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MEJlA, GONZALO
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Gonzalo Mejía.
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Oleo de Alvaro López, I956.
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Palacio de la Cultura, Medellín.
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Empresario
antioqueño (Medellín, 1884 - mayo 6 de 1956). Gonzalo Mejía fue pionero en Colombia, a
principios del siglo XX, de empresas y proyectos muy vanguardistas para su época: líneas
aéreas, aviación internacional, aeropuertos, deslizadores acuáticos, producción de
cine y distribución de películas, flotas de taxi urbano, carreteras a la selva del
Darién; por eso se le ha identificado como el "fabricante de sueños". No tuvo
que amasar su fortuna; Luis Mejía Santamaría, su padre, lo hizo por él, comerciando
activamente con Jamaica. Sus otros tíos, la mayoría solteros y sin descendencia,
también le heredaron cuantiosas fortunas. Era un rico de cuna, que pudo dedicar todo su
tiempo a materializar sus sueños. Su contacto directo en París con los inicios de la
aviación, lo motivó a inventar y desarrollar con técnicos franceses un vehículo que
denominó deslizador, gracias al cual buscaba reducir a dos días el viaje que una
embarcación a motor hacía en diez entre Puerto Berrío y Barranquilla, navegando por el
río Magdalena. Con una flotilla de varios deslizadores, que fue perfeccionando en los
Estados Unidos, creó una empresa para transportar pasajeros y correo. Por su mayor
eficiencia y rapidez, la aviación desplazó los deslizadores. Pero en 1919, junto con
Alejandro Echavarría, fundador de Coltejer, constituyó la Compañía Colombiana de
Navegación Aérea, equipada con aviones franceses de madera y lona, Farman 40. Por la
precariedad de las naves y los accidentes, la compañía debió liquidarse en 1920. No
obstante, se constituyó en una de las primeras empresas comerciales de aviación en el
mundo, y en la iniciadora del correo aéreo en Colombia. En 1932 Mejía concertó con la
aerolínea norteamericana Pan American, la constitución de la Compañía Urabá Medellín
Central Airways (UMCA) para prestar el servicio de carga, correo y pasajeros con aviones
DC-3, en la ruta Medellín-Panamá con escala en Turbo. Paralelamente inició el
reconocimiento del valle de Aburrá, donde debería construirse el aeropuerto Olaya
Herrera. Logró que el Concejo de Medellín aceptara su propuesta de una pista de tierra
de 947 metros de longitud. Su lucha continuó hasta lograr, en 1947, la construcción de
una pista asfaltada de 2 kilómetros, contigua a un moderno terminal de pasajeros, luego
de intensos debates en contra, promovidos hasta por gente que nunca había volado. En
1940, con los aviones de SACO y SCADTA se creó Avianca; el 75% de las acciones de esta
UMCA fueron adquiridas por la UMCA con respaldo financiero de Pan-Am. Así Gonzalo Mejía
se convirtió en el primer gerente de Avianca; UMCA se liquidó en 1947.
Su obsesión por las comunicaciones lo convirtió en el
abanderado de la carretera al mar (Medellín -Turbo- Necoclí), desde su iniciación en
1926 hasta su terminación en 1951. Fue una ardua labor cívica y publicitaria a través
de prensa y conferencias por todo el país, a su costa y riesgo, con la consigna de que
con esa vía de 408 kilómetros se lograría la colonización de Urabá y se dotaría al
país de una alternativa portuaria en el Caribe, más cercana a las principales ciudades
del interior. Seguidamente empezó a promocionar el trazado y construcción de una gran
autopista entre Medellín y Bogotá, extensión lógica de la concluida carretera al mar,
proyecto que lideró hasta su muerte. No vio su iniciación, pero dejó su idea enquistada
en la opinión pública y en la clase dirigente. En 1907 trajo de Francia el segundo
automóvil que llegó a Medellín. En 1929, en plena recesión económica mundial y con el
poco capital que le quedó luego del desplome de las acciones de todas sus compañías,
fundó Tax Imperial, la más grande empresa de taxis de la ciudad por cerca de 20 años.
