Ficha bibliográfica
Titulo:
Crisanto Luque Sánchez
Edición original: 2004-12-14
Edición en la biblioteca virtual: 2004-12-14
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: GIRALDO, Juan David

LUQUE, CRISANTO

Luque Crisanto Luque Crisanto

Eclesiástico nacido en Tenjo, Cundinamarca, el 10 de febrero de 1889, muerto en Bogotá el 7 de mayo de 1959. Correspondió a monseñor Crisanto Luque Sánchez, primer cardenal en la historia de Colombia, ejercer su labor pontifical durante la etapa más agitada e inestable vivida por el país durante este siglo. Fue escogido para la Sede Firmada el 5 de julio de 1950, cuando la violencia política se señoreaba en todo el país; tomó posesión del Arzobispado un mes después de que Laureano Gómez asumiera la Presidencia, y falleció cuando el Frente Nacional no lograba aún aminorar el aterrador derramamiento de sangre. Hijo de Heliodoro Luque y Natalicia Sánchez, hizo sus primeros estudios en el pueblo de Tabio; los continuó en el Seminario de Bogotá y fue ordenado sacerdote por el arzobispo Bernardo Herrera Restrepo, el 28 de octubre de 1916. Desempeñó su larga carrera sacerdotal primero como capellán de la Clínica de Marly y párroco en la iglesia de las Nieves y en el pueblo cundinarnarqués de Guachetá; luego fue obispo auxiliar de monseñor Eduardo Maldonado Calvo en Tunja, y a su muerte lo sucedió, el 8 de diciembre de 1932. Durante los 18 años que estuvo a la cabeza de la diócesis, monseñor Luque levantó y consolidó el Colegio José Joaquín Ortiz, construyó el Palacio Episcopal e impulsó la Acción Cultural Popular, preocupado por elevar el nivel educativo de los campesinos. Cuando el arzobispo Ismael Perdomo murió, el 3 de junio de 1950, monseñor Luque fue elegido para sucederlo. Era una época tenebrosa, en la que, al decir de monseñor Rafael Gómez Hoyos «se entronizó la violencia, con la organización de guerrillas que sembraron el pánico y la destrucción entre la gente campesina [...] Fue un período oscuro en que la jerarquía, que hizo llamadas permanentes a la reconciliación de los espíritus, resultó impotente para contener la ola de crímenes salvajes que entonces se cometieron al amparo de banderas políticas y aun religiosas». Laureano Gómez creó la Comisión de Estudios Constitucionales como base para la Asamblea Constituyente, y en ella el arzobispo Luque presentó un proyecto educacional en nombre de la Conferencia Episcopal que, como corporación, tenía voz y voto en el Congreso de corte corporativista que Laureano tenía en mente. En el consistorio convocado por Pío XII para el 12 de enero de 1953, monseñor Crisanto Luque, arzobispo de Bogotá, fue nombrado cardenal. Viajó a Roma el 16 de diciembre de 1952 y regresó el 19 de marzo de 1953. La manifestación que se organizó desde el aeropuerto de Techo hasta la iglesia de San Francisco fue apoteósica. En la Plaza de Bolívar, los colegios de Bogotá entonaron el Himno Nacional en un coro de 10000 voces.

