Precursor de la Independencia, nacido en Santafé de Bogotá, el 9 de abril de 1765, muerto en Villa de Leiva, el 13 de diciembre de 1823. Tercer hijo del gallego Vicente Nariño Vásquez, contador mayor del Virreinato de la Nueva Granada, y de la distinguida criolla santafereña Catalina Alvarez del Casal, hija del abogado madrileño Manuel de Bernardo Alvarez, fiscal de la Real Audiencia, Antonio Nariño y Alvarez del Casal vino al mundo en la casa situada en el lugar donde hoy está ubicado el palacio de los presidentes de Colombia en Bogotá. Desde pequeño sufrió de dolencias al pecho, por lo cual no pudo ingresar a San Bartolomé o al Rosario, colegios mayores de la capital, como sí lo hicieron sus hermanos José y Juan. Esta circunstancia le permitió dedicarse a leer todos los libros que encontró en la abundante biblioteca de su abuelo, la que después, a los 13 años, pasó a sus manos a la muerte de su padre. Nariño se hizo una cultura, a pesar de las lecturas desordenadas, con base tal vez en el plan de estudios formulado años antes por el fiscal criollo Francisco Antonio Moreno y Escandón. Aprendió francés leyendo a Voltaire, con la ayuda del Calepino de las 7 lenguas y el Diccionario de Sobrino, y se entusiasmó por los filósofos ingleses y los enciclopedistas franceses. De 16 años, Nariño fue incorporado como subteniente abanderado del batallón de milicias denominado Caballeros Corazas, al estallar la revolución de los Comuneros a fines de 1781. El 1 de febrero del año siguiente Galán y sus compañeros fueron ejecutados, y Nariño renunció al cargo, tal vez afectado por tales sucesos, aunque su madre alegó quebrantos de salud. Viajó a Honda y a Cartagena de Indias, con la idea de dedicarse al comercio y colaborar con los gastos familiares a través de la exportación de quina, añil, cacao y otros productos a las Antillas y España. En 1785, a los 20 años, contrajo matrimonio con la distinguida santafereña Magdalena Ortega y Mesa, tres años mayor que él. Un año después nació su primogénito, Gregorio, y en el siguiente, Francisco. El 17 de diciembre de 1788 murió su madre. Meses después ascendió al trono de España Carlos IV y estalló la revolución francesa. A pesar de su juventud, Nariño se labró una excelente posición en Santafé. Había adquirido casa propia en la Plazuela de San Francisco, donde organizó su residencia dejando la planta baja para bodegas. Organizó un Círculo Literario con sus amigos para juntarse a leer y comentar libros subversivos y periódicos extranjeros, en una habitación de su casa que había acondicionado y decorado para tales menesteres; allí comenzó a fraguarse un complot para la emancipación de España. Inducido tal vez por su amigo el masón francés Louis de Rieux, lo bautizó con el nombre de Arcano Sublime de la Filantropía, logia masónica criolla que conspiró contra la monarquía. En enero de 1799 el Cabildo lo eligió alcalde de segundo voto, y en ejercicio del cargo se produjeron incidentes con el oidor oriundo de Popayán, Joaquín Mosquera y Figueroa, fanático realista. En julio, el virrey Francisco Gil y Lemos le expidió el nombramiento de tesorero interino de diezmos del Arzobispado de Santafé, e informó al Cabildo Eclesiástico de tal decisión. Los canónigos interpusieron recurso ante el rey para defender su fuero en la designación del tesorero. Mientras en Francia se proclamaban los Derechos del Hombre por la Asamblea Constituyente, y quedaba abolido el sistema feudal, llegaba a Santafé el nuevo virrey, José de Ezpeleta, quien ratificó el nombramiento, y ordenó que Nariño entrara de inmediato en ejercicio del cargo.
