Poeta nacido en Choachí, Cundinamarca, el
19 de julio de 1902, muerto en Ciudad de México, el 23 de agosto de 1991. A temprana
edad, Germán Pardo García fue llevado a vivir a Ibagué (Tolima), y es por eso que
erróneamente se cree oriundo de esta ciudad. Desde joven se inició en la publicidad,
actividad que desempeñó profesionalmente toda su vida. Perteneció a Los Nuevos, junto
con José Umaña Bernal, Rafael Vásquez, Octavio Amórtegui, Juan Lozano y Lozano y
Alberto Angel Montoya. Sobre las influencias que el movimiento modernista alcanzó en
Colombia, Rafael Maya afirmó, en Los orígenes del modernismo en Colombia, que la
influencia del modernismo en nuestro país no terminó en los centenaristas, sino en Los
Nuevos. Según análisis de Maya, Pardo «satura su lirismo con un profundo sentido
panteísta del paisaje, antes de lanzarse a las exploraciones cósmicas. Se podría
dividir la extensa producción de Pardo García en dos etapas. La primera que se ciñe a
formas y temas tradicionales. La segunda, en la que se han encontrado audacias expresivas,
incorpora un nuevo vocabulario y difusas materias de las ciencias y de la agitación
contemporáneas. O reitera visiones de abismos con metáforas cósmicas». Aunque no
compartió mucho tiempo el ambiente ni las preocupaciones intelectuales de Los Nuevos, se
le ubica entre ellos por haberse iniciado como poeta en los orígenes de este grupo.
Según sus palabras: «La misión del poeta es hoy más que nunca conciliadora; así
interpreto yo, en mi modesta escala, mi destino. Mi tarea quiere ser constructiva. Como
ser abismado en la grandeza del canto, tengo la obligación de creer en que el destino de
la humanidad es afirmativo y quiero ser partícipe en la preparación de los futuros
saltos». Pardo García era un hombre preocupado y obsesionado por la muerte, tema que
aparece con frecuencia en su poesía. Desde 1932 se instaló en Ciudad de México, donde
realizó la mayor parte de su obra. A lo largo de su vida escribió más de cuarenta
libros; editó, en los años cuarenta, la revista Noticia de Colombia, y después, por
varias décadas, la gaceta Nivel. Uno de sus trabajos más representativos es U.Z. llama
a1 espacio (1954), mensaje sin esperanza, posición escéptica del hombre frente al futuro
de la humanidad; poesía desesperada, donde toma elementos cotidianos y de la ciencia.
Voluntad, de 1930, es el título inicial del modo que va a prolongarse hasta Los sueños
corpóreos, de 1947. Dentro de él y su estirpe modernista, sus desolaciones y sus
idolatrías, se rescatan, por la dignidad del lenguaje, los sonetos de Presencia (1938).
Según Fernando Charry Lara, «no obstante el común legado, la voz de Pardo es ya
diferente a las que por entonces se escuchaban en Colombia. Más tarde, a partir de Poemas
contemporáneos, de 1949, los motivos son los horrores de la guerra, la crueldad del mundo
moderno, el llamado a la paz universal y la protesta contra la general injusticia. La
intención es encomiable, pero no tanto los resultados [...] Los poemas de Pardo se
resienten de verbalismo, aliento discursivo, opacidad, sin que asome en ellos el otro lado
invisible de los seres y de las cosas que aspiramos siempre a descubrir en la poesía».
Contrariamente, Andrés Holguín dijo de Pardo García: «Este poeta múltiple posee una
hondísima sensibilidad. Ha habitado muchos mundos, sucesivamente, que él ha expresado
fielmente en sus versos. Poesía, a la vez, de profundo contenido y de perfecta
arquitectura. Es un cantor que, auténticamente, se ha planteado los eternos problemas del
hombre [...] Nos lega unos cuantos poemas, perdurables, de punzante angustia; unas cuantas
estrofas donde fulgura el recóndito misterio de lo poético [...] Germán Pardo García,
en mi opinión uno de los mejores poetas colombianos, no tanto por sus cuarenta libros de
versos dispares, sino por un puñado escaso de poemas emotivos, angustiados, doloridos,
muy puros». Un ejemplo de síntesis poética, con el "ritornello" de su
angustia, es el breve poema titulado "Tempestad": «En la dulce magnolia
cotidiana/ y en el candor de su simplicidad/ han tocado mis dedos muchas veces/ la
tempestad./ En el agua de espíritus serenos/ y piedras en su limpia oscuridad,/ he
escuchado en las tardes más hermosas/ la tempestad./ En el fresno que me abre sus
maderas/ como un hombre que brinda su bondad/ al ir a reclinarme he presentido/ la
tempestad./ En los ojos de todas las criaturas,/ en toda pequeñez o inmensidad,/ ha
encontrado mi alma frente a frente/ la tempestad./ Vendrá el silencio de absolutas
formas,/ descenderé a la múltiple unidad,/ y todavía escucharé en e1 polvo/ la
tempestad». Otros libros de Pardo García son: Los júbilos ilesos (1933), Génesis
(1974), Mi perro y las estrellas (1974), Himnos a 1a noche (1975) y El héroe (1975) [Ver
tomo 4, Literatura, p. 208].
MARÍA ISABEL VARGAS ARANGO