El cardenal Luque no se graduó de ninguna universidad nacional o extranjera, pero, en cambio, su dilatada experiencia directa con el campesinado como párroco y como obispo, hicieron de él un gobernante práctico, siempre consciente del gravísimo problema social de la inmigración campesina a consecuencia de la violencia y el bandolerismo. El cardenal fortaleció las parroquias del sur y el occidente de Bogotá, instruyó a los clérigos sobre la doctrina social de la Iglesia y, por medio de su representante en el Instituto de Crédito Territorial, impulsó la vivienda popular. Ante la carencia de una sede arzobispal, pues ésta había ardido con sus innumerables tesoros el 9 de abril de 1948, monseñor Luque construyó el Palacio Arzobispal en la Plaza de Bolívar, entre la casa del Cabildo Eclesiástico y el colegio de San Bartolomé. El edificio ostenta el escudo de armas del cardenal y como lema lleva la frase de San Pablo: «Omnia est in omnibus Christus» (Cristo lo es todo en todos). El "golpe de opinión" del general Gustavo Rojas Pinilla el 13 de junio de 1953, fue recibido con júbilo por todo el país. Según Alvaro Tirado Mejía, «ante el receso forzoso de los partidos y el cierre de la vida institucional, la Iglesia católica había cobrado un papel aún mayor en la política y, en la pugna entre las diferentes fracciones conservadoras gobernantes, había vuelto a desempeñar un papel similar al que tuvo durante el gobierno de Abadía Méndez. Por eso fue tan definitivo e importante el apoyo que la Iglesia le brindó desde un comienzo al gobierno de Rojas, por boca del arzobispo primado de Bogotá, Crisanto Luque, el primer cardenal que tuvo el país. Al igual que la mayoría de los estamentos e instituciones, la Iglesia aceptó el golpe de Estado y el cardenal dijo que la autoridad de Rojas debía ser reconocida y obedecida». Pero, poco a poco, los desafueros del régimen fueron minando sus relaciones con el cardenal; la utilización de un enorme crucifijo y la toma de un juramento en nombre de Dios y de Bolívar a la multitud por parte de Rojas Pinilla, durante la manifestación de lanzamiento de la Tercera Fuerza, su partido político, y la masacre de la Plaza de Toros distanciaron definitivamente al Ejecutivo de la Iglesia. Luego, a medida que la situación política cambiaba y que crecía en audiencia el frente civil de oposición, la Iglesia rompió sus vínculos con la dictadura y participó activamente en la resistencia, hasta el punto de que fue uno de los elementos decisivos para la caída de Rojas. En las postrimerías de este gobierno, el 30 de abril de 1957, el cardenal Luque expidió una carta pastoral que significaba la deslegitimización del gobierno y equivalía, en un sentido contrario, a aquella por la cual había declarado válido el golpe de Estado. Este documento fue decisivo en contra de Rojas, así como fue la valiente actitud de gran número de prelados y sacerdotes que protegieron de la represión a muchas personas que luchaban contra la dictadura», afirma Tirado Mejía. El cardenal le escribió a Rojas con enfática franqueza: «La restricción cada día más rigurosa de las libertades individuales, la inversión de los fondos públicos en forma que escapa al control de los ciudadanos, tanto en lo que se refiere a su conveniencia como al cumplimiento de todas las disposiciones legales sobre la materia; la depreciación de la moneda, el quebranto que ha sufrido la economía del país, los serios problemas sociales que empiezan a presentarse y otros factores de intranquilidad e inconformidad, tienen formado en el país un denso ambiente opuesto a la reelección presidencial». Sin embargo, hasta un día antes de su caída, el general Rojas no cesó de consultar al cardenal, con admiración y respeto. Una vez posesionada la , Junta Militar y convocado el plebiscito, el cardenal Luque se consagró a plasmar, en la reforma a la Constitución, el reconocimiento de que la religión católica es la de la Nación y que los poderes públicos deben protegerla y hacer que sea respetada. En octubre de 1958 falleció Pío XII, y el cardenal Luque viajó a Roma a participar en el cónclave que eligió al cardenal Giuseppe Roncalli como papa Juan XXIII. Asistió a la coronación de éste y a la Asamblea General del Episcopado Latinoamericano en Roma. Ya enfermo regresó a Colombia, y falleció en Bogotá el jueves de Ascensión, el 7 de mayo de 1959.

JUAN DAVID GIRALDO

 

Bibliografía

AGUDELO GIRALDO, GUILLERMO. Cuatro arzobispos que han marcado nuestra historia. Bogotá, Ediciones Verdad y Vida, 1986. BORRERO RESTREPO, JUAN. Breve historia de la Iglesia colombiana. Medellín, Copiyepes, 1983. RESTREPO POSADA, JOSÉ. Genealogía episcopal de la jerarquía eclesiástica, 1513-1966 Bogotá, Lumen Christi, 1968.

 

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.

 

Luque Crisanto

 

Crisanto Luque Sánchez.
Oleo de Ricardo Gómez Campuzano.