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Julio Arboleda Pombo
y Sofía Mosquera, con sus seis hijos mayores, ca. 1854. Museo Nacional, Bogotá.
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Militar, estadista y poeta
caucano (Timbiquí, junio 9 de 1817 - Berruecos, noviembre 13 de 1862). Hijo de José
Rafael Arboleda y Matilde Pombo O'Donnell, miembros de importantes familias payanesas,
Julio Arboleda Pombo recibió una educación rica y esmerada. Según Gustavo Arboleda, en
su Diccionario biográfico y genealógico del antiguo Departamento del Cauca, Arboleda
«adquirió los rudimentos del saber en Popayán, de labios de su abuela materna, Beatriz
O'Donnell, y de su preceptor Manuel María Luna. A la edad de once años fue llevado por
su padre a Londres, donde siguió su educación al cuidado de un profesor español.
Volvió en 1836 a Popayán, por la vía de Cartagena y el Chocó, hizo estudios de
jurisprudencia en la Universidad y actuó en la prensa, redactando El Independiente. Tomó
activa parte en la guerra civil de 1840, en defensa del gobierno, alcanzó el grado de
teniente coronel y fue enviado en misión especial al Ecuador y ante los revolucionarios
de Panamá. Restablecida la paz, publicó en 1842 El Patriota y el 43 El Payanés. En 1844
fue a la Cámara de Representantes, por la provincia de Buenaventura, que abarcaba la
Región de su nacimiento, y se hizo notar por su ilustración, sus dotes oratorias y su
manera de expresarse, distinguiendo, como los españoles, entre la c, la s y la z. Volvió
a la Cámara en 45 y 46, siempre por Buenaventura, y en 1848 lo hizo por Barbacoas, nueva
provincia, que comprendía buena parte del bajo Chocó. Ofrecióle el general Tomás
Cipriano de Mosquera, en 1846, la cartera de Hacienda, que declinó. Tomó cartas en el
debate presidencial del 48, en favor del doctor Florentino González, al cual acompañó,
juntamente con Lino de Pombo, en la redacción de El Siglo. Cuatro años antes se había
distinguido en defensa de la candidatura presidencial del general Borrero, escribiendo un
folleto que fue muy celebrado, Los tres candidatos, que aún hoy llama la atención por la
exactitud del concepto y la elegancia del estilo. El mismo 48 le propusieron la
secretaría (ministerio) de Relaciones Exteriores, que tampoco aceptó, y regresó al
Cauca a atender sus intereses, para lo cual solía pasar temporadas en jurisdicción de
Caloto. Con este motivo fue concejal y jefe político (1843) de dicho cantón. Asistió
varias veces a la Cámara Provincial de Popayán y fue miembro del Consejo de Instrucción
Pública, o sea adjunto a la subdirección del ramo, como entonces se llamaba. Encabezó
la oposición al presidente José Hilario López, en la prensa, con El Misóforo, y en la
tribuna, especialmente en reuniones populares. Jefe conspicuo de la rebelión de 1851,
emigró al Perú, y en Lima estuvo algún tiempo dedicado al periodismo, redactando El
Intérprete del Pueblo, y al profesorado, habiendo tenido entre sus discípulos de inglés
al célebre literato Ricardo Palma. Trasladóse luego a Nueva York, residió allá algún
tiempo con su familia, y regresó a fines del 53 a Colombia para asistir al Congreso, de
senador por el Chocó. Abiertas las sesiones, el 1 de febrero de 1854, fue elegido
presidente. Al estallar la rebelión del 17 de abril, pudo escapar de Bogotá, burlando la
vigilancia de los sostenedores de la dictadura de Melo, y haciendo uso de autorizaciones
que le había delegado el vicepresidente de la República, José Obaldía, envió órdenes
a los gobernadores de las provincias caucanas y antioqueñas para la organización de
fuerzas. En el Espinal le confiaron los gobernadores de Bogotá y Tequendama, Dr. Pastor
Ospina y coronel Justo Briceño, el mando de una columna que llevó los nombres de las dos
provincias, fue reorganizada luego con el solo nombre de Tequendama y sirvió más tarde
de base al ejército del Sur, que rigió el general López y una de cuyas columnas quedó
al mando de Arboleda. Este realizó hazañas sorprendentes, que por lo arriesgadas no
contaron con la aquiescencia de sus jefes, entre ellas el asalto a Guaduas, en compañía
de Pedro Gutiérrez Lee y otros valientes. En esa campaña obtuvo el coronelato. En 1855
volvió a presidir el Congreso y en ese carácter dio posesión del poder ejecutivo al
nuevo vicepresidente de la República, Manuel María Mallarino. Concurrió de nuevo al
Congreso en 1859, como senador por el estado de Cundinamarca, y fue hecho presidente del
soberano cuerpo. Boyacá también le había conferido un cargo popular, el de diputado a
su legislatura, a la cual no asistió. En 1859, en las primeras juntas y cambio de
