Ideólogo liberal, estadista y periodista tolimense
(Chaparral, enero 1 de 1816 - Bogotá, diciembre 26 de 1880), dos veces presidente de la
República. Nacido en un hogar de escasos recursos, Manuel Murillo Toro hizo sus estudios
primarios en su ciudad natal; los secundarios, gracias a la colaboración de algunos
amigos pudientes, en el Colegio San Simón de Ibagué. Luego pasó a Bogotá a estudiar, a
instancias de su padre, la carrera de medicina, que nunca terminó por dedicarse al
Derecho. Para su manutención en la capital se colocó, en los ratos libres que dejaba la
academia, como amanuense de Vicente Azuero. Fue tan precaria la situación del joven
provinciano en la capital de la República, que casi tuvo que renunciar a sus estudios y
regresar al solar paterno. Gracias a Lino de Pombo, a la sazón ministro de Relaciones
Exteriores de la administración de Francisco de Paula Santander, no tuvo que retirarse
pues fue nombrado oficial interno de la Cancillería, con un sueldo de $ 360 anuales. Con
esa relativa comodidad logró terminar su carrera en 1836. De 1837 a 1840 se desempeñó
como oficial mayor de la Cámara de Representantes. Desde entonces se delineó en Murillo
Toro su poca aptitud para el foro, pero su gran capacidad para ejercer empleos públicos.
Se acercó mucho más al grupo santanderista cuando se erigió en crítico de la
administración de José Ignacio de Márquez. Colaboró con los medios escritos de la
oposición, en la Bandera Nacional, El Correo y El Latigazo, desde donde empezó a
vislumbrarse como un "educador político", como el "rey de la prensa".
El papel de ideólogo propulsor del cambio de las estructuras coloniales ya sobresalía en
el joven escritor. Participó activamente en la guerra civil de 1840, al lado de los
ejércitos liberales progresistas y federalistas, llegando a ser secretario de Guerra de
la mayoría de los jefes supremos revolucionarios, empezando al lado del coronel Manuel
González, comandante jefe de las provincias del norte. Fue, así mismo, secretario de
Guerra del gobernador de la provincia de Mariquita, coronel José María Vezga. Ante los
desastres sucedidos a estos militares, y tras la muerte de González, Murillo Toro, al
mando de las derrotadas tropas liberales, adhirió al general Francisco Carmona, supremo
jefe de la Costa Atlántica, quien lo ratificó en su cargo. Le tocó soportar los
desastres y traiciones a las tropas rebeldes. Luego se desempeñó como comisionado para
el restablecimiento de la paz. Obtenida ésta, fue perseguido como criminal por las
autoridades locales de las provincias del norte. El coronel Anselmo Pineda, gobernador de
Panamá, lo designó como su secretario en 1843, cargo que ocupó peregrinamente, pues en
1844 se estableció en Santa Marta, donde contrajo nupcias, en 1845, con doña Ana Romay
Cabarcas, de cuya unión no quedaron vástagos. Murillo Toro concurrió por primera vez al
Congreso Nacional a los 30 años, en 1846, elegido por la provincia de Santa Marta. Su
timidez y su palabra insegura no dejaron muy buena impresión. De todas maneras, presentó
un proyecto por el cual se ordenaba un empréstito de $ 2.000.000 para la manumisión de
los esclavos, que fue rechazado; ya en su ánimo se revelaba la idea de la libertad de los
esclavos. En lo sucesivo, ocupó sus curules en el Congreso con mayor propiedad. Años
más tarde, durante su estadía en Norteamérica en calidad de ministro plenipotenciario
de Colombia, hizo gran amistad con Abraham Lincoln, quien le llegó a dar asiento en su
Consejo de Gobierno y aun lo visitaba con frecuencia en su modesta casa de la legación en
Washington. Cuando Murillo fue elegido presidente de los Estados Unidos de Colombia, se
encontraba en Estados Unidos, y el presidente Lincoln le rindió honores y puso a su
disposición uno de los navíos de la armada norteamericana para que lo transportara a
Colombia.