Los Derechos del Hombre
La importancia de Nariño en la ciudad iba en aumento. Sus negocios progresaban. Ya era un hombre acomodado y, dados sus conocimientos de medicina, recetaba con éxito a los . pobres que acudían a su casa. Debido a su pasión por los libros, inició un productivo comercio de importación, compra y venta de nuevos y usados, que lo convirtió en el librero de la ciudad. Se comenzaban a ver los primeros destellos de influencia de la Ilustración europea. El 9 de febrero de 1791 apareció el primer número del Papel Periódico de Santafé de Bogotá, editado por Manuel del Socorro Rodríguez, que a partir del número 85 continuó editándose en la Imprenta Patriótica, establecimiento tipográfico que Nariño había instalado en la Plazuela de San Carlos. Fue nombrado miembro de la Junta de Policía de Santafé cuando nació Antonio, su tercer hijo, y cuando Joaquín Ricaurte recibió el empleo de regidor alcalde mayor provincial del Cabildo de Santafé. Imbuido por las ideas de libertad enseñadas por los constituyentes norteamericanos y completadas por las de la Asamblea Francesa, Nariño creyó que era el momento de pensar en la emancipación de la patria. Tradujo e imprimió la Declaración de Derechos promulgada por la Asamblea Francesa. Aún estaba fresco el recuerdo de Luis XVI bajo la guillotina, cuando en diciembre de 1793 los editó. Se trataba de cuatro hojas que comenzaron a circular en forma clandestina. Cuando Nariño intuyó el peligro, recogió los papeles y los quemó, de tal manera que no quedó ningún ejemplar.
|
- Antonio Nariño.
- Oleo de Ramón Torres Méndez. Jockey Club, Bogotá.
|
El año siguiente aparecieron pasquines subversivos contra el gobierno, y el oidor Mosquera inició un implacable proceso al cual vinculó a Nariño por haber traducido el impreso los Derechas del Hombre. Se le embargaron la totalidad de sus bienes, entre los cuales estaba su famosa biblioteca, donde se hallaban los autores prohibidos, circunstancia que agravó su situación. Permaneció preso 16 meses en el Cuartel de Caballería de Santafé. Se le condenó, además, a 10 años de presidio en el Peñón de Africa y al extrañamiento para siempre del Nuevo Reino. Ningún abogado de la ciudad aceptó la defensa. Sólo su cuñado, el doctor José Antonio Ricaurte, se hizo cargo. Se ordenó que el memorial de defensa, considerado mucho más subversivo que los propios Derechos del Hombre, fuera quemado por el verdugo, y a Ricaurte se le encarceló hasta que murió en prisión diez años más tarde. Trasladado a España, Nariño se fugó en Cádiz, tal vez con el concurso de sus hermanos masones. Recorrió Europa buscando ayuda para la independencia de su patria y se reencontró con su amigo Pedro Fermín de Vargas. En Francia se relacionó con Antonio Miranda y acudió a Tallien. Usando nombre falso viajó a Londres. Lo alojó Esteban Palacios, tío de Simón Bolívar. Se entrevistó con William Pitt, con los banqueros judíos Camphell y Short, y con el ministro de Estado Lord Liverpool, sin ningún resultado. Se embarcó en Burdeos para las Antillas, en barco de matrícula neutral, después de vivir 9 meses libre en Europa. El 4 de marzo llegó a Coro, siguió a Maracaibo, Cúcuta, Chocontá, y el 5 de abril llegó en forma clandestina a Santafé, donde gobernaba el virrey Pedro de Mendinueta. Nariño pretendió sublevar las provincias de San Gil y el Socorro, al norte de la capital, pero no halló eco inmediato en sus gentes. Disfrazado entró a Santafé, pero fue reconocido y denunciado. Acosado, no le quedó otro recurso que negociar su entrega con el arzobispo Baltasar Jaime Martínez Compañón. Traicionado, fue encerrado de nuevo en el Cuartel de Caballería. Desde la cárcel, a petición de Mendinueta, escribió un informe sobre sus andanzas por Europa y un "Plan de reformas al Virreinato". Languidecía en prisión, aunque concibió allí a sus hijas Mercedes e Isabel. Enfermo y olvidado lo sorprendió el siglo XIX.
