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Miguel Antonio Caro.
Oleo de Eugenio Zerda. Museo Nacional, Bogotá.
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Humanista y estadista nacido
en Bogotá, el 10 de noviembre de 1843, muerto en la misma ciudad, el 5 de agosto de 1909.
Hijo del poeta y filósofo José Eusebio Caro y Blasina Tobar, la vida de Miguel Antonio
José Zoilo Cayetano Andrés Avelino de las Mercedes Caro Tobar transcurrió,
fundamentalmente, en su ciudad de origen y en los contornos sabaneros que frecuentaba en
los llamados veraneos. Sólo en una ocasión se aventuró hasta las tierras de Santander,
por allá en la década del setenta, pero en realidad su vida y sus actividades se
concentraron al medio bogotano, con proyección desde luego en la vida nacional. Las
azarosas circunstancias en que se debatió el país en los años de la infancia y juventud
de Caro, no le permitieron seguir estudios regulares. Por eso su formación fue la de un
autodidacta, que supo aprovechar las enseñanzas y los libros de su abuelo materno Miguel
Tobar, y también su propio espíritu de hombre de estudio, ejemplar en todos los campos
que tocó. Iniciado en la vida política desde temprana edad, Caro se manifestó
principalmente a través del periodismo. Su periódico El Tradicionista, publicado de
noviembre de 1871 a agosto de 1876, fue sin duda la palestra donde no sólo luchó por sus
ideas frente al radicalismo entonces imperante, sino donde expuso los principios que tanto
habían de pesar en el proceso institucional de 18851886. Hay que tener presente que Caro,
hijo de uno de los fundadores del partido conservador, nunca se sintió identificado con
la manera como este partido llevaba su presencia en la vida nacional. Por esto, ya en los
años del Tradicionista, concibió la idea de un partido católico, que no se hizo
realidad por la desconfianza que en los medios de la curia bogotana suscitaba el solo
pensamiento de que los laicos pudieran tomar la vocería de la Iglesia. Años más tarde,
en la década del ochenta, dio forma con Rafael Núñez al partido nacional, que hizo
posible el movimiento de la Regeneración y que abrió el camino a la Constitución de
1886, inspirada por Núñez y redactada y defendida por Caro en el Consejo Nacional de
Delegatarios. Esta identificación con el Regenerador hizo que en el proceso electoral de
1891-1892 los dos aparecieran en la fórmula para presidente y vicepresidente de la
República, asumiéndola Caro como vicepresidente encargado del poder ejecutivo, mientras
Núñez permanecía en Cartagena, en su retiro de El Cabrero, con una titularidad que no
ejerció. Muerto éste en septiembre de 1894, Caro terminó el período sin utilizar nunca
el título de presidente, aunque de hecho lo era. Curioso caso: uno de los gobiernos más
extensos que se registran en la historia del país, seis años, fue ejercido por quien
nunca utilizó el título de presidente, sino simplemente el de vicepresidente encargado
del poder ejecutivo. El respeto que Caro sintió siempre por la obra de Núñez no le
permitió asumir un título que, en su integridad, consideraba no le pertenecía.
Caro, vicepresidente
La administración de Caro se
inició el 7 de agosto de 1892 y terminó el 7 de agosto de 1898. No fue ciertamente un
gobierno fácil y tuvo que soportar la oposición decidida no sólo de los liberales, sino
aún más implacable, la de los conservadores. Estos últimos, liderados por Carlos
Martínez Silva en Bogotá y por Marceliano Vélez en Medellín, volvían de los fervores
nacionalistas a las viejas toldas de su partido que, bajo la bandera del historicismo
político, quería revivir las glorias que consideraban en cierta forma traicionadas por
las ideas sostenidas por Núñez y Caro en esos años de gobierno. Prácticamente a partir
de 1897, la ruptura del conservatismo con Caro fue total. El liberalismo no se cita,
porque de hecho se había autoeliminado: los elementos independientes de dicho partido,
seguidores de Núñez, muerto éste volvieron a las filas de su partido, que como tal poco
o nada contaba en ese momento. De los años de gobierno de Caro hay que recordar algunos
hechos que lo marcaron. La agitación política desatada en Bogotá a principios de 1893,
cuando el pueblo se levantó y tuvo a la ciudad prácticamente en sus manos, en días de
