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LUQUE, CRISANTO
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Crisanto Luque Sánchez.
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Oleo de Ricardo Gómez Campuzano.
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Eclesiástico nacido
en Tenjo, Cundinamarca, el 10 de febrero de 1889, muerto en Bogotá el 7 de mayo de 1959.
Correspondió a monseñor Crisanto Luque Sánchez, primer cardenal en la historia de
Colombia, ejercer su labor pontifical durante la etapa más agitada e inestable vivida por
el país durante este siglo. Fue escogido para la Sede Firmada el 5 de julio de 1950,
cuando la violencia política se señoreaba en todo el país; tomó posesión del
Arzobispado un mes después de que Laureano Gómez asumiera la Presidencia, y falleció
cuando el Frente Nacional no lograba aún aminorar el aterrador derramamiento de sangre.
Hijo de Heliodoro Luque y Natalicia Sánchez, hizo sus primeros estudios en el pueblo de
Tabio; los continuó en el Seminario de Bogotá y fue ordenado sacerdote por el arzobispo
Bernardo Herrera Restrepo, el 28 de octubre de 1916. Desempeñó su larga carrera
sacerdotal primero como capellán de la Clínica de Marly y párroco en la iglesia de las
Nieves y en el pueblo cundinarnarqués de Guachetá; luego fue obispo auxiliar de
monseñor Eduardo Maldonado Calvo en Tunja, y a su muerte lo sucedió, el 8 de diciembre
de 1932. Durante los 18 años que estuvo a la cabeza de la diócesis, monseñor Luque
levantó y consolidó el Colegio José Joaquín Ortiz, construyó el Palacio Episcopal e
impulsó la Acción Cultural Popular, preocupado por elevar el nivel educativo de los
campesinos. Cuando el arzobispo Ismael Perdomo murió, el 3 de junio de 1950, monseñor
Luque fue elegido para sucederlo. Era una época tenebrosa, en la que, al decir de
monseñor Rafael Gómez Hoyos «se entronizó la violencia, con la organización de
guerrillas que sembraron el pánico y la destrucción entre la gente campesina [...] Fue
un período oscuro en que la jerarquía, que hizo llamadas permanentes a la
reconciliación de los espíritus, resultó impotente para contener la ola de crímenes
salvajes que entonces se cometieron al amparo de banderas políticas y aun religiosas».
Laureano Gómez creó la Comisión de Estudios Constitucionales como base para la Asamblea
Constituyente, y en ella el arzobispo Luque presentó un proyecto educacional en nombre de
la Conferencia Episcopal que, como corporación, tenía voz y voto en el Congreso de corte
corporativista que Laureano tenía en mente. En el consistorio convocado por Pío XII para
el 12 de enero de 1953, monseñor Crisanto Luque, arzobispo de Bogotá, fue nombrado
cardenal. Viajó a Roma el 16 de diciembre de 1952 y regresó el 19 de marzo de 1953. La
manifestación que se organizó desde el aeropuerto de Techo hasta la iglesia de San
Francisco fue apoteósica. En la Plaza de Bolívar, los colegios de Bogotá entonaron el
Himno Nacional en un coro de 10000 voces.
El cardenal Luque no se graduó de ninguna universidad
nacional o extranjera, pero, en cambio, su dilatada experiencia directa con el campesinado
como párroco y como obispo, hicieron de él un gobernante práctico, siempre consciente
del gravísimo problema social de la inmigración campesina a consecuencia de la violencia
y el bandolerismo. El cardenal fortaleció las parroquias del sur y el occidente de
Bogotá, instruyó a los clérigos sobre la doctrina social de la Iglesia y, por medio de
su representante en el Instituto de Crédito Territorial, impulsó la vivienda popular.
Ante la carencia de una sede arzobispal, pues ésta había ardido con sus innumerables
tesoros el 9 de abril de 1948, monseñor Luque construyó el Palacio Arzobispal en la
Plaza de Bolívar, entre la casa del Cabildo Eclesiástico y el colegio de San Bartolomé.
