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PATARROYO, MANUEL ELKIN
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Manuel Elkin Patarroyo.
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Médico e inmunólogo
tolimense (Ataco, noviembre 3 de 1946). Manuel Elkin Patarroyo Murillo es el colombiano
que más ha luchado contra la muerte; sus exitosas investigaciones contra la malaria,
concentradas en una vacuna sintética, ayudarán a evitar la acción de tan destructora
enfermedad (anualmente la malaria causa la muerte de un millón de niños y produce más
de 500 millones de casos clínicos) sobre una población calculada en dos mil quinientos
millones de personas. Patarroyo se graduó de bachiller en 1964, del Colegio José Max
León de Bogotá. En 1965 entró a estudiar medicina a la Universidad Nacional de Colombia
y obtuvo su título de doctor en Medicina y Cirugía en diciembre de 1971. La misma
Universidad le concedió el título de doctor Honoris causa en 1988; la del Tolima se lo
confirió en Biología, en el mismo año; y la Metropolitana de Barranquilla, en Medicina,
en 1989. Desde su época de estudiante, Patarroyo se preocupó por profundizar en los
campos de la inmunología y la virología. A partir de enero de 1967 y hasta 1980 realizó
pasantías en distintos centros universitarios de Colombia y el extranjero: Universidad de
Yale, Rockefeller University, Karolinska Institute (Estocolmo), entre otros. En enero de
1972 fundó el Instituto de Inmunología del Hospital San Juan de Dios, dependencia
científico-académica de la Universidad Nacional de Colombia. Desde allí, Patarroyo ha
llevado a cabo sus investigaciones, acompañado de un grupo interdisciplinario de
científicos colombianos, en su mayoría muy jóvenes, entre los que se encuentran
médicos, bacteriólogos y microbiólogos, a los cuales Patarroyo ha formado en la
investigación científica y que, a su vez, se han convertido en multiplicadores de ésta.
Los resultados del trabajo adelantado en el Instituto de Inmunología son más que
evidentes. Por una parte, le han significado a Patarroyo y su grupo diferentes
reconocimientos nacionales y extranjeros: cuatro veces (1979, 1981, 1984, 1986) ha ganado
el Premio Nacional de Ciencias "Alejandro Angel Escobar"; le han sido concedidos
dos premios nacionales de medicina; una vez el del Estado de Sáo Paulo, en la modalidad
de Ciencia y Tecnología (1989); el ACAC al mérito científico, otorgado por la
Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia (1989); el Internacional
Latinoamericano en Neumología "Fernando D. Gómez", concedido por la Unión
Latinoamericana de Sociedades de Fisiología y la Academia Nacional de Medicina del
Uruguay (1990); el de la Academia de Ciencias del Tercer Mundo en ciencias médicas
básicas (1990); y, el 20 de mayo de 1994, recibió el Premio Príncipe de Asturias de
Investigación Científica y Técnica. Por otra parte, Patarroyo ha recibido infinidad de
condecoraciones: Caballero de la Orden de San Carlos por parte de la Presidencia de la
República (1984); medalla al mérito de la Universidad Nacional de Colombia (1985); al
mérito investigativo, del Hospital San Juan de Dios (1985); Premio "Ejecutivo
Joven", otorgado por la Cámara Junior (1984); los siete jóvenes más sobresalientes
del mundo (1985); personaje del año 1987, otorgado por la Fundación Perspectivas
Colombianas (1987); condecoración "Simón Bolívar" del Ministerio de
Educación Nacional (1988) y muchos más. En tercer lugar, y quizás esto es lo más
importante, Patarroyo ha realizado más de 78 publicaciones científicas sobre el trabajo
investigativo del Instituto y sus resultados, aparecidas en prestigiosas revistas
nacionales y extranjeras y firmadas por el conjunto de científicos participantes. Entre
los artículos más importantes figuran los aparecidos en la revista Nature en 1986 y
1987, pues a partir de ellos se consolidó la imagen de Patarroyo como investigador, al
tiempo que se desataron enconadas polémicas. Complementando esta labor de difusión
científica, Patarroyo ha participado como ponente en infinidad de congresos y reuniones
nacionales y extranjeras.