Murillo Toro fue, ante todo, un administrador positivo y
realista, pero siempre de signo reformista; sus tesis a menudo fueron avanzadas para la
época. Consideraba, como los radicales, que había que construir una Nación, y para ello
había que situarse al nivel de la evolución de las ideas. Inició su carrera pública
con un brillante desempeño en la Secretaría de Hacienda en el gobierno de José Hilario
López (1849-1853), desde donde le tocó adelantar las grandes reformas de medio siglo,
que sacaron a la Nación del espectro económico de la Colonia y la circunscribieron
dentro de la órbita de la economía mundial liberal. Civilista y conciliador, Manuel
Murillo Toro llegó al poder por primera vez en 1~864-1866, y luego en 1872-1874. Gracias
a su espíritu sereno, a su tacto de administrador y a su enorme visión progresista, pudo
desarrollar uno de los mandatos ejecutivos más célebres de la historia colombiana. Su
permanente lema de gobierno fue: «La paz con libertad y por la libertad». Según Ignacio
Arizmendi Posada, «de su obra de gobierno se puede resumir lo siguiente: fundó el Diario
Oficial como instrumento básico para divulgar los actos más importantes de la gestión
encomendada; introdujo el telégrafo, uno de los pasos más trascendentales para el
progreso del país; ordenó la elaboración de los primeros mapas de nuestro territorio,
basándose en los útiles trabajos de la Comisión Corográfica...,>, y en cuanto a su
segundo gobierno, «Murillo trató con éxito el problema viejo de la deuda interna y
externa de la Nación, que logró reducir notablemente, lo que permitió [...] adelantar
obras públicas [...] en este gobierno se adelantó la navegación por el Magdalena, se
inició la construcción del ferrocarril de Buenaventura, Bogotá contó con iluminación
pública de gas». Pero la faceta que más se destacó en su vida fue la del conductor
político, el caudillo netamente civil. Antonio Pérez Aguirre dijo, acerca de Murillo
Toro, que siempre representó la normalidad en el gobierno y la tolerancia política y
religiosa. Todos los sectores políticos lo respetaron e incluso sus dirigentes
reconocían en él talento de escritor convincente y sagacidad política: «Las gentes
humildes lo rodeaban con entusiasmo fervoroso por sus constantes actuaciones
democráticas, y hasta los propios adversarios de sus ideas tenían que reconocer las
capacidades del nuevo mandatario y su espíritu sereno y moderado>, Político
destacado, su campo de acción siempre se circunscribió al ámbito civil. Entre tanto
militar dei siglo pasado, su figura contrastó precisamente porque no requirió de los
canalones del coronelato o de las charreteras de general para poder ocupar el solio
presidencial. Murillo Toro fue un reformador típico y uno de los máximos dirigentes de
lo que se Llamó el Olimpo Radical.
Defensor acérrimo del individualismo clásico, Murillo
Toro combatió toda posible intervención del Estado, dejando la economía a la libre
acción y ejercicio de la iniciativa privada. AI Estado sólo le dejó la órbita de la
prevención y de la sanción de los delitos, «la conservación del orden público y la
defensa del país»; desconfió del exceso del poder público. El Estado para Murillo
debía ser, ante todo, laico, fuera de la órbita de la injerencia confesional. La
tolerancia política y religiosa debía ser la principal directriz del gobierno: «Estado
libre, creencias libres y el culto libre>,. En esta tesis se adelantó a su época,
llegando a presentar un proyecto de ley sobre asuntos eclesiásticos que fue acogido
favorablemente por el delegado apostólico monseñor Lorenzo Barili, pero que fue
criticado e inaceptado por el partido conservador y por la jerarquía eclesiástica
granadina. Según su proyecto, no habría religión oficial, ni el Estado se mezclaría
para nada en lo que se refiriera a las creencias y cultos de los ciudadanos, mientras no
atentaran contra el orden y la paz; cada cual podría contraer o disolver el vínculo
matrimonial de acuerdo con sus creencias. La ley granadina, civil y penal, sería
aplicable a la generalidad de los granadinos, dejando de existir el fuero especial de los
obispos. Conductor político y luchador social, Murillo Toro fue el impulsador de las
grandes reformas de mediados de siglo, como la abolición de privilegios y monopolios, de
