Ficha bibliográfica
Titulo:
María Cano.
Edición original: 2004-12-06
Edición en la biblioteca virtual: 2004-12-06
Publicado: Biblioteca Virtual del Banco de la República
Creador: VELÁSQUEZ TORO, Magdala


 

CANO, MARÍA

Cano María
María Cano.

Pionera antioqueña del movimiento obrero y popular a 12 de 1887 - abril 26 de 1967). María de los Angeles Cano Márquez fue la primera mujer pública de nuestra historia, constituyó un fenómeno de masas que conmocionó a un país gobernado por un duro régimen político y en medio de una cultura tradicionista que circunscribía la vida de las mujeres al hogar. La suya fue una vida de transgresiones: fue dirigenta de la lucha por los derechos civiles fundamentales de la población y por los derechos de los trabajadores asalariados, de la convocatoria y agitación de las huelgas obreras, de la difusión de las ideas socialistas y de la fundación del Partido Socialista Revolucionario. Nacida en los inicios de la Regeneración conservadora, régimen confesional, autoritario y excluyente que se perpetuó en el poder hegemónicamente durante más de cuarenta años, Mariacano -así seguido, como se la nombraba popularmente- provenía de una familia de clase media culta y humanista, de educadores, periodistas, artistas, músicos y poetas de raigambre radical, tanto por parte de su padre, don Rodolfo, como de su madre, doña Amelia. María, la hija menor, sus tres hermanas y su hermano se educaron en los colegios laicos que su padre regentó; al margen del confesionalismo imperante, se iniciaron en la realización estética e ingresaron al mundo del pensamiento y de la literatura con los parientes y amigos que frecuentaban la casa; así mismo, en la familia se realizaban prácticas esotéricas espiritistas, una de sus hermanas terminó siendo vidente. La actividad cultural formaba parte de la vida cotidiana de esta familia, al parecer, sin discriminación entre hombres y mujeres. Las primeras noticias de Mariacano se tienen a partir de su vinculación al movimiento literario de principios de los años veinte, en Medellín. Su casa era uno de los sitios de reunión de la tertulia frecuentada por los poetas Abel Farina y Miguel Agudelo, el escritor Efe Gómez, el dibujante José Posada, el librero y poeta Antonio J. Cano, cronista y sobrino de María, Luis Tejada y los periodistas Horacio Franco y Emilio Jaramillo. Con la dirección de Emilio Jaramillo, estos intelectuales fundaron en 1921 la revista quincenal Cyrano, y allí empezó María a publicar regularmente sus escritos, con el seudónimo de Helena Castillo, y luego con su propio nombre hasta el cierre de la publicación, en abril de 1923. Su primer texto fue un homenaje póstumo a Farina (aparecido en el N° 6, septiembre 10 de 1921), «el poeta maldito» integrante de los Panidas, a quien llamaba maestro. Luego, junto con María Eastman y Fita Uribe, continuó en la redacción del periódico El Correo Liberal; ellas tres formaron parte de un fenómeno literario de mujeres que se presentó en el país durante la década de los años veinte, y que hizo florecer numerosos concursos de literatura y poesía femeninas, que merecieron el apoyo y la defensa del maestro Tomás Carrasquilla, puesto que no faltaban en la parroquia quienes atacaran y anunciaran el peligro de las mujeres escritoras. «Fue en las montañas antioqueñas donde nació el canto nuevo, donde la mujer es más oprimida, rompió primero la red de convencionalismos», decía Luis Tejada, en el El Correo Liberal, en diciembre de 1924. En las publicaciones de estas tres escritoras se aprecia el influjo de las poetas del Cono Sur americano, que habían hecho su aparición en las letras latinoamericanas en la década anterior: Delmira Agustini, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y Gabriela Mistral. En María Cano es notoria la influencia de la sensualidad y el erotismo de la Agustini y la Ibarbourou; "En el bosque", por ejemplo: «Todo es beso en mí [... ] mis brazos se abren ansiosos. Beso sereno, esta suave hora del atardecer que acaricia las flores humildes y aprieta mi alma. Beso en mí es el inclinarse de las ramas de este árbol amparador. Bajan y suben en caricia suave. Una dulce languidez va penetrándome, y mi cuerpo, boca amorosa, se oprime a la tierra». (Correo Liberal, noviembre 17 de 1923). Paradójicamente, en sus escritos se revela otro aspecto de su personalidad, frecuentemente encontrado en las mujeres de la época que lograban acceder a una diferente forma de vida. En un artículo titulado "Vivir", a la manera de la Mistral, en Lecturas para mujeres, hace toda una disertación sobre la maternidad y la formación del alma femenina: «Mucho se ha creído hacer por la educación de la mujer haciéndola útil, y no se ha pensado en hacerla comprensiva al hombre. Comprensiva. Educando su espíritu, no su cerebro en la belleza; abiertos a su alma los horizontes de alta bondad, será comprensiva de las luchas y asperezas de la vida del hombre, y tenderá sobre ella, sin rasgarlo, el velo suave de su amor [...] Así, enseñad a la mujer a ser suave haciéndola atmósfera de belleza. No hagáis de ella un camarada despreocupado, si bueno para un rato de charla, no suficiente para colmaros, no para completaros». (Cyrano, N° 39, marzo 2 de 1923).

