Intelectual y político de izquierda,
nacido en Bogotá, en 1910, muerto en la misma ciudad, en 1991. Diego Montaña Cuéllar
fue una de las figuras más descollantes de la izquierda en Colombia. Nacido en el seno de
una familia tradicional de Bogotá, cursó estudios hasta quinto de bachillerato en el
colegio de La Salle de los Hermanos Cristianos, y terminó en el colegio Ramírez, donde
dirigió la revista Adolescencia. Desde esa época tuvo un tímido acercamiento a las
teorías socialistas y al marxismo. En 1929 ingresó a la Facultad de Derecho de la
Universidad Nacional, ubicada en el claustro de Santa Clara, donde tuvo la oportunidad de
contar con profesores como el presidente Miguel Abadía Méndez, José María González
Valencia, Antonio José Uribe, Juan C. Trujillo Arroyo, Lucas Caballero, Rafael Escallón
y monseñor José Alejandro Bermúdez. Muchos de ellos eran de corte tradicional, por lo
que Montaña y algunos compañeros iniciaron en 1933 un movimiento llamado "la
revolución del Sapolín", a consecuencia del cual obtuvieron la contratación de
nuevos profesores como Darío Echandía, Jorge Soto del Corral y Luis Eduardo Gacharná.
En 1934, durante el primer gobierno de Alfonso López Pumarejo, Montaña Cuéllar fue
elegido concejal de Bogotá, en una lista encabezada por Julio Roberto Salazar Ferro y de
la que hacían parte Jorge Bejarano, Enrique Ancízar, Genaro Pedroza (compañero de
estudios de Montaña) y Francisco Gómez Pinzón. El presidente López intercedió para
que Diego Montaña Cuéllar fuera nombrado por el alcalde Julio Pardo Dávila como
secretario de Gobierno de Bogotá, y en un viaje que el alcalde hizo a Lima, fue encargado
de la alcaldía. Montaña emprendió entonces una renovación del gabinete municipal con
gente joven de tendencias izquierdistas; el gobernador pidió su renuncia y al no ser
atendido nombró como nuevo alcalde a Jorge Merchán. En 1936 Montaña Cuéllar fue
elegido representante a la Cámara, como suplente de Jorge Eliécer Gaitán. Tuvo una
intensa actividad en la Comisión de Acción Sindical de la Casa Liberal, y un tiempo
después fue nombrado secretario de la Legación de Colombia en Chile y cónsul general en
Santiago. A su regreso a Colombia, en la década del cuarenta, Montaña Cuéllar ingresó
al Partido Socialista Democrático, decisión que le causó más de una crítica por parte
del partido liberal y de su familia. En el seno de su nuevo movimiento político, tuvo
serias contradicciones con la dirigencia por la posición despectiva y sectaria que
tenían frente a Jorge Eliécer Gaitán, su antiguo jefe en el liberalismo; a juicio de
Montaña, tanto en Gaitán como en la Unión Izquierdista (UNIR), el partido fundado por
Gaitán, había un fermento revolucionario contra las oligarquías. Tales planteamientos
llevaron a la exclusión de Montaña, y algunas otras personas que pensaban como él, del
seno del Partido Socialista Democrático.
Hacia el año de 1944, Montaña fue llamado por el
dirigente comunista Rafael Godoy para trabajar por la defensa de los derechos de los
trabajadores al servicio de la Tropical Oil Company. Desde ese entonces y por cerca de
cuarenta años, cumplió la labor de asesor intelectual (político y pedagogo, mas no
caudillo, y mucho menos dirigente) de ese importante sector obrero. En realidad, fue como
consejero de los trabajadores petroleros que Diego Montaña Cuéllar se destacó como
hombre de izquierda. Gracias a su permanente monitoreo, especialmente entre 1950 y 1970,
estos obreros consiguieron avanzadas reivindicaciones colectivas de trabajo, entre las que
se destaca la creación de la Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol).
Simultáneamente, Montaña Cuéllar participó en importantes movimientos democráticos y
revolucionarios. En la década del cincuenta hizo parte del Movimiento de la Paz, en
calidad de miembro, y por invitación de Jorge Regueros Peralta fue delegado por Colombia
a la Conferencia de Paz en Montevideo; a su regreso fue puesto preso. En octubre de 1952
asistió con Jorge Zalamea, Jorge Gaitán Durán y otros destacados intelectuales
colombianos a la conferencia de los países del Asia y del Pacífico que se reunió en
Pekín. En la década del sesenta trabajó con Camilo Torres Restrepo en la publicación
del semanario del Frente Unido. Años después, en 1978, Diego Montaña Cuéllar se
vinculó activamente al movimiento FIRMES, que abogó por la unidad de la izquierda
colombiana. Llevaba cinco años de alejamiento de la actividad pública, pues luego de un
infarto pulmonar tuvo que radicarse en Paipa (Boyacá), donde se dedicó a escribir y
atender pequeños pleitos campesinos y obreros. Allí vivió hasta 1987, cuando a raíz
del asesinato del candidato presidencial de la Unión Patriótica (UP), Jaime Pardo Leal,
se sintió comprometido a retornar a la lucha política. Ingresó a la UP, y formó parte
de ella hasta el magnicidio del otro candidato del partido, Bernardo Jaramillo Ossa.
Entonces fue nombrado presidente y afrontó la división del grupo y la posterior unión
con el M-19, cuando se creó la Alianza Democrática M-19 (AD M19). Montaña colaboró con
este grupo hasta su muerte. En la última etapa de su vida fue miembro de la Comisión
Presidencial de Asuntos Fronterizos y representante a la Cámara. Su última actuación
pública se cumplió en el sepelio de su amigo y compañero de lucha Gerardo Molina. Diego
Montaña no sólo fue político y asesor sindical, también fue profesor de la Universidad
Nacional, donde regentó las cátedras de Sociología americana e Introducción a la
Ciencia del Derecho. Así mismo, fue fundador, rector y profesor de la Universidad Obrera
de Colombia, y en los años sesenta fue catedrático de la Universidad Libre. Su papel de
intelectual se completó con la publicación de cuatro obras: Teoría General del Derecho
(1948), Por los caminos de 1a paz. De Pekín a Viena (1953), Colombia, país formal y
país real (1973), quizás su obra más conocida, y Patriotismo burgués, nacionalismo
petrolero (1976).
JOSÉ EDUARDO RUEDA ENCISO