la pena de muerte, del estanco del tabaco y de la esclavitud; el juicio por jurados, la
libertad de prensa, de industria, de enseñanza, de asociación, de conciencia y de
cultos. Ninguna doctrina de contenido social lo asustó. Durante su primera juventud,
contribuyó como periodista a divulgar a Sismondi, SaintSimon, Fourier y Proudhon. Por sus
ideas socialistas recogió el baldón público con que lo regalaron los hacendados y
conservadores de su época, quienes lo calificaron de «disociador», «anarquista»,
«socialista» y «comunista». Fue un agitador revolucionario, aun como hombre de
gobierno. Su programa político está condensado en una frase suya: «Yo quiero asegurar
la paz por medio de la equidad y del bienestar general», escribía a Camilo Antonio
Echeveri. Murillo Toro fue ejemplo vivo de conductores políticos. La desilusión del
liberalismo individualista lo llevó a proponer un liberalismo social, pretendiendo ser
reflejo de las aspiraciones populares. Llegó a tener propuestas catalogadas de peligrosas
para la sociedad de la época, como aquella llamada "Ley de tierras", que se
conoció por su nombre en 1852, por la cual se establecía que la tierra debía ser de
quien la cultivara: «En mi opinión, el cultivo de la tierra debe ser la única base de
la propiedad, y nadie debe poseer una extensión mayor que aquella que, cultivada, pueda
proveer cómodamente a su subsistencia,>. No pedía la abolición del derecho de
dominio, pero sí su limitación y el control de su uso. Fue uno de los precursores de la
economía dirigida y de la función social de la propiedad, que luego consagraron los
legisladores liberales de 1936. Pese a su línea liberal y democrática, sus
planteamientos en el ámbito económico y social lo sitúan como uno de los precursores
del socialismo en Colombia.
Por otra parte, Murillo Toro fue un gran escritor, mejor
aún, un político escritor; nunca fue orador ni literato en sentido estricto. Su arma fue
el periodismo, porque era un hombre de combate. Como diría Milton Puentes, fue un
periodista, como casi todos los escritores de su tiempo, sin cobardías, sin miedo a las
responsabilidades, sin vacilaciones trémulas. Fundador de la Gaceta Mercantil (1847) de
Santa Marta, colaborador de El Constitucional y El Neogranadino, y director algunos años
de El Tiempo, consideró a la prensa como un factor dinamogénico para el progreso y la
libertad. Fue uno de los grandes defensores de la libertad de prensa y del libre ejercicio
de la profesión de escritor o periodista; siempre sostuvo la tesis: «La imprenta libre e
independiente es una necesidad de primer orden para la marcha de los gobiernos honrados,
para depurar el servicio y corregir los vicios y, por lo mismo, conviene sostenerla en su
impunidad y apoyarla cuando se extravíe». Esa concepción no fue para él un mero
sofisma de distracción y plataforma política; fiel a sus ideas, siempre la respetó, aun
cuando el abuso de la prensa de oposición lo Llegó a atacar sin miramientos. El
radicalismo de Murillo Toro fue ideológico, jamás partidista. Sus ideas de avanzada
estuvieron orientadas por el respeto a la opinión contraria, siempre se caracterizó por
su espíritu reflexivo. Para Darío Echandía, fue «el político por excelencia y
antonomasia>,; para su enemigo de ideas, Rafael Núñez, «el que demostró más
poderosa inspiración política». A su muerte, ocurrida en Bogotá el 26 de diciembre de
1880, no hubo heredero político que pudiera conducir con habilidad el radicalismo liberal
frente al partido nacional, conformado por los independientes y por los conservadores
nacionalistas, y empezó la proscripción del liberalismo durante 50 años de la escena
política colombiana [Ver tomo 2, Historia, "El Radicalismo (1860-1878)", pp.
389-420].
LUIS OCIEL CASTAÑO ZULUAGA
Bibliografía
BOTERO RESTREPO, JUAN. Manuel Murillo Toro. Bogotá,
Academia Colombiana de Historia, 1978. MURILLO TORO, MANUEL. Obras Selectas. Compilación
y presentación, Jorge Mario Eastman. Colección Pensadores Políticos Colombianos.
Bogotá, Cámara de Representantes, 1979. PEREZ AGUIRRE ANTONIO. Los Radicales y la
Regeneración. Bogotá, Cromos, 1941. TORREZ ALMEYDA, JESUS. Manuel Murillo Toro, caudillo
radical y reformador social. Bogotá, Printer Colombiana, 1985.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.