Político,
ideólogo y periodista santandereano (Oiba, Provincia del Socorro, abril 21 de 1787 -
Hacienda La Esperanza, La Mesa, Cundinamarca, septiembre 28 de 1844). En el proceso
histórico de Colombia en la primera mitad del siglo XIX, Vicente Azuero Plata es
considerado como uno de los grandes ideólogos del liberalismo utilitarista o benthamista,
y uno de los grandes colaboradores de Francisco de Paula Santander en la organización de
la República. Fueron sus padres Ignacio Javier de Azuero, alcalde y justicia mayor y
doña Micaela Plata y Acevedo. Siendo y pequeño, sus padres lo trajeron Santafé de
Bogotá, donde ingresó al Real Colegio de San Bartolomé, después de haber comprobado su
limpieza de sangre y la posición destacada de su familia, requisitos que se consideraban
indispensables para poder ingresar al Real Colegio. Una vez culminados sus estudios de
jurisprudencia, obtuvo el título de Abogado en 181.0. En ese mismo año participó en la
revolución , granadina, cuando en Santafé de Bogotá se vinculó como oficial al
batallón de Guardias Nacionales. En la primera República Granadina, Azuero Plata fue
vicepresidente del Cantón de San Gil, y en 1814 fue miembro de los colegios
constituyentes y electorales y del Senado del Estado Libre del Socorro. Cuando regresó a
Santafé, en 1815, ocupó el cargo de oficial mayor de la Secretaría General de Gobierno
y la de Relaciones Exteriores. En los años de la Pacificación Española y del Régimen
del Terror, Azuero fue hecho prisionero por los realistas, junto con los criollos
revolucionarios Luis Rubio, Manuel Serna y Pedro Pérez. Según el informe de las
autoridades realistas, «todos chisperos, alborotadores y enemigos de los españoles».
Estuvo en prisión hasta el último día del Régimen del Terror, cuando los realistas lo
llevaron en su fuga, después de la batalla de Boyacá; sin embargo, logró evadirse en La
Mesa, de las fuerzas derrotadas de Calzada. Así se expresó en su folleto Vindicaciones
del ciudadano Vicente Azuero, publicado un lustro después: «Pocos días después fui
reducido a prisión; un año entero duró ésta, habiendo escapado de acompañar en el
patíbulo a tantas víctimas ilustres, por diversas vicisitudes que me favorecieron. Lejos
de poder asistir a comilonas y saraos; lejos de hacer la corte a los godos, vivía casi
retirado de la sociedad reducido a tratar con muy pocos amigos; y puedo también
lisonjearme de no haber tenido amistad ni comunicación alguna con ningún individuo de
las tropas expedicionarias. Apenas había obtenido la libertad, nuevas persecuciones y
pesquisas se suscitaron no pasó mucho tiempo sin ver conducir preso y aherrojado a un
sacerdote hermano mío, y algunos meses después me seguí yo mismo, sufriendo un general
embargo y registro de mi casa, criados, muebles y papeles, y habiéndome remachado un par
de grillos y sepultándoseme en calabozos privado de comunicación; hasta que habiéndome
arrebatado consigo, siempre preso y a pie de los españoles, en fuga después de la
jornada de Boyacá, logré evadirme de ellos en el camino». Después del triunfo patriota
en la batalla de Boyacá, que llevó a la culminación de la Independencia, Azuero
intervino en la solemne fiesta que el pueblo santafereño celebró en honor del Libertador
Simón Bolívar, el 19 de septiembre de 1819. En su discurso, Azuero pronunció una
célebre frase que está grabada en el obelisco en homenaje a los Libertadores, que se
localiza en el campo histórico del Puente de Boyacá: «El mayor de los bienes es la
Libertad y el más grande de los hombres el que sabe conquistarla para los demás». En su
respuesta, el Libertador Simón Bolívar, abrumado por los elogios, contestó: «Ilustre y
grande orador: el héroe que has descrito no soy yo. Procura tú imitarlo y yo lo
admiraré». Según la tradición histórica, en esta seca respuesta se contiene el
secreto de la animadversión que en adelante profesó Azuero hacia Bolívar.
