Militar, estadista y
escritor antioqueño (Rionegro, julio 2 de 1838 - Marinilla, enero 4 de 1864), presidente
de Antioquia (enero 16 de 1863 - enero 4 de 1864). A1 evocar la memoria de Pascual Bravo,
sucede algo semejante a lo que se experimenta al pensar en José María Córdova: el
ánimo se contrista y la resignación difícilmente encuentra campo. Dos jóvenes
generosos, denodados, paladines de ideas utópicas, a las que sacrifican su vida tan
fácilmente, ¡esas vidas llenas de ilusiones y que ofrecían las mejores perspectivas a
la patria! Vino al mundo Pascual Bravo en Rionegro, el 2 de julio de 1838, del matrimonio
de Pedro Bravo Bernal y Marcelina Echeverri Escalante. El abuelo paterno, Manuel Bravo
Daza, hijo de gaditano, había nacido en Santafé de Bogotá y se había establecido en
Rionegro, donde se ejercitó en la noble tarea de la enseñanza. Principió los estudios
en el colegio de San José, de Medellín, dirigido por los padres jesuitas, y sobresalió
allí entre sus condiscípulos, por su aplicación, su aprovechamiento, y su piedad,
debido a lo cual se le colocó al frente de dos cátedras, las que regentó con habilidad
y competencia. De esa época datan algunas composiciones poéticas, religiosas y
patrióticas que produjo Bravo. Cuando el funesto destierro de la Compañía de Jesús en
1850, parece que Bravo pasó al plantel que tenía en Medellín el presbítero José Cosme
Zuleta y más tarde ingresó en el establecimiento que funcionaba en Sonsón, regido por
el ingeniero francés Alfredo Callón, en el que terminó los cursos de matemáticas,
física e historia, y se inició en las investigaciones jurídicas y administrativas.
Después se trasladó a Rionegro, a colaborar en los negocios de su padre. Allí estrechó
relaciones con Camilo Antonio Echeverri que sostenía con brío la causa liberal, y
posiblemente influyó no poco, en la evolución de las ideas políticas de Bravo. Este se
interesaba más que por las especulaciones comerciales, por la lectura, a la que se
consagró con asiduidad y constancia, sin parar mientes en que le ocasionara mengua en la
salud. En seguida, resolvió Bravo fundar una hacienda en el sitio de Providencia, en la
región del Nus, donde alternaba el manejo del hacha del antioqueño, con el estudio de
las ciencias económicas, filosóficas y jurídicas, faenas que abandonó para combatir,
ora por la prensa, ora por medio de las armas, el gobierno de la Confederación Granadina
presidido por Mariano Ospina. El día en que Pascual supo que las fuerzas federales que
salieron de Bolívar, dirigidas por Ramón Santodomingo Villa, invadían a Antioquia,
entrando por Zaragoza, voló a unírseles. Esas fuerzas se tomaron la población de Anorí
el 7 de abril de 1861, pero el 8, las gobiernistas, desplazaron a los liberales de la
posición de Tinajitas. El 18 de junio del mismo año, las tropas conservadoras mandadas
por el coronel Braulio Henao, alcanzaron un ruidoso triunfo en la batalla de Carolina, en
la que Bravo no obstante el coraje con que luchó, cayó en manos de sus enemigos.
Conducido a la cárcel de Medellín, no desmayó todavía en la tarea de combatir a Ospina
por la prensa. Tras la entrega de los conservadores, en virtud del convenio de Aldea de
María el 13 de octubre de 1862, Bravo obtuvo la libertad, y el general Mosquera
confirióle el empleo de prefecto de Occidente, en cuyo desempeño le tocó la
desagradable comisión de conducir al obispo de la diócesis, don Domingo Antonio Riaño,
de la ciudad de Santa Fe de Antioquia a Medellín, en noviembre de 1862, a entrevistarse
con el general Mosquera, para una conferencia sobre sometimiento a los decretos
dictatoriales sobre tuición y sus semejantes. Bravo hizo parte de la Legislatura
Constituyente del Estado y de la Convención de Rionegro, y suscribió la Constitución
que aquélla expidió en enero de 1863, mas no la. de la Convención, porque ya se había
retirado de las sesiones, en las que, dicho sea de paso, se había mostrado favorable a la
tendencia política del general Mosquera. Fue nombrado por la mencionada Legislatura,
designado en tercer lugar, para gobernador de Antioquia. Gobernó primero del 16 de enero
de 1863, al 23 del mismo mes, supliendo transitoriam'ente al doctor Antonio Mendoza.