Cano María
María Cano.

En noviembre de 1923, María Cano empezó a introducir en sus publicaciones elementos de la temática social del país. En una carta dirigida a su majestad Inés I, reina de los estudiantes, la invita a que en su reinado se ocupe de «la juventud hosca y sombría» que se mueve en lo que llamase "Casa de Menores" (El Correo Liberal, noviembre 17 de 1923). En enero del año siguiente, con el título "Los forzados", publicó una protesta contra la educación militar que se impartía a los jóvenes reclutados; llamaba a la población a protestar, a los dirigentes a pronunciarse y a las mujeres les decía: «Sois madres, hermanas, novias y· sobre todo sois la mujer. ¿Por qué no eleváis vuestra protesta, dulce pero firme? Son los hombres de mañana. Es la juventud sagrada. ¿No palpita en vuestras almas el grito?». La transición de María Cano del romanticismo intimista a la proyección social de sus inquietudes vitales, se aprecia a partir de su labor como autora e impulsadora de una interesante propuesta para fomentar en las clases pobres el acceso a la literatura y al saber. Un artículo titulado "Panespiritual", hacía una exaltación de la lectura y del conocimiento: «No queramos para nosotros solamente el deleite de paladear las fuentes de belleza [... ] No nos abroquemos en el sofisma de que es abrir en su cerebro la fuente torturadora del análisis. Es tortura pero es vida, es fuerza motriz. El saber es mano que cuando estruja modela». Allí expresó su anhelo de abrir una biblioteca gratuita para el pueblo, e invitó a los periódicos y a las librerías a enviar libros escogidos sabiamente. Su propuesta concluía ofreciéndose como lectora pública al servicio de aquellos «que no sepan leer o que tal vez por sus muchos años sus ojos no tengan luz suficiente y así no podrán saciar su ansia. Pero yo estaré allí, mis ojos serán sus ojos, mi palabra vertirá en sus almas el elíxir del bien». (El Correo Liberal, marzo 29 de 1924). Efectivamente su propuesta se concretó, y en el mes de mayo ya tenía organizado el servicio en la Biblioteca Municipal; para atraer a sus lectores-escuchas, publicó una especie de convocatoria titulada "Por los obreros", en la que declarándoles su amor, les invita a gustar «conmigo el placer exquisito de leer». Así comenzó su acercamiento a la vida de los artesanos y pobres de la ciudad y el 1 de mayo de 1925 fue proclamada por obreros, artesanos, contratistas y maestros de obra, Flor del Trabajo. Esta era una forma pintoresca de la época, a través de la cual se exaltaba a las mujeres de la clase media y alta para entrar como reinas a espacios para ellas negados: el mundo del trabajo asalariado o el mundo universitario, en el caso de las reinas de los estudiantes. Sin embargo, «en María no se elegía a una mujer joven y bella, en homenaje a la frivolidad, como se hacía en otras ocasiones, sino un símbolo de cualidades que podía ser, como fue en realidad, bandera de combate del pueblo insumiso de Colombia», en palabras de Torres Giraldo. Como Flor del Trabajo, María Cano inició el ciclo de su vida pública, caracterizada por una intensa actividad en favor de los trabajadores, y en cuya primera etapa incluyó desde visitas a los centros fabriles, talleres y cárceles, hasta labores en comités y comandos populares. Su labor como Flor del Trabajo era organizada concienzudamente por ella junto con la junta asesora y con las comisiones de trabajo que se desplazaban para recolectar información y para apoyar su labor; contaba también con dos damas de honor: Margarita Cano y Alicia Adarve. En las doce actas de las sesiones de María con su junta, de junio a noviembre de 1925, aparecen análisis de las condiciones laborales de fábricas y trilladoras, las quejas presentadas por trabajadores acerca de su situación, y las comunicaciones enviadas a los empresarios y a las autoridades acerca de problemas que afectaban a la población. Realizaba acciones para impulsar lo que en aquella época se llamaba la unión del obrerismo a través de conferencias, de la reorganización del periódico El Rebelde, del diseño de las banderas y símbolos que lo identificaran y la confección de alcancías para recolectar fondos de solidaridad. Aparece, también, la ayuda prestada a la Flor del Trabajo del municipio de Segovia para hacer frente a las hostilidades de que era víctima por parte del cura. Formaba parte del Comité Pro-Presos y del Comité Departamental contra la pena de muerte y en defensa de las libertades públicas.

