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Fiel a la tradición intelectual de su familia paterna en
cuyas distintas generaciones se encuentran figuras sobresalientes por sus estudios de las
artes liberales, por su activismo político o por su labor educativa -, la vida del
general Carlos Cuervo, dual en su despliegue científico y en su notorio ejercicio
político, legó al país importantes obras, especialmente centradas en temas de
etnología, botánica y geografía, pero también en trabajos significativos relacionados
con la historia y la política.
Bogotano, nacido en 1858, Carlos Cuervo Márquez creció en medio de los constantes
conflictos políticos y civiles de Colombia en la segunda mitad del siglo XIX. Se educó
primero en el colegio fundado y dirigido por su padre, Luís María Cuervo, en Bogotá; y
posteriormente asistió a la Escuela de ciencias Naturales de la Universidad Nacional. Si
bien su carrera se vio constantemente truncada por el desarrollo de diversas conmociones
civiles, la participación que tuvo en algunas de las mismas y su adhesión a la
ideología en que se fundamentaba el proyecto de la Regeneración, le permitieron obtener
los títulos de sargento primero, y de general después, convirtiéndolo en militar de las
causas conservadoras y abriendo, para su futuro, la posibilidad de ejercer diversos cargos
políticos y diplomáticos en el país.
En su trabajo como científico resaltan las diferentes expediciones que hizo, en 1887, a
las regiones de Tierra-adentro y a los llanos de San Martín en el Huila, las cuales,
complementadas posteriormente con una expedición a San Agustín, le permitieron escribir
su obra Prehistoria y viajes, estudios arqueológicos y etnográficos, publicada en 1893
en Bogotá y reeditada por la Editorial América en Madrid con otros estudios
añadidos por el autor.
La importancia de esta obra resalta en la historia de la etnología y arqueología en el
país pues, tras su reedición en Madrid, los estudios del General Cuervo despertaron en
investigadores europeos interés por estas regiones de Colombia. Después de la
expedición del general Cuervo se realizaron la del Museo Británico, en 1899; la de Th.
K. Stoepel, y la del director del Museo Arqueológico de Berlín, Th. K. Preuss, entre
1914 y 1915, quien se sirvió de los mapas hechos por el general para localizar las zonas
en las que se encontraban las estatuas de San Agustín. Otras expediciones en estas
tierras, como la de Monseñor Lunardi, secretario de la Nunciatura Apostólica de Bogotá,
y la del español José Pérez de Barradas, abrieron el camino para que en Colombia se
fundaran, en 1938, el Parque Arqueológico de San Agustín, junto con el servicio
arqueológico del Ministerio de Educación y, en 1941, el Instituto Etnológico, entidades
con las que los estudios americanistas empiezan su trayectoria en Colombia, y cuyo
precursor fue, entre otros, el general Cuervo Márquez.
Dentro de su carrera científica desarrolló también trabajos de agricultura, de los
cuales fue adelantando en diversas etapas sus apuntes para un Tratado elemental de
botánica, adaptado al estudio de la flora de la América equinoccial, del que publicó un
volumen en 1913, siendo profesor de botánica en la Facultad de Medicina del Colegio del
Rosario. Asimismo fue autor de un trabajo titulado Las conmociones geológicas de la
Sabana de Bogotá en la época cuaternaria, publicado en 1927, tema que desarrolló
ampliamente y del que dejó diversas obras relacionadas e independientes como una
monografía, sobre un estudio geológico del templo adoratorio azteca de Tlalpam, que
relacionó con el hallazgo de restos del caballo cuaternario en los terrenos
pleistocénicos de la sabana de Bogotá, estudio que publicó la Sociedad Antonio Alzate
en México.
Al tiempo con su desempeño en el área de las ciencias naturales, Cuervo se desempeñó
en la de las ciencias sociales, siendo catedrático de historia en el Colegio del Rosario
y recibiendo el cargo de presidente de la Academia Nacional de Historia, de la que había
sido fundador en 1909, ocupación por la que recibió la condecoración de la Gran Cruz de
la Real Orden de Isabel la Católica, que le confirió el rey Alfonso XIII de España, en
1916. De su trabajo como historiador resalta su obra sobre la Vida del doctor José
Ignacio Márquez, cuyos dos volúmenes fueron publicados por la Academia Colombiana de
Historia.
En cuanto a su labor política y su activismo militar, el General Cuervo fue Magistrado de
la Corte Suprema, en la que le correspondió elaborar el controversial proyecto de
sentencia contra el general José María Obando, en 1855. Participó luego, como
comisionado del General Antonio Valderrama, en la firma del Convenio de Morogontoque,
celebrado en 1877 para dar fin a la guerra de 1876 en la que los conservadores resultaron
vencidos. En 1885 fue elegido diputado a la legislatura de Cundinamarca y participó, en
ese mismo año, en la guerra como parte de las filas de Nuñez, al igual que lo hizo en el
período de Caro en las agitaciones de 1894, año en el que participó en la campaña de
Cundinamarca confiada al general Rafael Reyes, de la que salieron victoriosos y en la que
ganó el título de General, siendo comisionado asimismo para la firma del tratado de paz
de Chumbambuy, con el que terminó esta guerra.
Su participación política también se desarrolló desde el periodismo, y desde los
diferentes cargos oficiales que ocupó. En 1897 fundó el diario El Imparcial, en el que
defendió las causas conservadoras. De esta actividad pasó a hacer parte del Directorio
Central del partido conservador, para luego ser elegido representante ante el Congreso de
1896 a 1898. En 1889 fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores en el que tuvo que
liderar la resolución de los convenios con Francia para la terminación del canal de
Panamá, entre otros asuntos de importancia. Bajo el mandato de Rafael Reyes, el general
Cuervo trabajó como Ministro de Instrucción Pública, cargo en el que gestionó la
reorganización y apertura de colegios y universidades cerrados por la guerra.
Posteriormente fue enviado a Europa como Enviado Extraordinario y Ministro ante el
Vaticano y, en 1909, de regreso al país trabajó en el Ministerio de Guerra. En el
mandato de Carlos Restrepo, en 1910, el general Cuervo fue designado Ministro de
Instrucción Pública, cargo en el que se resalta su labor en la reorganización del Museo
Histórico.
Dentro de su labor diplomática cabe resaltar su labor en Venezuela, en el gobierno de
Suárez, en la que se hizo merecedor de la Orden del Libertador. En Argentina trabajó en
la Legación Colombiana y luego fue Embajador Extraordinario en el Brasil. En 1927 viajó
como diplomático a México, e hizo importantes investigaciones arqueológicas, aún
inéditas, antes de morir, el 10 de septiembre de 1930.
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