violentos asaltos y choques con la fuerza pública. Sólo el valor y prudencia del general
Antonio Basilio Cuervo, ministro de Gobierno, lograron el retorno a la normalidad aun a
costa de su vida. Caro, radicado entonces en Ubaque, no se movió de allí y puso en manos
de Cuervo el problema de orden público. La bandera roja y negra de la Comuna se paseó
entonces por Bogotá, como símbolo de inspiración de un movimiento que en cierta forma
preludiaba brotes de inconformidad que en más de una ocasión han trastornado el proceso
de nuestra vida política y social. Episodio candente fue la revolución de 1895, a
principios de ese año, cuando fuerzas liberales se levantaron contra el gobierno. Caro
llamó entonces al general Rafael Reyes y lo puso al frente de los ejércitos
legitimistas. Reyes, con talento indiscutible de estratega y jefe militar, así no lo
fuera de profesión, planeó una campaña relámpago que inició en La Tribuna, adelante
de Facatativá, bajó al Magdalena, siguió hasta la Costa Atlántica y entró por allí a
Santander, donde estaba el foco de la revuelta, acabando con la guerra en Enciso y
devolviendo la paz al país. Otro episodio que hay que recordar fue el del llamado
gobierno de los Cinco Días. Caro se había retirado a la hacienda de Casablanca, en
Sopó, y había dejado encargado del gobierno al general Guillermo Quintero Calderón,
como designado que era éste a la Presidencia. Quintero Calderón había tomado ya el
partido de los conservadores históricos, y nombró un gabinete encabezado por Abraham
Moreno, figura destacada de éstos en Antioquia. A1 darse cuenta Caro de la orientación
que se quería dar al gobierno, dando la espalda a los nacionalistas, reasumió el mando
en Sopó y puso en manos del general Manuel Casabianca, nombrado por él ministro de
Gobierno y de Guerra, el trabajo de restablecer el orden, dentro de los marcos de
inspiración nacionalista de su gobierno. De nuevo por mano ajena Caro restablecía la
normalidad. Y hay que recordar que por esos días coincidieron en Sopó, Caro y san
Ezequiel Moreno, quien venía de Casanare camino a Pasto, y quien pasó allí con su amigo
unos pocos días. Ya en 1897 volvió a inquietar el proceso electoral, esta vez para
buscar la sucesión de Caro en el gobierno. Fueron meses agitados en que se barajaron
varias fórmulas, una vez descartada la posibilidad de una reelección de Caro. La baraja
conservadora con los nombres de Marceliano Vélez y Guillermo Quintero Calderón, la
liberal con los de Miguel Samper y Foción Soto, la nacionalista con los de Manuel Antonio
Sanclemente y José Manuel Marroquín. Se impuso esta última, con los funestos resultados
que se vieron: guerra de los Mil Días, golpe del 31 de julio de 1900, cuando Marroquín
amarró a Sanclemente y se quedó en el poder, y la pérdida de Panamá.
Caro, humanista
Caro fue un hombre polifacético,
que no admite ser enmarcado en una actividad muy específica. Era un humanista en el mejor
sentido del vocablo, y su obra quedará siempre como referencia forzada de lo que logró
hacerse aquí. Si fuéramos a establecer un itinerario de la actividad intelectual de
Caro, tal vez pudiéramos decir que nació de su interés por los problemas del lenguaje,
pasó de allí a la filosofía y de ésta a la política, donde encontró campo propicio a
su acción. A1 margen de esto adelantó un trabajo filológico en torno a la obra de
Virgilio, por él traducida y comentada (18731876), y cultivó el latín casi que como
lengua propia, como puede comprobarse en los tres tomos que el Instituto Caro y Cuervo
publicó (1947-1951). Pero no se agotó en esto la actividad de Caro. Rica fue su
producción en el campo de la crítica literaria. Autores españoles, colombianos e
hispanoamericanos ocuparon su atención, destacándose entre todos estos escritos unas
páginas que dedicó al Quijote, dignas de ser tenidas en cuenta. Igual cosa puede decirse
de sus ensayos de interés histórico, donde descolló sin duda como un maestro de la
interpretación filosófica de la historia. Un ejemplo singular es el prólogo que
escribió para la edición de la Historia de Lucas Fernández de Piedrahita, donde se
plantea precisamente el tema de la conquista de América. Le quedó tiempo a Caro para
interesarse por temas de política internacional, de economía, de bibliotecología, y
algo más: hijo de un poeta, José Eusebio, el más grande de nuestros románticos, Miguel