Desde los primeros años de funcionamiento del Instituto
de Inmunología y de la actividad investigativa de Manuel Elkin Patarroyo, se aprecia un
particular interés por la inmunología y la genética, aplicadas a la reumatología, la
neumología, la fisiología y enfermedades del tórax. En el campo de la genética,
Patarroyo y su equipo han trabajado los marcadores genéticos, y han podido determinar
que, en el caso de las enfermedades infectocontagiosas, cuya etiología se ha considerado
siempre externa, existe una predisposición genética; es decir, que algunos individuos
nacen genéticamente "marcados" para contraer determinadas enfermedades
infecciosas como la tuberculosis, la fiebre reumática y la lepra. Este descubrimiento es
de suma importancia, pues si desde el momento del nacimiento se pueden establecer los
marcadores genéticos que señalan a un individuo como susceptible de contraer una
determinada enfermedad, la medicina podrá someterlo a un proceso de inmunización o, al
menos, a alguna forma de prevención que disminuya el riesgo. Sin embargo, es en el campo
de la producción de vacunas sintéticas, donde Manuel Elkin Patarroyo y su grupo de
investigación ha obtenido los logros de mayor importancia. En 1979 y 1980, su interés se
centró en la lepra, la tuberculosis y la fiebre reumática; estas investigaciones
condujeron, en 1984, al establecimiento de los principios generales para la creación de
una vacuna sintética, químicamente hecha. A partir de este momento, Patarroyo enfocó su
trabajo hacia la malaria o paludismo, con excelentes resultados. Entre 1986 y 1988 la
vacuna sintética (SPf 66) fue creada y probada en una colonia de micos de la región
amazónica, los Aotus trivirgatus, y en un grupo de jóvenes bachilleres voluntarios que
prestaban su servicio militar. Sin embargo, allí comenzaron los problemas, pues los
intereses económicos en juego entorpecieron la aplicación masiva de la vacuna. Aunque el
trabajo cumplido por Patarroyo y su gente en el laboratorio es perfecto, y los escritos
que lo sustentan son concluyentes y no han podido ser rebatidos científicamente, el hecho
de haberse adelantado a científicos extranjeros, dotados de mayores recursos y
patrocinados por grandes multinacionales, despertó enconadas polémicas que se orientaron
por el lado ético; se argumentaba, por ejemplo, que inocular seres humanos sin tener
todavía resultados bien definidos era irresponsable. Por otro lado, la posibilidad de
producir la vacuna sintética despertó el interés y la curiosidad de los grandes
laboratorios. Sin embargo, en un acto de generosidad, Patarroyo donó la vacuna, en mayo
de 1993, a la Organización Mundial de la Salud (OMS), con la condición de que su
producción y comercialización fueran hechas en Colombia, lo que implica el montaje de
una moderna planta destinada a producir la vacuna industrialmente. Tal circunstancia ha
traído beneficios, pues con el aval de la OMS Patarroyo ha podido adelantar campañas de
vacunación voluntaria en lugares de condiciones extremadamente difíciles o de
transmisión intensa, como en Tanzania. Con anterioridad, la vacuna había sido probada en
más de 41000 voluntarios en América Latina, donde a principios de 1994 fueron inoculados
45 voluntarios que demostraron que la vacuna desata una fuerte respuesta inmunitaria
(entre un 40 y un 60% en los adultos, y hasta un 77% en los niños, es decir, que tres de
cada cinco vacunados son protegidos) contra la malaria, sin provocar efectos colaterales.
Experimentos de este tipo se repetirán en Tailandia, Gambia, y otros sitios del Africa,
lo que permitirá en 1998, cuando se espera lograr un 90 ó 95% de efectividad, el empleo
masivo de la vacuna a un precio estimado en cinco dólares la unidad. Pero el trabajo
científico e investigativo de Patarroyo no se va a detener en el descubrimiento de la
vacuna contra la malaria (con la cual quizás reciba el premio Nobel), de hecho, ya ha
iniciado estudios y experimentos para obtener sintéticamente una vacuna contra la
tuberculosis y otra contra la aftosa. Lo más sorprendente del trabajo científico de
Patarroyo es que ha sido adelantado en un país en vías de desarrollo, con condiciones
económicas difíciles y recursos científicos limitados; Manuel Elkin Patarroyo ha
demostrado cómo, a base de lucha y tesón, se puede salir adelante.
JOSÉ EDUARDO RUEDA ENCISO
Bibliografía
"La revancha de Patarroyo". El Tiempo,
febrero 17 de 1994.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
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