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Una mañana, viendo todos estos preparativos que se hacían en la
casa para bañar a la hija: limpieza de la ponchera con agua
caliente, cocimiento de las hojas, enfriamiento del agua,
cerramiento de la alcoba, etcétera..., Escalona, entre risueño e
intrigado, decide que lo más indicado es hacer que brote un
manantial en lo más alto de la Serranía para que se bañe sin
problemas la pequeña Rosa María, no únicamente ahora, cuando de
tres meses largos ignora de la que se ha librado, sino más tarde,
cuando en los días sofocantes de la adolescencia, los enamorados
vayan a visitarla. Así nació el paseo ROSAMARÍA que otros llaman
también El Manantial:
Rosamaría no tiene que envidiar
el que otra tenga tocador moderno.
Para mirarse ella tiene como espejo
las bellas aguas de ese manantial
donde se bañará Rosamaría
donde se mirará todos los días,
Pero, como según la filosofía patillalera, a ningún roto le falta
su descosido, la alegría y tranquilidad por la recuperación de la
hija se ve entorpecida por la evidencia de que lo que parecía que
iba a ser una magnífica cosecha, acaba convertido en un rastrojal
de matas de arroz, que lo que Escalona encuentra cuando vuelve a la
finca. El gusano hizo estragos mientras él estaba al lado de su
hija enferma y las espigas que reventaron hermosas sólo sirvieron
de alimento a los insectos, que se dieron un banquete con las
esperanzas de Rafael. Regresa cabizbajo a la caso de
Aló que es donde han pasado el viacrucis de la
enfermedad de Rosamaría y le cuenta a
la Maye la
situación. No hay nada qué hacer. Los que siguen son meses
cruciales en los que se siente todo el peso de la tremenda carga
que lleva encima: una esposa, dos hijas, muchas deudas y ninguna
perspectiva en el horizonte para salir de los compromisos
económicos que son bastantes.
Una tarde, viajando, se entera de que la mayoría de sus amigos
andan metidos en el embeleco del algodón que, le dijeron en
Codazzi, es la gran revolución agrícola del país y de América
Latina. No lo piensa dos veces, y de vuelta al Valle sale a buscar
a don Carlos Coronado, el jovial y eficiente gerente de la Caja
Agraria donde él tiene la deuda. Coronado no está, pero la
secretaria le informa que después de las tres de la tarde llega a
la oficina. Escalona sale y decide entrar al Bar Colombia a esperar
que sean las tres y allí se encuentra con Coronado, que está
refrescándose con unas cervecitas en compañía de otros amigos. La
inesperada reunión se convierte en una tenida de boleros y bambucos
en medio de los cuales Escalona le cuenta su problema al gerente y
éste le dice que no hay cuidado, que se despreocupe, que los bancos
son pa eso: pa prestá la plata y ganá intereses, que haga el
papeleo, que él le presta toda la Caja Agraria si es del
caso.
El día lunes, que es la fecha para firmar un nuevo pagaré de
refinanciación del arroz y otro de crédito para el algodón,
Escalona se presenta a las oficinas de la Caja informándoles a
todos del paseo que ese fin de semana le compuso a don Carlos
Coronado, uno de los gerentes más queridos en esta región en toda
la historia de la Caja Agraria. Se titula precisamente EL SEÑOR
GERENTE, y su texto, más explícito que cualquier disertación, se
escuchó por primera vez en una parranda de padre y señor mío que,
esa misma noche, organizaron en "El Toco".
Señor Gerente, cómo voy a hacé
para pagarle lo que me prestó:
llegó el gusano y se comió el arroz
y ahora no tengo como responder...
Y el Gerente me contestó:
no se preocupe Rafael
la Caja se lo arregla bien
para eso soy gerente yo...
Antes de finalizar ese año de 1953 tiene organizada una sociedad
agrícola-musical con Rafael Roncallo, un barranquillero enorme,
romántico y soñador, compositor de boleros, guitarrista notable,
bohemio, declamador de versos y paternal investigador de la vida y
milagros de las muchachas nocturnas de Barranquilla donde todos lo
quieren y donde es personaje destacadísimo por su posición, su
dinero y sus múltiples cualidades. Con Roncallo bebe y parrandea y
siembra algodón en las tierras de su hermano Nelson Escalona. Viaja
con frecuencia a Barranquilla y se integra al naciente grupo de La
Cueva, que ya ha comenzado a ser adoctrinado en la devoción por el
vallenato gracias a la dulzaina de García Márquez. Compone EL
VILLANUEVERO que es la respuesta musical a las constantes razones
que le envía Reyes Torres para que vaya a Villanueva a bautizarle
el pelao que ya va a ponerse los pantalones largos y está moro.
Hace también LOS CELOS DE LA MAYE, cuarta composición que le dedica
a Marina, y una noche de regreso a Barranquilla
la
Maye le cuenta que la Vieja Sara estuvo haciéndole una
visita y le puso un sartal de quejas sobre él, que francamente la
dejaron preocupada. "Rafael no sirve pa ná -le dijo-. Tan
viejo como está él y tan revieja como estoy yo y todavía se pone a
echáme mentira. Me ha dejao esperándolo dos veces pa mi cumpleaño
con sancocho listo y hamaca colgá. Dígale que yo estuve aquí pero
no vuelvo má. Y si él no quiere volvé allá, que tampoco
vuelva".
