Escritor vallecaucano (Cali, abril 1 de 1837 - Ibagué,
abril 17 de 1895). A Jorge Isaacs le correspondió vivir en el agitado período de
consolidación de la República, de las luchas entre los poderes militar y civil, de las
sucesivas guerras civiles en las cuales participó (1854, 1861, 1876, 1880 y 1885);
período que va desde la presidencia de José Ignacio de Márquez hasta la de Miguel
Antonio Caro, durante el cual se sucedieron y aplicaron tres Constituciones (la radical de
1853, la federal de Rionegro de 1863 y la centralista de Núñez de 1886); período en el
que el país vivió el auge del utopismo radical de la época de José Hilario López, del
Tomás Cipriano de Mosquera liberal y de Manuel Murillo Toro, y su crisis con el ocaso del
Olimpò Radical y la Regeneración de Núñez. Isaacs se opuso a la Regeneración, hasta
el punto de encabezar, en un gesto descabellado y romántico, la revolución radical de
Antioquia en 1880.
Infancia: El paraíso perdido
Jorge Enrique Isaacs nació en Cali (o en Quibdó, como
algunos biógrafos han sostenido, al parecer sin mucha razón). Tenemos pocos datos
precisos acerca de los años de su infancia. Isaacs, siempre tan generoso en palabras,
escribió muy lacónicamente en una carta autobiográfica de 1874: «Nací en el Estado
del Cauca (basta eso) el 1 de abril de 1837. Fueron mis padres: el señor Jorge Enrique
Isaacs, súbdito inglés, que solicitó carta de naturaleza en Colombia a la edad de 20
años y la obtuvo del Libertador en 1829; la señora Manuela Ferrer, colombiana de
nacimiento. Recibí instrucción primaria en una escuela de Cali y en otra de Popayán (la
del señor Luna). En 1848 empecé a estudiar en Bogotá en el Colegio del Espíritu Santo
del doctor Lorenzo María Lleras; más tarde cursé también en San Buenaventura y San
Bartolomé». George Henry Isaacs, un judío de origen inglés nacido en Jamaica, se
estableció en el Chocó desde 1822, donde mediante la explotación minera aurífera y el
comercio con Jamaica, logró amasar un buen capital. Más tarde, ya obtenida la
ciudadanía colombiana, convertido al cristianismo y casado con Manuela Ferrer Scarpetta,
se trasladó de Quibdó a Cali. Cerca de esta ciudad compró dos haciendas: La Manuelita
en 1840 (sede hoy del famoso ingenio azucarero homónimo), y luego El Paraíso (propiedad
de la familia entre 1855 y 1858), que será la "casa de la sierra", escenario de
María. Son muy escasas las referencias documentales acerca de los primeros años caucanos
y bogotanos (a menos que se consideren como fielmente autobiográficos los capítulos de
María que se refieren a la experiencia bogotana de Efraín). A pesar de que Isaacs
estudió en Bogotá entre 1848 y 1852, es decir, durante los años del gobierno de José
Hilario López y de las primeras reformas radicales, el futuro radical aguerrido no
menciona los acontecimientos de esos años. Por el contrario, abundan en la poesía de
Isaacs las reminiscencias líricas y nostálgicas de la infancia y de la casa paterna. La
partida para Bogotá significó una ruptura decisiva en su vida, pues atrás quedaban los
años edénicos de la inocencia, la compañía de los niños, los juegos infantiles
evocados en poemas tempranos como "Mayo" (1860), "El primer beso"
(1864), o tardíos como "El viejo soldado" (1890), en los que recuerda los días
felices y aparecen en un marco idílico algunos personajes de María como la chica más
juiciosa que lo enamora, el fiel perro Mayo, Felipe, el negro Juan Angel, Sinar y las
historias que contaban los esclavos. En la poesía también evoca Isaacs el espacio
idílico donde transcurrió su infancia: el río Nima de limpias aguas, sus guaduales, los
bosques, las garzas de blancas plumas, las cuncunas, los rumores de hojas y aguas. La
poesía de Isaacs, al igual que María, recuerda con frecuencia y nostalgia la casa
paterna y la figura del padre, presente en toda su obra literaria, que aparece ya en el
temprano poema "La tumba suya" (1861) y en el hermoso texto en prosa poética
titulado "La luna en la velada" (1868).