Luego, reemplazando a dicho Mendoza de manera definitiva, del 16 de abril de 1863, al 4 de
enero de 1864. Hemos tomado la mayor parte de los datos anteriores, del documentado
trabajo que publicó en 1924 Estanislao Gómez Barnentos en el Repertorio Histórico, de
Medellín, sin dejar de aprovecharnos de informes apreciables que consigna Jorge Ospina
Londoño en el libro que sobre Bravo sacó a luz en 1938. En las Genealogías de Santafé
de Bogotá, impresas en 1928, que arreglamos en asocio de Raimundo Rivas, se hallan varias
noticias acerca de los ascendientes de la familia Bravo. Oigamos ahora, de boca del propio
Pascual, algo sobre su vida, que aunque, en realidad de verdad contiene muchos de los
datos ya dados, ofrece al lector algunos pormenores nuevos y la ventaja de proporcionarle
materia para conocer el estilo literario de ese distinguido ciudadano, y el nervio con que
escribía. Trátase de una réplica a un artículo de La Opinión de Bogotá, en el que se
decía que Bravo, por figurar entre los instrumentos de Mosquera, había obtenido
determinados gajes, réplica que se publicó también en el periódico ya citado, en el
número del 29 de julio de 1863, y que encierra el encanto peculiar a todas las
producciones autobiográficas: «Yo no soy ambicioso, ni un instrumento: mi vida corta (es
cierto que no tengo sino 25 años menos 25 días), pero ajena a crímenes, lo comprueba.
Me uní al partido liberal siendo muy joven, por propia convicción, cuando el conservador
dominaba absolutamente esta tierra y a él me Ilamaban mis afecciones personales, las
influencias que me rodeaban y los halagos de un porvenir seguro y brillante, y a la edad
de 17 años ataqué por la prensa las maquinaciones del doctor Ospina, que preveía y los
sucesos posteriores han puesto en claro.Cuando la guerrà en Santander y Bolívar abracé
con ardor la causa de estos estados, y publiqué una hoja suelta atacandó la idea ya
enunciada de la neutralidad,, de este Estado, como un lazo que el círculo conspirador
tendía al partido republicano. Mis advertencias fueron desechadas como desautorizadas,
pero los sucesos posteriores me dieron la razón. La revolución estalló el 8 de mayo, y
yo que vivía tranquilo entregado a mis labores de agricultura, abandóné una empresa
valiosa, fruto de mil sudores y trabajos para lanzarme a la defensa del pueblo. Hice lo
que pude por la prensa, por la palabra y la acción, siempre en última fila para el
presrigio y la autoridad siempre en la primera para los sacrificios y la abnegación.
Convencido de que el partido liberal del estado marchaba a un precipicio, resolví
ocultarme, sin recursos, agobiado por una penosísima enfermedad. En Nare fui preso y en
Honda tuve el honor de ver al doctor Cuéllar, y en Méndez el de ponerme a la
disposición del general Mosquera. Entonces nosotros los hombres de las primeras filas
entre los políticos, formaban a la orilla del Magdalena. Agobiado por una fiebre
horrorosa me puse en marcha para San Bartolomé al primer llamamiento del coronel Mejía,
llevándome algunos recursos y 7 compañeros, que fuimos la base primera y única de la
expedición que emprendió sobre Antioquia. Hice esta campaña como soldado del batallón
Girardot hasta que pasé en Carolina al Vencedores con el grado de teniente. Estos cuerpos
formaron siempre en primera fila frente al enemigo. Prisionero en ese funesto campo
después de un combate de 24 días, en el que no cesé de estar en la primera fila, vine a
esta ciudad (Medellín) con mi salud, mi libertad y mi propiedad completamente perdidas en
servicio de la patria. El pueblo liberal de Antioquia sabe que no pretendí un momento
puesto alguno, sino el de soldado; que acepté el grado de teniente con que me honraron
mis compañeros, forzado por la presencia del enemigo que aparecía orgulloso seis veces
superior en número, y al hacerme oficial se me destinaba a la guardia de un puesto
importante en la primera fila, en el cual me cupo el honor de romper los fuegos, que se
sostuvieron sin cesar durante todo el sitio, habiendo sido ese el puesto atacado con más
tenacidad por el enemigo; sabe que a su lado marché con mi fusil al hombro, en esos días
en que todo era desesperación y angustias; que en él alterné en el servicio de
centinelas; que dividí su lecho y su pan de campaña, y a su lado me vio en los momentos
