|
|
Enrique Grau.
Autorretrato del cumpleaños, 1990. Coleacción particular, Bogotá.
|
|
Pintor, dibujante y escultor
nacido en Ciudad de Panamá de familia cartagenera, en 1920. Básicamente autodidacta,
Enrique Grau Araújo estudió en el Art Students League de Nueva York, entre 1940 y 1943,
y en la Academia de San Marcos de Florencia, entre 1955 y 1956. Su vasta producción puede
dividirse en dos amplios períodos. El primero va desde 1940 hasta comienzos de los años
sesenta, y el segundo, desde esos años hasta la actualidad. El primer período resulta
lleno de variedad y con varias fases estilísticas; en dos de ellas, por lo menos, el
interés naturalista que preside su obra se ve considerablemente debilitado: en los
cuarenta, cuando se aproxima al expresionismo, y de 1955 a 1959, cuando se aproxima a la
abstracción a través de planteamientos retomados del cubismo. El segundo período es
naturalista y en él la figura humana resulta su motivo predominante. Una figura que, en
la mayoría de las ocasiones, es una mezcla de raza blanca, negra e indígena, y que se
caracteriza por su desenfado y sensualidad. Esta etapa es la más conocida y mucha gente
considera que aquí se encuentra el verdadero Grau, es decir, el artista en sus mejores
momentos. Sin embargo, para la historia del arte colombiano es especialmente importante su
primer período. Este comienza en 1940, cuando Grau participa con el óleo La mulata
cartagenera en el I Salón Nacional. Con esta pintura, que anticipa al Grau tardío de
personajes en actitudes teatrales y rodeados de objetos, obtiene la primera mención
honorífica. Previamente, de manera autodidacta, Grau ya ha realizado copias de los
grandes maestros (El Greco, Rembrandt, Jean-Antoine Watteau), retratos de estrellas de
cine y, especialmente, retratos de familiares y de las domésticas de su casa. La mención
recibida le valió una beca para estudiar en el exterior. Grau escogió Nueva York, donde
ingresó al Art Students League, en ese entonces con muy buenos profesores refugiados de
la segunda Guerra Mundial. Luego de pintar y dibujar bajo la tutela de varios maestros, se
consagró al grabado. De estos trabajos nació su interés por imprimirle a las
representaciones un dramatismo especial. Desde entonces y hasta 1950, Grau es un
auténtico expresionista, que exagera o distorsiona la figura humana, el paisaje natural y
el urbano. De esos años son los únicos cuadros en los que Grau toca asuntos sociales,
políticos y religiosos. Algunas de estas obras pueden considerarse entre las más
modernas de su tiempo en Colombia. Desde 1950 hasta 1955 Grau transita por una fase de
naturalismo poético. Sus trabajos se llenan ahora de ponderación y equilibrio. Las leyes
de la pintura se imponen a los temas y en muchas obras el reposo domina las imágenes
representadas. Después de un viaje a México, durante el cual comienza a pintar con
colores más vivos, Grau empieza a estilizar las figuras y a reelaborarlas con elementos
geométricos. A1 principio son mujeres de caras ovaladas que juegan con hilos. Poco a poco
su apariencia orgánica se va perdiendo; luego, los objetos acompañantes sufren la misma
transformación. Radicado en Florencia de 1955 a 1956, a donde fue a estudiar pintura
mural en la Academia de San Marcos, Grau concreta lo más característico de la tercera
fase de su proceso creativo: la recreación de la realidad a partir del cubismo. Desde
entonces y hasta 1959, su obra se vuelve básicamente geométrica y, entre 1958 y 1959,
próxima a la abstracción. Como de costumbre, su producción es enorme y en diversos
procedimientos de pintura y dibujo. Si entre 1955 y 1957 la figura humana no desaparece
del todo, entre 1958 y 1959 predominan las naturalezas muertas y las composiciones en las
que las formas más evidentes se relacionan con lunas menguantes, círculos triángulos y
diversos cuadrados que íntimamente se acoplan entre sí. Luego de muchas obras de gran
calidad en este estilo, Grau regresa lentamente al naturalismo. Las figuras que realiza
inicialmente tienen una morfología similar a las de los cuadros de 1955: rostros
ovalados, cuellos muy delgados y disposición frontal. Algunas también recuerdan a los
personajes del italiano Massimo Campigli y no deja de haber varias que hacen pensar en
Pablo Picasso. En 1961, sin que sus figuras pierdan la referencia a los maniquíes, sus
personajes se hacen más corpóreos, los cuellos se ensanchan y los valores táctiles
comienzan a destacarse. Tras esta fase de transición, puede decirse que Grau llega a su
período definitivo. Después de más de veinte años de trabajo, se decide por el estilo
que hoy resulta tan conocido. Paralelamente, durante estos años Grau enseña en la
Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional y en la Universidad de los Andes, y
realiza escenografías para obras de teatro, llegando a ser, en 1954, Jefe del
Departamento de Escenografía de la Televisora Nacional. En 1957 obtiene el primer premio
en Pintura en el X Salón de Artistas Colombianos, con el óleo Elementos bajo un eclipse
[ver tomo 6, p. 129]; y al año siguiente gana el primer premio en Dibujo del XI Salón,
con Naturaleza muerta lunar. En 1962 comparte con Juan Antonio Roda el segundo premio en
Pintura del XIV Salón Nacional, con el óleo Gran Bañista.
