¿Cómo se coloca la guitarra?
¿Cómo se coloca la guitarra?
Se apoya el instrumento sobre la pierna izquierda del guitarrista,
y esta pierna descansa sobre un banquito de 12 centímetros de
altura aproximadamente. La pierna derecha se separa y asegura así
la colocación de la guitarra. A la vez ésta se sujeta con el
antebrazo derecho por la parte superior de la curvatura mayor del
aro, de modo que así quede bastante asegurada sin necesitar el
auxilio de la mano izquierda, que debe quedar libre para correr sin
dificultad por el mástil. El cuerpo mantiene una postura natural.
Teniendo en cuenta que la vista ha de mirar el papel, los dedos han
de acertar las cuerdas y trastes que hayan de pisar. Es casi
imposible conseguirlo al principio pero poco a poco el ejecutante
habrá de acertar con cuerdas y trastes sin mirarlos.
EL BRAZO DERECHO ha de mantener firme la guitarra, sin
oprimirla, sujeta casi sólo con su propio peso y después de
colocado naturalmente sobre el aro; así se consigue no perder la
libertad en el manejo de los dedos.
El brazo se dirigirá oblicuamente desde la curvatura mayor del
aro derecho hasta el borde anterior y curvatura cóncava del mismo,
siendo tal su posición que la mano llegue a tocar sin violencia,
con los extremos de sus dedos, las seis cuerdas junto a la boca de
la guitarra. Esta posición es muy apropiada para que los dedos de
la mano derecha puedan pulsar las cuerdas con la fuerza debida y
para que adquieran el hábito de ejecutar movimientos rápidos sin
que sea necesario apenas mover la mano.
No se apoyarán sobre la tapa ni el dedo pequeño, ni los otros
pues la mano ha de estar libre y bien suelta.
Respecto al uso de las uñas, que pueden obtener mayor y mejor
sonido, convendrá alcanzar estas condiciones:
1. Se han de usar pulsando las cuerdas oblicuamente, tendiendo el
dedo que las hiera cuanto sea compatible con la fuerza que se ha de
emplear, no agarrándolas sino haciendo que se deslice la cuerda por
el interior de la uña, habiendo antes tocado con la yema.
2. Las uñas deberán tener una longitud proporcionada pues las muy
largas impiden la agilidad y las muy cortas no permiten suavizar el
sonido mediante el deslizamiento indicado. Quienes no deseen usar
las uñas deberán pulsar las cuerdas deslizando la yema precisamente
necesaria para que el sonido resultante no sea débil, pero nunca,
agarrando las cuerdas.
Pero cuál sea la cantidad de fuerza que se debe comunicar a la
cuerda es difícil de concretar. Entendamos por tanto que si la
fuerza fuera excesiva, el sonido resultará áspero y desagradable; y
si la fuerza fuera poca el sonido saldrá débil, breve y nada
brillante. Entre ambos extremos hay un término medio de fuerza que
dará el sonido agradable que se desea, pero también hay ciertos
sonidos llenos tanto de vigor, tanto de dulzura. En realidad esto
se “oye” pero no “se explica”.
LOS DEDOS DE LA MANO IZQUIERDA. deben pisar las cuerdas con
libertad, fuerza y agilidad.
La articulación de las falanges del dedo pulgar se fijará sobre
la línea media longitudinal de la parte posterior del mástil; la
mano se inclinará un poco hacia los trastes por el lado del dedo
pequeño y los cuatro dedos, índice, medio, anular y pequeño,
deberán estar bastante abiertos de modo que alargando el último
hasta el cuarto traste, apenas se mueva la mano.
Esta posición dará la amplitud y flexibilidad suficientes para
poder llegar con el dedo meñique a pisar todos los bordones cuando
sea necesario, lo cual no se conseguiría fácilmente si el pulgar
abrazase toda la anchura de la parte posterior del mástil.
Los cuatro dedos de esta mano, estando casi paralelos a los
trastes, pisarán las cuerdas con gran firmeza poniéndose tan
arqueados que la última falange, venga a caer perpendicularmente
sobre la cuerda pisada y de modo que apoyen solamente la yema.
¿Cuáles son las características de la misa solemne de
Beethoven?
En comparación con todas las misas precedentes, Beethoven adoptó
un punto de vista nuevo, al interpretar de modo muy original el
antiguo texto litúrgico, ya encontrando correspondencias
espirituales personalísimas, ya sugestiones colectivas, no
simplemente musicales (como lo confirma la invocación a la paz,
añadida de su puño y letra al final del Agnus Dei).
De este modo Beethoven abrió un nuevo destino a la misa; de ahí
en adelante, los autores se ajustarían a las cinco divisiones
tradicionales (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei), no sólo
con intenciones simplemente litúrgicas o espirituales, sino también
tratando de captar las correspondencias profundas de la antigua
plegaria con los puntos de vista individuales en la confrontación
de la religión y de los misterios de la fe en general.
Bibliografía
Historia de los grandes compositores clásicos. España : Barcelona,
Ediciones Olimpo, Ediciones Orbis, vol. 3, p. 83, 1994.
Número topográfico: 927.7 H47