En 1951 fundó Gonzalo Mejía y Compañía (GOMECO), que por más de 30 años distribuyó
y representó en Colombia los camiones de la General Motors, y más adelante, otras marcas
como Hillman, Oldsmobile y Buick. «Dinero en función de hacer realidad los sueños».
Este lema se hizo más palpable en el proyecto del gran teatro Junín-Hotel Europa
(Edificio Gonzalo Mejía), encargado al arquitecto modernista belga Agustín Goovaertz en
1921, e inaugurado en 1924 con la presentación de la película La Sombra. Con sus 4500
localidades, fue en su época uno de los cuatro teatros más grandes del mundo. El Junín
fue consecuencia de la Compañía Cinematográfica Antioqueña, que Mejía creó en 1914
para distribuir con exclusividad en Colombia películas de varias compañías de Hollywood
y México, que también eran exhibidas por la empresa con proyectores de manivela,
transportados de pueblo en pueblo. Luego de conocer esta industria de cerca en los Estados
Unidos, Mejía comprendió que el cine sería un negocio próspero, producto de gran
consumo, barato y multitudinario. Para mantener bien abastecida a la distribuidora,
organizó la Compañía Filmadora de Medellín, probando suerte como productor. Filmó su
primera película, Bajo el cielo antioqueño, en 1924. El y su esposa Alicia Arango,
debutaron como actores en los papeles estelares. El reparto se hizo entre miembros de la
alta sociedad de Medellín, que tuvo como escenarios, durante siete meses de trabajo, su
ambiente cotidiano. Tal vez ha sido una de las películas colombianas más taquilleras y
una de las mejor logradas en la historia del cine nacional. Con otros inversionistas,
Mejía fundó en 1927 la sociedad anónima Cine Colombia, con el objeto de comprar o
alquilar la mayoría de los teatros del país y adquirir un alto porcentaje de los
derechos de exhibición dados por las empresas productoras extranjeras. El proyecto de
monopolización, llevado a cabo meticulosamente para no disparar el precio de concesiones
e inmuebles, consiguió absorber compañías bogotanas, cartageneras, antioqueñas,
barranquilleras y vallunas, como Di Domenico, Cine Bolívar, Teatro Rialto, Circo Teatro
España y muchas otras. La divulgación de las negociaciones y el capital invertido por la
nueva empresa, mantenidas en secreto mientras se concretaban, pusieron en evidencia una de
las transacciones múltiples más grandes que se habían hecho hasta entonces en el país.
Mejía debió vender su parte en esta empresa, acosado por los acreedores, con motivo de
la caída del precio de las acciones que generó la crisis mundial en 1929. Fundaría más
adelante la empresa distribuidora El Circuito Antioquia, para lo cual construyó y
adquirió varios teatros, destinados a la exhibición de películas. Con respecto a esta
industria y a casi todos los proyectos planteados por Gonzalo Mejía, se nota aún su
vigencia y acertado juicio a pesar de la precocidad que los caracterizó. Hoy la
colonización de Urabá es una realidad palpable; la comunicación por autopista de seis
carriles entre Bogotá y Medellín, una necesidad sentida; y la industria del cine
colombiano, un sueño que aún no se hace realidad. Su biógrafo, Héctor Mejía Restrepo,
lo define como un pionero de las cosas nuevas. Afirma que su fuerte era promover negocios,
no acumular fortuna, ya que «gastar agradablemente el dinero es el mejor estímulo para
el trabajo». A pesar de su amistad con grandes figuras de la política y varios
presidentes, nunca militó en partidos políticos: «Ni liberal, ni conservador». Mejía
no hacía política, sólo civismo, aunque muchos proyectos hagan pensar lo contrario.
LUIS FERNANDO MOLINA
Bibliografía
MEJÍA RESTREPO, HECTOR. Don Gonzalo
Mejía, 50 años de Antioquia. Bogotá, El Sello Editores, 1984.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
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