Su pensamiento sobre la igualdad, la justicia y la libertad y sobre la educación popular, aparece constantemente en sus intervenciones públicas. Con motivo del traslado a la cárcel de Medellín de un grupo de obreros de la Tropical Oil Company, presos desde hacía ocho meses por la huelga de Barrancabermeja, se incrementó la agitación social en la ciudad, y en una manifestación María Cano realizó la primera intervención en la que demostró sus dotes de agitadora y oradora pública. Pronunció una oración dirigida al juez de la causa, como mujer que en sus débiles brazos llevaba el corazón de la humanidad, y a nombre de los oprimidos, le dijo: «Cinco mil obreros de Barrancabermeja han querido que mi corazón traiga el eco de su clamor de justicia y el anhelo que ponen sus energías en esta hora sagrada. No vengo a pediros un mendrugo, no vengo a pediros misericordia, sino justicia. ¿En qué quedará Antioquia la altiva la noble, si se castiga oprobiosamente a los que han sabido levantarse enérgicos por la libertad y no han querido admitir la férula yanqui?». (El Correo Liberal, julio 7 de 1925). Durante esta época se ocupó nuevamente de la educación militar que se impartía a los reclutas, y dirigió una carta al gobernador y a los congresistas para promover las reformas necesarias ara que el «servicio militar obligatorio sea equitativo y honroso, o que no exista para que no sonroje él rostro de la Nación, que se llama libre» (El Correo Liberal, agosto 11 de 1925).Posteriormente junto con el ex presidente de la República Carlos E. Restrepo, llevó la palabra en una multitudinaria movilización contra la pena de muerte y en defensa de las libertades públicas; con su aguerrida intervención, María Cano irrumpió ante la opinión pública nacional. En una pequeña ciudad en la que la defensa de la moral provocaba plebiscitos para hacer retirar de una vitrina a la Venus de Milo, apareció esta pequeña, ágil y menuda mujer vestida de blanco, que se tomaba las plazas y las calles en nombre de la libertad, la igualdad y la justicia, dispuesta a enfrentar al régimen conservador, a luchar contra la ignorancia y la explotación de los asalariados y contra la voracidad de las compañías yankis. En una sociedad pacata, moralista y controladora, ella, una mujer de treinta y siete años, sola, sin varón que la respaldara, encarnó una transgresión cultural intolerable. Proveniente de esa especie de seres sin palabra pública, subió al púlpito y se tomó el verbo. Su palabra arrolladora hacía palpitar a las masas populares y temblar al establecimiento. Con un recuadro ilustrado por un numeroso grupo de beatas hincadas de rodillas, arropadas de la cabeza a los pies y camándula en mano, Ricardo Rendón, en una de sus famosas caricaturas, presenta a un niño preguntándole a su abuelo: «¿Es cierto abuelito que María Cano es una gran oradora?» y él le respondía: «Debe ser cierto mijito, porque en este país todas las mujeres son una grandes oradoras». Esta pincelada de la mentalidad de la época sobre las _mujeres, permite vislumbrar no sólo las rupturas y desafíos personales que asumió María, sino el impacto que sobre la sociedad tuvo su opción política. Ignacio Torres Giraldo describió así la estampa física de María Cano, en 1925: «Menudita, ágil y de bien distribuidas formas. De talle fino y manos y pies pequeñitos, blanca aperlada, de cara ya marchita. Sus ojos castaño oscuro, grandes para la talla -así como su boca-, miraban con recelo pero se hacían melancólicos ante la cámara fotográfica y dulces cuando trataba a los niños. Su cabello -castaño como los ojos-, entrecano, de