Poeta y novelista nacido en Bogotá, el 25 de agosto de
1923 (día de San Luis, rey de Francia, por quien siente una gran admiración). El padre
de Alvaro Mutis Jaramillo, Santiago Mutis Dávila, graduado en derecho internacional, fue
secretario de la Presidencia de la República y siguió la carrera diplomática; en 1925
viajó a Bélgica con su familia, como ministro consejero de la Legación en Bruselas.
Alvaro Mutis llegó a este país de dos años y allí vivió hasta los nueve, cuando su
padre murió repentinamente, a los 33 años. En Bruselas están los mejores recuerdos de
su padre; de él heredé, entre otras cosas, el gusto por los buenos vinos y la buena
cocina, por la tertulia y los buenos libros, y también su admiración por Napoleón. La
madre, Carolina Jaramillo, nacida en Manizales, fue una mujer de gran independencia, a
quien poco le importaron las convenciones sociales; su hijo Alvaro y los personajes
creados por él heredaron esta actitud ante la vida. Doña Carolina solía decir algo que
parece un pensamiento de Maqroll, el personaje principal de la obra de Mutis: «Hay que...
eso jamás>, frase que marcó a su hijo definitivamente. El abuelo materno, Jerónimo
Jaramillo Uribe, uno de los fundadores de Armenia, inició las haciendas de la familia en
el Viejo Caldas y el Tolima, y para comercializar sus productos tuvo oficinas en Hamburgo;
sembró café, caña y hasta buscó oro, infructuosamente, en sus tierras. Alvaro Mutis y
su hermano Leopoldo jugaron de niños en los socavones abandonados de las minas de su
abuelo, experiencia que Mutis recrea en Cocora (1981) y luego en Amirbar (1990). La finca
Coello, ubicada en la confluencia de dos ríos, el Coello y el Cocora, es de vital
importancia en la vida de Alvaro Mutis; aquí venía la familia a pasar vacaciones desde
Europa; con su hermano conocían perfectamente estas tierras y, años después, cuando la
finca cambió de manos debido a la Violencia, una de las aficiones de Alvaro y Leopoldo
era recordar mentalmente cada uno de los rincones de la propiedad. El contacto físico con
el trópico, con el clima de la tierra caliente donde se dan el café y el plátano, con
el aroma, el colorido y Ja exuberancia de la naturaleza, con la corriente torrentosa de
los ríos, fue de tal plenitud e intensidad para Mutis, que de todas las experiencias de
su vida es la más esencial, y está convencido que su poesía proviene de allí y que
toda su obra no es más que un intento de rescatar aquellos momentos de dicha.
La temprana desaparición de su padre, el primer
enfrentamiento de Mutis con la muerte, determinó que su madre decidiera abandonar Europa,
permanecer en Colombia y dedicarse al manejo de la hacienda Coello, que acababa de
heredar. Salir de Europa fue para Mutis una gran pérdida, Europa significaba para él su
mundo, Colombia era sólo un lugar para pasar vacaciones, de donde siempre se regresaba.
