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Tomás Carrasquilla.
Oleo de Eladio Vélez, 1931. Museo de Antioquia, Medellín.
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Escritor antioqueño
(Santodomingo, enero 17 de 1858 - Medellín, diciembre 19 de 1940). Tomás Carrasquilla
aparece en el panorama cultural colombiano como el primer escritor que dedicó su vida,
íntegramente, al oficio de la literatura, y que en su muy extensa obra literaria aplicó
ciertos principios formulados por él mismo, que ponen en evidencia la concepción clara y
firmemente cimentada de lo que pensaba que debían ser la novela y el cuento. Ante todo
hay que destacar la absoluta honestidad de su quehacer literario y la correspondencia
entre éste y sus creencias y actitudes frente al acontecer político, social y cultural
de la época, a los demás seres humanos, a sí mismo, a lo que esperaba de la literatura
y, finalmente, a lo expuesto por él en muchos textos como su credo estilístico y
poético. A1 respecto, dice: «Conmueve la verdad de sentimiento que una articulación les
imprime; conmueve un alma que se manifiesta. Todo esto es el estilo, es la forma». Y
también: «No es la forma lo que hace al poeta: es el poeta el que hace la forma [...] Un
estilo es un alma vaciada en palabras o en letras. Todo viene de adentro para afuera, no
va de afuera para adentro; todo está en el alma: no hay mármoles sino escoplos>. El
elemento central en toda su obra, y aquel en que alcanza los mayores logros, es la
creación de personajes. En cada uno se manifiesta el profundo interés que el ser humano
despertaba en Carrasquilla; sentía predilección por los niños, por las gentes de la
clase media y del pueblo, campesinos y trabajadores. La alta clase social nunca le
interesó; en su autobiografía dice: «Las clases altas y civilizadas son más o menos lo
mismo en toda tierra de garbanzos. No constituyen, por tanto, el carácter diferencial de
un nación o región determinada. Ese exponente habrá de buscarse en la clase media, si
no en el pueblo». Sus novelas y cuentos se desarrollan en una región concreta de
Colombia, los pueblos de Antioquia; pero, a partir de lo regional, su obra adquiere un
interés americano y universal, pues trasciende lo local, para penetrar en lo
esencialmente humano y recrearlo, a través de los personajes perfectamente
individualizados. Su mirada es realista y crítica; su poder de observación y su gran
conocimiento del mundo recreado en sus obras, le permitieron plasmar con maestría, por
ejemplo, el ambiente minero y los personajes de diversas razas y culturas que allí
trabajan y conviven, en Hace tiempos y La Marquesa de Yolombó. Las costumbres, creencias
y tradiciones de todos los sectores aparecen en su narrativa, sin que por esto pueda ser
considerado un escritor costumbrista, pues para él, la costumbre no es un fin en sí
misma, sino que la incorpora al desarrollo de la acción y al destino de los personajes.
Carrasquilla no idealiza ni disimula los defectos individuales ni las lacras sociales; no
hace concesiones en la literatura, como tampoco las hizo en su vida; fue honesto,
tolerante, justo, mesurado, humano y esencialmente democrático. Creía en la aristocracia
del mérito y no en la del nacimiento o el dinero. En su vida y en su obra reprobó las
injusticias sociales, la hipocresía, el arribismo y la inautenticidad en todas sus
manifestaciones. Profundamente respetuoso de la religión, criticó cualquier forma de
utilización de ésta, para conseguir otros fines, así como las actitudes falsas y la
doble moral. Admiraba la devoción sincera y atacó la beatería y la intolerancia
religiosa. Su interés por lo espiritual aparece en obras como En la diestra de Dios
Padre, Salve, Regina, Semana Santa y Curas de almas. Con una franqueza sencilla expresó
siempre sus propios criterios estéticos, y en cuanto a la función del auténtico
escritor, se opuso a las que consideraba una serie de tendencias importadas de Francia,
Inglaterra e Italia, por parecerle artificiosas: «Esta mercancía con marca de fábrica
extranjera, no puede echar raíces en Colombia». Profundo conocedor del habla popular
utilizada en su medio, dice: «Cuando se trata de reflejar en una novela el carácter, la
índole propia de un pueblo o de una región determinada, el diálogo escrito debe
ajustarse rigurosamente al diálogo hablado, reproducirlo hasta donde sea posible [...] El
escritor tiene amplia oportunidad cuando narra, para exhibir dominio gramatical y
sintáctico, sin tener para qué "meterse" con el diálogo de los personajes. Y
quien logre una provechosa mezcla de estos dos elementos, alternando la expresión típica
de los personajes, con la pureza de la dicción del autor, logra un éxito gratísimo en
punto a fuerza y variedad». Efectivamente, esto lo aplicó en sus narraciones y lo logró
con vitalidad, inteligencia y mucha gracia. Fue enemigo de todo ornamento postizo y
afirmaba que «la naturaleza no necesita que la embellezcan; cualquier intento de hacerlo
vale tanto como querer falsificarla». La sobriedad de su prosa, limpia de ornamentos, y
la singularidad de su obra, están respaldadas por su propia posición teórica: «Imitar
formas es como imitar temperamentos». Y en cuanto a la novela, la define como «un pedazo
de vida reflejado en un escritor por un corazón y por una cabeza». Luego añade: «Esta
fórmula todo lo recibe, excepto la mentira». Con estas palabras, Carrasquilla sintetiza
su credo poético: la novela como reflejo de la realidad, transformada por la inteligencia
y la sensibilidad del escritor. Algunas veces su obra ha sido criticada por una supuesta
dificultad: el lenguaje regional, un tanto complicado para quienes no conozcan el habla
del pueblo antioqueño. A1 respecto, don Miguel de Unamuno afirmó: «Esto no es dialecto
sino puro español con algunos vocablos arcaicos>. Con esta declaración, Unamuno
aclara que no son regionalismos, sino un castellano viejo que se conserva en algunas
regiones de América.