Antonio se dejó llevar también por su propia inspiración y concibió una obra poética
de corte clásico, con piezas tan notables como su oda "A la estatua del
Libertador" y el soneto "Patria". Y lo más interesante es que no sólo
escribió poesía en castellano, sino también en latín. Quedan además sus traducciones
a esta lengua de poetas que le eran especialmente entrañables. La obra escrita de Caro
quedó dispersa en periódicos y revistas. Apenas publicó algunos libros: Estudio sobre
el utilitarismo, Gramática latina (en colaboración con Rufino José Cuervo), Obras de
Virgilio (tres tomos), Artículos y discursos, su discurso Del uso en sus relaciones con
el lenguaje, Horas de amor, Poesías, Traducciones poéticas y las Poesías de Sully
Prudhomme. Muerto Caro, el gobierno nacional encargó a su hijo Víctor Eduardo la
recopilación y publicación de las obras de su padre. Fue así como se publicaron ocho
tomos de Obras completas (1918-1945) y tres de Obras poéticas (1928-1933). En estos
volúmenes se publicaron, fuera de lo poético, los estudios literarios, filológicos y
gramaticales, discursos y documentos políticos, labores legislativas y estudios
jurídicos. Posteriormente, creado el Instituto Caro y Cuervo en 1942, éste asumió la
labor de hacer una edición realmente completa de la obra de Caro, de la cual se han
publicado ya catorce tomos, los tres primeros en la colección Clásicos Colombianos
(1962-1980) y otros once en la Biblioteca Colombiana (1979-1991), donde se han recogido
por el momento todos sus escritos de interés filosófico, religioso y educativo; la
famosa Gramática de la lengua latina; sus estudios lingüísticos, gramaticales y
filológicos; los discursos y otras intervenciones en el Senado de la República
(1903-1904); los escritos sobre Andrés Bello y acerca del Libertador, los estudios
virgilianos (tres tomos); los constitucionales y jurídicos (2 tomos); y los escritos
políticos (hasta ahora 3 tomos). Esta, en términos generales, la actividad del señor
Caro. Las facetas ricas de su personalidad, recia y definida, quedaron manifiestas en
hechos de su vida pública, pero el mejor testimonio lo dan sus muchos escritos que
llenaron la mayor parte de su vida. Fue además un ejemplar humano de virtudes notables,
que queda como testimonio de lo mejor de Colombia en el siglo pasado y principios de
éste.
CARLOS
VALDERRAMA ANDRADE
Caro, poeta latino
Caro dejó inédita una extensa
colección de poesía en latín: 190 poemas, compuestos sobre todo en la juventud, pero a
los cuales añadió otros escritos en edad más avanzada. Esta obra fue publicada por
José Manuel Rivas Sacconi con el título de Poesías latinas (el original es M. Antonü
Cari Carminum Libri Tres, 1951): Benedetto Riposati, en su antología Voces in aevum
(Turín, 1958), destinada a la enseñanza del latín en las escuelas medias italianas,
incluyó tres de los poemas latinos de Caro dos, por desgracia, fragmentariamente-, con
notas y una breve presentación de nuestro poeta: «Es una de las más puras voces de los
últimos tiempos que nos han transmitido y hecho sentir, junto con Pascoli, momentos del
glorioso humanismo latino». El hecho de que Caro figure en la sección "El latín a
través de los siglos" de una antología escolar de calidad, al lado de Dante,
Petrarca, Jacopo Sannazzaro, León XIII, Giovanni Pascoli, Weller, Genovesi, Pasqualetti y
otros, significa sin duda un reconocimiento a su valor universal como poeta latino. Muchos
de los poemas latinos de Caro fueron también compuestos en español, y de algunos se
conserva su propia traducción en prosa. Esto ha planteado la cuestión de cuál fue la
versión primera, ¿la latina o la castellana? Rivas y Riposati opinan, con buenas
razones, que la composición en latín precedió generalmente a la otra, aunque el primero
no descarta la posibilidad de que texto latino y español sean «expresiones casi
simultáneas de un solo motivo poético». La verdad se encuentra por ahí, pues Caro
mismo reveló en su breve poema "Musa latina" que, mientras se solazaba tratando
de escribir versos castellanos, le fluían de la pluma los latinos. Lo que sí es cierto
es que Caro fue ante todo poeta latino y que su poesía en latín es, en general, superior
a su poesía en castellano; aquella tiene, en efecto, mayor naturalidad que la otra y