Su fascinación por el mar, los barcos y el viaje tiene origen en esos desplazamientos de
Europa a Colombia, realizados en pequeños barcos, mitad de carga y mitad de pasajeros
(parecidos a los que se encuentran en sus libros), que se demoraban alrededor de tres
semanas en atravesar el Atlántico, haciendo escalas en varios puertos del Caribe, y que
tenían como destino final en Colombia al puerto de Buenaventura. Desde aquí en carro, en
tren y finalmente a caballo, la familia Mutis llegaba a Coello. Son muchas las huellas que
estas travesías por mar y tierra dejaron en la obra de Mutis; una de ellas, por ejemplo,
la tienda que queda en el punto más elevado del Alto de la Línea, llamada La Nieve del
Almirante en sus libros, donde Maqroll encontró a Flor Estévez. De otra parte, cuando
Mutis abandonó Europa, la imagen del Viejo Continente: Amberes (inmediatamente), de donde
proviene su gusto por los puertos; las tierras planas de Flandes; el Bosque de la Cambre;
Brujas, ciudad que le parece de otro tiempo; los viajes realizados a Francia o a Italia,
se convirtieron en grandes nostalgias. Así, los recuerdos de Bélgica, tan íntimamente
ligados a su padre, y los de Coello, tan cercanos a su madre, se transformaron dentro de
su mundo poético en dos paraísos perdidos (como se aprecia, especialmente, en Un bel
morir, 1989), y el contraste entre Europa y América en uno de los principales temas de su
obra. Para Mutis, Europa, la protagonista de la civilización romana occidental cristiana,
que alimenta su pasión hacia Bizancio, Constantino, la Edad Media, Felipe II o Napoleón,
y que lo ha llevado a confirmarse como un monárquico, convencido de que la monarquía
ofrecía a la civilización un orden de origen divino (cuya decadencia empieza con la
Reforma protestante, las ideas liberales y el racionalismo que conducen a la democracia),
se encuentra en continua relación con la fuerza terrígena del trópico americano, donde
mueren, según las imágenes y las historias que en sus libros vinculan a Europa con el
trópico, los últimos sueños de esa cultura llevada por los españoles a América. De
aquí que Mutis, como Maqroll, se sienta viviendo en un mundo que no corresponde a la
medida de sus sueños; de aquí que su actitud, como lo ha dicho en múltiples ocasiones
rechazando de plano el siglo XX, sea la de un desesperanzado.
Alvaro Mutis no terminó sus estudios colegiales,
iniciados en Bruselas en el colegio jesuita de San Michel, y cuando monseñor José Castro
Silva, rector del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, le llamaba la atención
por su bajo rendimiento académico, recordándole que era descendiente directo del hermano
del sabio José Celestino Mutis, contestaba que tenía muchas cosas que leer y no podía
perder el tiempo estudiando. Desde esa época devoraba libros de historia, de viajeros de
siglos pasados y de literatura. Como él mismo lo dice, el billar y la poesía, enseñada
por Eduardo Carranza en el Rosario, le impidieron terminar el colegio. A los dieciocho
años Mutis contrajo matrimonio con Mireya Durán, con quien tuvo tres hijos, y empezó a
trabajar en los oficios más disímiles. Desde entonces se dio cuenta que no iba a vivir
de la literatura, pero, al mismo tiempo, fue consciente de su vocación por las letras.
Siendo locutor de la Radiodifusora Nacional de Colombia, compuso su primer poema, del que
sólo queda este verso: «Un dios olvidado mira crecer la hierba»; ahí empezó su
carrera literaria, en la que había una fuerte influencia de los escritores surrealistas.
Sus primeros escritos, que significaron su ingreso a la vida literaria del país,
aparecieron en la revista Vida de la Compañía Colombiana de Seguros, donde fue jefe de
redacción y colaborador con pequeños retratos sobre Joseph Conrad, Alexander Pushkin,
Antoine de SaintExupéry y Joachim Murat; también en Vida publicó su primer poema:
"La creciente". Otra de estas primeras composiciones es "El miedo",
publicado en 1948 en la página literaria que dirigía Alberto Zalamea Borda en La Razón.