De sus ancestros, don Tomás dice:
«Mis padres eran entre pobres y acaudalados, entre labriegos y señorones y más blancos
que el rey de las Españas, al decir de mis cuatro abuelos. Todos ellos eran gentes
patriarcales, muy temerosas de Dios y muy buenos vecinos>. Hijo de Raúl Carrasquilla
Isaza, quien trabajaba en ingeniería de puentes y minas, y de Ecilda Naranjo Moreno,
dedicada al hogar, don Tomás vivió hasta los quince años en Santodomingo, y durante un
tiempo vivió con su familia en la población minera de Concepción. Allí asistió a la
escuela y comenzó a conocer el ambiente de las minas y la vida y costumbres de los
mineros. De su niñez se sabe poco: que desde entonces tuvo la pasión de la lectura y
aquello que se puede entrever en los relatos cuyos protagonistas son niños, o en los que
se encuentran personajes y situaciones de su niñez; por ejemplo, "Simón el
mago", Hace tiempos, Dimitas Arias y Salve, Regina. En estas obras es indudable lo
autobiográfico, pero convertido en ficción; así también, en Entrañas de niño; El
zarco y otras narraciones en las que los niños están llenos de viveza y frescura. Allí
vida y ficción se entrecruzan y los personajes reales son el punto de partida para la
creación de personajes como la madre, la abuela y otros parientes a quienes no conoció,
salvo por lo que de ellos oyó hablar; es el caso de algunos que aparecen en La Marquesa
de Yolombó. A esto se refiere Carrasquilla en una carta: «Me gusta saber que no está
enojado conmigo por haber relatado las cosas de sus abuelos, pues ha de saber que aquí en
la Villa de la Candelaria, hay algunos de nuestros parientes que me tienen entre ojos; no
me perdonan las vagamunderías de su abuelo y tatarabuelo, no pueden perdonarme las
palabrotas y pendejadas de mi mamita Luz. Ellos querían que yo los sacara tomando té,
hablando el francés y jugado el "Rusruz", juego chinesco muy en boga entre las
damas chapeadas a la europea». Hacia 1873 Carrasquilla viajó a Medellín, llamada
entonces Villa de Nuestra Señora de la Candelaria, para cursar la secundaria en la
sección de bachillerato de la Universidad de Antioquia, y allí mismo, en 1876, se
matriculó en Derecho. En 1877, a causa de la guerra civil, abandonó los estudios y
regresó a Santodomingo allí permaneció hasta 1896, dedicado a la sastrería. Entre 1879
y 1880 fue secretario de juzgado de circuito, y en 1891, juez municipal. En 1892 creó,
con algunos amigos, una biblioteca pública en Santodomingo; ellos y la ciudadanía
donaron los primeros volúmenes; el 20 de noviembre de 1893 se inició como Biblioteca del
Tercer Piso. Carlos E. Restrepo lo nombró miembro de El Casino Literario, un centro que
dirigía en Medellín; como requisito para la admisión, era necesario escribir algo;
Carrasquilla escribió "Simón el mago", cuento que se publicó en 1890, en un
volumen colectivo. En una reunión de aquel centro, los socios opinaban, salvo Restrepo y
Carrasquilla, que en Antioquia no había materia novelable. Don Tomás, para probar que
«puede hacerse novela sobre el tema más vulgar y cotidiano>, escribió la novela
Frutos de mi tierra, allá en la casa de su abuelo materno, en Santodomingo. La novela se
publicó en 1896 y tuvo gran acogida; la crítica la ha considerado como una de las
mejores del realismo americano y de la corriente naturalista. De sus méritos, dice su
autor: «De tener alguno, será, probablemente, como documento literario, por ser esa la
primera novela prosaica que se ha escrito en Colombia, tomada directamente del natural,
sin idealizar en nada la realidad de la vida». Como en toda su obra, en ella aplicó su
credo: «Lo estético no es otra cosa que lo verdadero en lo bello». Después de su
primer viaje a Bogotá, con motivo de la publicación de Frutos de mi tierra, Carrasquilla
volvió a Antioquia, a sus actividades en Santodomingo y Medellín. Allí sufrió un
accidente al caer de un caballo, que lo obligó a permanecer en Medellín por dos meses; y
