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Aurelio Arturo.
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Poeta nariñense (La Unión,
febrero 22 de 1906 - Bogotá, noviembre 24 de 1974). Aurelio Arturo Martínez era hijo del
maestro de escuela Heriberto Arturo Belalcázar y de Raquel Martínez Caycedo. De su
pueblo natal y de sus padres conservó siempre un vívido recuerdo, que encarnó en su
poema mayor, de dimensiones épicas, "Morada al Sur". Realizó sus estudios de
primaria en La Unión, acompañados de una rutina idílica, pastoril pero ruda, de amor al
trabajo, a la sencillez de los campesinos y a la vida doméstica de provincia. Luego
viajó a Pasto para hacer el bachillerato con los jesuitas, regresando a La Unión en las
vacaciones. Por esta época su padre y su abuelo materno lo mantuvieron surtido de libros
que mandaban traer desde Popayán, vista tempranamente la afición del muchacho por las
letras. Ese mundo ideal se quebró con la muerte de su madre, cuando Aurelio contaba con
18 años. Entonces su vida se tornó particularmente conflictiva con su medio y huyó,
literalmente, en busca de un nuevo horizonte, hacia la capital colombiana. Lo hizo a
caballo, en 1925, a escondidas de su padre, quien le envió entonces unos peones para que
lo acompañaran en su camino a Bogotá. Se inició así una nueva etapa en la vida del
joven poeta, que ya empezaba a escribir sus versos. Una etapa marcada por la nostalgia,
mas no por el desarraigo; por la cotidianidad urbana, dividida entre los estudios de
Derecho -y luego una infinita sucesión de cargos públicos- y el ejercicio literario -
casi exclusivamente poético- con muy escasos acercamientos a los grupos y medios de
divulgación. Es decir, comenzó ese silencioso y discreto quehacer que dejó una
treintena de poemas memorables y un solo libro, una de las cumbres de la poesía
colombiana contemporánea. Instalado en Bogotá en 1925, inició sus estudios de Derecho
en la Universidad Externado de Colombia. Ese medio le dio la oportunidad de publicar sus
primeros poemas, en la revista Universidad, que dirigía Germán Arciniegas en su segunda
época. Allí publicó, en 1928, los poemas "La Vela" y "Balada de Max
Caparroja", los cuales no sobrevivirán a la 'purgá' de Morada al Sur, su libro
único, publicado en 1963, que recogió, con implacable criterio de selección, su trabajo
poético de toda una vida. En 1929 publicó en El Gráfico el único cuento que se le
conoce: "Desiderio Landínez". Ya en 1931 se dio a conocer en el medio
literario, por el espaldarazo de Rafael Maya, quien publicó varios poemas suyos en la
Crónica Literaria de El País de Bogotá. Desde ese momento empezó a crear vínculos con
los poetas jóvenes que surgían en los treinta, luego conocidos como piedracielistas,
razón por la cual alguna vez se lo incluyó dentro de este grupo. Sin embargo, Arturo no
sólo no publicó en los cuadernos de Piedra y Cielo, sino que su poesía tampoco guarda
similitudes con la actitud y la visión del mundo de los poetas de esta generación.
Alejado de los corrillos literarios
e inédito, Aurelio Arturo combinó su lento trabajo poético, de lectura, creación y
traducción (conoció en especial a los poetas contemporáneos de lengua inglesa), con sus
labores como abogado, independiente al comienzo y luego funcionario de la rama judicial.
En 1941 agregó una nueva dedicación a su vida tranquila, al contraer matrimonio con
María Esther Lucio. Entre 1942 y 1948 nacieron Sus cinco hijos, lo que completa el cuadro
de un abogado, esposo y padre de familia que ejerce la literatura un poco en los
intersticios y desde su refugio de la biblioteca casera. Su afán primordial no era la
publicación ni la creación de una imagen literaria. Sin embargo, la crítica o, más
bien, los escasos divulgadores de sus esporádicos poemas, asimilaban lentamente su
trabajo. Un año clave en la difusión y conocimiento de éste es 1945, cuando publicó en
la revista Cántico varios poemas fundamentales en su obra, y en la Revista de la
Universidad Nacional el poema "Morada al Sur', que dará título a su libro. Desde el
45 hasta el 63 fueron siendo publicados casi todos los poemas que conforman Morada al Sur,
de manera que la publicación del poemario en 1963 apenas vino a darle un rostro
bibliográfico a una coherencia poética que ya era visible desde hacía años. En ese
mismo lapso realizó un viaje a Washington (1950), murió su padre (1954), trabajó en
tribunales en Pasto y Popayán (1954-1958) -retorno al ambiente de su amado sur- y fue
nombrado secretario general del Ministerio de Trabajo (1959). Los trece poemas que
integran Morada al Sur, publicado al fin por el Ministerio de Educación, le valieron en
1963 el Premio Nacional de Poesía Guillermo Valencia. A partir de ese momento su nombre
pasó a ser pieza fundamental de antologías e historias literarias colombianas, sin que
su actividad como escritor se modificara un ápice, y sin que se produjera como reflejo un
movimiento personal tendiente a publicar otro libro. Su vida y su obra siguieron el mismo
rumbo, discreto y paulatino, que él mismo les imprimió desde su llegada a Bogotá.
