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Laureano Gómez
Castro.
Oleo de J. Rodríguez Cubillos, 1972.
Edificio Nuevo del Congreso, Bogotá.
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Presidente de la República entre
19501951, periodista, político y diplomático, nacido en Bogotá, el 20 de febrero de
1889, muerto en la misma ciudad, el 13 de julio de 1965. En la segunda mitad del siglo XX
surgió entre la clase política colombiana una figura que por medio de sus palabras,
poderosas e incisivas, conmocionó el escenario público nacional. Sus férreas creencias
en los principios rectores de su partido político: el conservador, así como su
exposición en la palestra, le merecieron los apelativos de "el Hombre
Tempestad", "el Monstruo", "el Basilisco". Partícipe activo en
la creación del Frente Nacional, Laureano Eleuterio Gómez Castro basó su acción en las
teorías cristianas expuestas por santo Tomás de Aquino y san Agustín, revitalizadas
hacia finales del siglo XIX por el papa León XII, a través de la llamada escuela
neotomista, con la cual se intentó dar a la religión católica una recuperación
mundial. Las ideas laureanistas procuraban conservar la tradición católica heredada en
Colombia desde la dominación española, pues la consideraba un elemento unificador, y de
ella tomó los valores que en el transcurso de su vida identificaron su discurso: la
justicia, la jerarquía y la moralidad. Estaba convencido que un Estado sólido requería
que los funcionarios que hacían parte de él se comprometieran con tales principios; los
cuales les otorgarían, por añadidura, esa característica indispensable para la marcha:
el servicio. Si bien expresaba con claridad sus puntos de vista, la forma como los
exponía y la manera como descalificaba todo aquello que no encajara dentro de su línea
de pensamiento, lo llevaron con frecuencia a tomar posiciones extremas, como se han visto
pocas en el país. Según Ignacio Arizmendi Posada, Laureano Gómez era «impetuoso,
franco hasta el delirio, obcecado, tirante en su verbo, amigo de la camorra y la crítica
exuberante,>. El mismo decía: «Ni porque te alaben serás mejor, ni peor porque te
vituperen. Lo que eres eso eres. He aquí por qué no temo a la crítica sino que antes la
incito y la provoco [... ] Yo sé que mis palabras de verdad, que desasosiegan y
encolerizan a los parásitos que viven de la savia de la República, encuentran eco en los
corazones desinteresados y puros de los buenos ciudadanos [...] Eso me satisface. Eso me
basta».
Hijo del comerciante santandereano José
Gómez y de Dolores Castro, inició su formación académica a los 8 años, en el Colegio
de San Bartolomé de Bogotá, dirigido por los padres de la Compañía de Jesús. Allí se
distinguió como un alumno ejemplar, resuelto a seguir hasta el final los preceptos
aprendidos, en especial los del padre Luis Jáuregui, destacado sacerdote español. Desde
entonces Laureano Gómez tuvo una activa participación en los grupos y asociaciones
devotas auspiciados por la Compañía, y se interesó por defender la fe de Cristo.
Recibió su título de bachiller en 1904, a los 15 años. Ingresó a la Universidad
Nacional de Colombia para adelantar estudios de Ingeniería Civil, y de ahí proviene el
interés que manifestaría más tarde en el desarrollo de las obras públicas del país.
Estando en el claustro universitario fue llevado a la cárcel por participar en una
manifestación en contra de las políticas económicas y sociales del gobierno del general
Rafael Reyes. En 1909 recibió el título de Ingeniero Civil y se aprestó a trabajar en
la empresa constructora del Ferrocarril de Antioquia. Por diferentes motivos, en especial
por su empeño en defender la causa religiosa, inició su extensa labor periodística.
