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PAÚL, JOSÉ TELÉSFORO
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José Telésforo Paul.
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Eclesiástico nacido
en Bogotá, el 5 de enero de 1831, muerto en La Mesa de Juan Díaz, el 8 de abril de 1889.
José Telésforo Paúl Vargas es conocido en la historia eclesiástica de Colombia como el
arzobispo de Bogotá que más influyó para las buenas relaciones entre la Iglesia y el
Estado colombiano, y el ideólogo del Concordato entre Colombia y la Santa Sede. Nacido en
el hogar formado por Rafael de Paúl y Motta y Florentina Vargas Gaitán, sus hermanos
fueron Rafaela y Felipe Fermín. Desde muy pequeño demostró una fervorosa vocación
hacia la vida eclesiástica. Con su hermano menor, Felipe Fermín, inició sus estudios en
el Colegio del Rosario y luego en el Colegio de los jesuitas, en 1844. El 26 de noviembre
de este año se presentó en el Noviciado de la Compañía de Jesús; al poco tiempo de su
ingreso, fue trasladado a Popayán, en cuya sede cursó las clases superiores de
literatura y filosofía, e hizo los primeros votos. El 21 de mayo de 1850, el presidente
José Hilario López decretó la expulsión de la Compañía de Jesús; salieron del país
66 jesuitas, y entre los novicios, el joven José Telésforo Paúl. En Europa ingresó al
Instituto Brugelette en Bélgica, donde terminó sus estudios de filosofía, matemáticas
y ciencias naturales. En Francia adelantó sus estudios de sagrada teología y recibió
las órdenes de subdiaconado y diaconado. En España recibió el presbiterado, el 21 de
diciembre de 1855. En el obispado de Soisons perfeccionó y concluyó sus estudios
eclesiásticos. Tuvo fama por su sapiencia, formación humanística, alta cultura y, en
especial, por su oratoria muy elocuente. Realizó actividades misioneras en
Centroamérica, especialmente en Guatemala, El Salvador y Panamá. En Guatemala recibió
el aprecio de las autoridades civiles y eclesiásticas, en especial del presidente Rafael
Carrera. Durante tres años fue prefecto y maestro de teología en el seminario de los
jesuitas en Guatemala. En 1870 se desempeñó como superior de los jesuitas en El
Salvador, donde estuvo hasta 1873. Luego continuó con su labor jesuita en Panamá, donde
fue consagrado obispo en el año 1876; allí fue muy querido y acatado por sus feligreses.
Durante nueve años en Panamá, monseñor Paúl desarrolló un trabajo meritorio, en la
época en que se iniciaban los trabajos de la construcción del Canal. Fundó hospitales
que prestaron eficaz ayuda en el saneamiento de aquellas regiones insalubres, y recibió
la colaboración directa del conde Fernando de Lesseps, quien lo consideró «el prelado
más ilustre que había conocido».
El 6 de agosto de 1884, el papa León XIII nombró a
monseñor Paúl arzobispo de Bogotá, ante la muerte del arzobispo Vicente Arbeláez.
Paúl llegó al país en plena guerra civil de 1885, adelantada por los radicales contra
el gobierno del presidente Rafael Núñez. Subió por el río Magdalena hasta Honda, en un
barco de los revolucionarios; allí pidió clemencia para los condenados a muerte, la cual
obtuvo del presidente Núñez. El 11 de febrero de 1885 hizo su entrada a Bogotá, con la
ovación popular de un pueblo anegado en problemas de guerra civil y anhelante de paz
social y religiosa. Después del triunfo del gobierno y la Regeneración, se buscó la
reorganización del país con una reforma constitucional. Se nombró el Consejo Nacional
de Delegatarios y se propuso que el arzobispo Paúl interviniera en aquella corporación.
El arzobispo se negó a tomar asiento entre los constituyentes de 1886, aunque siempre se
le consultó en cuanto a las relaciones entre la Iglesia y el Estado. La influencia del
arzobispo José Telésforo Paúl en la elaboración de la Constitución de 1886 fue
brillante y destacada, aunque discreta. La nueva Constitución ordenó la educación
cristiana del pueblo colombiano y abrió la puerta a la celebración del Concordato, que
habría de regularizar las relaciones entre la Iglesia y el Estado, y resolver
benignamente los graves problemas surgidos por la desamortización de los bienes de la
Iglesia hecha por la revolución de 1860. El arzobispo Paúl tuvo vínculos de estrecha
amistad con el presidente Rafael Núñez y con el ideólogo del conservatismo Miguel
Antonio Caro; los tres personajes fueron los inspiradores de la Constitución de 1886.
Paúl colaboró decisivamente en la redacción de los artículos relacionados con la
religión. Sobre Núñez dijo: «El hombre providencial que destronó y arrojó de este
suelo la anarquía demoledora y sacó del abismo la nave del Estado». Acerca de su
amistad con Caro, Guillermo Vargas Paúl dice: «Cuentan así mismo algunas crónicas, que
hasta avanzadas horas de la noche se veían encendidas las luces del despacho arzobispal,
donde el Arzobispo, don Miguel Antonio Caro y el doctor Paúl discutían y redactaban
luego los proyectos de artículos de la nueva carta que al día siguiente serían
sometidos a la consideración del Consejo de Delegatarios». La participación de Paúl
también fue muy importante en los preámbulos y en la redacción de la Constitución de
1886. Igualmente, el arzobispo Paúl tuvo una gran intervención en el Concordato de 1887,
que normalizó las relaciones entre la Santa Sede y la República de Colombia,
interrumpidas desde 1853, cuando se estableció en la Constitución la separación entre
la Iglesia y el Estado. El papa León XIII le otorgó al presidente Rafael Núñez la
Orden Piana en su más alta categoría. Esto suscitó varias polémicas alimentadas por
sus enemigos, los liberales radicales, quienes también criticaron sus relaciones con
doña Soledad Román. En un acto social en el palacio presidencial, el arzobispo Paúl dio
su brazo de cortesía a doña Soledad, lo cual fue muy criticado en los círculos sociales
y periodísticos. Se trató al señor arzobispo de palaciego, débil y complaciente, al no
censurar públicamente los amores del presidente; hay que tener en cuenta, sin embargo,
que las relaciones entre la Iglesia y el Estado necesitaban de la amistad entre el señor
arzobispo Paúl y el presidente Núñez. En 1888, el arzobispo Paúl entró en una larga y
difícil enfermedad. En noviembre viajó a una hacienda situada en Anapoima, donde se
calmó durante una temporada de tres meses. Cuando viajaba hacia Bogotá, el arzobispo
Paúl murió en la población de La Mesa de Juan Díaz, el 8 de abril de 1889. Sus restos
fueron expuestos en el Palacio Arzobispal y sus funerales se realizaron en la catedral
primada, con la asistencia de los altos poderes del Estado. El arzobispo Paúl dejó
profundas huellas en la historia eclesiástica y política de Colombia.
JAVIER OCAMPO LÓPEZ
Bibliografía
MOSQUERA GARCÉS, MANUEL. "Paúl y Su tiempo".
En: La ciudad creyente. Bogotá , Ed. Centro, 1938. VARGAS PAÚL, GUILLERMO. El arzobispo
Paúl y la transformación política de 1886. Bogotá, El Voto Nacional, 1964.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
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