En los años 1819 y 1820, Vicente Azuero
colaboró en el gobierno republicano como presidente de la Comisión de Secuestros,
auditor de Guerra y miembro del Tribunal de Recurso en los casos de injusticia notoria. Le
correspondió practicar en asocio de los señores Juan José Neira y Tiburcio Echeverri,
las informaciones sobre la conducta de los 38 prisioneros españoles. No estuvo de acuerdo
con la solución que dio el gobierno de Santander, en su condición de vicepresidente de
la República, del fusilamiento de José María Barreiro, Jiménez y 36 oficiales más,
prisioneros en el campo de Boyacá. En su renuncia, Azuero le dijo a Santander, con
absoluta honradez, que el cargo «era inútil y dispendioso para la República». El 11 de
octubre de 1819, Santafé presenció el fusilamiento de los 38 prisioneros españoles; el
vicepresidente Santander se escudó en que todavía estaba vigente el decreto de guerra a
muerte, y además, que los prisioneros constituían un peligro para la patria, pues los
realistas preparaban una reacción contra el triunfo de los republicanos. En 1820, Azuero
fue nombrado presidente del Tribunal de Recurso en casos de justicia notoria. Este
tribunal se ocupó de algunos casos de recusación contra jueces, de los cuales debía
conocer el presidente, y que por circunstancias de guerra no podía atender. Azuero
resolvía estos casos, de común acuerdo con los secretarios del Despacho. Este cargo lo
desempeñó en forma gratuita. Simultáneamente, escribía para el periódico El Correo de
la Ciudad de Bogotá. En el año 1821 fue elegido diputado al primer Congreso de la Gran
Colombia, que se reunió en Cúcuta; representó a las provincias del Socorro, Casanare y
Chocó. El Congreso de Cúcuta se instaló el 6 de mayo de 1821, en él se conformó un
grupo de abogados civilistas, partidarios de un liberalismo radical para Colombia,
enemigos del tradicionalismo teocéntrico y del militarismo del Libertador Simón Bolívar
y de los militares venezolanos. En este grupo civilista encontramos a las siguientes
personalidades: Azuero, que era el ideólogo y manifestó su respaldo al civilismo del
vicepresidente Santander; Francisco Soto, Diego Fernando Gómez, Alejandro Osorio y José
Ignacio Márquez. En una carta, el Libertador Simón Bolívar los llamó «letrados o
lanudos arropados en las chimeneas de Bogotá, Tunja y Pamplona»; los llamaban
civilistas, constitucionalistas y leguleyos, por su pasión en defensa de las leyes y la
Constitución. Ellos se opusieron a las ideas dictatoriales y autoritarias del Libertador,
quien siempre tuvo conflicto con los «doctores leguleyos granadinos». En el Congreso de
Cúcuta, Azuero Plata fue presidente y se destacó por su acción civilista en defensa de
la Constitución. Concluidas las sesiones, ocupó el cargo de fiscal de la Corte Suprema
de Justicia. El 24 de julio de 1822, fundó el periódico La Indicación, en el cual se
preocupó por crear una conciencia democrática en la Gran Colombia y abogó por los
fueros municipales. Este periódico alcanzó a 26 números, hasta el 18 de enero de 1823.
Ese mismo año, en el mes de diciembre, fundó el periódico El Correo de Bogotá, en
colaboración con Francisco Soto y Diego Fernando Gómez; alcanzó 40 números, hasta el
24 de septiembre de 1824. Encabezaba el periódico con la siguiente frase de Languinais:
«Todas las garantías constitucionales son insuficientes sin la libertad de imprenta».
En El Correo de Bogotá, Azuero se manifestó como un verdadero Voltaire, en defensa de la
tolerancia y en contra de todo tipo de fanatismo. Polemizó contra el fanatismo religioso
del clero colombiano y hasta en contra de los rezos de los católicos. Uno de sus ataques
fue contra Manuel Baños, quien en su defensa publicó un papel endecasílabo titula o
"El Rifle", contra Azuero. Ello motivó el folleto de 34 páginas que publicó
con el título Vindicación del ciudadano Vicente Azuero, ministro de Alta Corte de
justicia contra un libelo infamatorio, publicado por el doctor Manuel Baños. En el año
1823 asistió de nuevo al Congreso de Colombia y fue comisionado por el gobierno del
vicepresidente Santander para la redacción del Código Penal.
Publicó un folleto que tituló Proyecto de
Código Penal para Colombia. En dicho proyecto, tomado con las variaciones necesarias del
presentado a las Cortes españolas por una comisión en 1821, propuso la pena de muerte,
los trabajos perpetuos con un marca y vergüenza pública, la declaración de infamia y
otras. En 1824 fue nombrado ministro juez de la Suprema Corte, y en 1825, profesor de
Derecho Público en el Colegio de San Bartolomé. De acuerdo con el decreto del 8 de
noviembre de 1825, el vicepresidente Santander dispuso: «Los catedráticos de Derecho
público enseñarán los principios de derecho político constitucional por Constante
Lepage, los principios de legislación por Bentham y el derecho público internacional por
la obra de Watel».