- ¿Cuándo vino la vieja Sara? -preguntó Escalona.
-Vino el viernes y estuvo aquí toda la tarde, respondió
la
Maye.
Pocos días después de este ultimátum, finalizando octubre, Escalona
topó de nariz a boca con la Vieja Sara que estaba haciendo compras
por la calle del Cesar. Reclamos vienen y excusas van. Sátiras de
la vieja y defensas de Escalona que intentando complacerla le dice
que sí va a volver a El Plan, que es que ha estado muy ocupado.
Ella le repite lo que le dijo a Marina: "donde mí no vai a
í porque yo ya ni te creo ni te espero má". El, para mal
de sus pecados, le dice entonces que bueno, que sí va, pero va para
la casa de Simón Salas que le tiene ofrecido un sancocho de
gallina. La Vieja Sara no entiende la chanza; se duele de lo oído y
lo único que atina a responder con toda la fuerza de su ironía es
esto: "¿gallina Simón Salas?... quisiera vélo. Te dará
gallinazo. El no tiene gallina"... y le da la espalda a
Escalona y se va.
Días más tarde, Escalona preocupado por la rabia de la vieja pero
muerto de la risa por todo lo que ella le dijo, le comenta a Simón
Salas la afirmación de ésta en el sentido de que él, Simón no tenía
gallinas sino gallinazos. Y Simón tampoco entiende y queda
doblemente resentido con su tía. Entonces, para sacarse la espina
que le han enterrado injustamente, compone un merengue cuya primera
estrofa es una directa y desobligante alusión a los obsequios
llevados a El Plan por Escalona cuando la visitó por primera
vez.
Una señora del poblado y que se fue
a indisponerme con Rafael allá en el Valle
seguramente que necesitaba un traje
o a la llegada una tacita de café...
Simón hizo su merengue y ello le bastó para quedar tranquilo. El
sabía que no podía divulgarlo jamás porque si llegaba a oídos de la
aludida se iba a acabar el mundo. Así que lo dejó quietecito en su
cabeza como un musical desquite que le ayudó a olvidar la ofensa de
su tía. Pero alguna tarde en Manaure, tomando en la única compañía
de su sobrino Juan Manuel Muegues, lo cantó y Juan Manuel se lo
aprendió; y semanas más tarde éste último cometió la imprudencia de
tocarlo y cantarlo completico en El Plan en la propia casa de la
vieja Sara delante de Simón, de Toño, de Emiliano y de toda la
prole que se hallaba reunida celebrando un cumpleaños.
Sara María Baquero escuchó y quedó estupefacta con la insolencia
del sobrino pero ordenó que le repitieran tamaño ultraje. Y cuando
Juan Manuel, tembloroso pero obediente, fue soltando las notas y
vocalizando las estrofas, la Vieja Sara estaba llorando de la
rabia. Ofuscada y soberbia se levantó del asiento, botó el tabaco
al suelo, insultó a los dos irrespetuosos, desagradecidos,
desgraciados y señalando la puerta de la casa le dijo a Simón que
se ajilara de El Plan y más nunca en la vida le volviera a poner
los pies en su territorio.
Cuando a principios de noviembre Escalona supo este desenlace
contado por Toño Salas, quedó de una pieza. Le parecía inconcebible
que algo para él tan intrascendente como quedar mal en una visita
anunciada, pudiera desencadenar un drama de esta magnitud y le
dolía que todo esto estuviera ocurriendo únicamente como resultado
de su involuntario incumplimiento. Por eso cuando
Poncho Cotes lo buscó por todas partes para
decirle que quería que fueran a El Plan apenas terminara clases en
el Loperena, Escalona, compungido, le echó el cuento de todo lo que
había pasado y ambos decidieron desbaratar el viaje porque no les
pareció prudente hacerlo en esas condiciones. Primero había que
buscar la reconciliación de la familia por encima de todo y después
sí, irían ellos mismos a El Plan acompañando a Simón en su
regreso.
Hablaron Escalona,
Poncho y Becerra aquí en el
Valle y pusieron al tanto a Beltrán Orozco, a José Orozco y a los
amigos de Villanueva, a los de La Paz y Manaure para que todos
colaboraran en la búsqueda de la paz y la amistad de una familia
para ellos tan entrañable.
Este fue el origen de el son EL DESTIERRO DE SIMÓN que nos
atrevemos a calificar corno uno de los dos mejores de toda la
música vallenata. Ojo con la letra y cuando tengan la oportunidad
pónganle cuidado a la música:
Poncho Cotes tenía un viaje para El Plan
me invitó y con mucha pena no acepté su invitación
porque me han dicho que en ese lugar
ya y que no vive el compadre Simón.
Preguntaba cuáles fueron los motivos
que tuvo ese gran amigo pa ausentarse del lugar
y Toño Salas en el Valle me dijo
que la vieja Sara lo botó de El Plan...
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