mayor riqueza de elementos poéticos que, además, son más tersos, vivos y sugerentes. El
latín, que Caro poseyó cabalmente, y la fraseología latina acuñada por la tradición
literaria romana en la que Caro instintivamente se insertó desde muy joven, se hicieron
una sola cosa con su pensamiento y su sensibilidad poética. Los conceptos rigurosos y
profundos de Caro, sus sentimientos delicados, su pudor poético, sus éticas y
románticas representaciones de la realidad humana y de la naturaleza, hallaron en latín,
más que en español, el molde justo en que la expresión conseguía la hondura, la
discreción y la belleza que su ideal estético anhelaba. Como bien lo captó Oreste
Macri, Caro no es un académico que se deleita, como en un juego, en escribir versos
latinos; en ellos hay siempre un sentimiento íntimo y retenido, algo casi impenetrable y
doloroso como un drama que no acaba de explotar. Y Caro lo había dicho en "Insomnia
poetica": «Noctes dum vigilo, quidquid sub pectore verso / cantitat, in numeros
flectitur ipse dolor./ Rhetorici tantum non sunt mea carmina lusus; / pectoris hic etiam
sunt lacrimae, hic gemitus» (De noche, en la vigilia, lo que me agita canta,/ y al verso
se somete por sí mismo el dolor./ No son mis cármina mero juego retórico;/ llanto del
corazón y gemidos hay en ellos.) [Traducción, Jorge Páramo]. Marisa Vismara caracteriza
así la poesía latina de Caro: «[Sus Carmina tienen] el gran mérito de ser poesía
humana, subjetiva, personal, que canta realidades actuales, vida moderna, no antigua. En
verdad son antiguas las formas y los motivos de inspiración, pero dentro palpitan
solamente su sensibilidad moderna, su variado mundo soñado, contemplado o vivido; el amor
por una naturaleza tranquila, dulce, melancólica, meditativa, animada por voces propias y
sentida, de acuerdo con la mente moderna, como partícipe de sentimientos humanos; los
suaves y serenos afectos de familia, el fervor político, las amistades; los sentimientos
más profundos y delicados del corazón que rehúye las pasiones ardientes y violentas; el
abandono místico a la plegaria, la fe sincera en la contemplación de las verdades
eternas, el ferviente entusiasmo en la evocación de las grandes figuras de santos. En
suma, un mundo de afectos, de ideales y de aspiraciones que encuentra vida en las formas
y, a menudo, en los fantasmas del pasado. En este sentido Caro está lejos del Pascoli
latino, cuya única fuente de inspiración es el mundo antiguo, pagano y cristiano,
revivido a través de una copiosa cultura [...]. La versificación de Caro no tiene nada
de estudiadamente elaborado, sino es límpida, simple, armoniosa. En ella llama sobre todo
la atención aquella onda musical del ritmo que nace más de una instintiva espontaneidad
que de una refinada sabiduría del verso; colores, sonidos y luces son transparencias de
su alma sencilla, las que dan hechizo a sus imágenes, encanto y esplendor a sus Versos.
Hay una completa fusión entre el sentimiento humano y la capacidad de traducir esta
inspiración en una técnica artística original, simple, esencial. Es todo esto lo que
confiere tono "lírico" a la poesía latina de Miguel Antonio Caro; un
"lirismo" muy suyo, que brota de la inagotable fuente de su sentimiento humano y
se expande en la onda sonora de su Verso». [Ver tomo 4, Literatura, "Humanismo y
filología: Uricoechea, Caro y Cuervo", pp. 113118; y tomo 5, Cultura, pp. 27-28,
149152 y 170].
JORGE PÁRAMO
POMAREDA
Bibliografía
CARO, MIGUEL ANTONIO. Obras
completas. Edición, Víctor E. Caro y Antonio Gómez Restrepo. Bogotá, Imprenta
Nacional, 1918-1945. CARO, MIGUEL ANTONIO. Obras, 3 tomos. Bogotá, Inst. Caro y Cuervo,
1962, 1972, 1980. Epistolario de Rafael Núñez con Miguel Antonio Caro. Estudio, Eduardo
Lemaitre. Bogotá, Caro y Cuervo, 1977. Epistolario de Rufino José Cuervo con Miguel
Antonio Caro. Edición, introducción y notas, Mario Germán Romero. Bogotá, Caro y
Cuervo, 1978. HERNANDEZ NORMAN, ISABEL. Miguel Antonio Caro, vida y obra. Bogotá, Caro y
Cuervo, 1968. VALDERRAMA ANDRADE, CARLOS. El pensamiento filosófico de Miguel Antonio
Caro. Bogotá, Caro y Cuervo, 1961. VALDERRAMA ANDRADE, CARLOS. El centenario de "El
Tradicionista". Datos para la biografía de Miguel Antonio Caro. Bogotá, Instituto
Caro y Cuervo, 1972.
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