Vicente Azuero fue el defensor más grande de
las tesis del filósofo inglés Jeremías Bentham en la universidad y, en especial, en el
Colegio de San Bartolomé en Bogotá. Tuvo el apoyo del vicepresidente Francisco de Paula
Santander y de los civilistas colombianos. El benthamismo que defendió Vicente Azuero,
penetró en Colombia influyendo en los civilistas, principalmente por su carácter
estatalista, pues consideraba que el hombre era verdaderamente libre solamente dentro del
Estado. Su idea de que toda utilidad humana tiene como fin «la máxima felicidad
compartida entre el mayor número de personas», fue acogida con fervor por los
partidarios de la Ilustración y la modernidad; pero, a la vez, fue rechazada con grandes
polémicas por los partidarios de la tradición, quienes encontraron en Bentham la
filosofía del libertinaje y el sensualismo, consideradas como doctrinas peligrosas para
la formación de las generaciones colombianas. El filósofo Bentham transmitió el ideario
radical de la laicidad contra la tradición teocéntrica. Justificó las libertades de los
individuos en función del bienestar y en la búsqueda del mayor placer y la máxima
felicidad, este principio llevaría a la sociedad al gran progreso y a la eliminación del
crimen y el castigo. De acuerdo con el benthamismo, un buen gobierno podría transmitir la
máxima felicidad siguiendo cuatro fines en la dinámica social: la subsistencia, la cual
frenaría la miseria y la anarquía de los pueblos; la abundancia, la seguridad y la
igualdad entre los hombres. El bienestar de la sociedad se realizaría con educación
libre, empleo garantizado, salario mínimo, subsidios de enfermedad y seguro de vejez.
Bentham luchó por una reforma a las leyes civiles y penales para hacerlas más eficaces,
sencillas de aplicar y útiles para la sociedad. Las tesis de Bentham fueron defendidas
por los profesores de Derecho Público del Colegio de San Bartolomé y de otras
universidades. Los tradicionalistas atacaron a los benthamistas, pues consideraron que las
nuevas tesis estimulaban el hedonismo, doctrina según la cual el placer determina el
valor ético de la acción, y defendieron la moral cristiana, el sacrificio y la
perfección para llegar a la felicidad. El clero se manifestó en sermones y aparecieron
numerosos libelos, folletos y periódicos contra el laicismo de los benthamistas. Como
Vicente Azuero enseñaba el benthamismo en el Colegio de San Bartolomé, apareció en
Bogotá un anónimo titulado "El Cuchillo de San Bartolomé", en el cual se
atacó a los benthamistas, enemigos de la religión católica, con sus tesis contrarias a
la moral y la tranquilidad públicas. Vicente Azuero publicó un escrito en defensa de
Bentham, el cual tituló: Representación dirigida al Supremo Poder Ejecutivo contra el
presbítero Francisco Margallo, quien atacó a Santander por haber facilitado la
introducción de las doctrinas benthamistas y las logias masónicas. Azuero opinó que el
ataque a Bentham era fruto de la ignorancia y el fanatismo religioso, pues el inglés
había sido estudiado en los países más avanzados en la legislación universal. Otra
brillante labor de Vicente Azuero como miembro de la Comisión de Educación, fue la
organización de las universidades, colegios y casas de educación en los años 1826 y
1827. Mediante la ley del 18 de marzo de 1826, se dispuso la creación de universidades
centrales en Bogotá, Caracas y Quito; y universidades seccionales en las capitales de los
departamentos y cantones en donde hubiera el mayor número de profesores y alumnos, previo
concepto favorable de la dirección de estudios. José Félix Restrepo era el director
general de estudios en Colombia y Vicente Azuero y Estanislao Vergara eran los adjuntos.
En los años 1826 y 1827, Azuero expresó en
sus escritos periodísticos la animadversión contra el Libertador Simón Bolívar por sus
tesis autoritarias, reflejadas en la Constitución Boliviana. En dos números del
periódico Pensamientos, los del 22 y 29 de octubre, atacó al Libertador Simón Bolívar.
