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INDICE
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Las características de dicha enfermedad les daban a sus
pacientes un aspecto semejante al de la piel de los ballenatos
(hijos de la ballena) recién nacidos: manchas rosáceas, café y
blancas, sobre un fondo brillante de color chocolate; o manchas
color chocolate y blancas sobre un fondo de color rosado, en la
gente de piel blanca o morena clara; y manchas oscuras de tinte
azuloso en la gente de piel blanca o morena clara; y manchas
oscuras de tinte azuloso en la gente de piel negra. Y de esta
situación eminente mente circunstancial, a la que no fue ajeno el
ingenio popular, las gentes que padecían dicha enfermedad y que en
su gran mayoría eran gente de estratos bajos, recibieron por simple
asociación de ideas de algún experto conocedor, el nombre de
vallenato.
Vallenato con V pequeña. No porque nadie deliberadamente se hubiese
propuesto crear una ortografía especial para esa palabra
incorporada paulatinamente al léxico de la región, sino
sencillamente porque, al no tener mayores conocimientos
ortográficos esa misma gente del pueblo que recibía dicho
calificativo y al estar ellas acostumbradas a la V pequeña con que
se escribía y escribe Valledupar, alguien en algún momento debió
escribir
vallenato con la V corta y así, por fuerza de la
costumbre más que por ausencia de corrección, se quedó para siempre
con todas las connotaciones de insulto que tuvo en un
principio.
Sustentamos esta tesis, ya anteriormente expuesta en nuestro libro
VALLENATOLOGIA (Tercer Mundo, 1972) transcribiendo lo dicho por el
gran humanista de origen francés don Luis Striffler en su libro
"El Río Cesar, relación de un viaje a la Sierra Nevada de
Santa Marta en 1876" que en buena hora, volvió a editar el
Senado de la República gracias a la iniciativa de don José
Guillermo "Pepe" Castro. Dice así don Luis en su
importante obra (págs. 21, 22) refiriéndose al término
vallenato que ya existía desde antes de 1876:
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