Escultor antioqueño
(San Antonio del Prado, julio 2 de 1919 - Medellín, noviembre 10 de 1959). La presencia
de lo telúrico es la característica más notable en los trabajos de José Horacio
Betancur. Hijo mayor y único hombre del matrimonio conformado por Rafael Betancur y
María Betancur, sus hermanas fueron Josefina, Graciela, Elvia y Enriqueta. Los Betancur
eran una familia humilde, que se sostenía con el trabajo del padre en la Tipografía
Bedout, por esta causa José Horacio tuvo que retirarse del colegio, cuando cursaba quinto
año elemental, para vincularse a la Tipografía, donde desempeñó diversos oficios,
desde los 14 hasta los 19 años. Desde sus primeros años de colegio, demostró habilidad
para la escultura, tallaba los mangos de las caucheras de sus compañeros con figuras
femeninas. Estando en la Tipografía, talló para la iglesia de La Candelaria, en un
tronco de naranjo y con una navaja común y corriente, la imagen del Señor Caído. Sus
compañeros de trabajo lo impulsaron, entonces, para que se inscribiera en el Instituto de
Bellas Artes. Allí estudió durante tres años; recibió clases de dibujo y escultura con
los profesores Gustavo López y Carlos Gómez Castro, siendo el director de la
institución Eladio Vélez. A través de libros, Betancur descubrió los conceptos
estéticos del escultor español del siglo XVI Alonso Berruguete, quien ejerció alguna
influencia en su trabajo, especialmente en su gusto por las grandes masas y «cierto
desprecio por la corrección». El trabajo escultórico de José Horacio Betancur hace
referencia a las leyendas que componen nuestra mitología.
Su obra intenta recuperar y
conservar el simbolismo primitivo, las concepciones elementales de la raza, sus
supersticiones y creencias ancestrales. Esta es la manera particular como Horacio Betancur
asimiló la inquietud nacionalista que rondaba la creación artística durante los años
treinta. En 1941 contrajo matrimonio con Enriqueta Tamayo. De este matrimonio nacieron
cuatro hijos: Dora, Horacio, Miguel Angel e Inés. De ellos, Miguel Angel es el único
que, como su padre, se dedica a la escultura. En 1948 Betancur hizo su primera muestra
individual en el Museo Zea, con 36 tallas en piedra y madera y varios estudios en granito.
Luego volvió a exponer en 1951 en el mismo museo, piezas en mármol y madera de
considerable tamaño. Entre sus obras, las de mayores dimensiones son La Madremonte (ver
tomo 6, p. 271), hoy localizada en el Cerro Nutibara de Medellín, y La Bachué, ubicada
en una fuente luminosa frente al Teatro Pablo Tobón Uribe, también en Medellín. Ambas
esculturas fueron realizadas en los primeros años cincuenta, y fueron muy criticadas en
su momento, más por razones éticas que estéticas. Para financiar el alto costo de los
materjales que demandaba su oficio, Betancur montó con su compañero de clases en el
Instituto de Bellas Artes de Medellín, Alberto Fernández, un taller de marquetería en
el barrio Buenos Aires. Allí tallaba los marcos en madera con relieves decorativos de
hojas y frutos. El negocio prosperó y más tarde, en 1943, apareció como dueño de un
taller de ebanistería que llevaba el nombre de "Luis XV, lo que el arte logra en
madera". La mexicana María Antonia Pellicer, cliente de su taller y admiradora de
sus esculturas, se convirtió en su mecenas, le compró obras y le ayudó económicamente
para que pudiera continuar su trabajo de escultor. José Horacio Betancur empezó a
figurar como artista desde 1944, pero su carrera se vio interrumpida prematuramente,
debido a un accidente con un arma de fuego que le quitó la vida. Murió en Medellín, a
los 40 años de edad.
CLAUDIA UMAÑA
Bibliografía
BEDOYA CÉSPEDES, LIBARDO.
"JOSÉ HORAClO Betancur: artista de la gubia y el cincel". El Colombiano, agosto
28 de 1983. RUBIANO CABALLERO, GERMÁN. Escultura colombiana del siglo XX. Bogotá, Fondo
Cultural Cafetero, 1983.