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Eduardo
Carranza. Dibujo de Carlos Dupuy, 1974. Patronato de Artes y Ciencias, Bogotá.
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Poeta llanero (Apiay, Meta,
julio 23 de 1913 - Bogotá, febrero 13 de 1985). Eduardo Carranza Fernández rompió con
la poesía modernista afrancesada que se escribía en Colombia en las primeras décadas
del siglo XX, y regresó a lo hispánico clásico y moderno. Asoció siempre a su poesía
el recuerdo de su remota provincia llanera, y fue capaz de pasar de una poesía
transparente y obvia a una poesía madura y de alto vuelo hacia el final de su vida.
Realizó estudios en la Escuela Normal Central de Institutores de Bogotá, fue profesor de
literatura en colegios y universidades. En 1936 publicó su primer libro, titulado
Canciones para iniciar una fiesta, en el cual reunió la poesía de sus veinte años.
Dirigió publicaciones tales como la Revista del Colegio Mayor de Nuestra Señora del
Rosario, la Revista de las Indias, el Suplemento literario de El Tiempo y la Revista de la
Universidad de los Andes. Entre 1945 y 194i fue agregado cultural de la Embajada de
Colombia en Chile; entre 1948 y 1951 se desempeñó como director de la Biblioteca
Nacional de Colombia; y entre 1951 y 1958 volvió a ser agregado cultural, esta vez en
Madrid. En 1952 presidió el primer Congreso de Poesía, en Segovia y en compañía de
Carlos Riba y Vicente Aleixandre. En 1953 volvió a presidir este congreso, esta vez en
Salamanca y en compañía de Gerardo Diego, Dámaso Alonso y Giuseppe Ungaretti. Fue
miembro de número de la Academia de la Lengua y desde 1963 dirigió la Biblioteca del
Distrito Especial de Bogotá. En 1984 el gobierno nacional, encabezado por el presidente
Belisario Betancur, lo nombró embajador itinerante en los países de habla española; y
ese mismo año Carranza clausuró, con Léopold Sédar Senghor y Jorge Luis Borges, el VII
Congreso Mundial de Poesía, en Marruecos. Fue profesor de literatura hispanoamericana y
colombiana en las Universidades de Chile, Central de Madrid y de Salamanca; y dictó
cursos y conferencias y leyó sus poemas en diversos recintos españoles. También fue
traductor de Paul Verlaine, Paul Éluard, Tristan Klingsor y Guillaume Apollinaire, entre
otros.
A finales de la década del treinta,
Carranza conformó, junto con Jorge Rojas, Arturo Camacho Ramírez, Carlos Martín,
Gerardo Valencia, Tomás Vargas Osorio y Darío Samper, el grupo Piedra y Cielo, que
nació bajo la influencia lírica de Juan Ramón Jiménez. Bautizado con el título de una
obra de Jiménez, este grupo estuvo marcado por una sublevación en el lenguaje poético,
emancipando la metáfora de sus compromisos con la lógica formal, y sirviéndose de
motivos de inspiración más legítimos. Los piedracielistas dejaron en el desván toda la
utilería poética del Centenario, ánforas, capiteles, incienso, báculos y laureles del
Parnaso, y adoptaron los trigales, las amapolas, los esteros, las palmeras y los potros.
Entre septiembre de 1939 y marzo de 1940, Piedra y Cielo, bajo el mecenazgo de Jorge
Rojas, editó siete cuadernos de poesía, cuyos autores eran los integrantes del grupo;
allí Carranza publicó Siete elegías y un himno. De la actitud inicial del grupo,
recuerda Carranza: ĞUn exceso de gracias, finuras y preciosismos encontrábamos en
nuestros predecesores y queríamos rechazar su ascendiente dando una nota de gobernada
pasión. [...] Queríamos ser más asordinados, más subjetivos, más líricos. [...]
Queríamos para nuestra propia poesía un acento fundamentalmente expresivo más que
esbelto, y revelador del hombre. [... ] Queríamos conciliar la vigilia y el sueño, la
conciencia y el dolor. La exactitud debía valer tanto como el misterio>. Paralelamente
a la poesía, Carranza cultivó el ensayo; en 1967 apareció en Madrid, La poesía del
heroísmo y la esperanza, una recopilación de ensayos, y en 1973 apareció un volumen de
prosas titulado Los días que ahora son sueños. En cuanto a sus libros de poemas, podemos
mencionar, entre otros, las colecciones Sombra de las muchachas (1941), Azul de ti
(1936-1944), El olvidado y Alhambra (1957), Los pasos cantados (1973), Hablar soñando y
otras alucinaciones (1974) y Epístola mortal y otras soledades (1975).
A Carranza se le ha criticado por su
capacidad de autoplagio en el léxico, pero es precisamente en los temas recurrentes donde
se da identidad en su estilo. Por eso transitan constantemente en sus poesías palabras
como azul, palmera, negro potro, bandera. Lo mismo podría decirse sobre sus juegos
lingüísticos, donde ya no es una palabra, sino toda una expresión la que reaparece como
identificadora del esülo. En su ejercicio poético, Carranza exploró distintas
posibilidades. En la madurez, su poesía ya no era transparente y luminosa, aureolada de
ensueños, sino elocuente en su tristeza. Este fue el tono que le permitió escribir, a
los 60 años de edad, sus mejores poemas, agrupados en Hablar soñando y Epístola mortal.
Su obra El insomne, publicada conjuntamente con Hablar soñando, se puede tomar como
modelo para apreciar la poesía madura de Carranza; en las sonoridades que el poeta
arranca aquí al lenguaje, se refleja la hondura de temas como la ausencia, la pérdida y
la desolación. María Mercedes Carranza, su hija, también poeta, ha dicho: ĞEs
interesante señalar cómo la poesía de Carranza sigue muy fielmente un ciclo vital, el
suyo, y refleja en su forma y en sus temas sus experiencias e ideas y evoluciona de
acuerdo con su propia evolución. Su poesía de juventud muestra el corazón de un
adolescente e igual será luego cuando llegue a la madurez y por último a la vejez. Es
una vida entera, con todas sus pasiones, ilusiones, desengaños y equivocaciones la que
está escrita en sus versos. Carranza se ha jugado entero en su oficio de escribir y nada
ha omitido, ni aun ese trágico desengaño final, para entregar, como él mismo lo ha
dicho, su corazón escritoğ [Ver tomo 4, Literatura, pp. 216-218].
LUS CARLOS
MOLINA
Bibliografía
CARRANZA, EDUARDO. Hablar soñando.
Antología. Antología y estudio preliminar, Fernando Charry Lara. Colección Tierra
Firme. Bogotá, Fondo de Cultura Económica, 1983. CARRANZA, EDUARDO. Visión estelar de
la poesía colombiana. Bogotá, Banco Popular, 1986. CARRANZA, MARIA MERCEDES. Carranza
por Carranza. Bogotá, Procultura La Rosa, 1985. QUESSEP, GIOVANNI. Eduardo Carranza.
Bogotá, Procultura, 1990. SERPA DE de FRANCISCO, GLORIA Gran reportaje a Eduardo
Carranza. Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1978.
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