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Eduardo
Caballero Calderón.
Fotografía de Ernesto Monsalve.
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Escritor y periodista nacido
en Bogotá, el 6 de marzo de 1910, muerto en la misma ciudad, el 3 de abril de 1993.
Creador de un mundo imaginario universal denominado Tipacoque, Eduardo Caballero Calderón
fue un autor de escritura rápida y corrección lenta, lo que le permitió obtener un
producto depurado, quizás demasiado reflexivo por la gran influencia del ensayo, que
practicó con excelentes resultados. Hijo del general Lucas Caballero, jefe del Estado
Mayor Liberal en Cauca y Panamá durante la guerra de los Mil Días, y de María del
Carmen Calderón, Caballero Calderón se inició desde muy joven como periodista y
escritor. Miembro de una familia muy relacionada con las letras -su padre fue, además,
reconocido periodista-, escribió, junto con sus hermanos Lucas y Enrique, la obra Rabo de
paja. Cuando terminó su bachillerato en el Gimnasio Moderno de Bogotá, ingresó a la
Universidad Externado de Colombia y cursó tres años de Derecho, pero lo abandonó por el
periodismo y la política. Desempeñó cargos diplomáticos en Lima, Buenos Aires, Madrid
y París; fue encargado de Negocios en España (1946-1948), embajador de Colombia ante la
Unesco (1962-1968), diputado a la Asamblea de Boyacá y Cundinamarca, representante a la
Cámara (1968-1970) y alcalde de Tipacoque, en Boyacá (1968-1971). Se vinculó como
corresponsal al diario El Espectador, y en 1938 pasó a El Tiempo, donde publicó casi
ininterrumpidamente una columna que firmaba con el seudónimo Swann. Más adelante
asumió, junto con el poeta Eduardo Carranza, la dirección del Suplemento Literario de El
Tiempo. El primer relato extenso que escribió fue Tipacoque, publicado en 1940, en el
cual ya se vislumbraba al futuro novelista; aquí se contraponen lo rural y lo urbano,
marcados por olores, enfermedades y virtudes que se despliegan en la vida cotidiana.
Después publicó El arte de vivir sin soñar (1943), los ensayos Latinoamérica, un mundo
por hacer (1944) y Suramérica, tierra del hombre (1944), que recogen sus reflexiones
durante los viajes como corresponsal; Breviario del Quijote (ensayo, 1947), aparecido
después de que fuera nombrado encargado de negocios en España, Ancha es Castilla (1950),
una guía espiritual de España, y en ese mismo año, Diario de Tipacoque (cuadros de
costumbres). En 1952 publicó su primera novela, titulada El Cristo de espaldas, en la
cual el dominio de la técnica es evidente. En 1954 apareció Siervo sin tierra,
considerada la consolidación del escritor en cuanto a la técnica, al mundo imaginario
que logra proyectar y la construcción de los personajes; allí se presenta toda la
problemática de la miseria de los campesinos, explotados y desposeídos, abandonados a un
mundo que los arrasa. En 1955 su producción literaria siguió fluyendo, aparecieron,
entre otros: La penúltima hora (novela, 1955), el ensayo Americanos y europeos (1956),
Historia privada de los colombianos (colección de ensayos, 1960), Manuel Pacho (1962),
novela que Caballero Calderón reconoce como su obra preferida, Los campesinos
(recopilación de artículos de prensa, 1962), la novela El buen salvaje (Premio Nadal
1966), Memorias infantiles (1968), Caín (novela, 1968)"' Yo, el alcalde (memorias,
1972), donde aparece la conocida frase: «Soñar un pueblo para después gobernarlo»;
Azote de sapo (novela, 1975), Historia de dos hermanos (novela, 1977), Tipacoque, de ayer
a hoy(1979), Hablamientos y pensadurías (memorias, 1979), El cuento que no se puede
contar, y otros cuentos (1981), Bolívar una historia que parece un cuento (1983). Sus
novelas, ensayos, cuentos y relatos han merecido distinciones especiales y han sido
traducidos a otras lenguas; Siervo sin tierra, por ejemplo, fue traducido al italiano,
portugués, alemán, inglés, francés, checo y ruso. Todas sus actividades se han visto
reflejadas de alguna manera en sus obras. Donde más se nota la experiencia adquirida como
diplomático es en El buen salvaje, donde narra la vida de un estudiante en el exterior y
las dificultades que de ello se derivan. Caballero Calderón fue socio fundador, en 1954,
de la Editorial Guadarrama en Madrid y colaboró con diversas revistas. Fue miembro de la
Real Academia de la Lengua y del Círculo de Periodistas de Bogotá. Escritor fecundo,
según Luis María Sánchez, «su prosa castiza, sencilla y clara se observa en sus
preciosas obras infantiles, en su vigorosa narrativa y en la sobriedad de sus ensayos,
algunos de los cuales fallan por dogmáticos». Caballero Calderón manejó ante la vida
una actitud pedagógica, que ejerció en la educación de sus hijos y en la publicación
de cartillas infantiles que enseñaban la historia de manera didáctica. En cuanto al
ensayista, su obra a veces se ve interferida por la acción del narrador. No puede evitar
dar testimonio del drama rural, quizás por esa constante en las letras nacionales que
impele a los escritores a escribir por y sobre los acontecimientos que los rodean y
afectan en su vida diaria. Algo similar ocurre en las obras narrativas, donde interfiere
la actitud del ensayista; esto repercute en la falta de una relación entre la historia y
el narrador que produzca un acento de sinceridad, a pesar de predominar la narración en
primera persona [Ver tomo 4, Literatura, pp. 234-236 y 276-279].
LUIS CARLOS
MOLINA
Bibliografía
ARAÚJO, HELENA. "Acerca de la
narrativa de Caballero Calderón". Ideas y Valores, N-° 30/31 (Bogotá, 1968).
BEDOYA, M., LUIS IVAN Eduardo Caballero Calderón. Medellín, Universidad de Antioquia,
1984. "Caballero de las letras". Semana, N°- 571 (abril 13-20 de 1993).
HERNANDEZ, JOSÉ "Eduardo Caballero Calderón a los ochenta años". Lecturas
Dominicales, El Tiempo, marzo 18 de 1990. HERRERA, LUIS CARLOS y otros. "Trayectoria
de un novelista: Eduardo Caballero Calderón". Boletín Cultural y Bibliográfico,
Vol. 12, N° 2 (1969). Lecturas Dominicales, El Tiempo, abril 18 de 1993.
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