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INDICE
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El grito de espanto del dependiente hizo salir a la gente a las
calles para ayudar a los lívidos pasajeros del jeep a enderezar el
vehículo, que no se volteó del todo porque la punta del andén de la
casa de Macha Manjarrés atajó la voltereta. Era que él,
imprudentemente, en el instante en que vio las piernas, agarró el
timón y le dio un viraje buscando cruzar la calle de arena para
seguirlas, y casi se matan. No esperó siquiera que enderezaran el
carro y llegó a su casa sin sosiego; se bañó sin sosiego; se vistió
sin sosiego y totalmente desasosegado salió a caminar por la ciudad
en busca de la muchacha vestida de rosado. Pero no la encontró por
parte alguna y lo único que logró averiguar era que hacía cinco
días que estaba en Valledupar y que esa tarde se había ido para San
Juan después de hacer unas compras. El se metió en otro carro y
pasó de largo por La Paz, por Villanueva, por el ramal de El Molino
y llegó a San Juan a las siete de la noche blanco del polvo como un
cuque.
Antes del 24 de diciembre nadie daba razón de Escalona por parte
alguna. Hasta los más indiferentes amigos estaban comenzando a
preocuparse de esos abruptos cambios en su comportamiento, porque
si bien él no había sido modelo de ecuanimidad en lo referente a
las mujeres, ya iba siendo hora de que le pusiera un poquito de
seriedad a su situación, no exactamente con La Maye en sí, cuanto
con la hermana de los Arzuaga. Pero él andaba en otro paseo. La
larga espera y el constante asedio a la sanjuanera esquiva acabaron
concretados en unos resonantes amores que a nadie sorprendieron,
porque todo el mundo estaba seguro de que eran viejos cuando se
publicaron.
Para el día 22 él decidió venir al Valle a buscar ropa y medios
para regresar a pasar con ella la Navidad y el Año Nuevo. Antes de
despedirse ella le anticipó el aguinaldo, que era una caja de
pañuelos blancos marca Pyramid hechos en Inglaterra y marca dos con
las iniciales de él, bordadas con hebras de su cabello. Le dijo que
esperaba que él también le diera un regalo de Navidad, pero que
sólo quería la seguridad eterna de que nada ni nadie los separaría.
El no se comprometió a tanto y sólo atinó a decirle que
"tú sabes que tú eres la que me gusta y a la que
quiero". Pero en el camino comenzó a silbar y cuando llegó
al Valle y regresó a San Juan le llevó el regalito. Un merengue con
este mismo nombre donde le manifiesta sin más preámbulos qué es lo
que quiere darle él a ella, dejando a su buen entender la forma de
adquirirlo. Su letra es explícita sobremanera:
Me pediste un regalito
para el día de Navidad
yo quiero darte un nenito
que diga papá y mamá.
que diga papá,
que diga mamá,
que abra los ojos y pestañee
y que los vuelva a cerrá...
El de 1949 iba a ser para él un año difícil y complicado desde sus
comienzos. El 10 de enero lo encontró en San Juan despabilado en la
parranda oyendo a
Tatica y a sus otros amigos
cantar y tocar las guitarras, como si en lugar de una fiesta de Año
Nuevo estuvieran apostando una carrera de resistencia. Ese iba a
ser el tiempo de sus grandes conflictos, no digamos ya a nivel
local femenino sino también a otros niveles de mayor profundidad.
En enero, antes de regresar al Liceo donde debía terminar el
bachillerato compuso el son LA PLATEÑA. El ahora dice que no fue
Carmen Alfaro la inspiradora del mismo sino "otra muchacha
natural de esa población, que conocí en La Paz una
tardecita". Sus amigos dicen lo contrario. Sea de ello lo
que fuere, lo cierto es que la composición estuvo bien lograda y
pronto andaba de boca en boca. Como siempre ocurría cuando él se
dejaba sentir con un paseo o merengue o son sensacional, el festejo
se hizo por triplica do en La Paz en el Hotel América; en
Villanueva en los predios de El Cafetal; y en San Juan en algún
lugar que escogieran los integrantes de su barra de, parranderos
con los que agotó los días y las noches hasta el momento de
continuar sus obligaciones estudiantiles.
En el Liceo las cosas marchan regularmente. Su situación de alumno
ha mejorado porque ahora es estudiante de último año, lo que le
agrega nuevas prerrogativas a las que él mismo había conquistado a
golpe de vallenatos.
La Maye está en la Escuela
Magdalena resguardada por
la seño Chave, que ve
con un suspiro de alivio todo lo que está pasando con la otra, y la
otra está en la Normal saboreando su triunfo.
Que no le va a durar mucho.
En vacaciones de julio, cuando regresan todos, él trae hecho un
canto a Rafael Parody, un sobrino del padre Dávila que estuvo unos
días por Buenos Aires y cuando ingresó al Liceo sólo hablaba de
ché para arriba y
ché para abajo.
