Efecto invernadero
La atmósfera de la Tierra está compuesta de muchos gases. Los
más abundantes son el nitrógeno y el oxígeno. El resto, menos de
una centésima parte, son los gases llamados de invernadero. Algunos
de ellos son el dióxido de carbono, el metano y el dióxido de
nitrógeno.
En pequeñas concentraciones, estos gases son vitales para
nuestra supervivencia. Cuando la luz solar llega a la Tierra, un
poco de esta energía se refleja en las nubes; el resto atraviesa la
atmósfera y llega al suelo. La energía que no es absorbida, se
refleja al espacio.
La energía infrarroja es absorbida por los gases de invernadero
calentando la superficie terrestre y la atmósfera. El efecto de
calentamiento que producen estos gases se llama efecto invernadero,
es decir, la energía solar queda atrapada por los gases, del mismo
modo en que el calor queda atrapado detrás de los vidrios de un
invernadero. Si no existiera este fenómeno, la temperatura de la
superficie de la tierra sería de unos veinte grados bajo cero.
Desafortunadamente, en las últimas décadas, se ha producido un
incremento exagerado del contenido de CO2 en la atmósfera a causa
de la quema indiscriminada de combustibles fósiles, como el carbón
y la gasolina, y de la destrucción de los bosques tropicales. Por
lo cual, ha aumentado la temperatura media de la superficie
terrestre, ocasionando un calentamiento global afectando tanto a
plantas como a animales.
Aunque no es posible cuantificar las consecuencias, si se puede
prevenir este efecto tomando algunas medidas como obtener un mayor
rendimiento de la energía, utilizar energías renovables, disminuir
el consumo de combustibles fósiles, de tal forma que se disminuya
la emisión de CO2 a la atmósfera.