Por esta época Mutis asistía a las sesiones del café El Molino, del Asturias o de El
Automático, donde se encontraba con dos generaciones de poetas: los Nuevos y los de
Piedra y Cielo. Mutis no pertenecía a ninguna de ellas, aunque encontraba más afinidades
literarias (André Malraux, Albert Camus, Enrique Montherlant) con los Nuevos (que en
realidad eran los viejos), que con los de Piedra y Cielo, concentrados en la Generación
del 27. Tampoco perteneció al grupo Mito, aunque tuvo contacto y fue amigo de algunos de
sus miembros, aunque la revista Mito publicó en 1959 Los hospitales de ultramar, y aunque
gracias a esto Octavio Paz conoció y escribió sobre Mutis, en el primer reconocimiento
importante que tuvo fuera de Colombia. La relación directa con los poetas, escritores e
intelectuales de la Bogotá de esos años, fue parte fundamental de su formación
cultural, pues tenía lugar precisamente en los momentos en que se estaba definiendo su
vida. Mutis entró en contacto con Eduardo Zalamea Borda, quien quiso publicar dos de sus
poemas en el suplemento dominical de El Espectador y le recomendó leer un cuento de
Gabriel García Márquez; con Jorge Zalamea, traductor de Saint John Perse, uno de sus
primeros afectos literarios; con León de Greiff y con Otto, su hermano, que trabajaba
también en la Radiodifusora Nacional y le acentuó su amor por la música; con Eduardo
Caballero Calderón, quien lo invitó a trabajar en Onda Libre, noticiero polémico de
orientación liberal durante el gobierno de Laureano Gómez, lo que le sirvió para
definir su personalidad. También por entonces hizo amistad con Casimiro Eiger y con
Ernesto Volkening; Eiger, refugiado de la segunda Guerra Mundial, de origen judío
polonés, y director en Bogotá de la galería El Callejón y luego de la galería Arte
Moderno, fue el primer lector de su obra, y gracias a él, en coautoría con Carlos
Patiño Roselli,, se publicó La balanza (1948), primer libro de Mutis y Roselli, que se
agotó por incineración en el famoso "Bogotazo" del 9 de abril de 1948.
Volkening, también refugiado de la guerra, fue otro de sus primeros lectores y críticos,
conocedor de antemano de todos los poemas de Los elementos del desastre (1953), su segundo
libro, publicado en la colección Poetas de España y América de la Editorial Losada de
Buenos Aires, que dirigían Rafael Alberti y Guillermo de Torre. Tanto Eiger como
Volkening enriquecieron en Mutis sus referencias europeas.
Además de llegar a ser gerente de una emisora y actor de
radio en la época en que se llevaron a este medio los clásicos de la literatura
dramática, Alvaro Mutis fue director de propaganda de la Compañía Colombiana de Seguros
y de Bavaria, y jefe de relaciones públicas de Lansa, una pequeña empresa de aviación
que le hacía competencia a Avianca. Estos trabajos convirtieron a Mutis en un viajero
constante, que escribía sus versos en las salas de espera de los aeropuertos y en los
hoteles, y ayudaron a dar forma al interminable desplazamiento de los personajes de sus
futuras novelas. Después de la quiebra de Lansa, pasó a ser jefe de relaciones públicas
de la Esso en 1954. Si con sus anteriores trabajos había tenido oportunidad de viajar por
Colombia, con este nuevo empleo pudo hacerlo por el mundo. Las capitales de Europa,
América del Norte, la selva o Barrancabermeja, en el Magdalena Medio, podían ser lugares
ocasionales de sus múltiples viajes. Durante este período, en el que el escritor pudo
darse lo que se llama la "gran vida", hubo un receso en su actividad literaria;
dos años más tarde, los últimos días en la Esso fueron al mismo tiempo sus últimos
días en Colombia. Debido al manejo caprichoso (y en cierta manera romántico) de unos
dineros que la multinacional asignaba a obras de caridad, y que Mutis usó como si fuera
suyo en quijotadas de la cultura, no siempre con base en una necesidad real, fue demandado
por la compañía. Ante esta situación, su hermano Leopoldo, Casimiro Eiger y Alvaro
Castaño Castillo, entre otros amigos, le arreglaron un viaje de emergencia hacia México,
país que desde entonces (1956) es su lugar de residencia. Este acontecimiento,
representado en la usurpación inmotivada de unos dineros, que de manera un poco ingenua
demostraba rebeldía e insatisfacción, hizo patente la tendencia de Mutis hacia el
anarquismo, que lo mantiene al margen de lo convencional, y del que sus personajes dan
constante testimonio. A México llegó con dos cartas de recomendación: una dirigida a
Luis Buñuel y otra a Luis de Llano; gracias a éstas, consiguió trabajo como ejecutivo
de una empresa de publicidad, y luego promotor de producción y vendedor de publicidad
para televisión, y conoció en el medio intelectual mexicano a los que han sido sus
amigos en ese país: Octavio Paz, Carlos Fuentes y Luis Buñuel, entre otros.
