Eclesiástico
antioqueño (San Vicente, marzo 8 de 1822 - Bogotá, junio 29 de 1884). La partida de
bautismo de Juan Vicente Joaquín Arbeláez Gómez dice: ,<En esta santa Parroquia del
Peñol y a marzo 10 de 1822, yo el presbítero don Joaquín de Hoyos, cura propio de ella,
bauticé solemnemente, según dispone nuestra Iglesia, a un párvulo que nació el día 8
dei corriente, hijo legítimo de Fermín Arbeláez y doña María Gómez, vecinos de San
Vicente, y al dicho niño le fue impuesto el nombre de Juan Vicente Joaquín>,; sin
embargo, por quedarían Vicente muy cerca de Marinilla, se ha considerado siempre a
monseñor Arbeláez como natural de este municipio. En 1838 ingresó al colegio de San
José en Marinilla, y en 1841 pasó al Seminario de San José de Bogotá, recientemente
organizado por el arzobispo Manuel José Mosquera, quien lo ordeñó sacerdote el 6 de
diciembre de 1845. Obtuvo con brillo el grado de doctor en Derecho Civil en la Universidad
Central. Fue nombrado cura de Abejorral y director del colegio San José de Marinilla
hasta 7848. Varias veces ejerció como diputado a las legislaturas de Antioquia (entre
ellas La de 1856, que expidió la Constitución política del Estado) y de Córdoba, y fue
dos veces senador de la República. El delegado apostólico en la Nueva Granada, Miecislao
Ledochowski, lo recomendó para la Diócesis de Santa Marta; según la tradición, el
padre Arbeláez recibió el nombramiento mientras tocaba tiple con su silla recostada en
la pared. Monseñor Arbeláez dedicó sus esfuerzos a la educación, tanto en seminarios
como en colegios de Santa Marta, pero encontró enormes dificultades debido a la tremenda
oposición de los gobiernos liberales de entonces. El 19 de noviembre de 1859 fue nombrado
obispo de Maximopolis in partibus infidelium por un breve del papa Pío IX, y consagrado
en la catedral de Bogotá por el arzobispo Antonio Herrán, el 25 de marzo de 1860. El
Papa lo envió a Ocaña. El 1 de febrero de 1861, en plena revolución, Arbeláez publicó
una pastoral exhortando a su rebaño a «reconocer y respetar el principio de autoridad y
obediencia [...] en la sociedad civil como la cristiana. Os hablamos de la necesidad de
conservar la paz [...] como el único origen de donde puede germinar vuestro bienestar
individual, la mejora y el progreso de la comunidad». Estas frases de cordura surgían en
momentos en que en Santa Marta ardían la catedral y la iglesia de San Francisco. Cuando
el 18 de julio de 1861 entró triunfante a Bogotá el general Tomás Cipriano de Mosquera,
monseñor Arbeláez protestó por las leyes de tuición de cultos y de desamortización,
vejatorias de los derechos de la Iglesia. El 11 de noviembre el Gran General decretó el
destierro de Arbeláez, resolución que le fue entregada mientras celebraba misa en la
iglesia de Nuestra Señora de Torcoroma, en Ocaña. Enfermo, se le trasladó a Mompós,
luego a Cartagena, a Colón en Panamá y finalmente a San Andrés. Logró fugarse en una
goleta enviada por las señoras de Cartagena, y volvió a Panamá, donde el rico e
ilustrado sacerdote chileno Víctor Eizaguirre lo convidó a Roma, pues monseñor
Arbeláez se hallaba en terrible miseria. Llegó a la "Ciudad eterna" a finales
de 1862, y el padre chileno lo presentó a Pío IX, quien, al despedirse, puso en sus
manos una bolsa con 500 francos diciéndole: «Como estáis necesitado recibida, y cuando
se os agote, venid a mí que yo soy el padre de todos, pero especialmente de los obispos
desterrados,>. Fue nombrado prelado asistente al Solio Pontificio, y el 19 de diciembre
de 1864, coadjutor del arzobispo Herrán con derecho a sucesión, por medio del breve
Summum toius Ecclesiae regiminem. A1 ser nombrado presidente Manuel Murillo Toro,
Arbeláez se preparó para volver al país. Salió de Southampton el 2 de enero de 1865, y
el 8 de febrero ya se encontraba en Santa Marta. Tras una corta estadía en Antioquia, se
trasladó a Bogotá, y el 7 de noviembre se encargó de la Vicaría General del
Arzobispado, por nombramiento de monseñor Herrán. El 18 de octubre de 1866 el general
Mosquera, vuelto al poder, decretó: «Extráñase al vicario Sr. Vicente Arbeláez, por 6
años, del territorio de los Estados Unidos de Colombia».