Profesionalmente Arturo concluyó labores en 1968, cuando se pensionó como funcionario
del Ministerio de Defensa. Literariamente, continuó leyendo con más dedicación,
traduciendo y colaborando muy de vez en cuando en algunas publicaciones culturales, con
una que otra reseña bibliográfica; incluso llegó a dirigir un tabloide literario
llamado El Escritor, que sólo alcanzó los dos números en 1972, y se extinguió según
el ánimo de quienes en realidad estaban interesados en sacarlo adelante y quisieron
contar con el nombre de Arturo. En lo que respecta a su poesía, en cambio, escribió muy
poco después de 1963. Durante siete años creó y pulió alrededor de quince poemas que
fueron apareciendo, algunos, en revistas literarias. En 1970 escribió sus cuatro últimos
poemas, los más celebrados de una presunta "segunda etapa":
"Sequía", "Tambores", "Lluvias" y "Yerba". Arturo
murió en Bogotá, el 24 de noviembre de 1974, meses después de haber recibido el
doctorado Honoris causa en Filosofía y Letras de la Universidad de Nariño, y de haber
dejado lista la segunda edición de Morada al Sur para Monte Avila de Caracas, con un
poema adicional sobre la primera. Una vida sencilla, discreta, pero de extrema
sensibilidad y sentido crítico respecto del oficio literario, un trabajo que, a, pesar de
su lenta conformación, nunca fue abandonado.
Obra
La obra de Aurelio Arturo
comienza a ser valorada y estudiada en profundidad desde los años ochenta; tardíamente,
como sucede con los grandes poetas inclasificables, y más en un país tan dado al culto
de las generaciones, los grupos y grupillos, las tertulias y las fáciles periodizaciones
cronológicas. Como José Asunción Silva, Arturo es un poeta de un mundo original, y ello
vale tanto para la temática de sus composiciones como para la mirada que ellas implican,
esto es, su visión del mundo. Es cierto que hay un grupo de poetas que fue rodeando al
cantor del sur, especialmente en sus últimos años, y que descubrieron en su poesía toda
una veta de nuevas posibilidades, pero sobre todo de formas líricas de gran pulcritud y
esmerada factura, distintas a una cierta generalidad de la producción poética nacional
en este siglo (habría que citar a Fernando Charry Lara, Giovanni Quessep y Jaime García
Maffla, entre estos 'admiradores', quienes por lo demás también crearon una poesía
importante y personal). Sin embargo, la poesía de Aurelio Arturo sigue siendo única y
señera en un medio poético donde las inclinaciones épicas y el canto de la tierra
nativa han cuajado en pésimos opúsculos.
En efecto, la obra poética de
Aurelio Arturo, aunque brevísima, tiene un carácter: el tono épico en armonía con una
mirada íntima y el rigor estético, datos éstos que raramente suelen acompañar a la
composición épica. Lo épico en Arturo es el canto de un pueblo a través de la
evocación. No se trata de la ramplona e hímnica exaltación de héroes, personajes y
productos típicos de un pueblo, siempre en oposición con otros pueblos, otros héroes,
personajes y productos. Sencillamente, Arturo invoca un pasado que ha vivido y lo eterniza
en la fantasía, no en la historia. Así, en su mundo de la infancia, cantado en
"Morada al Sur" y otros poemas del libro homónimo, surgen a cada instante
hadas, cámaras hechizadas, animales casi mágicos y trabajadores heroicos, que lo son por
el solo hecho de que es memorable su trabajo y porque en el medio creado por el poeta son
bellas presencias, recias, cumplidoras de un destino "que estaba para" el poeta.
A1 mismo tiempo, cada elemento de la naturaleza es un cohéroe, un factor que contribuye a
hacer dichoso el mundo cantado, que entonces se convierte en paraíso:
Duerme ahora en la cámara la lanza
rota en las batallas.
Manos de cera vuelan sobre tu frente
donde murmuran las abejas doradas de la fiebre, duerme.
El río sube por los arbustos, por
las lianas, se acerca,
y su voz es tan vasta y su voz es
tan llena.
Y le dices, repites: żEres mi
padre? Llenas el mundo de tu aliento saludable, llenas la atmósfera.
Soy el profundo río de los mantos
suntuosos.
("Morada al
Sur")
Pero aparte del mitológico mundo
cantado, país de la infancia, del verdor de la madre y del padre, la poesía de Arturo
ostenta el sello de una estética que, como se ha dicho, no era hallable en el medio
colombiano. Por ejemplo, es definitoria en él la lectura del poeta francés Saint-John
Perse (1887-1975), y es posible sorprender giros casi idénticos a los de Anabase en
"Morada al Sur". También la lectura de los poetas ingleses y de un español
anglófilo como Luis Cernuda marca las preferencias del poeta nariñense. En lo que
respecta a una "segunda etapa", habría que enfatizar que lo único que modifica
Arturo en su manera poética después de la publicación de Morada al Sur, no es la
visión del mundo; que sigue siendo idílica, paradisíaca y de amor por los elementos
naturales (así éstos no sean ya los del amado sur, aunque bien podrían serlo), sino
cierto experimento en la versificación, el acortamiento de unos versos que no dejan, sin
embargo, de ser narrativos [Ver tomo 4, Literatura, pp. 259-261].
OSCAR TORRES
DUQUE
Bibliografía
ARTURO, AURELIO. Obra e imagen.
Edición de Juan Gustavo Cobo Borda y Santiago Mutis. Bogotá, Colcultura, 1977. ARTURO,
AURELIO. Morada al Sur y otros poemas. Edición de Santiago Mutis. Bogotá, Procultura,
1986. ARTURO AURELIO. Morada al Sur y otros poemas. A propósito de Aurelio Arturo y su
obra. Ensayos de Fernando Charry Lara, Alvaro Mutis, William Ospina y José Manuel Arango.
Bogotá, Norma, 1992. OSPINA, WILLIAM. Aurelio Arturo. Bogotá, Procultura, 1990. Varios.
Cuatro ensayos sobre la poesia de Aurelio Arturo. Bogotá, Fondo Cultural Cafetero, 1989.
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