En noviembre de 1826 redactó la célebre Representación a Bolívar. Exposición de los
sentimientos de los funcionarios públicos, así nacionales como departamentales y
municipales, y demás habitantes de la ciudad de Bogotá, hecha para ser presentada al
Libertador Presidente de la República, escrita en 21 páginas. En este documento se
manifestó en contra de la presidencia vitalicia, la dictadura y aun la monarquía. Se
opuso a la Constitución Boliviana y a su posible aplicación a la Gran Colombia. Este
documento fue apoyado por el vicepresidente Santander, y circuló sin firmas. En la hoja
volante titulada El Granadino, que Azuero publicó el 19 de mayo de 1827, censuró al
Libertador Simón Bolívar, como el causante de la disolución de la Gran Colombia. Dijo
que Bolívar había violado todas las leyes y que detestaba las instituciones
democráticas, que quería un gobierno perpetuo, autoritario e ilimitado y que era «el
autor de todos los males del país». En el periódico de oposición Batuecano, insertó
la proclama de Bolívar a los caraqueños el 4 de julio de 1827, con notas burlescas. Otro
periódico de oposición al Libertador fue El Conductor, bisemanario que salió con el
lema «los pueblos deben ser conducidos por la autoridad de las leyes, siempre igual e
impasible; y no por voluntades pasajeras expuestas a todas las pasiones,>. En El
Observador Colombiano, publicado el 5 de junio de 1827, Azuero censuró la actitud del
Libertador y elogió a Santander; afirmaba que en el Libertador «hay dos Bolívares: uno
de 1813 a 1826 y otro de 1826 en adelante». En los años 1827 y 1828, Vicente Azuero
encabezó el Partido Constitucionalista de Colombia y luchó en el Senado y en la prensa
con ardor por la democracia, el civilismo y en defensa de la Constitución y las leyes,
contra todo tipo de autoritarismo. En el país ya se presentaba la división política
entre los partidarios del Libertador Simón Bolívar, amigos del centralismo y del
autoritarismo, y los partidarios del general Francisco de Paula Santander, propulsores del
constitucionalismo, la democracia y las libertades. La actividad santanderista y civilista
de Azuero, y sus ataques a las ideas autoritarias del Libertador, le significaron tantos
ultrajes y persecuciones de sus enemigos, que lo obligaron a dejar la ciudad.
En 1828 Azuero fue elegido diputado por la
Provincia de Bogotá a la Convención de Ocaña, que inauguró sus sesiones el 9 de abril
de este año. En la Convención, se manifestó claramente la división política del
país. Por un lado estaban los que se llamaron liberales, agrupados alrededor de las ideas
del vicepresidente Santander y del ideólogo Azuero Plata, al lado de otros dirigentes
liberales como Florentino González, Francisco Soto y Ezequiel Rojas; José Ignacio de
Márquez, por su parte, lideraba el grupo de los liberales moderados. Este grupo
santanderista defendía el civilismo, el predominio de la Constitución y las leyes contra
el autoritarismo, la democracia en su más pura esencia y las libertades. El grupo
contrario fue el "Boliviano", partidario de un gobierno autoritario y absoluto y
defensor de las ideas y acciones del Libertador Simón Bolívar. Azuero presentó en la
Convención un proyecto de Constitución de marcado acento federalista, conocida como la
Constitución Azuerista. Este proyecto proponía dividir la República de Colombia en tres
estados, que formarían la confederación; se daría mucha importancia a los departamentos
y a los municipios. Se conformarían 20 departamentos y, en general, se aplicarían todas
las estructuras político-administrativas propias del federalismo. Los bolivianos
calificaron el proyecto de Azuero como «el más formidable elemento de disociación y
desorden agravado con la exageración de las libertades individuales y la reducción de
las facultades gubernativas». Ante este proyecto federalista de Azuero y el grupo
liberal, los partidarios de Bolívar, que eran minoría, optaron por retirarse y
desintegrar el quórum reglamentario, llevando así al fracaso la Convención de Ocaña.
Por su parte, el Libertador Simón Bolívar asumió el poder supremo el 27 de agosto de
1828, y se convirtió en dictador, con el título de Libertador Presidente. La dictadura
de Bolívar y el ambiente autoritario que vivió la Gran Colombia después de la
Convención de Ocaña, motivaron el descontento de algunos civilistas y comerciantes,
quienes organizaron la llamada "Conspiración Septembrina", el 25 de septiembre
de 1828. A pesar de su comprobada inocencia, Azuero fue puesto prisionero en el Socorro,
mandado a Cartagena y, por último, expulsado de la República a Kingston, hasta 1829.
Sobre su situación, así se expresó en una carta: «Después de mi concurrencia a la
Convención de Ocaña, hallándome retirado en un campo, a mucha distancia de esta ciudad,
con el objeto de escapar de la saña del dictador, apenas tuvo lugar el acontecimiento del
25 de septiembre de 1828, a pesar de mi notoria inocencia sobre dicho acontecimiento, fui
por sorpresa, a deshoras de la noche, arrebatado por soldados, conducido de cárcel en
cárcel y expulsado por fin de mi patria».