El 7 de diciembre de 1866,
monseñor Arbeláez salió desterrado, en compañía de su hermano el general Juan
Clímaco Arbeláez, con destino a Santa Marta. Habiendo contraído la fiebre amarilla,
fueron atendidos por el doctor Próspero Reverend, médico del Libertador. Partieron hacia
Francia en el vapor francés El Nuevo Mundo, y llegaron a Saint Nazaire el 31 de
diciembre. Siguieron hacia París y luego a Marsella, donde coincidencialmente, ocupó en
el Hotel de Castilla la misma habitación en que murió monseñor Mosquera en 1853, y su
hermano, la misma que ocupaba Manuel María Mosquera. En Roma fue recibido de nuevo por
Pío IX, pero pronto cayó el Gran General y, restablecido el régimen constitucional,
monseñor Arbeláez volvió a Bogotá, el 12 de noviembre de 1867. Tres meses más tarde
murió el arzobispo Herrán en Villeta, y monseñor Arbeláez fue nombrado en su
reemplazo. El cuadro que se le ofrecía era desconsolador: la Iglesia se hallaba despojada
de sus bienes y rentas, las comunidades religiosas habían sido expulsadas de sus casas,
el Seminario Conciliar estaba cerrado y, poco después, la religión fue desplazada de
escuelas y colegios. El 5 dé julio de 1868 se reunió el Concilio Provincial
Neogranadino, convocado por, Herrán desde Villeta un mes antes de su muerte. El Papa
permitió a través de letras apostólicas, que monseñor Arbeláez presidiera el Concilio
a pesar de no haber recibido el Sagrado Palio. En diciembre de 1870 reunió el Sínodo
Diocesano, y dictó disposiciones sobre disciplina, régimen y gobierno de la
Arquidiócesis. Monseñor Arbeláez dedicó todas sus energías a la organización del
Seminario Conciliar. Le dio vida, como había hecho monseñor Mosquera, y sacó la
educación eclesiástica de los antiguos moldes con un nuevo plan de estudios. Recuperó,
tras ardua lucha, el edificio, y nombró como director al presbítero Bernardo Herrera
Restrepo. Como no existían relaciones oficiales entre la Iglesia y el Estado, monseñor
Arbeláez trató con supremo tacto y prudencia con el poder ejecutivo. No obstante, sus
enemigos hicieron llegar hasta Roma terribles infundios, que llevaron al papa León XIII a
enviar a monseñor Agnozzi, en calidad de juez, para juzgar los procederes del arzobispo.
Este estaba tranquilo porque los hechos de su pontificado eran un solemne mentís de las
acusaciones injustas de sus adversarios. Según el padre Zawadsky, «el delegado
pontificio vio descorrerse un velo y convencerse de la verdad [...] y echó a ver que el
ilustrísimo Sr. Dr. Don Vicente Arbeláez era un arzobispo digno de los tiempos
apostólicos y merecedor de una corona y no de una sentencia condenatoria». Después de
más de 16 años de arzobispado, monseñor Arbeláez murió en Bogotá, a las 3:30 de la
tarde, el 29 de junio de 1884.
JUAN DAVlD
GIRALDO
Bibliografía
GROOT, JOSÉ MANUEL Historia
edesiásticas y civil de la Nueva Granada. Bogotá, Casa Editorial de Medardo Rivas, 1893.
RESTREPO, POSADA, JOSÉ Apuntes para la historia del Seminario Conciliar de Bogotá,
1840-1940. Bogotá, Editorial Centro, 1940. RESTREPO, POSADA, JOSÉ. Arquidiócesis de
Bogotá. Biografías de sus prelados. Bogotá, Editorial Lumen Christi, 1961-1966, tomo
II. RESTREPO, POSADA, JOSÉ. Genealogía episcopal de la jerarquía eclesiástica,
1513-1966. Bogotá, Editorial Lumen Christi, 1968. RESTREPO, POSADA, JOSÉ. Cabildo
Eclesiástico de Bogotá. Bogotá, Kelly, 1971.