al regresar a Santodomingo, cayó enfermo de «un achaque en la garganta». Carrasquilla
aprovechó este tiempo, en 1897, para escribir Blanca, En la diestra de Dios Padre,
Dimitas Arias y "Herejías", su primer ensayo literario, donde planteó y
desarrolló sus conceptos acerca de la novela: «Avida de lo verdadero, recoge el
espíritu de la verdad dondequiera que lo halla. Lo mismo en el hecho histórico que en el
imaginario; lo mismo en el símbolo que en el mito». Entre 1898 y 1903 escribió El
ánima sola, San Antoñito, El padre Casafús y Salve Regina. A1 quebrar el Banco Popular
de Medellín, en 19U4, Carrasquilla lo perdió casi todo. Se trasladó, entonces, a
trabajar como encargado de provisiones a la mina de Sanandrés, cerca de Sonsón, donde
permaneció entre 1906 y 1909. De regreso a Medellín, reanudó su vida bohemia, sus
tertulias literarias y sociales. Usualmente dictaba sus obras, pues no le gustaba
escribir. En 1910 publicó Grandeza, novela que refleja el ambiente de Medellín, escrita
«en estilo llano, sencillo, casero, bastante pedestre [...] sobre asuntos, personas y
acontecimientos cotidianos y vulgares».
En 1914 Carrasquilla se vinculó
como colaborador a El Espectador de Medellín, con una columna semanal: cuadros,
artículos, crónicas y ensayos. En ese mismo año viajó a Bogotá, donde desempeñó,
durante cinco años, un cargo en el Ministerio de Obras Públicas. En 1915, El Espectador
de Medellín anunció que en unos días «saldrá en la capital de la República una
edición de nuestro diario, dirigida por los señores Fidel Cano y Luis Cano». Este fue
el primer periódico colombiano publicado diariamente en Bogotá y en Medellín; los
artículos de Carrasquilla aparecían en las dos ediciones. En 1915 apareció en El
Liberal Ilustrado, "El rifle", uno de sus dos únicos cuentos de ambiente
bogotano. Carrasquilla permaneció en la capital hasta enero de 1919; de regreso a
Medellín, volvió a sus antiguas tertulias y escribió crónicas sobre la ciudad, y su
novela corta Ligia Cruz, publicada por entregas en El Espectador de Bogotá, entre el 20
de noviembre y el 11 de diciembre de 1920. En mayo de 1921 apareció en Medellín el
primer número de Sábado, revista dirigida por Ciro Mendía y Gabriel Cano; el editorial
era de Carrasquilla. Entre 1922 y 1925, Carrasquilla publicó Por el poeta, homenaje a
José Asunción Silva; "Copas", aparecido en Lectura breve de Medellín, en
agosto de 1923; y la novela corta El zarco, editada en Bogotá en 1925. En 1926 terminó
de escribir La Marquesa de Yolombó, publicada en 1928. Esta es, quizás, la mejor de sus
novelas; en ella Carrasquilla plasmó su profundo conocimiento de los seres humanos, la
agudeza de su crítica, la precisión de su realismo y la capacidad para ver a los
personajes en sus permanentes cambios, para comprender la transformación, el
debilitamiento de sus ideales y propósitos, la flaqueza del ánimo en las grandes
empresas que se abandonan para satisfacer pequeños intereses, el deterioro que va
causando el tiempo en el vigor y en la belleza, la penetración de su inteligencia y su
sensibilidad en lo más sutil y profundo de los seres humanos, lo cual impide que los
personajes caigan en el estereotipo, en la generalización o en el lugar común. La
Marquesa es un perfecto ejemplo tanto de las virtudes como de las debilidades que,
finalmente, opacan y hunden a la protagonista de esta gran novela; además, recrea un
pasado histórico y aunque apenas roza unos pocos acontecimientos de la "gran
historia", Carrasquilla logra dar una visión crítica y real de un determinado
ambiente social, de «algunas reminiscencias que no recoge la historia», y de hechos y
personajes que si no fueron, habrían podido ser en ese mundo novelístico sólidamente
estructurado por él, y hasta tal punto humano que alcanza la universalidad. En su
"Homilía 2", Carrasquilla dice: «Por más que evolucionen los espíritus, no
se puede descartar de las literaturas el estudio del medio, única modificación del