El edificio ostenta el escudo de armas del cardenal y como lema lleva la frase de San
Pablo: «Omnia est in omnibus Christus» (Cristo lo es todo en todos). El "golpe de
opinión" del general Gustavo Rojas Pinilla el 13 de junio de 1953, fue recibido con
júbilo por todo el país. Según Alvaro Tirado Mejía, «ante el receso forzoso de los
partidos y el cierre de la vida institucional, la Iglesia católica había cobrado un
papel aún mayor en la política y, en la pugna entre las diferentes fracciones
conservadoras gobernantes, había vuelto a desempeñar un papel similar al que tuvo
durante el gobierno de Abadía Méndez. Por eso fue tan definitivo e importante el apoyo
que la Iglesia le brindó desde un comienzo al gobierno de Rojas, por boca del arzobispo
primado de Bogotá, Crisanto Luque, el primer cardenal que tuvo el país. Al igual que la
mayoría de los estamentos e instituciones, la Iglesia aceptó el golpe de Estado y el
cardenal dijo que la autoridad de Rojas debía ser reconocida y obedecida». Pero, poco a
poco, los desafueros del régimen fueron minando sus relaciones con el cardenal; la
utilización de un enorme crucifijo y la toma de un juramento en nombre de Dios y de
Bolívar a la multitud por parte de Rojas Pinilla, durante la manifestación de
lanzamiento de la Tercera Fuerza, su partido político, y la masacre de la Plaza de Toros
distanciaron definitivamente al Ejecutivo de la Iglesia. Luego, a medida que la situación
política cambiaba y que crecía en audiencia el frente civil de oposición, la Iglesia
rompió sus vínculos con la dictadura y participó activamente en la resistencia, hasta
el punto de que fue uno de los elementos decisivos para la caída de Rojas. En las
postrimerías de este gobierno, el 30 de abril de 1957, el cardenal Luque expidió una
carta pastoral que significaba la deslegitimización del gobierno y equivalía, en un
sentido contrario, a aquella por la cual había declarado válido el golpe de Estado. Este
documento fue decisivo en contra de Rojas, así como fue la valiente actitud de gran
número de prelados y sacerdotes que protegieron de la represión a muchas personas que
luchaban contra la dictadura», afirma Tirado Mejía. El cardenal le escribió a Rojas con
enfática franqueza: «La restricción cada día más rigurosa de las libertades
individuales, la inversión de los fondos públicos en forma que escapa al control de los
ciudadanos, tanto en lo que se refiere a su conveniencia como al cumplimiento de todas las
disposiciones legales sobre la materia; la depreciación de la moneda, el quebranto que ha
sufrido la economía del país, los serios problemas sociales que empiezan a presentarse y
otros factores de intranquilidad e inconformidad, tienen formado en el país un denso
ambiente opuesto a la reelección presidencial». Sin embargo, hasta un día antes de su
caída, el general Rojas no cesó de consultar al cardenal, con admiración y respeto. Una
vez posesionada la , Junta Militar y convocado el plebiscito, el cardenal Luque se
consagró a plasmar, en la reforma a la Constitución, el reconocimiento de que la
religión católica es la de la Nación y que los poderes públicos deben protegerla y
hacer que sea respetada. En octubre de 1958 falleció Pío XII, y el cardenal Luque viajó
a Roma a participar en el cónclave que eligió al cardenal Giuseppe Roncalli como papa
Juan XXIII. Asistió a la coronación de éste y a la Asamblea General del Episcopado
Latinoamericano en Roma. Ya enfermo regresó a Colombia, y falleció en Bogotá el jueves
de Ascensión, el 7 de mayo de 1959.
JUAN DAVID GIRALDO
Bibliografía
AGUDELO GIRALDO, GUILLERMO. Cuatro
arzobispos que han marcado nuestra historia. Bogotá, Ediciones Verdad y Vida, 1986.
BORRERO RESTREPO, JUAN. Breve historia de la Iglesia colombiana. Medellín, Copiyepes,
1983. RESTREPO POSADA, JOSÉ. Genealogía episcopal de la jerarquía eclesiástica,
1513-1966 Bogotá, Lumen Christi, 1968.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
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