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Andrés Caicedo.
Archivo El Tiempo, Bogotá.
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Escritor y cineasta nacido en
Cali, en 1951, muerto allí mismo, el 4 de marzo de 1977. Alguna vez Andrés Caicedo
Estela dijo que vivir más allá de los 25 años era una vergüenza. Y lo cumplió, se
murió a los 25 años de edad. Fue uno de esos pocos genios que hizo lo que predicó. Hizo
cine y escribió cine, hizo teatro y escribió teatro, escribió cuentos y una novela y
reflexionó sobre el arte de escribir. Para él estaba primero la acción y después la
reflexión; eso hizo que produjera a una marcha vertiginosa, hasta el punto en que él
como persona casi no existía, porque era más grande su obra. Sus críticos lo han visto
como un desarraigado, un desadaptado o un ser trágico, pero más allá de la mirada
superficial, estaba el artista afanado por vivir intensamente. La producción intelectual
de Andrés Caicedo empezó desde los 10 años. A finales de los sesenta se conocieron sus
primeras piezas dramáticas: La piel del otro héroe y Recibiendo al nuevo alumno; al
mismo tiempo montó piezas como La noche de los asesinos, de José Triana y Las sillas, de
Eugenio Ionesco; también adaptó al teatro Moby Dick, la novela de Hermann Melville.
Mientras tanto, empezaban a aparecer sus primeros cuentos en los suplementos dominicales
de los periódicos de Cali. Participó en las reuniones del grupo de escritores llamado
Los Dialogantes, cuyos miembros eran, entre otros, Gustavo Alvarez Gardeazábal, Carmiña
Navia, Eduardo Serrano y otros. Andrés Caicedo era un adicto al cine; fundó y dirigió
(junto con Ramiro Arbeláez, Hernando Guerrero y Luis Ospina, entre otros) el Cine-Club de
Cali, que funcionaba los sábados a las 12:30 p.m., primero en la sala del Teatro
Experimental de Cali (TEC), después en el Teatro Alameda, y finalmente en el San
Fernando.
En 1972 intentó llevar al cine su
guión Angelita y Miguel Angel, en codirección con CarIos Mayolo, pero este fue un
intento frustrado. Consignó su experiencia como espectador de cine en artículos de
prensa aparecidos en El Diario de Occidente y El Pueblo, de Cali; y después comenzó a
publicar la revista Ojo al Cine, que se convertiría en 1974 en la revista especializada
más importante del país, pero sólo llegó a editar cinco números de ella. Caicedo era
un trabajador compulsivo «por sus diarios, observamos que sus horarios eran estrictos en
lo que a lecturas, montajes teatrales y escritura se refiere. Desde las primeras horas de
la mañana hasta las últimas de la noche, Andrés parecía no pensar en otra cosa que en
forjar su propia obra, inventar su propio universo, darle vuelta a sus propios caprichos y
tratar de acumular la mayor cantidad de escritos, películas vistas y obsesiones, para
llegar bien armado a la hora de la muerte [...] La precocidad de Andrés se delata en la
insólita disciplina que mantuvo para todos sus proyectos, comenzando desde muy temprana
edad. Valga anotar que sus lecturas están todas consignadas en un fólder
considerablemente voluminoso, donde da cuenta de cada libro leído con un comentario de
más o menos una cuartilla de extensión, sobre el texto. En dichas notas podemos ver casi
que un plan de lecturas impuesto por sí mismo desde sus once o doce años, como si de
antemano supiera que debía llenar todos los baches en su cultura tan rápido como fuera
posible», cuentan Sandro Romero y Luis Ospina. En 1969 Caicedo escribió siete versiones
del cuento "Los dientes de Caperucita", ganador del segundo premio del Concurso
Latinoamericano de la Revista Imagen de Caracas. En 1972, el relato "El tiempo de la
ciénaga" fue laureado en el concurso Universidad Externado de Colombia de Bogotá.
En 1974 viajó a Estados Unidos con cuatro guiones de largometraje escritos por él y
dispuesto a vendérselos a Roger Corman, director que admiraba profundamente; sin embargo,
aunque traducidos por su hermana, los guiones nunca llegaron a manos de Corman. En Estados
Unidos, Caicedo se dedicó a ver cine, comenzó a escribir la única novela que terminó:
ˇQue viva la música!, inició un diario que pretendía convertir en novela (Pronto:
Memorias de una cinesífilis), y profundizó su afición por la música (blues y rock,
especialmente los Rolling Stones). Regresó a Colombia y en 1975, con el patrocinio de su
madre, publicó el relato El atravesado. Siguió escribiendo compulsivamente y entregó a
Colcultura la versión final de ˇQue viva la música! para su publicación. Alcanzó a
recibir un ejemplar de la novela, antes de suicidarse en la tarde del 4 de marzo de 1977.
ˇQue viva la música! se convirtió, rápidamente, en un éxito y en símbolo del
sentimiento de los jóvenes; la novela fue reeditada y apareció publicada también en
Italia. La producción inédita de Andrés Caicedo abarca decenas de cuentos, varias
novelas, obras de teatro, adaptaciones para el cine; guiones de largometrajes, reflexiones
y numerosa correspondencia. Los temas predominantes en su obra son las locuras juveniles
en medio del desvarío y la perdición que produce la ciudad concebida como suburbio.
Pocos años después de morir, sus familiares y amigos crearon una fundación para
publicar toda su obra inédita [Ver tomo 4, Literatura, p. 301].
LUIS CARLOS
MOLINA
Bibliografía
ALVAREZ GARDEAZÁBAL, GUSTAVO.
"Obra y figura de Andrés Caicedo". El Café Literario, Vol. 1, N°- 1
(enero-febrero 1979). BARRIENTOS ORTIZ, CARLOS. "Dos palabras acerca de Andrés
Caicedo". El Pueblo, Cali, marzo 4 de 1984.CAICEDO, ANDRES. ˇQue viva la música!.
Bogotá, Colcultura, 1977. CAICEDO ANDRES. Destinitos fatales. Selección y prólogo,
Andrés Romero Rey y Luis Ospina. Bogotá, Oveja Negra, 1984. CAICEDO, ROSARIO. "A mi
hermano le gustaba ir al cine". El Pueblo. Cali, octubre 6 de 1985.
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