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Este colombiano amante de la música cuyo instrumento preferido
fue el órgano, nació en Medellín el 16 de mayo de 1902 y falleció en Apía el 13 de
abril de 1952. Se educó con los padres franciscanos del convento de San Benito, comunidad
religiosa que luego lo acogió también en el seminario de Cali en el que hizo el
Seraficazo y algunos estudios de música, luego pasó al seminario de Ubaté en el que
realizó el Coristado y luego el Diaconado en el seminario de Bogotá. De esta primera
época datan las primeras composiciones: la Barcarola con letras de fray
Alfonso Otero en 1920, y los villancicos Un niño tan fragante, Venid
zagalas y Niño de mi alma, composiciones influenciadas por la
tradición franciscana de la navidad.
Después de retirase de la orden en 1925 y regresar a su tierra natal, el maestro José
María es nombrado organista mayor de la iglesia parroquial de La Ceja (municipio cercano
a Medellín) y director de la Banda de Música. En 1928 fue nombrado director del diario
conservador La Defensa; en 1929 fue elegido Diputado a la Asamblea
departamental de Antioquia; en 1932 fundo con la colaboración de Anne Marie Stober lo que
se llamaría posteriormente Orfeón antioqueño, primero un pequeño coro y
luego varios que finalmente se convirtieron en una enorme masa coral integrada por
estudiantes, empleados, y obreros que cedieron ante su hoy popular frase: todo el
que habla canta.
Los siguientes son, entre muchas otras, algunos títulos de las composiciones del maestro
José María Bravo: Sinfonía de los Andes, Recibo orfeónico,
Misa en honor de San Joaquín, Mane nobiscum y Canción de
cuna para mi madre muerta.
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