hombre universal. La región, en este sentido, no es escuela, ni moda, ni uso; es una faz
de la vida y del alma». Es interesante anotar que las descripciones de tradiciones y
creencias, de celebraciones, fiestas y ceremonias de carácter folclórico que aparecen en
La Marquesa de Yolombó, no le dan a la novela carácter costumbrista; son elementos que
enriquecen la recreación del ambiente, ya sea familiar, del pueblo o de los mineros y
que, además, están en estrecha relación con personajes y acontecimientos; muestran
también lo más entrañable y auténtico de la región y el poderoso sincretismo cultural
que se ha ido consolidando y enriqueciendo, a través de siglos de convivencia de razas
cuyas características culturales se expresan a través de formas religiosas y
supersticiones que han terminado por confundirse con un catolicismo ingenuo, compartido
por señores, campesinos y esclavos: «Peregrina religión la de esa tierra! [... ] Media
población era africana, y, por más que fuese bautizada y metida en catolicismo, cada
negro conservaba, por dentro y hasta por fuera, por transmisión o ancestralismo en
creencias, mucha parte de las salvajes de sus mayores. Esta negrería, entreverada con
españoles de entonces, más supersticiosos y fanáticos que cristianos genuinos, más de
milagros que de ética, coincidía y empataba con los africanos y aborígenes en el dogma
común del diablo y sus legiones de espíritus medrosos. De este empate vino una
mezcolanza y un matalotaje, que nadie sabía qué era lo católico y romano ni qué lo
bárbaro... »
Desde 1926, don Tomás comenzó a
sufrir trastornos circulatorios; la parálisis lo inmovilizó y la ceguera fue aumentando
gradualmente. Sin embargo, continuó las tertulias con los amigos que iban a visitarlo y
dictó la trilogía Hace tiempos (compuesta por Por aguas y pedrejones, Por cumbres y
cañadas y Del campo a la ciudad), que apareció entre 1935 y 1936. En Hace tiempos,
Carrasquilla recogió lo que había observado y conservado en la memoria, y convirtió las
experiencias más significativas de su vida, en su última gran obra literaria. En 1934,
cuando ya estaba casi ciego, recuperó parcialmente la visión gracias a una operación,
lo cual le permitió volver a leer y a escribir. En 1936 la Academia Colombiana de la
Lengua le otorgó el Premio Nacional de Literatura y Ciencias José María Vergara y
Vergara, por su novela Hace tiempos, y se le reconoció como el primer novelista
colombiano. El 14 de diciembre de 1940 fue operado a causa de la gangrena. Murió el 19 de
diciembre en Medellín, a la edad de 82 años, querido y respetado por las gentes de su
tierra, donde pasó casi toda su vida. La obra de Carrasquilla no ha perdido validez. Es
un vivo reflejo de la Antioquia de fines del siglo XIX y comienzos del XX que, sin
embargo, ha trascendido lo local. La crítica más seria se ha ocupado de Ja obra
narrativa de don Tomás y de los planteamientos teóricos en los campos de la crítica y
la estilística, base de sus cuentos y novelas y de gran actualidad para la comprensión
de lo que es la verdad en la obra literaria, del valor de lo local como punto de partida
para que la obra alcance la universalidad y de la importancia de la utilización de un
lenguaje que sea fiel a las formas expresivas propias de cada sector social, sin perder la
elegancia, la claridad y la belleza propios de toda gran literatura [Ver tomo 4,
Literatura, pp. 221225; y tomo 5, Cultura, p. 172].
HELENA IRIARTE
Bibliografía
CARRASQUILLA, TOMAS. Obras
completas. Madrid, EPESA, 1952. LEVY, KURT L. Vida y obras de Tomás Carrasquilla.
Medellín, Bedout, 1958. MENTON, SEYMOUR. La novela colombiana: planetas y satélites.
Bogotá, Plaza y Janés, 1978. CURCIO ALTAMAR, ANTONIO. Evolución de la novela en
Colombia. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1957. SANÍN CANO, BALDOMERO. "Tomás
Carrasquilla". En: El oficio de lector. Caracas, Biblioteca Ayacucho, N° 48, s.f.
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