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Beatriz
González Aranda.
Oleo de Juan Antonio Roda, 1962.
Colección particular, Bogotá.
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Pintora, historiadora y
crítica de arte santandereana (Bucaramanga, 1938). Beatriz González Aranda estudió
Bellas Artes con Juan Antonio Roda en la Universidad de los Andes e hizo un curso de
grabado en la Academia Van Beeldende Kunsten de Rotterdam. Como historiadora ha publicado:
Ramón Torres Méndez, entre lo pintoresco y la picaresca (1985), Roberto Páramo, pintor
de la sabana (1986), José Gabriel Tatis, un pintor comprometido (1987), Fídolo Alfonso
González Camargo (1987) y "Las artes plásticas en el siglo XIX", en la Gran
Enciclopedia de Colombia (1993). Beatriz González tiene una amplia producción que se
remonta a los primeros años sesenta. En 1964 se presentó por primera vez en Bogotá con
una exposición sobre La encajera del pintor holandés del siglo XVII Jan Vermeer.
Inspirada en este cuadro, Beatriz González realizó una serie de variaciones de
indiscutible buen gusto. Su obra se caracterizó por los colores vivos y planos y las
composiciones armónicas. Posteriormente vinieron, en 1965, las variaciones sobre La
niña-montaje, en las que reafirmó su refinamiento cromático.
Este mismo año realizó las dos
versiones de Los suicidas del Sisga (segundo premio especial en Pintura del XVII Salón de
Artistas Nacionales, 1965), trabajadas a partir de una fotografía de prensa, con las que
se inicia su obra más característica, siempre relacionada con el país y lo colombiano y
plenamente consciente de que sólo desde lo provinciano se puede alcanzar lo universal:
«Yo creo que el arte es universal y que eso de la pintura colombiana son tonterías. Creo
que lo que más daño le ha hecho al arte colombiano fue tratar de ser colombianista. Uno
debe tratar de ser universal, lo demás viene por añadidura». A Los suicidas del Sisga
[ver tomo 6, p. 131] siguieron, según inventario de Marta Traba, los próceres de la
historia extensa de Colombia, los retratos de familias "decentes" que se
publicaban en los periódicos, los episodios de las páginas sociales y la crónica roja,
las escenas ingenuas pintadas en los buses, las estampas populares y los cromos de venta
en el pasaje Rivas y en la populosa carrera décima de Bogotá, recorrida por el servicio
doméstico atraído a la capital. En toda su obra, Beatriz González alude no sólo a una
manera de ser, a una idiosincrasia peculiar, sino también al gusto «de la gente», que
la artista trata como socióloga, aunque sin dejar de incluir una dosis de ironía: «Mi
pintura no es la búsqueda de un fin por intermedio de temas irónicos, sino una pintura
con temperatura. No hago objetos cursis con la misma especie de morbosidad que mueve a
ciertas personas a coleccionar objetos del llamado mal gusto. No creo que la sociedad en
que trabajo sea cursi sino desmedida, en todas las proporciones y sentidos [...]». «A
mí lo que me interesa es el gusto. Me interesa el porqué una persona coloca estas cosas
y no otras en su casa. Si hubiera sino una artista conceptual, desde el 70 habría puesto
una tarjeta diciendo: vayan y vean la casa de zutano. Y otra: vayan y vean la casa de
fulano. Pero como soy una artista a la antigua, necesito pintar y pinto. Yo me pregunto
porqué diablos me llamó la atención la foto de los suicidas en el periódico. ¿Fue el
gris de la cara, igual a unos trabajos que estaba realizando, o fue la cosa popular de dos
personas que entran en un pacto suicida y que unen sus manos para una foto que envían a
sus familiares? Pero no, porque el tema lo leí después. Era la foto, el sombrero que él
llevaba, en fin [...] En mí hay una predisposición a mirar el gusto de la gente».
Paralelamente a estas obras
realizadas a partir de fotografías de prensa y cromos populares, Beatriz González ha
trabajado numerosas versiones de obras de grandes maestros. Desde La encajera de Vermeer
hasta el Guernica de Pablo Picasso, titulado Mural para fábrica socialista, la artista ha
hecho variaciones de Leonardo da Vinci, Rafael, Sandro Botticelli, Jean-AugustDominique
Ingres, Jean-François Millet, Paul Cézanne, Paul Gauguin, Edgar Degas, Pierre-August
Renoir, Georges Braque, etc. Dos razones han llevado a Beatriz González a trabajar con
obras famosas de la historia de la pintura: su inhabilidad para componer y su admiración
por las obras artísticas. La pintora confiesa tener una visión prejuiciada de la
historia del arte. A toda hora, en todas partes, asocia experiencias visuales con cuadros
famosos. A partir de un objeto cualquiera, a partir de la textura de una madera o de la
forma de un mueble, surge la asociación estética. Así, por ejemplo, de unos toalleros
en forma de concha surgió la imagen de la obra de Botricelli El nacimiento de Venus; de
una lámina de madeflex estriado, un bodegón de Braque; de un peinador con espejo
circular un tondo de Rafael. Otras veces, el procedimiento es a la inversa: a partir de un
cuadro surge la idea del objeto donde debería estar su composición. Así surgieron los
telones inspirados en Edouard Manet, Claude Monet y Paul Gauguin.