Los condiscípulos se molestan con este pedante compañero que quiere
descrestarlos hablándoles ni más ni menos que con acento de jugador
de fútbol argentino y Escalona se encarga de ridiculizarlo en el
paseo que titula EL CHE SANJUANERO, cuya primera estrofa dice
así:
Al padre Dávila le mandé la noticia
que un sanjuanero en el Liceo está perdido;
Rafael Parody se ha metido a adventista
niega a San Juan y dice que es argentino...
Más tarde, capeando la ira de Parody, una noche de coloquios y
añoranzas con
Tatica, decide regresar a la alta
Guajira y llegar otra vez a la frontera. Hace el viaje, no como
socio de las quince varas de gallinas criollas que llevan a
Maracaibo encima de los cochinatos y carneros, sino simplemente
como compañero de cabina en el camión International que para esa
época ha compra do Tatica. En los caminos descubre que muchos de
los que empezaron con él en 1946 no están y que otros son
ostensiblemente ricos. Sobresale entre estos últimos el rubicundo
pereirano llega do al Valle cuando Escalona apenas podía invertir
mil quinientos pesos en los primeros chanchitos y que poco a poco
se fue apoderando prácticamente solo del negocio y acabó dueño de
una flota de camiones de alto tonelaje que salían cada semana
repletos de novillos gordos de la hacienda
"Veracruz" en La Gloria, y regresaban hasta el
tope de las varillas de la carrocería llenos de cuanta cosa
enlatada había en el mundo. Don Fidel, que así le decían a este
respetable y sagaz comerciante, que estableció su familia en
Valledupar, era sinónimo de billete, de poder y de status.
A Escalona no le satisfizo este descubrimiento. Le parecía
sencillamente impropio, por no decir injusto, que los caminos
abiertos por los provincianos a base de riesgos, sudores e
ilusiones en la búsqueda de fuentes de trabajo, acabaran
sirviéndole casi exclusivamente a un tipo hábil y emprendedor pero
que ni siquiera era de por aquí, para convertirse en menos de tres
años en el rey de las vías y en el mandamás del negocio. Así se lo
expresó a Tatica de manera vehemente, en largos parlamentos que
duraron todo el viaje y en los que no cesó de lamentarse de que esa
era una gran vaina, carajo, que él, que estaba bien fregao luchando
toda vía como estudiante pobre en el Liceo para sacar un título de
bachiller, a veces no tenía ni los veinte centavos que costaba la
entra da a cine o los quince de la embolada y en cambio este tipo
arrogante y cachaco que nadie sabía de dónde había aparecido, ya es
tuviera millonario echándole vainas a él y al mismo
Tatica que bastante se había fregado y expuesto su
vida con los indios esos que no tienen que ver para matar a ninguno
y ahora, como no, aparece este don Fidel como el verraco de una
actividad que la inventamos fuimos nosotros, ¿o no? Bonita que está
la cosa. Y siguió despotricando contra las injusticias de la vida y
la falta de autoridad del gobierno que debía establecer muy
claramente que la gente de Antioquia debía trabajar en Antioquia y
la de Caldas en Caldas y la de Nariño solamente en Nariño para que
nos dejen a nosotros los del Magdalena entendernos con las cosas
del Magdalena. ¿No te parece Tatica? Así es Rafa, pero, le
respondió Tatica ya llegando a San Juan, en estos asuntos de
negocios y billetes pasa como con las mujeres: el que tiene más
saliva, traga más harina.
El recordó el dicho de
Manoché tantas veces
aplicado por él a sus propias voracidades eróticas, comprendió su
contundencia y se quedó callado y no volvió a acordarse más de don
Fidel ni de su poder económico porque había una razón mucho más
importante que lo esperaba en San Juan.
La cosa con
la Monita de los Ojos Verdes estaba
cada vez más acentuada. En esos días no se desprendió de San Juan,
porque supo que un joven de ahí mismo rondaba la calle donde vivía
la Mona y no estaba él dispuesto a que le saliera
otro don Fidel sentimental que le fuera a crear servidumbre en un
camino que él había abierto.
Habló con ella, que bullía de pasión también, y él le propuso que
se fugaran. Ella no estaba esperando eso sino la palabra
matrimonio, pero no descartó del todo la posibilidad de una fuga
primero, para acabar después casados ante cualquier párroco de los
pueblos de la Provincia que los conocían. Pero ninguno de los dos
se atrevió a dar el paso. Ella argumentó que de qué iban a vivir y
él le dijo que ese era problema de él. Ella le replicó que era
problema de ambos porque ambos tendrían que comer y vestirse y
montar una casa y demás. Pero él le dijo que él no tenía los brazos
partidos ni era ningún flojo para sentarse a esperar que les dieran
todo lo que necesitaban. Total, en discutir y alegar se fue ron
yendo las entrevistas y los días y se aproximó la fecha del regreso
a Santa Marta donde, -le dijo él- gracias a Dios ya este año
termino.
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