Este año ayudó a fundar y se convirtió en el primer director del periódico La Unidad,
en el cual escribían, entre otros, los jóvenes conservadores José Joaquín Casas,
Hernando Uribe Cualla, José de la Vega y Sebastián Moreno Arango. Desde las páginas de
este periódico se lideró la convocatoria nacional para el primer Congreso Eucarístico
Nacional en 1913, al cual Laureano Gómez asistió como delegado por la Asamblea del
Departamento de Antioquia. En compañía de José de la Vega, participó luego en la
fundación de la Revista Colombiana, en 1933, y del periódico El Siglo, el 1 de febrero
de 1936. Este último se convirtió en el principal medio de expresión pública
conservadora, y en palabras del propio Laureano, más que una empresa, era un órgano
desde el cual se buscaría respeto por la vida, sostener la libertad, combatir la
ineficacia administrativa y luchar por la justicia. A través de él, el partido
conservador lideró una dura batalla de oposición partidista. Paralelo a su trabajo
periodístico, Laureano Gómez estuvo conectado con la actividad política y fue
partícipe de ésta en un extenso período de la historia nacional: de 1911 a 1913 fue
diputado a la Asamblea de Cundinamarca, y simultáneamente, representante a la Cámara;
volvió a ser representante entre 1913 y 1916, en 1918 y en 1921. En 1927 fue elegido
diputado a la Asamblea de Santander; de 1931 a 1933, a la Asamblea de Antioquia; y
ejerció como senador de la República entre 1931-1935 y 19391945. En su participación en
el poder legislativo, se caracterizó por establecer siempre una fuerte polémica contra
lo que consideraba fuera de sus principios y un respaldo absoluto cuando se involucraban
sus intereses.
Los discursos de Laureano Gómez se
distinguieron por la capacidad de causar asombro e incertidumbre, y por el poder de
convocar lo universal en dos o tres palabras. Era sereno cuando hablaba, pero utilizaba un
tono enfático para sustentar y defender sus postulados, los cuales apoyaba en su amplio
conocimiento social, histórico y científico. Pronunció discursos en el Congreso, en
auditorios, recintos públicos, aulas, plazas públicas y en la radio, la cual utilizó de
manera eficaz para lograr una cobertura nacional. El 3 de agosto de 1926, siendo ministro
de Obras, cuando el Senado de la República confirmó la posición de la Cámara de darle
veto de censura y negarle el uso de la palabra, las barras que habían sido sacadas del
Congreso se aglomeraron para escucharlo en la Plaza de Bolívar, manifestación que
comenzó cuando el doctor Gómez salió del Capitolio y dijo su célebre frase: «Se
alquila este local». Orador eminente, tal vez gracias a que sus años de participación
en la sociedad literaria Academia Caro, donde los jóvenes periodistas bogotanos
realizaban ejercicios de oratoria y de memoria, lo habían adiestrado y pulido para
lanzarse a la actividad política sin temores y con la facultad de verter en palabras sus
principios religiosos y sus concepciones acerca del Estado. Además de la política y el
periodismo, Laureano Gómez ejerció la diplomacia. En 1923 fue nombrado por el gobierno
del general Pedro Nel Ospina delegado de Colombia a la Conferencia Panamericana en Chile,
de la cual pasó a Argentina como ministro plenipotenciario hasta 1925. En 1930 el
presidente Enrique Olaya Herrera lo nombró ministro plenipotenciario en Alemania, cargo
que desempeñó hasta 1932. Como funcionario público, fue ministro de Obras del gobierno
de Pedro Nel Ospina, entre 1925 y 1926, y de Relaciones Exteriores en 1948, durante el
gobierno de Mariano Ospina Pérez. Finalmente, en 1950, habiéndose retirado el partido
liberal de la contienda política, asumió la Presidencia de la República.
