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Antonio Herrán.
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Oleo de autor no identificado.
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Seminario Conciliar, Bogotá.
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Eclesiástico nacido en Honda,
Tolima, el 11 de febrero de 1797, muerto en Villeta, Cundinamarca, el 7 de febrero de
1868. En medio de los grandes conflictos entre la Iglesia y el Estado, «cuando los
liberales eran liberales y los conservadores, conservadores», se alza la figura serena
del arzobispo Antonio Herrán y Zaldúa, quien desarrolló su labor pastoral durante la
época del más virulento anticlericalismo que haya tenido que soportar la Iglesia en
Colombia. Hijo del acomodado español Pedro Antonio Fernández de la Herrán y de Matea
Martínez de Zaldúa, nativa de Honda y prima del famoso clérigo Baltazar Jaime Martínez
de Compañón, monseñor Herrán estudió en los colegios de San Bartolomé y del Rosario,
donde se doctoró en Derecho Canónico. El 3 de junio de 1821 fue ordenado sacerdote por
el obispo de Mérida, en Pamplona. «Era corpulento y robusto -escribe José María
Samper- y sus atractivos modales y distinguido continente le daban el aire de uno de
aquellos antiguos padres de la Iglesia, de quienes nos habla la historia con veneración.
Tenía la línea de la ceja muy pronunciada, la frente espaciosa y noble, la boca pequeña
y recogida, los ojos pardos y de mirar suave y afectuoso, el rostro lleno de rasgos
blandos, y en toda la fisionomía una expresión de serenidad y benevolencia que
cautivaban por extremo, al mismo tiempo que de austeridad de hombre justo que imponía
respeto». Monseñor Herrán inició a los 24 años su dilatada carrera apostólica:
curato interino en Fontibón entre 1821 y 1822, y en Vélez, Santander, hasta febrero de
1830; el 27 de enero de este año, el general Simón Bolívar lo nombró medio racionero
de la catedral, pero no aceptó al ser nombrado obispo de Amicta in partibus, el 20 de
enero de 1834; miembro de la Sociedad Católica de Ignacio Morales, fue provisor y vicario
general desde el 21 de diciembre de 1840, y maestrescuela, el 22 de abril de 1849. Esta es
la época de las grandes reformas liberales, cuando el proyecto estatal chocaba
frontalmente con los intereses de la Iglesia. Nombrado vicario general por el arzobispo
Manuel José Mosquera, el 25 de agosto de 1852, simultáneamente con su destierro,
desarrolló una labor dificilísima desde el 1 de septiembre de 1853; y el 7 de febrero
del año siguiente fue electo vicario capitular en sede vacante. José Restrepo Posada
cuenta cómo «al tener conocimiento de la muerte del arzobispo Mosquera, las dificultades
para elegir su reemplazo fueron grandes [. . . ] pues sólo había 4 capitulares. Se
hicieron 26 escrutinios y resultaba siempre empate». Nombrado arzobispo de Bogotá el 13
de enero de 1854, sólo fue consagrado el 15 de abril de 1855, debido al golpe del general
José María Melo contra el presidente José María Obando. «La administración del
moderado Manuel María Mallarino -narra Fernando Díaz Díaz- preparó el restablecimiento
pleno de la Iglesia durante la administración de Mariano Ospina Rodríguez, contra lo
cual reaccionó el general Mosquera, con sus medidas contrarias al cuerpo eclesiástico».
En 1860 se desató una gran polémica
contra monseñor Herrán debido al cambio del candidato presidencial: su hermano, el
general Pedro Alcántara Herrán, por el general Julio Arboleda; proceso en el que el
periódico El Catolicismo jugó un papel importante. Sobrevino, entonces, la guerra de
1860-1862, en la que obtuvo el triunfo el general Tomás Cipriano de Mosquera, en
colaboración de los generales José María Obando y José Hilario López, contra el
presidente legítimo Mariano Ospina Rodríguez, de quien se dijo había sido apoyado casi
exclusivamente por el clero. El 9 de septiembre de 1861 Mosquera dictó la
desamortización de bienes de manos muertas, y posteriormente, el decreto sobre tuición
de cultos y la disolución y expulsión de la Compañía de Jesús. Mosquera completó
estas providencias el 3 de noviembre de 1861, decretando la prisión del arzobispo, y el 5
de noviembre declaró la extinción de las comunidades religiosas opuestas a la
desamortización. Monseñor Herrán inició su destierro el 8 de noviembre, cuando salió
hacia Cartagena, pasando unos días en Mompós, en un viaje lleno de grandes dificultades.
Desde el exilio, monseñor Herrán conceptuó sobre si los sacerdotes, para poder ejercer
su ministerio, debían prestar el obligatorio juramento prescrito por el gobierno:
«Imitando el ejemplo que nos dieron (los apóstoles] obedezcamos a las autoridades
constituidas en todo lo que ellas tienen derecho a exigirnos [...] pero cuando traspasando
los límites de lo terreno y temporal quieran obligarnos a cosas que sólo son
espirituales, o que tocan exclusivamente al régimen de la Iglesia, contestémosles con
respeto, pero con una energía evangélica "non possumus", primero es obedecer a
Dios que a los hombres». Esta actitud fue aprobada por el Papa. La nueva administración
de Manuel Murillo Toro atenuó las tirantes relaciones con la Iglesia, lo que permitió el
regreso de monseñor Herrán a Bogotá, el 1 de septiembre de 1864. Pero al retornar al
poder el Gran General en 1866, Mosquera arreció sus duras críticas contra Herrán, a
quien acusó de dirigir la oposición: «El arzobispo de Bogotá y otros obispos están en
completa rebelión», decía. Una orden del papa Pío IX citó, entonces, a un Concilio
Provincial para tratar la situación de la Iglesia en el país, y convocó a monseñor
Herrán, quien se encontraba en Villeta recuperándose de quebrantos de salud. Monseñor
no pudo asistir, y falleció en este pueblo cundinamarqués, el 7 de febrero de 1868.
Sepultado en la catedral de Bogotá, el corazón del arzobispo Herrán reposa en una
pequeña cavidad en el muro oriental de la capilla de Santa Isabel de Hungría, entre las
tumbas de los arzobispos Manuel José Mosquera y José Telésforo Paul.
JUAN DAVID GIRALDO
Bibliografía
Botero Restrepo, Juan. Breve historia de
la Iglesia colombiana. Medellín, Copiyepes, 1983. Groot, José Manuel. Historia
eclesiástica y civil de la Nueva Granada. Bogotá, Casa Editorial de Medardo Rivas, 1893.
Restrepo Posada, José. Arquidiócesis de Bogotá. Biografías de sus prelados. Bogotá,
Ed. Lumen Christi, 1961-1966, tomo II. Restrepo Posada, José. Genealogía episcopal de la
jerarquía eclesiástica, 1513-1966. Bogotá, Editorial Lumen Christi, 1968. Restrepo
Posada, José. Cabildo Eclesiástico de Bogotá. Bogotá, Kelly, 1971.
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