Nariño, presidente y periodista
En 1803, agonizante, con base en dictámenes médicos, Nariño fue trasladado con centinela de vista a la hacienda Montes. El aire puro lo revitalizó y pronto se halló de nuevo conspirando. La invasión de Napoleón a España excitó los espíritus. Los criollos querían constituir juntas de gobierno como las que se habían organizado en la Metrópoli. En diciembre de 1809 fue puesto preso por tercera vez por el virrey Antonio Amar y Borbón, quien sospechaba que Nariño estaba organizando la rebelión que estallaría seis meses más tarde, el 20 de julio de 1810. Con grillos y cadenas, después de una fuga abortada en el río Magdalena, se le arrojó a los calabozos de Bocachica en Cartagena, donde su amigo Enrique Somoyar lo libró de morir de inanición. Sólo hasta diciembre de 1810, casi medio año después del Grito de Independencia, logró regresar libre a la capital. Ya los centralistas Francisco José de Caldas y Joaquín Camacho publicaban el Diario Político de Santafé de Bogotá, y en febrero de 1811 se expidió la primera Constitución realista de Cundinamarca, mientras la anarquía dominaba la nación. Nariño entendió que el país debía defender la precaria libertad alcanzada y unificarse para defenderla. Combatió la idea de federación, que estimulaba el sentimiento autonomista y regionalista que se abría paso en los espíritus inocentes, frente a la idea centralista, que él defendía, para lograr una soberanía única e indivisible que consolidara la independencia.
Fundó La Bagatela, primer periódico político del país, cuyo primer número apareció el 14 de julio de 1811 (aniversario de la revolución francesa), donde explicaba la necesidad de adoptar una organización centralista y no perder el tiempo en veleidades federalistas, para defenderse mejor de la invasión que venía a reconquistar los territorios perdidos de ultramar. Tal campaña periodística produjo la renuncia del presidente Jorge Tadeo Lozano, y la subsiguiente elección de Nariño en su reemplazo, el 21 de septiembre. En abril del año siguiente hizo aprobar una nueva Constitución de Cundinamarca, y declaró la independencia absoluta de España. Celos políticos y ambiciones personales en el Congreso federalista de las Provincias Unidas de la Nueva Granada, promovieron la desunión. Nariño se vio obligado a reducir por la fuerza a la República de Tunja, para lo cual comisionó a Antonio Baraya con 200 hombres, entre los cuales iban José Ayala y el capitán Francisco José de Caldas; pero la tropa y sus jefes traicionaron a Nariño, se pasaron al enemigo y con el apoyo de Frutos Joaquín Gutiérrez se pusieron a las órdenes del Congreso de Villa de Leiva, presidido por Camilo Torres. Ante la perfidia, Nariño envió al Socorro otra expedición al mando de José Miguel Pey y, con el título de dictador, marchó sobre Tunja llevando como comandante general de las tropas al coronel español José Ramón de Leyva. Derrotado se retiró a Santafé, donde se hizo fuerte. El 5 de enero de 1812 Atanasio Girardot amenazaba la ciudad por el cerro de Monserrate con 400 hombres. Nariño lo inmovilizó en esta posición simulando una orden de Baraya, mientras ofrecía a este último capitulaciones que no aceptó. Entonces, se tomaron medidas de defensa. El 7 se concentraron las tropas en San Victorino. El 9, a las 5 de la mañana, el ejército de Baraya avanzó con más de 1100 hombres por el llano de Chamicera. En San Victorino se disparó la artillería. La primera descarga produjo un daño terrible. Se inició la batalla y los tunjanos derrotados se dieron a la fuga. Baraya escapó, Caldas huyó hacia Antioquia; fueron perseguidos. Los muertos pasaron de 600 y los prisioneros, de 2300. Nariño, vencedor de la guerra civil, no se envaneció con el triunfo; por el contrario, humano y generoso con los vencidos, produjo un manifiesto sobre la conducta del gobierno de Cundinamarca y de sus tropas en la contienda, ofreció amplia amnistía y puso en libertad a los prisioneros, creando un ambiente de convivencia. El gobernador interino de Tunja, José María del Castillo y Rada, convino en establecer un solo gobierno central para asegurar la independencia, propuso canje de prisioneros y suspensión de las hostilidades, pero en los asuntos sustanciales no se llegó a ningún acuerdo, a pesar de que Nariño invitó a las Provincias a firmar la nueva Constitución. Entre tanto, Bolívar derrotó al español Ramón Correa en Cúcuta. Se le confirió el grado de brigadier y el título de ciudadano de la Nueva Granada, y Nariño le entregó lo mejor de la oficialidad granadina para la Campaña de Venezuela. El Colegio Electoral decretó el desconocimiento total y la separación absoluta de la nación española y de su rey Fernando VII. Nariño renunció a la dictadura y a la presidencia, pero su renuncia no fue aceptada. Después de varios debates, fue elegido dictador en propiedad y se le confirió el grado de teniente general para que comandara la Campaña del Sur, ante la urgencia de liberar Quito como objetivo estratégico para asegurar la independencia del Nuevo Reino.
