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Francisco Antonio Cano.
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Oleo de Ricardo Acevedo Bernal,
1971
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Museo Nacional, Bogotá.
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Pintor, escultor y grabador
antioqueño (Yarumal, 1865 Bogotá, 1935). Hijo de José María Cano, un diestro artesano
que ejerció la platería, la pintura, la escultura, el comercio y hasta los títeres,
Francisco Antonio Cano Cardona aprendió de su padre las primeras letras, el manejo de los
pinceles y colores, el uso del buril y de la cera perdida. Sus primeros años estuvieron
marcados por las privaciones propias del origen humilde. En 1883 se vinculó en su pueblo
a la asociación "Club de los amigos", que perseguía fines culturales, e
ilustró el periódico manuscrito que publicaban bajo el título Los Anales del Club. En
1885 decidió viajar a estudiar a Bogotá, pero la guerra civil que se libraba ese año lo
detuvo en Medellín. Allí recibió el apoyo de la familia Rodríguez, con quienes trabó
fuertes vínculos, especialmente con Horacio Marino y Melitón (1875-1942), que se
dedicaban a la fotografía. A1 parecer tomó lecciones con uno de los miembros de la
familia de pintores Palomino y con José Ignacio Luna, caucano que a la sazón enseñaba
en la ciudad. Subsistió gracias a los Rodríguez y a su talento, que lo llevó incluso a
hacer retratos hablados de personas muertas. En 1892 trabajó activamente en la
organización de la primera exposición de arte celebrada en Antioquia. En 1890 mostró
diversas pinturas y modelados en yeso, en la célebre Exposición Artística e Industrial
organizada por el gobierno de Antioquia, recibiendo todos los premios. Junto con Horacio
Rodríguez y Luis de Greiff publicó en 1896 El Repertorio, la primera revista ilustrada
de Antioquia, donde aparecieron grabados suyos y se inició como comentarista de
cuestiones artísticas. Dictó clases particulares en su estudio; su alumno más destacado
fue el escultor Marco Tobón Mejía (1876-1933). En 1897 logró viajar por una temporada a
Bogotá, donde se relacionó con los pintores del momento y ejecutó conocidos retratos de
hombres públicos. En 1899 realizó ilustraciones para la revista El montañés. Gracias a
gestiones de amigos influyentes, el Congreso Nacional le asignó una modesta suma de
dinero para estudiar en Europa. Viajó a París en 1899 e ingresó a las academias Julien
y Colarrosi, y visitó museos de distintos países del Viejo Mundo. Entre tanto participó
en exposiciones nacionales, ganando una sólida reputación como pintor de flores y
bodegones. Para conseguir prolongar su estadía, la sociedad medellinense organizó una
exposición y un concierto con el fin de recoger fondos. Cano regresó a Medellín en 1901
con la idea de impulsar la creación de una academia artística, sueño que vería
realizado doce años más tarde con la apertura del Instituto de Bellas Artes. En 1903,
con Tobón Mejía, emprendió una nueva aventura editorial, la revista Lectura y Arte, uno
de los más bellos ejemplos de la hemerografía nacional, de la que salieron 12 números.
Este mismo año contrajo nupcias con María Sanín. León, uno de sus hijos, también fue
pintor. Hacia 1911 se radicó definitivamente en Bogotá, tras una ingente labor de
enseñanza y ejercicio de la pintura y la escultura en Medellín. En Bogotá laboró como
director de la Litografía Nacional, y luego como profesor de la Escuela de Bellas Artes,
de la que llegaría a ser su rector entre 1923 y 1927. En 1913 ejecutó la que puede
considerarse su obra maestra: Horizontes, un cuadro que pronto alcanzó reconocimiento
público, llegando a convertirse en emblema de la epopeya colonizadora de la "raza
antioqueña". En los años diez y veinte, Cano se afanó por inscribirse en el gusto
dominante. La españolería, el "neocostumbrismo" y las pinturas patrióticas
conmemorativas (entre las que se destaca el Paso del páramo de Pisba), lo convirtieron en
un eximio representante de la academia artística, y en blanco de críticas de los
artistas jóvenes. Entre las esculturas de esos años cabe recordar la estatua de Rafael
Núñez para el Capitolio Nacional (ver tomo 7, p. 147). Al margen de tanto trabajo por
encargo, que obedecía a la necesidad de procurar el sustento, Cano consiguió realizar
una obra más personal, cercana ya no al gusto del público sino a sus convicciones
estéticas, destacándose piezas como Brumas (1922). Murió a los 69 años, pobre y casi
en el completo olvido .
SANTIAGO
LONDOÑO VÉLEZ
Bibliografía
CANO, FRANCISCO A.. Notas
artísticas. Compilación y prólogo, Miguel Escobar Calle. Medellín, Extensión
Departamental, 1987. LONDOÑO, SANTIAGO. Francisco A. Cano, vida, obra y época
(inédito).
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