En noviembre de 1852 Isaacs regresó a Cali, al parecer
sin haber terminado los estudios de bachillerato. Ya la situación económica de la
familia era difícil, lo cual no le permitió viajar a Inglaterra para estudiar medicina,
como estaba previsto. Sabemos que en 1854 luchó en las campañas del Cauca, durante siete
meses, contra la dictadura del general José María Melo. La guerra civil contribuyó a la
ruina de las haciendas paternas, al faltar la mano de obra y la caña para moler. En
noviembre de 1856 contrajo matrimonio con Felisa González Umaña, una joven de 14 años
(la Selfia y Felisa de varios poemas) con la que tuvo una numerosa prole. Se dedicó al
comercio en Cali, sin mucho éxito. Siguiendo sus inclinaciones, pensó dedicarse a la
literatura dramática. A esta época (1859-1860) corresponden sus primeros poemas y sus
dramas históricos: los inéditos Amy Robsart (1859), sobre el cual, años más tarde,
formuló un riguroso juicio crítico; María Adrian (o Los Montañeses en Lyon) y el poco
conocido Paulina Lamberti. En el año 1860 tuvo lugar el levantamiento de Tomás Cipriano
de Mosquera contra el gobierno central. Isaacs, que tenía entonces 23 años, tomó armas
contra el general. Combatió en el puente de Cali y participó en la batalla de Manizales,
del 28 de agosto. Este es su primer contacto con la tierra de Antioquia, que le fue
siempre muy querida. El 16 de marzo de 1861 murió el padre. Dejó un buen patrimonio,
pero también conspicuas deudas. Terminada la guerra, Isaacs volvió a Cali para
encargarse de los negocios familiares, de acuerdo con la voluntad paterna. Tuvo que dejar
a un lado sus intereses por la botánica, la anatomía, la medicina y, según él mismo
afirmó, «caí de tan alto a un mostrador, sobre el cual, para no perder del todo el
tiempo, me di a borrajear mis versos de muchacho». En un intento por salvar de la ruina
las haciendas y los negocios, acudió a préstamos que no logró cancelar en los plazos
establecidos. Dejó a su hermano Alcides al frente del disminuido patrimonio familiar, y
viajó a Bogotá (1863). En 1864 se remataron las haciendas La Rita y La Manuelita, en
subasta pública, las cuales fueron adquiridas por Santiago Eder en las dos terceras
partes de su avalúo, sin que lo recaudado alcanzara para el pago de los numerosos
acreedores.
La fama literaria. De Bogotá a Chile
Enredado en pleitos, Isaacs acudió en Bogotá a los
servicios profesionales de José María Vergara y Vergara y de Aníbal Galindo. El primero
de éstos se convirtió en su mentor literario, al presentarlo a los miembros de la
tertulia de El Mosaico, quienes, después de oír la lectura de sus poemas, asumieron su
publicación. Esto quedó consignado, excepcionalmente, en el acta de la tertulia de junio
24 de 1864, suscrita por destacados escritores, entre los cuales figuran José María
Samper, José Manuel Marroquín, Ezequiel Uricoechea, Ricardo Carrasquilla José María
Vergara y Vergara, Salvador Camacho Roldán, Diego Fallon y Manuel Pombo. Con algunos de
ellos lo unirá una larga amistad. Por esa época también participó en las veladas en la
casa de Miguel Antonio Caro, quien, años más tarde, después del paso de Isaacs al
radicalismo, se convirtió en uno de sus acérrimos enemigos. En noviembre de 1864 el
general Mosquera nombró a Isaacs subinspector de los trabajos del camino de herradura
entre Buenaventura y Cali. Durante el año que desempeñó este cargo, en el campamento de
La Víbora, en el clima adverso de las selvas hermosas pero malsanas del Dagua, viviendo
como salvaje, aprovechando las horas nocturnas y de descanso, inició la redacción de
María. Allí contrajo paludismo, enfermedad que lo llevó a una muerte prematura a la
edad de 58 años. A1 renunciar al cargo regresó a Cali, donde terminó la redacción de
la novela. A1 año siguiente lo encontramos en Bogotá, dedicado al comercio en su
almacén, donde vendía mercancías importadas diversas: telas, ropa, mercería,
herramientas, cristalería y «setecientos ochenta artículos más», según rezaba un
aviso publicado en varios periódicos de la capital. María fue publicada en mayo de 1867
por la imprenta de José Benito Gaitán, en una edición de 800 ejemplares que se
vendieron al precio de $ 1.60. El texto de esta primera edición fue revisado por Ricardo
Carrasquilla, y el de la segunda (1869), por Miguel Antonio Caro. El éxito de la novela
fue inmediato, no sólo en Colombia sino en toda la América Hispana. Jorge Isaacs se
convirtió, según relatan sus contemporáneos, en uno de los hombres más admirados y
solicitados de la capital, y en uno de los miembros más prometedores del partido
conservador. Como tal, inició su actividad periodística y política. A mediados de 1870,
convertido ya al partido radical, fue nombrado cónsul general en Chile. Camino hacia el
sur, escribió sus "Notas" de viaje, que envió al Diario de Cundinamarca, en
las que comentaba los progresos de la economía del Cauca en los últimos años de paz.