La Campaña del Sur
Nariño emprendió la Campaña del Sur en junio de 1813, con un frente interno debilitado. Sin unidad nacional, nadie obedecía al Congreso y los realistas recobraban prestigio ante la anarquía. El coronel José María Cabal encabezó la campaña con 2000 hombres, al tiempo que el Libertador entraba triunfador en Caracas. Nariño partió el 21 de septiembre; como presidente interino en Santafé quedó Manuel de Bernardo Alvarez, tío de Nariño. El oficial Manuel de Serviez entrenó las tropas en la táctica francesa e impuso férrea disciplina a los soldados novatos. Esto produjo roces, y Nariño se vio obligado a ponerlo preso con otros oficiales que remitió a Cartagena. Cruzó la cordillera por el páramo de Guanacas, derrotó en el Alto Palacé, el 30 de diciembre, a Juan Sámano, y ocupó Popayán. El 15 de enero derrotó las fuerzas españolas en Calibío. Permaneció dos meses en Popayán y siguió a Pasto. Al vadear el Juanambú, derrotó al mariscal de campo Melchor Aymerich, y continuó hasta el páramo de Tacines, donde de nuevo triunfó sobre el español. A1 ocupar los ejidos de Pasto, en medio de una tempestad de granizo, la defección de uno de sus oficiales convirtió la victoria en derrota y Nariño cayó en manos del enemigo el 12 de mayo. Conducido preso a Pasto, la multitud se aglomeró en la plaza. Salió al balcón y pronunció la famosa frase: «Pastusos, si queréis al general Nariño, aquí lo tenéis». Desde Quito, Toribio Montes ordenó a Aymerich que lo sentenciara a muerte; éste arguyó el riesgo que podían correr los prisioneros españoles si se ejecutaba a Nariño. En Pasto permaneció 13 meses, «encerrado en una pequeñísima pieza, tendido sobre mala cama, cubierto por una ruana, con un par de grillos en las piernas ulceradas, sin un amigo, sin un libro, esperando la muerte». En junio de 1815, con grillos y cadenas, fue llevado a Guayaquil, de allí al Callao y, vía Cabo de Hornos, a España, donde se le encerró en la cárcel Real de Cádiz. El Pacificador Pablo Morillo, a quien Fernando VII concedió el título de conde de Cartagena después del sangriento sitio a la ciudad, desembarcó un poderoso ejército e inició la reconquista. Los patriotas huyeron. Cayó la Primera República de la Nueva Granada y se restableció el virreinato. Bolívar produjo entonces la famosa Carta de Jamaica, y en Portau-Prince pactó con Alejandro Pétion la abolición de la esclavitud. Mientras, Morillo implantaba el régimen del terror. Cientos de mártires ofrendaron en los cadalsos su sangre por la libertad, al tiempo que Bolívar iniciaba la campaña del Orinoco y convocaba el Congreso que debía reunirse en Angostura para sentar las bases de la creación de la República de la Gran Colombia. Bolívar inició la heroica empresa de liberar a la Nueva Granada. Cruzó la cordillera de los Andes por el páramo de Pisba, y en las batallas del Pantano de Vargas y Boyacá derrotó a los españoles y liberó el país. Nariño, preso en Cádiz, fue testigo de la revolución de Rafael del Riego, gracias a la cual obtuvo una precaria libertad en marzo de 1820. Huyó a Gibraltar y escribió las tres famosas cartas contra Morillo firmadas con el seudónimo de Somoyar. Regresó a América para entrevistarse con Bolívar, quien acababa de suscribir con Morillo el armisticio de Trujillo. El Libertador consideraba que Nariño, a más de ser militar, tenía reputación, talento y virtudes para mandar la República. Los dos héroes se encontraron en Achaguas. Allí Bolívar expidió el decreto por medio del cual nombró a Nariño vicepresidente interino de la Gran Colombia, por fallecimiento de Juan Germán Roscio, hasta que el Congreso que debía reunirse en la Villa del Rosario de Cúcuta eligiera en propiedad.
