Ideólogo y político de izquierda
antioqueño (Gómez Plata, agosto 6 de 1906 Bogotá, marzo 29 de 1991). Desde su infancia,
Gerardo Molina Ramírez fue testigo de la injusticia social. Adolescente aún, se
trasladó a Medellín y se matriculó en 1921 en el Liceo Antioqueño. En 1927, cuando se
encontraba estudiando Derecho en la Universidad de Antioquia, en un medio conservatizado y
escolástico, junto con otros compañeros realizó una huelga por la que fue expulsado de
esta institución. Se trasladó a Bogotá, donde terminó sus estudios, en la Universidad
Nacional, en medio de una atmósfera más liberal. El maestro Gerardo Molina constituyó
una extraordinaria personalidad de mente prodigiosa y polifacética, en la que resaltó un
elevado culto a la libertad y a la justicia social. Su temperamento se forjó con las
grandes luchas políticas y sociales del siglo XX colombiano. Ideólogo, político,
investigador e intelectual sensibilizado con la realidad del país, Molina fue un
estupendo ensayista, con gran capacidad de síntesis y fina argumentación. Fiel a sus
propósitos y leal a sus ideas, actuó como vocero de las clases populares colombianas, no
sólo en el foro político y en la plaza pública, sino también en los sindicatos, en la
tribuna de la prensa y de las revistas y en la Universidad, espacios que moldearon, al
decir del profesor Gaviria Díaz, su inteligencia «haciéndola dúctil, abierta, sensible
al cambio, al diálogo, a la confrontación permanente de lo que ayer parecía inconcuso
con lo que hoy se atreve a desafiarla». En su larga trayectoria, su desempeño público
fue siempre intachable y ejemplarizante, todo el tiempo manteniendo en alto las banderas
de las reivindicaciones sociales desde la izquierda liberal. Tres veces representante a la
Cámara (1933-1935, 1939-1941, 1962-1964); senador de la República en el período
1935-1939 y en 1982; personero de Bogotá entre 1942 y 1943; rector de la Universidad
Nacional de Colombia entre 1944 y 1948; rector de la Universidad Libre en 1955 y entre
1960 y 1962; candidato a la Presidencia de la República en 1982; miembro del Comité para
la Defensa de los Derechos Humanos, durante la administración de Belisario Betancur; y
miembro de las Comisiones de Paz nombradas durante los gobiernos de los presidentes Julio
César Turbay Ayala y Belisario Betancur Cuartas.
Tempranamente, Gerardo Molina estructuró su pensamiento
en torno a los grandes socialistas de su época, como Jean Jaurés y León Blum, sin
desconocer a los clásicos, entre ellos a Carlos Marx. Por aquellos años entró en
contacto con Jorge Eliécer Gaitán, primero como profesor universitario y después como
jefe de la Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria (UNIR). También en la década del
treinta se acercó a la figura de Alfonso López Pumarejo, con cuyas ideas y reformas se
entusiasmó, dándole su respaldo y apoyo irrestricto porque su plataforma ideológica se
aproximaba a los postulados socialistas. En 1942 se destacó como uno de los miembros más
connotados de la Liga de Acción Política (LAP), que tendió a conformar el Partido
Socialista de Colombia. En 1960 adhirió al Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), por
el cual resultó electo a la Cámara de Representantes, aunque conservando su posición
independiente. En los setenta se convirtió en el vocero de FIRMES, movimiento político
socialista de corte nacionalista, por el cual fue candidato a la Presidencia de la
República. Gerardo Molina hizo sus primeros ensayos periodísticos en Medellín, desde el
Diario de Colombia, y en los treintas fue periodista de El Espectador. En 1943, como
miembro de la Liga de Acción Política, publicó el periódico Acción Política, órgano
difusor de las ideas socialistas. Escribió en La Calle, diario del MRL, y en revistas
como Mito, Bolívar, Universidad Nacional, Universidad Libre y Horizontes, participando
con ensayos de carácter social. Durante la violencia política de los cincuenta se