Como la artista trabaja sobre
superficies de diversos materiales y texturas (láminas de metal, maderas varias, toallas,
hules, cubrelechos, etc.) debe inventar constantemente nuevas facturas. Con óleos,
esmaltes o acrílicos, Beatriz González no sólo domina cada una de las técnicas, sino
que trabaja con una gama muy variada de colores. Desde sus óleos sobre lienzo de
comienzos de su carrera, hasta los telones pintados en acrílico y el Guernica (1981),
realizado en esmalte sintético sobre tablex, pasando por sus numerosos esmaltes sobre
lata (muchos instalados en muebles como "marcos"), Beatriz González se ha dado
el lujo de dominar los medios y procedimientos y, sobre todo, de transvasar con talento
las pinturas en que se inspira. Porque si es cierto que Beatriz González copia la
composición de las obras del pasado, no hay duda de que siempre inventa una nueva
relación cromática y muchas veces también un nuevo procedimiento. Desde comienzos de
los ochenta, su producción se ha centrado, siempre con el apoyo de las fotografías de
prensa, en la realidad colombiana. Desde sus numerosos trabajos relacionados con la figura
del presidente Julio César Turbay (dibujos al grafito, la serigrafía Decoración de
interiores) hasta sus dramáticas versiones de la muerte del narcotraficante Gonzalo
Rodríguez Gacha (Retratos mudos), pasando por Las Ibáñez, las viñetas de la tragedia
(Un uxoricidio) y la comedia (Turbay condecorando a un personaje), los temas relacionados
con los presidentes de la República (Plumario colombiano, Los papagayos, Sr. Presidente
qué honor estar con Ud. en este momento histórico, alusivo a los acontecimientos
relacionados con la toma del Palacio de Justicia en 1985), el ciclista Martín Emilio
Rodríguez "Cochise", el ciclista Lucho Herrera y su apoteosis con el presidente
Virgilio Barco, el futbolista René Higuita, los soldados vestidos en traje de campaña,
los hombres asesinados etc., hay ahora un exclusivo y profundo interés por todo lo
nacional, tanto desde el punto de vista histórico como desde el de la actualidad. Pero el
cambio no es solamente temático, también es formal y de contenido. El manejo de los
elementos formales (planos, colores, composiciones) es ahora más complejo y descarnado y
la intención de decir, a través de aquellos elementos, cuán caótica y dramática es la
situación, es más escueta y aladina. La artista no hace concesiones a nada, su tono se
ha vuelto severo. Esto no significa que sus cuadros hayan perdido la calidad artística
que los ha caracterizado: muy lejos de cualquier noción de belleza, sus representaciones
siguen atrayendo por las convincentes relaciones de las formas y de éstas con sus
contenidos. Como acertadamente lo ha señalado Luis Caballero, el color de sus cuadros
sigue siendo refinado, aun en las armonías más absurdas, y la línea de sus dibujos
sigue siendo acertada dentro de las torpezas más sofisticadas. Con ocasión del Quinto
Centenario del descubrimiento de América en 1992, Beatriz González realizó una serie de
serigrafías con el tema de un indígena en una barca. Aparte de sus pinturas y dibujos,
González tiene una extensa producción de grabados [Ver tomo 6, Arte, pp. 130 y 131].
GERMÁN
RUBIANO CABALLERO
Bibliografía
ARDILA, JAIME. Apuntes para la
historia extensa de Beatriz González. Bogotá, Tercer Mundo, 1974 · Beatriz González,
Museo de Arte Moderno La Tertulia, Cali, 1976, texto: Eduardo Serrano · Beatriz
González, Exposición Retrospectiva 1962-1984, Museo de Arte Moderno, Bogotá, 1984 ·
Beatriz González, una década 1980-1990, Museo de Arte Universidad Nacional, Bogotá,
1990, textos: Germán Rubiano y Marta Rodríguez · Los muebles de Beatriz González,
Museo de Arte Moderno, Bogotá, 1977, texto: Marta Traba · PONCE DE LEÓN, CAROLINA Y
OTROS. Beatriz González, una pintora de provincia. Bogotá, Carlos Valencia Editores,
1988.
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