En el año 1830 Azuero fue nombrado miembro
del Consejo de Estado y ministro del Interior; cayó con el presidente Joaquín Mosquera,
cuando el general venezolano Rafael Urdaneta asumió la dictadura. Restablecido el
gobierno legítimo, Azuero no aceptó la Secretaría de Hacienda Nacional y regresó al
Consejo de Estado. En 1831 fue elegido diputado a la Convención Granadina, de la cual fue
presidente. En 1833 fue nombrado presidente del Consejo de Estado. En la década de los
treinta" Azuero publicó varios artículos políticos y se dedicó al periodismo. En
el año 1831 publicó un violento opúsculo contra lo que llamó «época del terrorismo»
en la dictadura de Bolívar; lo tituló Manifestación de mis opiniones acerca del estado
actual de mi patria, o sea respuesta de algunas censuras. En, octubre de 1831 fundó el
semanario El Granadino, en el cual defendió la separación de Venezuela y Nueva Granada;
estimuló el sentimiento patriótico del granadino y el cambio de nombre y las
instituciones del nuevo Estado nacional. En 1832 publicó un folleto que llamó Al
público y a mis detractores; así mismo, publicó folletos con proyectos de ley, alegatos
y opiniones políticas. Azuero ocupó algunos cargos políticos en Santafé de Bogotá;
fue presidente del Concejo Municipal de Bogotá, vicepresidente de la Sociedad de
Educación primaria de Bogotá; miembro de la Casa de Refugio, Instrucción y
Beneficencia, y miembro honorario de la Sociedad de Educación Primaria de Popayán. En la
misma forma, continuó en la cátedra de Derecho Público y Fiscal en el Colegio de San
Bartolomé. En 1835 fue comisionado por el gobierno de Santander para redactar un curso de
Legislación. Asistió al Congreso Nacional como miembro de las Cámaras Legislativas;
siempre defendió en el Congreso el liberalismo civilista y radical, contra los
bolivarianos, tradicionalistas y moderados. Por estos años, los liberales progresistas
tuvieron dos orientaciones: el liberalismo civilista, agrupado alrededor de Azuero Plata,
y el liberalismo militarista, reunido alrededor de las orientaciones del general José
María Obando y de los antiguos militares que lucharon en la guerra de Independencia. El
general Santander pudo manejar bien esta situación, gracias a sus condiciones militares y
civilistas. Por otra parte, los liberales moderados se unieron a los antiguos bolivarianos
y respaldaron la obra del caudillo boyacense José Ignacio de Márquez. Así, en las
elecciones de 1837 Azuero se presentó con el apoyo de los liberales civilistas; mientras
el candidato del general Santander y de los liberales militaristas fue el general José
María Obando. Márquez obtuvo e1 triunfo presidencial con 622 votos; Obando obtuvo 355,
Azuero 165, Domingo Caycedo 150, y otros candidatos, 116 votos. En 1840, cuando tuvo lugar
la guerra de los Supremos, Azuero fue perseguido por creérsele comprometido en las
agitaciones políticas de entonces; en plena guerra civil, fue encarcelado con grillos.
Cuando fue liberado, se retiró a su hacienda de La Esperanza, cerca de La Mesa, y allí
murió, el 28 de septiembre de 1844. En la historia del liberalismo colombiano, Azuero es
considerado como el ideólogo del partido. Cuando su discípulo Ezequiel Rojas propuso el
primer programa del Partido Liberal Colombiano, aparecido en el periódico El Aviso, el 16
de julio de 1848, firmó con Azuero, fallecido cuatro años antes. Esto señala a estos
dos hombres como los ideólogos y fundadores del Partido Liberal Colombiano [Ver tomo 2,
Historia, "El Estado de la Nueva Granada (1832-1840)", "La guerra de los
Supremos" y "Gobiernos de Herrán y Mosquera (18421849)"; pp. 309-372; y
tomo 5, Cultura, pp. 22-23).
JAVIER OCAMPO LÓPEZ
Bibliografía
HERNÁNDEZ DE ALBA, GUILLERMO y FABIO LOZANO
Y LOZANO (Comps. ). Documentos sobre el doctor Vicente Azuero. Biblioteca de Historia
Nacional, tomo LXXI. Bogotá, Academia Colombiana de Historia, s.f. LOZANO Y LOZANO,
FABIO. "Vicente Azuero. Homenaje". Boletín de Historia y Antigüedades, Vol.
XXXI, pp. 917 y ss. Rafael Azuero Manchola. Miniatura de Manuel J. Paredes. Biblioteca
Luis Angel Arango, Bogotá.