opiniones entre los conservadores, obtuvo algunos votos para ser candidato a la
Presidencia de la República, como ya el 54 los había obtenido para la Vicepresidencia;
el 57 y el 58 fue elegido designado para suplir las faltas del jefe del ejecutivo y el 59,
suprimida la vicepresidencia nacional y elevado a tres el número de sustitutos del
presidente, fue hecho primer designado y lo propio ocurrió en 1860. Terminadas las
sesiones del Congreso del 59, se dirigió a París, donde se había radicado con la
familia, para atender a la educación de sus hijos. Tornó una vez más al país, a
sostener el gobierno de la Confederación Granadina, del cual obtuvo el nombramiento de
jefe de la sexta división del ejército. Fue jefe de la plaza de Santa Marta, que habían
recuperado los conservadores; atacada por los liberales, quienes la volvieron a tomar tras
porfiado combatir, pasó al Istmo y de allí al Cauca, a cuyo estado penetró por Tumaco y
avanzó sobre Popayán, ciudad que ocupó el 10 de agosto del 61, después de haber
vencido en Los Arboles al grueso del ejército liberal, que encabezaba el general Miguel
Quijano. Larga y tenaz fue la campaña que aquí sostuvo, escribiendo páginas que
ilustran la historia militar, pero que también incluyen actos de extremado rigor, que
apenas se explican como crueles represalias en época de pasiones desencadenadas. En el
Estado fue jefe de las fuerzas conservadoras y gobernador por esta colectividad. Durante
la campaña sufragó por él para presidente de la República el círculo conservador
adicto al presidente Ospina, en votaciones efectuadas en los estados de Boyacá,
Cundinamarca y Santander, pero no llegó a ser declarado legalmente elegido por falta de
Congreso que perfeccionase o proclamara la elección. Separados de su ejército los
elementos antioqueños que lo habían acompañado, los cuales pretendían ir a defender su
propio territorio contra la revolución liberal, se dirigía a Pasto para reorganizar sus
huestes e intentar operaciones sobre el centro de la República, cuando fue asesinado en
Berruecos el 13 de noviembre de 1862. De él se conservan notables escritos políticos,
discursos y numerosas poesías, entre las cuales se destaca el poema épico Gonzalo de
Oyón. Casó en Popayán el 1 de diciembre de 1839 con su parienta Sofía Mosquera y
Hurtado, nacida en Nóvita el 20 de junio de 1824».
Sobre las actividades literarias de
Julio Arboleda, Gustavo Otero Muñoz, en Semblanzas colombianas, afirma: «Sus viajes por
los pueblos más notables de Europa complementaron la lujosa educación iniciada en la
Universidad de Londres y en los más acreditados colegios de París, cuyo primer destello
alumbró el suelo de la patria en las brillantes páginas del Gonzalo de Oyón. La factura
de este famoso poema fue durante la vida de Arboleda un pensamiento constante. Había
producido muchas y muy bellas composiciones fugitivas que le ganaron renombre en el mundo
literario; mas él comprendía que su fama de gran poeta la iba a deber al Gonzalo, al que
llamaba con frecuencia su hijo primogénito. Concibiólo don Julio en 1838 ó 1839 y
púsose a escribirlo; pero, en el saqueo de su casa de Caloto, ocurrido en mala hora del
año 1851, fue hecho pedazos y arrasado sin que detuviera la torpe ferocidad de sus
enemigos la consideración de que destruyendo aquellos preciosos manuscritos robaban a la
literatura nacional una de sus joyas más ricas. La suerte quiso jugar con esta grande
obra, permitiendo primeramente al autor reconstruir la introducción y los cantos primero
y quinto, gracias a su privilegiada memoria y a varios fragmentos copiados en Popayán.
Fueron editados en 1858, en la Semana Literaria de El Porvenir, por don Lázaro María
Pérez. En aquel mismo año Arboleda rehizo algunos otros cantos. Trasladado con su
familia a París, confió a un amigo, en 1859, la conducción del nuevo manuscrito hasta
Bogotá, y fue interceptado por una guerrilla de revolucionarios. Tales las contrariedades
que impidieron a la posteridad conocer íntegra aquella creación que contiene
"altísimas bellezas de todo género". Los fragmentos publicados por Pérez y
los papeles que quedaron en poder de la familia del poeta sirvieron a don Miguel Antonio
Caro para hacer una reconstrucción de la obra, que se incluyó en la edición definitiva
de los versos de Arboleda hecha en Nueva York, en el año de 1884. El señor Caro,
apartándose de la primitiva manera de dividir el poema en cantos, lo ordenó en catorce
cuadros -los tres últimos inéditos hasta entonces- precedidos de un preludio, y bautizó
a cada uno con muy feliz título» [Ver tomo 4, Literatura, p. 74j.
MARIANO MOLANO
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