 |
- Antonio Nariño.
- Acuarela de Ricardo Acevedo Bernal, I918. Jockey Club, Bogotá .
|
Años finales
Cumpliendo las instrucciones de Bolívar, Nariño instaló, el 16 de mayo de 1821, el Congreso que iba a producir la Constitución del nuevo país, integrado por Venezuela y la Nueva Granada. Su presencia no fue bien recibida. Presentó un proyecto de Constitución, que no fue aceptado. Los políticos jóvenes veían en este hombre envejecido un estorbo a sus ambiciones y le hicieron la vida incómoda. Un oficial irlandés, el general Juan D'Evereux, paladín de una dama intrigante que acusó a Nariño, lo retó a duelo. El vicepresidente lo apresó y lo remitió a Bolívar. Su precaria salud y las presiones lo obligaron a renunciar a la vicepresidencia. El 24 de junio, con el triunfo sobre los españoles en Carabobo, se puso fin a la ocupación de Venezuela. Bolívar regresó a Caracas y el Congreso lo proclamó presidente de la nueva nación. Para la elección de vicepresidente, después de 8 votaciones donde se disputaron la vicepresidencia Nariño y Francisco de Paula Santander, este último resultó electo. Derrotado y enfermo, en agosto el Precursor resolvió alejarse de Cúcuta. La calentura intermitente fue degenerando en hidropesía. Hinchado de medio cuerpo para abajo, decía: «Si duro aquí 10 ó 12 días más, tendré que salir en guando». En Pamplona fue imposible seguir, Nariño tuvo que permanecer allí hasta principios de mes, cuando pudo reiniciar el viaje. A1 paso por los pueblos era ovacionado. En Bogotá lo recibieron los húsares montados hasta el puente del río Arzobispo. Era un pobre anciano que merecía conmiseración. Se refugió, entonces, en la casona de Fucha y en la hacienda de Las Monjas (junto a la laguna de Fúquene) que un hijo suyo tomó en alquiler.
 |
- Antonio Nariño.
- Oleo de C. Restrepo Canal, 1955. Ministerio de Gobierno, Bogotá.