Desde los primeros años sesenta, la
producción de Grau ha seguido un derrotero bastante unitario. En todos estos años
resulta fácil comprobar la continuidad de toda su obra, así como el perfeccionamiento de
una manera de tratar la figura y de representar la realidad. Grau no es un naturalista a
secas. Sus figuras están exageradas desde el punto de vista de su volumen, siempre tienen
unas manos desproporcionadas con relación al tamaño del cuerpo y, generalmente, aparecen
revestidas de manera inusitada. Grau ama la farándula y el carnaval y por eso sólo
excepcionalmente concibe al personaje sin los atavíos y tocados propios del mundo del
disfraz. Con base en modas pretéritas, sombreros cursis o desactualizados y vestidos de
las abuelas o trajes desacostumbrados, Grau transforma sus figuras y las convierte en
modelos de fotógrafos desconocidos o en protagonistas de piezas teatrales inéditas. Lo
que se ve en un cuadro de Grau es poco corriente, la indumentaria, con todas sus
implicaciones culturales y sociales, es algo postizo y artificial que subvierte la
apariencia normal de los personajes y les da una presencia diferente, ajena a la vida
cotidiana y bastante próxima al ámbito del espectáculo. A esto contribuyen también no
sólo los gestos, ademanes y actitudes de las figuras, sino los objetos que las
acompañan. A veces, el escenario es sencillo y sólo tiene pocos elementos. En otras
ocasiones, aparecen diversas cosas, cuyo inventario resulta tan enorme como variado. No
faltan, en muchos casos, las mariposas, los insectos o los pájaros que revolotean en
torno de los protagonistas y que, obviamente, contribuyen a aumentar la irrealidad que se
está contemplando. Por otra parte, si Grau ha realizado numerosas pinturas al óleo y
cientos de dibujos a lápiz, no deja de sorprender que el artista haya trabajado
copiosamente en todos los demás medios tradicionales (acuarela, témpera, fresco,
carboncillo, crayola, pastel, tinta con plumilla, etc.) hasta el punto que resulta
imposible decir que tiene alguno preferido. Si es necesario afrontar nuevos medios, Grau
no lo piensa dos veces; el mural del Centro de Convenciones de Cartagena, por ejemplo, fue
realizado en 1982 al fresco "seco" con acrílico. A1 lado de su obra
bidimensional, en la que hay que incluir sus abundantes grabados en todos los
procedimientos, el artista también ha trabajado tridimensionalmente: primero, terracotas
(a fines de los cuarenta), luego ensamblajes (desde La virtud y el vicio, de 1972, pero,
sobre todo, después de 1981) y, en los últimos años, esculturas en bronce. Si los
ensamblajes prolongan su producción de escenógrafo para la televisión, el cine y el
teatro, los bronces pintados extienden los temas de sus cuadros. Estos trabajos, modelados
íntegramente por el artista, trasladan al espacio real los cuerpos y los objetos
aparentes de sus pinturas, que siempre se distinguen por la exageración y el hedonismo de
su plasticidad. Radicado desde hace varios años en Nueva York, donde ha realizado sus
esculturas, Grau ha seguido ampliando los temas de sus pinturas y dibujos. Ultimamente ha
trabajado paisajes de la ciudad, varios animales, incluyendo una serie consagrada a las
María-mulatas [pájaros playeros de la Costa Atlántica colombiana] y algunos paisajes y
fauna de las islas Galápagos [Ver tomo 6, Arte, p. 129].
GERMÁN
RUBIANO CABALLERO
Bibliografía
Enrique Grau, exposición
retrospectiva, Museo de Arte Moderno, Bogotá, 1973, texto: Eduardo Serrano · GOODALL,
DONALD, GERMAN RUBIANO y BELGICA RODRIGUEZ. Enrique Grau, artista colombiano. Bogotá,
Amazonas Editores, 1991 · GRAU, ENRIQUE. El pequeño viaje del barón Von Humboldt.
Bogotá, Seguros Bolívar, 1977 · Grau, obra reciente, Galería San Diego, Bogotá, 1977,
texto: Galaor Carbonell · Homenaje a Enrique Grau, Gartner Torres Arte, Bogotá, 1991,
textos: Adrián Torres y María Clara Martínez · RUBIANO, GERMAN y OTROS. Enrique Grau.
Bogotá, Centro Colombo Americano, Fondo Cultural Cafetero, 1983. TRABA, MARTA. Seis
artistas contemporáneos colombianos. Bogotá, Antares, 1963.
|