Desde Chile envió, entre otros un interesante trabajo titulado "La Confederación
Argentina", en el que hace una reseña histórica y un elogio de la misma como modelo
de progreso. En el desempeño de su actividad consular se esforzó por rectificar y
mejorar la opinión que los chilenos tenían de Colombia; se esmeró por mejorar las
relaciones comerciales entre los dos países. A su regreso al Cauca, adquirió, en
sociedad con el chileno Recaredo Infante, la hacienda Guayabonegro, pero después del
retiro del socio capitalista se vio obligado a declararse en quiebra. Intentó
inútilmente venderla para cancelar deudas; finalmente, después de muchos pleitos, la
hacienda fue embargada y luego vendida en subasta pública en 1878.
Política y periodismo
Isaacs inició su actividad periodística en 1867. De
filiación conservadora, al igual que su padre, a partir del 1 de julio y hasta el 4 de
diciembre, dirigió La República, periódico conservador moderado fundado ese año. Aquí
publicó regularmente los editoriales y varios artículos de tema principalmente
político, pero también de tema social y económico. Su filiación política no le
impidió pertenecer a la masonería. Su fama literaria y su desempeño en la redacción de
La República le abrieron el camino de la política, a la que estuvo vinculado activamente
hasta 1881. Fue elegido representante del Tolima al Congreso de 1868 y 1869, pero tuvo
problemas con el ala más intransigente de su partido, por oponerse al indulto a Mosquera.
Algunos biógrafos relatan que en el Congreso, cuando un copartidario le reprochó sus
simpatías por el partido liberal, contestó: «Sí, he pasado de las tinieblas a la
luz». Efectivamente, en 1869 Isaacs cerró filas con el radicalismo. Durante el resto de
su vida fue uno de sus militantes más aguerridos. Esta conversión al radicalismo no le
fue perdonada por muchos de sus antiguos copartidarios; le valió rencores y burlas hasta
el final de su vida. El 1 de febrero de 1870 fue nombrado secretario general de la Cámara
de Representantes. A su regreso de Chile, participó activamente en la política caucana.
Con su primo César Conto, editó en Popayán el periódico doctrinario El Programa
Liberal, donde sostuvo una enconada polémica contra los conservadores clericales y el
periódico Los Principios de Cali. Suspendió la publicación del periódico a causa de la
revolución de 1876, en la que participó, en la batalla de Los Chancos, al lado de su
primo. En agosto de 1877 fue nombrado secretario de Gobierno del Cauca por el presidente
Modesto Garcés, y por algún tiempo asumió simultáneamente la Secretaría de Hacienda.