|
El 9 de octubre el Congreso de Cúcuta lo eligió senador por Cundinamarca, pero se objetó de nulidad la elección; tal objeción tuvo que ser resuelta en las sesiones de 1823. Se le tachó con los grotescos cargos de deudor fallido en la Tesorería de Diezmos, y de traidor a la Patria por haber caído prisionero en Pasto; además, se argumentó que por haber estado ausente de la República por su propio gusto, no cumplía los requisitos constitucionales de permanencia en el país. Nariño se presentó ante el Senado el 14 de mayo y en una pieza extraordinaria, modelo de oratoria forense, desbarató las calumnias de sus acusadores, y absuelto, salió en hombros de las barras arrebatadas de emoción patriótica. Muy enfermo, pidió en agosto que se le concediera licencia para pasar a cualquiera de los pueblos de Cundinamarca y Boyacá, con el objeto de restablecer su salud. Llegó a Villa de Leiva a comienzos de diciembre. Presentía que su fin había llegado. Montó a caballo y en contadas ocasiones le soltó el paso a la bestia. La tisis implacable lo fue agotando; su salud empeoró. El 8 amaneció con esputo de sangre y mucha tos. Se confesó con el prior de San Agustín y recibió el viático con deificación. El 13 amaneció más enfermo. Recibió la absolución y pidió que le recitaran el Miserere y salmos penitenciales. Continuamente estaba con el reloj en la mano. Siguió hablando y continuó en agonía hasta las 5 de la tarde, cuando, con semblante sereno, expiró. Sus restos mortales, por razones políticas, permanecieron insepultos en manos de sus familiares durante 90 años. Sólo hasta comienzos del siglo XX fueron depositados en la catedral de Bogotá, donde reposan [Ver tomo l, Historia, "Precursores de 1a Independencia", "E! 20 de julio de 1810" y "La Primera República granadina (2810-I8I6)", pp. 2I2-268; tomo 4, Literatura, p. 61; y tomo 5, Cultura, pp. 19-2T, 145, 180-182, T 97 y 230-231 ] .
EDUARDO RUIZ MARTÍNEZ
Bibliografía
AGUILERA, MIGUEL. "Elogio del Precursor Antonio Nariño". Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. XXXVI (1949), pp. 445-453. AZULA BARRERA, RAFAEL. "Nariño, Padre nuestro". La Bagatela, Segunda época, N° 1, Bogotá, enero-junio 1993. BIBLIOTECA FUNDACIÓN FRANCISCO DE PAULA SANTANDER. Archivo Antonio Nariño, 6 Vols. compilación, Guillermo Hernández de Alba. Bogotá, 1990. CAICEDO, BERNARDO. Grandezas y miserias de dos victorias. Bogotá, Voluntad, 1951. ESPINOSA, JOSÉ MARÍA. Recuerdos de la Patria Boba. Diario, 1810-1819. Bogotá, Biblioteca Nacional, 1943. FORERO, JOSÉ MANUEL. Antonio Nariño, el Precursor. Bogotá, Iris, 1960. FORERO BENAVIDES, ABELARDO. Impresión y represión de los Derechos del Hombre. Bogotá, Universidad de los Andes, 1967. HERNÁNDEZ DE ALBA, GUILLERMO. Proceso de Antonio Nariño, 2 Vols. Bogotá, Presidencia de la República, 1980-1984. HERNÁNDEZ DE ALBA, GUILLERMO. "Diez años desconocidos de la vida de Nariño". Boletín de Historia y Antigüedades, Vol. XX (1933). IBÁÑEZ, PEDRO MARIA y EDUARDO POSADA. El Precursor. Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1902. MIRAMÓN, ALBERTO. Nariño. Una conciencia criolla contra la tiranía. Academia Colombiana de Historia. Bogotá, Kelly, 1960. RESTREPO CANAL, CARLOS. Nariño periodista. Academia Colombiana de Historia. Bogotá, Kelly, 1960. RESTREPO URIBE, FERNANDO y GUILLERMO HERNÁNDEZ DE ALBA. Iconografía. Bogotá, Empresa de Teléfonos de Bogotá, 1963. RIAÑO, CAMILO. El teniente general Antonio Nariño. Bogotá, Imprenta de las Fuerzas Armadas, 1973. RIVAS, RAIMUNDO. El andante caballero don Antonio Nariño. Bogotá, Academia Colombiana de Historia, 1936. RUIZ MARTINEZ, EDUARDO. La librería de Nariño y los Derechos del Hombre. Bogotá, Planeta, 1990. VEJARANO, JORGE RICARDO. Nariño, su vida, sus infortunios, su talla histórica. Bogotá, Santafé, 1938.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

|