común alborotado como divisa de su fuerte inclinación a la bohemia contagio de la familia Tejada- que supo controlar eficazmente en el período de agitación de masas. María no usaba ningún artificio de belleza facial, ni en su talle el clásico corsé o faja que le venía a reemplazar, con menos humos de señorío. Era negligente en el vestir y en general carecía de gusto para elegir colores y modelos de sus trajes>. A finales de 1925, María Cano comenzó las giras que la hicieron famosa en todo el país. En una época de marcado aislamiento regional, de precarios medios de comunicación social, ella era la emisaria de noticias que interesaban al pueblo trabajador y a la oposición, como las luchas de los trabajadores petroleros, de los del río Magdalena y de los bananeros; por las libertades civiles y políticas. Las gentes se lanzaban a las calles para apreciar a esa curiosa mujer que hablaba en público sobre asuntos de hombres, y cuando la escuchaban provocaba la adhesión de los pobres y la indignación de las élites. Su primera gira fue en la zona minera de Segovia y Remedios, después de la cual su lenguaje adquirió el carácter claro y directo que la distinguió: «Compañeros en pie. Listos a defendernos. Seamos un solo corazón, un solo brazo. Cerremos filas y adelante. Un momento de vacilación, de indolencia, dará cabida a una opresión más, a nuevos yugos. Valientes soldados de la Revolución Social ¡en marcha! ¡Oid mi voz que os convoca!» (La Humanidad, Cali, diciembre 22 de 1925). En 1926 trabajó en la preparación del III Congreso Nacional Obrero, para lo cual realizó una extensa gira por carretera desde Medellín hasta Ibagué, en compañía de su pariente el dirigente socialista Tomás Uribe Márquez. En Bogotá, el Congreso Obrero la eligió directiva del mismo, así como a quienes continuaban siendo sus compañeros de lucha: Ignacio Torres Giraldo, Raúl Eduardo Mahecha, Tomás Uribe M. y Alfonso Romero. Presidió una delegación ante el gobierno nacional para pedir la liberación de los presos políticos y sociales. El Congreso la proclamó Flor del Trabajo de Colombia y ella asumió allí el compromiso de trabajar por el Partido Socialista Revolucionario (PSR). Durante los años 1927 y 1928, María Cano realizó una intensa actividad propagandística en amplias zonas del país. Se movilizaba en carro, mula, caballo, ferrocarril, navegaba por nuestros ríos y en ocasiones se trasladó por vía aérea. Recorrió Boyacá, las riberas del río Magdalena, Caldas, Valle, Santander y la Costa Atlántica. En estas giras era recibida por multitudes que se agolpaban en las terminales ferroviarias para saludarla y acompañarla en sus concentraciones. En varias ocasiones fue detenida, en otras obligada a caminar kilómetros bajo vigilancia policía, hasta dejarla en predios de un departamento vecino, en veces fue recibida con fusilería para dispersar a los manifestantes. Hostigaba a los ricos por la injusticia social, al gobierno por la represión a la oposición, confrontaba y denunciaba a las compañías norteamericanas bananeras, petroleras y mineras, y al gobierno nacional por no garantizar el respeto a Ya integridad de los trabajadores y la soberanía nacional. A1 regresar a Medellín, en marzo de 1928, participó activamente en las campañas de solidaridad con Nicaragua, invadida por las tropas estadounidenses, así como en el Comité de Lucha por los Derechos Civiles contra la llamada "Ley heroica" (que autorizaba la represión y persecución de los movimientos sociales) y para lograr garantías para la oposición.