Justo a los tres años de su llegada a México, se
hicieron efectivas las demandas en su contra y Mutis fue detenido en la cárcel de
Lecumberri, durante 15 meses. Su experiencia en la cárcel cambió del todo su visión del
dolor y el sufrimiento humanos, le hizo comprender que hasta en las peores condiciones hay
posibilidad de gozar la vida y entró en contacto con personas que antes, en el medio
frívolo en el que se movía, pasaban desapercibidas; además, se dio cuenta que la bondad
y la crueldad se manifiestan en igual medida dentro y fuera de la cárcel. En Lecumberri,
Mutis dio forma a los relatos "Saraya", "El último rostro",
"Antes de que cante el gallo" y "La muerte del estratega" (recopilados
en Cuatro relatos, 1978); a algunos de los poemas de Los trabajos perdidos (1965) y al
Diario de Lecumberri (1960); también montó, en colaboración con los presos de su
crujía, una obra teatral llamada El Cochambres, basada en la vida de uno de los
internados. A los pocos años de salir de la cárcel, se casó con Carmen, se convirtió
en gerente de ventas para América Latina de la Twentieth Century Fox, y luego de la
Columbia Pictures, y continuó durante 23 años con su rutina interminable de viajes,
hasta que en el año 1988 cumplió con el tiempo requerido para el retiro y pudo dedicarse
a leer y a escribir. Desde entonces, publica un libro cada año. El reconocimiento a la
obra de Alvaro Mutis empezó en 1974, con el Premio Nacional de Letras de Colombia; en
México ganó en 1985 el premio de la crítica de Los Abriles, por su libro Los emisarios
(1984); en 1988 Ja Universidad del Valle le concedió el grado de doctor Honoris causa en
Letras, y lo mismo hizo la Universidad de Antioquia en 1993; en 1988 recibió el premio
Xavier Villaurrutia y fue condecorado con el Aguila Azteca por su libro Ilona llega con la
lluvia (1987); en 1989 ganó en Francia el premio Médicis Étranger con La Nieve del
Almirante (1986), considerado el mejor libro traducido al francés ese año, y recibió la
Orden de las Artes y las Letras en el grado de Caballero de parte del gobierno de ese
país; en 1990 le otorgaron en Italia el premio Nonino y el premio literario lila; y en
1993, como parte de la semana de homenaje al escritor con motivo de sus 70 años de vida,
el gobierno colombiano le concedió la Cruz de Boyacá. La importancia y el interés que
despierta la obra de Mutis en el exterior, se observa también en las traducciones de su
obra al sueco, al alemán, al holandés, al portugués, al rumano, al inglés, al
italiano, al francés y hasta al turco [Ver tomo 4, Literatura, pp. 263-264 y 301-302].
DIEGO CERÓN CORREA
Bibliografía
BOSDA, JUAN GUSTAVO. Alvaro Mutis. Bogotá, Procultura,
1989. GARCIA AGUILAR, JUAN GUSTAVO. Celebraciones y otros fantasmas. Bogotá, Tercer
Mundo, 1993. MUTIS, ALVARO. Poesía y prosa. Edición, Santiago Mutis Durán. Bogotá,
Colcultura, 1981. QUIROZ, FERNANDO. El reino que estaba para mí. Bogotá, Norma, 1993.
VARIOS. Tras las rutas de Maqroll el Gaviero. Edición, Santiago Mutis Durán. Cali,
Proartes, Gobernación del Valle, Revista Gradiva, 1988. VARIOS. A propósito de Alvaro
Mutis y su obra. Con: La mansión de Araucaima. Colección Cara y Cruz. Bogotá, Norma,
1992.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.