Desde la Presidencia, Laureano Gómez
pretendió dar un nuevo orden al país, convocando para esto a una Asamblea Nacional
Constituyente, con la cual buscó crear mecanismos para desarrollar sus ideas acerca del
Estado. Su propuesta podría definirse como la puesta en marcha de un Estado
corporativista, en el cual los poderes legislativo y judicial mantuvieran sus acciones
claramente delimitadas, mientras al Ejecutivo se le otorgaban poderes especiales para
determinar los rumbos a seguir en casos de crisis, propuesta que algunos autores han
llamado "la dictadura civil". En 1951, al sufrir un síncope cardíaco, Gómez
se vio obligado a retirarse de la Presidencia, y el poder quedó en manos del primer
designado, Roberto Urdaneta Arbeláez. El 13 de junio de 1953 el general Gustavo Rojas
Pinilla se tomó el poder mediante un golpe militar, impidiendo que Laureano Gómez
retornara a la Presidencia. Tras el golpe, Gómez fue llevado al exilio, en primer lugar a
Nueva York y por último a España, desde donde enviaba continuamente comunicados a sus
seguidores, defendiendo sus posiciones y atacando al "usurpador", término que
usaba para referirse al general Rojas. Durante su gobierno, dice Arizmendi Posada, «el
campo de las obras públicas, que le era muy conocido por sus estudios y la cartera
ministerial cuando Pedro Nel Ospina, recibió buen impulso. Un empréstito internacional
favoreció sus propósitos. Algo similar se registró en la educación. Fueron concluidos
los edificios básicos de la Universidad Nacional, se unificaron los programas de
bachillerato, se incrementó la educación normalista, campesina e industrial, rama para
la cual se contrataron expertos extranjeros. Las obras deportivas que comenzaban a
erigirse en Bogotá y Medellín recibieron su apoyo inmediato. El sector de la salud
pública se vio favorecido por las campañas contra la tuberculosis, la fiebre amarilla,
la malaria y otras enfermedades. Se reestructuraron los servicios de salud en los puertos
[...] En la problemática energética hubo la reversión de la Concesión de Mares, para
ser administrada por Ecopetrol, en vía de organización. Se construyó el oleoducto
Puerto Salgar-Bogotá y se inició el de Puerto Berrío-Medellín. La refinería de
Barrancabermeja se benefició con varias partidas extranjeras. Su administración se
preocupó por limitar o reducir las posibilidades dudosas o indecorosas para los
parlamentarios». También se crearon empresas como el Banco Popular (1950), y los
Ministerios de Fomento (que reemplazaba al de Comercio e Industria) y el de Minas y
Petróleos; se modernizó el sistema de telecomunicaciones y se organizó el Instituto
Nacional de Fomento Municipal.
Hacia 1956, en compañía del liberal
Alberto Lleras Camargo, Gómez firmó la Declaración de Benidorm, en España, y
posteriormente, en 1957, ambos firmaron el Pacto de Sitges, por medio del cual los dos
partidos tradicionales de Colombia se comprometían a trabajar unidos por la restauración
del orden democrático, por la paridad en la participación en las corporaciones públicas
y en el gabinete ministerial durante un período de 12 años, e instauraban la carrera
administrativa, en lo que se llamaría el Frente Nacional.
Desde los años 30 hasta su muerte,
Laureano Gómez figuró como el jefe de mayor influencia en el partido conservador.
Poseía tal atracción sobre las masas conservadoras, que lo seguían con una fe ciega.
Este hecho le ocasionó, en no pocas ocasiones, enfrentamientos con importantes dirigentes
de su colectividad, por ejemplo con Mariano Ospina Pérez, quien consideraba el
radicalismo laureanista nocivo para la "salud" de la República. Parte de la
opinión pública vio en Laureano Gómez un individuo beligerante, sectario y polémico,
que alteró la convivencia partidista. Los medios de información lo vieron como una
figura funesta que había conducido al país político al desangre total. Laureano Gómez
ha sido calificado de nefasto para la nación, pero debe reconocerse su intensa labor
política, que es necesario conocer a fondo para develar los motivos que configuraron su
pensamiento, sus palabras y su extensa obra escrita. Esta última, compuesta por
discursos, artículos periodísticos, debates parlamentarios, ensayos, cartas y otros
géneros literarios, fue compilada por Ricardo Ruiz Santos y Alberto Bermúdez entre 1982
y 1989. En algunos de sus escritos, Laureano Gómez utilizó los siguientes seudónimos:
Jacinto Ventura, Cornelio Nepote, Gonzalo González de la Gonzalera, José León, Juan de
Castellanos, Juan de Timoneda y Eleuterio de Castro. Algunos de los debates políticos en
los que participó merecen destacarse por la importancia que tuvieron en su momento. Uno
de ellos fue la "Acusación al presidente Suárez", ocurrido en la sesión del
26 de octubre de 1921 en la Cámara, en el cual Gómez acusó al entonces presidente Marco
Fidel Suárez de vender a un banco extranjero el sueldo y el rubro "gastos de
representación", que no hacía parte del sueldo como primer mandatario, y de obtener
préstamos aprovechando su alta investidura. Tales actos fueron calificados por el senador
como indignos y provocaron la renuncia de Suárez, efectuada el 11 de noviembre de 1921.