En noviembre de 1928, la huelga de las bananeras fue reprimida violentamente, produciéndose una masacre de obreros. La represión desatada llevó a María a prisión, junto con sus compañeros en Medellín. Estos hechos, así como la recesión de 1930, incidieron en la terminación de las labores del Congreso Nacional Obrero y al fraccionamiento del PSR. Las confrontaciones internas en el socialismo con la creación del Partido Comunista, afectaron duramente a María Caño y a sus compañeros de lucha, que fueron sometidos a duras críticas e inclusive a la expulsión por esa nueva burocracia política. Sobre este episodio se ha tejido una red de confusiones y desinformación; Alfonso Acosta Restrepo, compañero y amigo de María, testimonió así este proceso: «Yo estaba en entredicho y un día resolvieron hacer un debate para ver qué iban a hacer conmigo y me expulsaron. Hubo dos argumentos: el primero que yo era intelectual y que los intelectuales necesariamente eran traidores, y que se metían en el movimiento obrero para capitalizarlo, y yo era intelectual porque había hecho primero de bachillerato y sabía escribir a máquina. En esa asamblea María se opuso [...] pero resulta que ya estaba el expediente para echarla a ella también [...] El argumento para echar a María era éste: el pueblo antioqueño es antimatriarcal y la presencia de una mujer entre los obreros los asusta, los espanta, los obreros no quieren tener cuentas con mujeres». María Cano escribió en aquella época una reveladora carta a Guillermo Hernández Rodríguez, por aquel entonces dirigente de la creación del Partido Comunista, en la que le decía: «Usted acusa de conspiradores a mis compañeros del Partido Socialista Revolucionario y me quiere excluir a mí de tal responsabilidad, porque supuestamente estoy llevada y convencida por ellos, o sea, no me otorga la posibilidad de criterio personal. En este país, donde la mujer habla a través del cura, del marido o del padre, hay  esa costumbre. Pero ese debate yo no se lo voy a hacer, la gente sabe quién soy y cuál es mi criterio». En el marco de este proceso de lucha interna en la izquierda, María se vinculó como obrera de la Imprenta Departamental de Antioquia, en 1930, y luego pasó a servir a la Biblioteca Departamental, donde trabajó hasta 1947. Sin embargo, en 1934 apoyó activamente la huelga del Ferrocarril de Antioquia. Posteriormente se hundió en el más absoluto silencio, mientras en su ciudad natal se cuidaba con rigor a las hijas para que no acabaran convertidas en temidas "mariacanos", término acuñado para designar a las jóvenes rebeldes. En 1945, el movimiento de mujeres sufragistas le ofreció un homenaje en Medellín. Recién derrotado el nazismo, dijo en esta que fue su última intervención pública: «Un mundo nuevo surge hoy de la epopeya de la libertad, nutrida con sangre y con llanto y con tortura. Es un deber responder al llamado de la historia. Tenemos que hacer que Colombia responda. Cada vez son más amplios los horizontes de libertad, de justicia y de paz. Hoy como ayer, soy un soldado del mundo».

MAGDALA VELÁSQUEZ TORO

Bibliografía

ESCOBAR CALLE, MIGUEL. (Comp.). María Cano. Escritos. Medellín, Extensión Cultural Departamental, 1985. TORRES GIRALDO, IGNACIO. María Cano, apostolado revolucionario. Bogotá, Carlos Valencia, 1980. ZULETA RUIZ, LEÓN. María Cano y su época. Medellín, Escuela Nacional Sindical e ISMAC 1988. Ver también la película María Cano, dirigida por Camila Loboguerrero, FOCINE, 1990.

 

Esta biografía fue tomada de la Gran Enciclopedia de Colombia del Círculo de Lectores, tomo de biografías.
 

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