A finales del año viajó a Bogotá como diputado del Cauca a la Cámara de
Representantes. Sus encendidos discursos contra el conservatismo y el clero, en defensa de
las propuestas legislativas de los radicales, fueron aplaudidas por las barras de
estudiantes y de obreros. Con algunos miembros independientes y radicales del Congreso
firmó, el 13 de febrero de 1879, un acta en busca de la conciliación entre las facciones
rivales de liberalismo. En 1879 fue elegido presidente de la Cámara. El día 6 de mayo de
ese año, Isaacs y otros congresistas liberales que se oponían a leyes que favorecían al
clero, fueron perseguidos por la calle y apedreados por grupos de fanáticos. A raíz de
estos desórdenes, conocidos como la "lapidación del Congreso", el presidente
Julián Trujillo clausuró la corporación. Isaacs se negó a asistir a las sesiones
extraordinarias y se marchó a Antioquia, como secretario del presidente Rengifo. En junio
de 1879 asumió por corto tiempo la dirección del periódico radical La Nueva Era, donde
publicó inflamados editoriales y violentas diatribas contra los nuñistas y los
conservadores. En Antioquia, la situación política se había vuelto notablemente
crítica. Cuando los conservadores se levantaron contra el gobierno de Rengifo, los
liberales reunieron voluntarios para defenderlo. En estas circunstancias, Isaacs se
proclamó, en enero de 1880, jefe civil y militar de Antioquia, creyendo tener el apoyo
del partido y del gobierno central. Pero al fallarle este apoyo, tuvo que rendirse con sus
tropas tres meses después. a raíz de estos sucesos, fue expulsado de la Cámara.
Después de esta aventura, no volvió a participar directamente en político. Fracasado el
intento revolucionario antioqueño, se estableció con su familia en Ibagué, en una
casita que le prestó Juan de Dios Restrepo. Publicó el Primer Canto del extenso poema
titulado Saulo (1881) que quedó inconcluso. A finales del año, Rafael Núñez lo nombró
secretario de la Comisión Científica, y comenzó su vida errante por diversas regiones
del país. De regreso a Ibagué, enfermo y desencantado, pensó en irse a la Argentina por
invitación del general Roca, y mientras tanto se dedicó a la lectura de Plutarco y de
César; pero la guerra de 1885, «que tanto esfuerzo hice por impedir» y que calificó
como «mi última locura de patriota», frustró su viaje y lo distrajo de sus lecturas.
En agosto, «el desprestigiado Jorge Isaacs» fue capturado con sus hombres en el Tolima.
Isaacs, educador
Esta es una de las actividades menos conocidas en la
vida de Jorge Isaacs. Su preocupación por la educación fue muy temprana y duradera.
Durante su consulado, había observado con interés la práctica de la enseñanza primaria
en Chile y Argentina. A su regreso a Colombia, mientras intentaba vender la hacienda de
Guayabonegro, aceptó en Palmira, en 1874, su primer cargo en la educación pública
primaria. Desde ese momento propuso la creación de escuelas rurales diurnas y nocturnas.
El año siguiente desempeñó la misma función en el Municipio de Cali, y a partir del 1
de diciembre de 1875 se posesionó como superintendente general de Instrucción Pública
Primaria en el Estado del Cauca. Isaacs volvió a desempeñarse en educación como
director de Instrucción Pública del Tolima, entre enero de 1883 y mayo de 1884. En todos
estos cargos, siempre se preocupó por la calidad de la enseñanza, por la preparación y
cumplimiento de los maestros y directores, por la aplicación y nivel académico de los
alumnos, por la educación de la mujer, por las rentas y dotación física de las
escuelas. Procuró la creación de escuelas nocturnas para adultos y para jóvenes
trabajadores, de escuelas de agricultura y de oficios y la enseñanza de estos últimos en
las escuelas públicas. Ordenó a los delegados de Instrucción Pública visitar
periódicamente las escuelas de su municipio y rendir informes de cada visita. Se dedicó
él mismo a visitar escuelas de varios municipios del Cauca. Insistió en la aplicación
del método Pestalozzi, que consideraba el más conveniente. Isaacs siempre tuvo graves
conflictos en su Estado con las autoridades eclesiásticas, por aplicar las leyes
radicales acerca de la educación laica. El obispo de Popayán amenazó con la excomunión
a los padres que matriculaban a sus hijos en las escuelas públicas o en la Normal
Superior, prohibió la lectura de El Programa Liberal y excomulgó El Escolar (órgano
oficial de la Superintendencia). En mayo de 1877, hordas de fanáticos ocasionaron
destrozos en la Superintendencia y en la Escuela Normal. Sin embargo, Isaacs siguió
preocupándose por la educación en el Congreso, como representante de Estado del Cauca.