del fuego... Soy cristiano y patriota. Mi plan, mi úruco plan al restablecerse la paz,
era volver a mis tareas agrícólas con el fin de levantar de las ruinas el
establecimiento que había montado con gran costo y trabajo. Pero los gobernadores que se
sucedieron entonces me destinaron todavía a servir, y yo no podía excusarme en esas
circunstancias. Marché a Antioquia como prefecto, y siéndolo se formó allí una junta
eleccionaria; formaron dos listas de candidatos, una para la legislatura y otra para la
convención; en ambas colocaron mi nombre, y cuando me las manifestaron, supliqué con
ahínco y logré que se me borrara de ambas... Sin conocimdento mío fui adoptado en otras
listas en esta ciudad como candidato para ambos puestos [... ] Electo diputado a pesar de
eso, he votado en una y otra asamblea con mi conciencia». El mencionado Ospina Londoño,
reprodujo diversos artículos políticos de Bravo, en los cuales, como acertadamente lo
observa aquél, se nota la imitación del estilo francés del siglo xix, seguido también
por Camilo Antonio Echevern. Dice Ospina que el estilo «cortado, cortante» de Bravo, da
la impresión «de una lluvia de saetas, de un pinchazo constante». Respecto de poésías
de don Pascual, conocemos la oda "A la libertad" que corre impresa en el libro
de Ospina, y las composiciones tituladas "Oración" y
"Espiritualismo", insertas en Antioquia Literaria, de Juan José Molina. La
segunda es sencilla y delicada. No nos consideramos suficientemente versados para emitir
un concepto sobre el mérito literario de tales piezas. De los escritos políticos,
opinamos que están de acuerdo con aquel liberalismo romántico que imperaba en la época,
que veía espantos y monstruos fantásticos en todas partes; que se aterraba con las
palabras teocracia y jesuitismo, dándoles un significado de extensión arrobadora, y que
propinaba tajos y mandobles, casi siempre inofensivos por lo exagerados, a todo el que no
pensara con él o no se cubriera bajo el mismo mote. A través de las producciones de
Bravo, se descubre el anhelo por la depuración de los sistemas administrativos, pero no
se oculta el fanatismo que ofuscaba la noble mente del autor.
Pascual Bravo fue elegido presidente
provisorio de Antioquia, por la legislatura del Estado, el 16 de abril de 1863, en
competencia con Salvador Camacho Roldán, y el propio día se hizo cargo del mando, no sin
que se suscitaran serias críticas acerca de la manera precipitada y violenta empleada por
aquella entidad para arrojar de la gobernación al doctor Antonio Mendoza. Pascual Bravo,
durante su administración, propendió por el funcionamiento de la casa de moneda de
Medellín, para lo cual aprobó un contrato con el gobierno de la Unión, pues lo que
anteriormente se había hecho en el ramo, no pasaba de ser un ensayo digno de aprecio;
consiguió que se editara un periódico por cuenta del Estado, que se llamó Gaceta
Oficial; se interesó por la comunicación de Antioquia con el mar; organizó la
penitenciaría y la escuela de artes y oficios, y fue pulcro en el manejo de la hacienda
pública. Dictó un decreto con el objeto de realizar mejor la recaudación de las rentas
y sostener la fuerza pública, el que no surtió el efecto apetecido, por lo que, el 9 de
octubre de 1863, dictó otro sobre "conscripción militar°, recibido por el partido
conservador como un reto, y que produjo, por consiguiente, inmenso revuelo. Tomó algunas
medidas sobre la inspección de cultos, en armonía con las arbitrarias y tiránicas que
había adoptado el general Mosquera, lo que aumentó con razón, el desconte de la
mayoría del pueblo antioqueño. En medio de esa atmósfera que se había creado, surgió
fácilmente en el mes de diciembre el movimiénto conservador, que tomó cuerpo con
rapidez. Bravo dio el día 9 una alocución encaminada a levantar los espíritus. La
guerra civil terminó con la derrota definitiva del gobierno, a pesar de la admirable
diligencia y de la valentía de Bravo, en el combate del Cascajo, cerca de Marinilla, en
el que cayó exánime de su caballo este joven magistrado, herido en el pecho de un balazo
que le causó la muerte instantánea, el 4 de enero de 1864. Don Pascual tuvo por esposa a
su parienta doña Obdulia Escovar Bravo, a la que amó entrañablemente.
JOSÉ RESTREPO
POSADA
Gobernadoies de Antioquia