Otro debate célebre fue el del 26 de julio de 1932 "Contra el Romanismo", en el
cual rechazó la alianza entre el gobierno liberal de Enrique Olaya Herrera, minoría en
el Congreso, y un sector del conservatismo encabezado por el senador antioqueño Román
Gómez, quien, según Laureano, había vendido el partido conservador para obtener
beneficios personales. El debate se desarrolló entre el 26 de julio y el 31 de agosto, en
cinco intervenciones, y se caracterizó por varios cargos de corrupción a Román Gómez.
El 22 de abril de 1942, cuando se firmó entre el Estado colombiano y la Santa Sede una
reforma al Concordato vigente desde 1887, los conservadores, entonces minoría en el
Senado, se opusieron a la reforma. El senador Laureano Gómez, quien fue partícipe activo
del debate, consideraba la reforma nociva para el país, pues para él la religión
católica apostólica y romana era el baluarte sobre el cual se sostenía el Estado, y una
reforma al Concordato era poner en tela de juicio la infalibilidad de la institución
eclesial. Como periodista y escritor, Laureano Gómez también hizo crítica literaria, de
arte y de teatro. En este terreno se conocen sus artículos: "Pablo Neruda. Un
bromista" (1943), "El expresionismo como síntoma de pereza e inhabilidad en el
arte" (1937) y "El teatro de Pirandello" (1936). Entre sus textos de
historia figuran: "El centenario del protestanrismo. El gesto de Lutero hace cuatro
siglos" (1920), "La decadencia de España en el siglo XVIII (1952), "El
mito de Santander I-II" (1940), "El fiscal Moreno y Escandón y la expulsión de
los jesuitas" (1952), "Yerros constitucionales" (1953). Por último, como
ejemplo de sus panegíricos y ensayos biográficos, podemos citar: "El carácter del
general Ospina" (1928), "El general Alfredo Vázquez Cobo" (1941), "La
casa cural de Fontibón" (1943), "El cuadrilátero. Mussolini, Hitler, Stalin,
Gandhi" (1935), "Un centenario de la hispanidad. Nacimiento de San Juan de la
Cruz" (1942) y "Le fondateur de la république" (1943). Sus contemporáneos
coincidieron en describir a Laureano Gómez como un hombre amable en el hogar que
compartió con su esposa María Hurtado Cajiao, y sus hijos Cecilia, Alvaro, Rafael,
María y Enrique, el segundo de los cuales ha sido tres veces candidato a la Presidencia
de la República de Colombia [Ver tomo 2, Historia, "Administración de Laureano
Gómez (1950-1953)", pp. 545-554; y tomo S, Cultura, pp. 159, 207-208].
JUAN FELIPE
CÓRDOBA RESTREPO
Bibliografía
CORDOBA RESTREPO, JUAN FELIPE.
"Laureano Gómez y su accionar político: La palabra". Tesis, Departamento de
Historia, Universidad de Antioquia. Medellín, 1993. DANGOND URIBE, ALBERTO. Laureano. Su
vida es su victoria. Bogotá, Colombiana, 1982. EMILIANI ROMAN, RAIMUNDO. Laureano el
grande. Bogotá, Fundación Interamericana Universidad Católica de Colombia, 1989. GOMEZ,
LAUREANO. Obras completas, 6 tomos. Bogotá, Caro y Cuervo, 1984-1989. HENDERSON, JAMES.
Las ideas de Laureano Gómez. Bogotá, Tercer Mundo, 1985. MOLINA, FELIPE ANTONIO.
Historia de una rebeldía. Bogotá, Voluntad, 1940. SOCARRAS, JOSÉ FRANCISCO. Laureano
Gómez: Psicoanálisis de un resentido. Bogotá, ABC, 1942. VELASCO, HUGO. Ecce Homo.
Biografía de una tempestad. Bogotá, Argra, 1950.
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