Isaacs, explorador
La Expedición Corográfica se había interrumpido
poco después de la muerte de Agustín Codazzi, en 1859. El gobierno de Núñez quería
continuar la exploración del país y de sus recursos. En 1881 se «ordena el
establecimiento de una Comisión Científica permanente para el estudio de los tres reinos
naturales de la república», con particular interés en el conocimiento y explotación de
las minas, consideradas de gran importancia para el desarrollo material del país. La
Comisión debía, además, especificar y describir «las plantas, resinas, aceites y
frutos aplicables a la medicina y a la industria, completando estas nociones con los
herbarios y las colecciones de muestras que proporcionen su completo conocimiento». La
Comisión estaba integrada por el director, el argelino Carlos Manó, por Francisco Javier
Tapia, como botánico y dibujante, por Lázaro María Girón, como auxiliar técnico, por
Rubén J. Mosquera, como amanuense y auxiliar del secretario, y por un secretario, cuyo
nombramiento recayó en Jorge Isaacs. Este último quedó encargado de revisar y redactar
los trabajos, y escribir sus propias observaciones, preferiblemente acerca de los
siguientes temas: «Descripción de la naturaleza física . en el terreno recorrido,
costumbres de los habitantes, grado de adelantamiento moral e intelectual que hayan
alcanzado por virtud, sobre todo de la enseñanza pública, y dirección de las escuelas
en que ésta se dicta; probable desarrollo de la población por el régimen higiénico de
los grandes centros que visite; una estadística sencilla de las aguas medicinales».
Estas observaciones debían publicarse en los Anales de Instrucción Pública. El contrato
se firmó por el término de un año, prorrogable a voluntad de Isaacs. El gobierno de la
Nación se comprometía a pagarle puntualmente, por semestres adelantados, el suelo anual
de $ 3000. En octubre de 1881 Isaacs salió de Bogotá con destino al Estado de Magdalena.
En los diez meses siguientes exploró la región occidental, los «desiertos de
Aracataca», donde descubrió yacimientos carboníferos. En sus informes, esbozó sus
planteamientos sobre las posibilidades de explotación de las hulleras y del desarrollo
agrícola de la región, mediante la colonización con gente laboriosa y pacífica del
Estado de Santander. Visitó el territorio de los motilones, la Sierra Nevada y luego la
Guajira. El gobierno incumplió con los pagos establecidos, lo cual obligó a Isaacs a
contraer préstamos. Por esta y otras razones, continuó las exploraciones por su propia
cuenta. Como resultado quedaron los informes oficiales publicados en el Diario Oficial y
en diversos periódicos, la mayoría de los cuales fueron recogidos bajo el título
"Hulleras de Aracataca", y un trabajo de tipo etnolingüístico, "Estudio
sobre las tribus indígenas del Magdalena" (1884), en el cual, al lado de las
observaciones geográficas e históricas, encontramos vocabularios y observaciones sobre
las lenguas businca, motilona y guajira. Este escrito le valió una crítica feroz de su
antiguo amigo Miguel Antonio Caro, quien en el artículo titulado "El darwinismo y
las misiones", hacía referencia al darwinismo y al judaísmo de Isaacs desde una
perspectiva católica. Anteriormente el nombramiento de Isaacs como secretario de la
Comisión había suscitado las críticas y las burlas de Rafael Pombo, en el periódico El
Conservador, a las que respondió Isaacs con acrimonia; de igual manera, se había
referido irónicamente a «los arqueólogos chibchas de gorro y pantuflas» en una carta
de 1886. Después de una pausa, Isaacs reanudó sus exploraciones primero en la región
meridional de Cundinamarca, donde en unas cavernas encontró numerosos cráneos de hombres
muy antiguos, dos de los cuales creyó ingenuamente «son de hombres simios y que pueden
representar el eslabón perdido». En noviembre de 1886 inició su segundo viaje a la
Costa Atlántica. Antes de partir celebró contrato con el Ministerio de Hacienda, «para
la explotación de las hulleras de Aracataca y las que se descubran en el macizo de la
Sierra Nevada de Santa Marta, Territorio de la Guajira y el Golfo de Urabá». En este
segundo viaje lo acompañaron su hijo Jorge y un fiel servidor, Belisario, quien murió en
el curso de la exploración y a quien Isaacs dedicó uno de sus mejores poemas. Recorrió
la zona de Sevilla, Aracataca y Fundación; luego Montería, Ronda y Masuga. Descubrió
yacimientos de hulla en Riohacha, Dibulla, Naranjal y Rincón-Mosquito, petróleo en el
golfo de Urabá, y dos yacimientos de fosfato de cal, en la Guajira y en la Isla Fuerte.
