
las alternó con obras pintadas (Flores para Feliza, Río en la selva), pero después de
1984 sólo ha trabajado el hierro sin pintar, salvo algunas construcciones en madera.
Ramírez Villamizar ha dicho que estos trabajos pertenecen a su "fase
romántica"; un calificativo que sólo tiene que ver con el acabado diferente al
impecable colorido de su producción anterior, porque de resto, las esculturas siguen
siendo estrictamente racionalistas. Las construcciones de Ramírez Villamizar están
vinculadas a las esculturas de componentes bidimensionales que se han llevado a cabo desde
comienzos de siglo. La serie Recuerdos de Machu Picchu se caracteriza por la presencia de
grandes planos articulados, que recuerdan los sillares poligonales de la arquitectura
incaica. Es, además, una serie de construcciones de disposición frontal que encaran al
espectador y que sólo tienen un aspecto anterior y otro posterior. Sin embargo, el
artista no ha dejado de trabajar volúmenes (hechos de planos) y espacios intercalados
entre aquéllos. Recientemente y al lado de sus "precolombinos", Ramírez
Villamizar ha hecho trabajos como Homenaje al cubismo y otros de su vertiente
"naturalista". Además de algunos Caracoles, hay que destacar el Espejo de la
luna, construcción pública instalada a mediados de 1990 en la calle 100 de Bogotá. De
1991 y 1992 son los Aerolitos (volúmenes romboides que sólo se sostienen enterrados en
el piso 0 sostenidos por cables) y los Acoplamientos (construcciones complejas con varios
elementos llenos y vacíos). Finalmente, entre 1989 y 1990 el artista adelantó también
algunas construcciones en madera, entre las que se destaca la maqueta de El templo de las
leyes, un homenaje al general Francisco de Paula Santander [Ver tomo 6, Arte, p. 127].
GERMÁN RUBIANO CABALLERO
Bibliografía
Abstracción y tiempo en Ramírez Villamizar,
Galería Durban, Caracas, 1987, texto: Carlos Silva · Consagraciones. Eduardo Ramírez
Villamizar, Galería Durban, Caracas, 1990, texto: Ricardo Pau Llosa · Eduardo Ramírez,
Sculptor, Art Gallery, Center for InterAmerican Relations, New York, 1968, textos: Stanton
Catlin y otros · Eduardo Ramírez Villamizar, Exposición retrospectiva 19581972, Museo
de Arte Moderno, Bogotá, 1972, texto: Ida E. Rubin · Eduardo Ramírez Villamizar,
Ultimas esculturas, Museo de Arte Moderno, Bogotá, 1975, texto: Galaor Carbonell · El
espacio en forma. Eduardo Ramírez Villamizar. Exposición retrospectiva 1945-1985,
Biblioteca Luis Angel Arango, Bogotá, noviembre 20 de 1985 - enero 15 de 1986, textos:
Ana María Escallón, Camilo Calderón y otros · Ramírez Villamizar, Galería Garcés
Velásquez, Bogotá, 1979, texto: Marta Traba · Ramírez Villamizar, Museo de Arte
Moderno, Bogotá, 1984, texto: Federico Morais · Ramírez Villamizar, obra reciente,
Centro Colombo Americano, Bogotá, 1987 · Ramírez Villamizar, Homenaje a los artífices
precolombinos, m Bienal de La Habana, 1989 · Recuerdos de Machu Picchu. Ramírez
Villamizar, Museo de Arte Universidad Nacional, 1985, texto: Germán Rubiano · RUBIANO,
GERMAN. "Eduardo Ramírez Villamizar. La región más transparente". En:
Escultura Colombiana del siglo xx. Bogotá, Fondo Cultural Cafetero, 1983 · TRABA, MARTA.
Seis artistas contemporáneos colombianos. Bogotá, Antares, 1963.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.