exilió en París, donde efectuó un doctorado en Ciencias Políticas. Desde la revista
Alternativa, vocero de FIRMES, criticó los gobiernos de su tiempo y la democracia
restringida que vivía el país. El proceso histórico político colombiano lo sintetizó
en sus libros Las ideas liberales en Colombia, Proceso y destino de la libertad, Breviario
de ideas políticas y Las ideas socialistas en Colombia. Desde joven, Molina creyó que a
la noción de Patria había que despojarla de su carácter exclusivista y exclusionista,
para darle el que verdaderamente le correspondía, el de una categoría tan amplia como
universal. En desarrollo de esta idea, trabajó arduamente por sacar adelante la reforma
constitucional de 1936, que modificó la rígida Carta de 1886, acoplándola en lo posible
a la realidad de su momento. Desde el Congreso trabajó por obtener derechos sindicales y
de amparo a la clase trabajadora, conquistando los derechos de huelga, a la indemnización
por despido injusto, a la remuneración de festivos, al servicio médico, al pago de
vacaciones, a la indemnización por accidentes de trabajo en dinero y no en especie, y a
la celebración del 1 de mayo como día internacional del trabajo. Incansable luchador por
la educación y la cultura del pueblo colombiano, Gerardo Molina pregonó y defendió los
fueros y la libre autodeterminación de la universidad pública. Concibió a la
universidad pública como un mecanismo puesto al servicio de la Nación y de la
democracia, animado por el propósito de contribuir a la liberación del pueblo. Ante
todo, debía ser laica y nacional, en modo alguno confesional y privada; debía ser la
«orientadora de la República». Molina puso en práctica estas ideas cuando ocupó las
rectorías de la Universidad Nacional y de la Universidad Libre, lo que le valió el veto
de la jerarquía eclesiástica y la recriminación de parte de los , sectores
tradicionalistas, escandalizados con sus ideas sobre la Universidad como institución
democrática y libre, taller de la nacionalidad, orientadora de la opinión pública y
directora de la sociedad. Esencialmente, Molina creía en las virtudes de la cátedra
abierta y en la autonomía de la inteligencia. Con su actividad política, Molina trabajó
para sacar de las manos privadas la propiedad y el manejo de las actividades principales,
para pasarlas a manos de la Nación. Su pensamiento era, ante todo, nacionalista. Creía
en el socialismo pero compenetrado con la necesidad de «aumentar la riqueza nacional» y
la defensa de la democracia y las libertades; un socialismo nacional, que no dependiera de
ningún centro mundial, era el que podía dar las fórmulas para la reconstrucción de
Colombia. Molina pretendió ganar el poder para colocarlo al servicio del pueblo
colombiano. Su palabra y su acción nunca claudicaron para denunciar los recortes a la
libertad efectuados por las dictaduras civiles, confesionales y militares, que sumergieron
a la nación en un mar de violencia. Siempre libre e independiente en su posición liberal
de izquierda, luchó contra todo lo que significara dogmatismo. Abogó por una
democratización de la sociedad colombiana, partiendo desde las filas de la izquierda
liberal, como factor aglutinador de las tendencias que bajo diversas orientaciones
operaban en el país. Su sueño, hasta ahora inalcanzable, fue lograr la integración de
los partidos de izquierda en uno solo que se llamaría: Partido Socialista de Colombia. El
maestro Gerardo Molina pasó a la historia nacional como un social-demócrata, fiel a sus
ideas, enamorado de su patria nacional y de su pueblo, y esperanzado en el porvenir. Su
existencia, centrada siempre en la lucha por «volver a crear la democracia», fue un
testimonio edificante en la búsqueda de la libertad y de la dignidad humanas. [Ver tomo
5, Cultura, pp. 32 y 260].
LUIS OCIEL CASTAÑO ZULUAGA
Bibliografía
ACEVEDO, DARÍO (Comp.). Gerardo Molina. Testimonio de un
demócrata. Medellín, Universidad de Antioquia, 1991. MOLINA, GERARDO y otros. La crisis
moral en Colombia. Bogotá, Tercer Mundo, 1975.