A1 poco tiempo de su regreso de la Costa, tal vez refiriéndose a las críticas de Rafael
Pombo y de M. A. Caro, escribió a su primo Jorge Holguín: «Hacer todo eso, arriesgando
la vida a todas horas, . viviendo entre las tribus bárbaras que devora la peste, o
embarcado en una cáscara de nuez y desafiando tempestades [...] me parece mejor y más
útil y efectivo que hacer odas y madrigales para divertir gratis al público sensible.
¿Qué dice Ud., autor y maestro, de mi sensatez prosaica? Las musas dizque están, por
ende enojadas conmigo y desdeñosas. ¡Embustes! Menos enamoradizos habrían de ser. Lo
que hay es que no siempre se ha de vivir canturriando: el país está en miseria, y más
para que le ayuden que para coronar poetas». De regreso a Ibagué, descubrió en sus
alrededores diversas minas de oro de filón y de aluvión, y se propuso establecer una
compañía para explotarlas. Isaacs siguió alimentando la esperanza de realizar fabulosos
negocios. El espejismo de la riqueza nunca lo abandonó.
Ultimos años
Isaacs pasó los últimos años de su vida (1888-1895)
con su familia en Ibagué. Aunque consideraba su residencia en esta ciudad como un
destierro, su situación económica lo obligó a permanecer allí. En sus frecuentes
viajes a Bogotá, hizo múltiples intentos por conseguir financiación extranjera, en
Nueva York y París, para la explotación de las hulleras; un año antes de su muerte
cedió sus derechos a la Panamerican Investments Co. A1 mismo tiempo (1891), se dedicó a
la revisión de la tercera edición de María, en cuyo texto introdujo correcciones
sustanciales con miras a una cuarta edición definitiva, que no llegó a publicarse antes
de su muerte; a la composición de un extenso poema sobre Antioquia titulado "La
Tierra de Córdova" (1893); y a la investigación documental para una trilogía sobre
la historia del Gran Cauca, que debía estar conformada por las novelas Fania, Camilo (o
Alma negra) y Soledad. La gran novela histórica sobre el Cauca quedó, sin embargo, en la
mente de su autor. Isaacs murió en Ibagué, el 17 de abril de 1895, sin haber logrado
superar la visión romántica del mundo que dejó plasmada en su única novela y obra
maestra María. Por sus múltiples intereses y actividades Isaacs fue, como pocos, uno de
los hombres más representativos del siglo XIX colombiano. De su corta pero intensa vida,
que tiene todos los ingredientes de una novela de aventuras, quedan abundantes escritos no
sólo literarios. Aunque es conocido exclusivamente como el autor de María, obra a la que
debe su lugar privilegiado en la historia literaria, Isaacs nunca estuvo apartado de la
literatura, ni antes ni después de María. Aunque no logró plasmar su gran novela
histórica que superara a María, dejó una copiosa obra poética, en la que se destaca,
entre otros, un poema tan inmerecidamente desconocido como Saulo [Sobre la obra de Isaacs,
ver tomo 4, Literatura pp. 78, 87-88 y "Jorge Isaacs", pp. 89-100].
MARIA TERESA CRISTINA Z.
Bibliografía
ARCINIEGAS, GERMAN. Genio y figura de Jorge Isaacs. Buenos
Aires, EUDEBA, 1967. CARVAJAL, MARIO. Vida y pasión de Jorge Isaacs. Manizales, Arturo
Zapata, 1937. CARVAJAL, MARIO. et al. Jorge Isaacs, hijo de Cali. Cali, Carvajal &
Cía., 1943. GOMEZ VALSERRAMA, PEDRO. Jorge Isaacs. Bogotá, Procultura, 1989. VELASCO
MADRIÑAN, LUIS CARLOS. Jorge Isaacs. El caballero de las lágrimas. Cali, Editorial
América, 1942. VELASCO MADRIÑAN, LUIS CARLOS. El explorador Jorge Isaacs. Cali, Imprenta
Departamental, 1967.
Jorge Isaacs
Grabado de R. Leblond, 1903. Biblioteca Luis Angel Arango,
Bogotá.
Jorge Isaacs.
Oleo de Luis Alberto Acuña, Academia Colombiana de la
Lengua, Bogotá.
Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.