INDICE





INTRODUCCIÓN

OJEADA GENERAL

LUGARES DE COLOMBIA TOMADAS DE LA PARTE PRIMERA: SITIOS, MESETAS DE MÉJICO Y MONTAÑAS DE LA AMÉRICA MERIDIONAL

CAPÍTULO I
Volcanes de Turbaco

CAPÍTULO II
Cascada de Tequendama

CAPÍTULO III
Puentes naturales de Icononzo

CAPÍTULO IV
Paso del Quindío, en la Cordillera de los Andes

CAPÍTULO V
Cascada del Río Vinagre, cerca del volcán de Puraz

MONUMENTOS DE LOS INDIOS MUISCAS

CAPÍTULO VI
Calendario de los Indios Muiscas

CAPÍTULO VII
Cabeza grabada en durísima piedra, por los Indios Muiscas,  brazalete de obsidiana.
CALENDARIO DE LOS INDIOS MUISCAS.
 

Calendario lunar de los Muiscas, antiguos habitantes de la llanura de Bogota.
Figura 1 

Calendario lunar de los Muiscas, antiguos habitantes de la llanura de Bogota.
Figura 2

Calendario lunar de los Muiscas, antiguos habitantes de la llanura de Bogota.
Figura 3 

Calendario lunar de los Muiscas, antiguos habitantes de la llanura de Bogota.
Figura 4 

Este pueblo, cuyo nombre es casi desconocido en Europa, confundiéndolo con las hordas errantes de los salvajes de la América meridional, tiene su monumento notabilísimo, que es una piedra adornada de multitud de signos geroglíficos del calendario lunar, que representa el órden en que se efectua la intercalacion que coloca el origen del año en la propia estacion. Débese su descubrimiento á D. José Domingo Duquesne la Madrid, Canónigo de la metropolitana de Santa Fé de Bogotá, natural del reino de Nueva­Granada, y procedente de una familia francesa que se estableció en España; fue mucho tiempo cura de una aldea india situada en la meseta de la antigua Cundinamarca. Como por estas circunstancias podia lograr la confianza de los naturales descendientes de los Indios Muiscas, procuró reunir cuanto las tradiciones habian conservado en tres siglos, relativamente al estado en que dichas regiones se encontraban antes de la llegada de los Españoles al Nuevo Continente. Por este afan logró adquirir una de las piedras esculpidas, por medio de las cuales regulaban el tiempo los  Sacerdotes Muiscas, aprendiendo á conocer los geroglíficos simples que á la vez designaban los números y días lunares, y cuyas noticias, fruto de tantas y tan penosas investigaciones, espuso en una Memoria titulada Disertacion sobre el Kalendario de los Muiscas, Indios naturales del Nuevo Reino de Granada. Me mostró este manuscrito en 1801 el célebre botánico D. José Celestino Mutis, obteniendo de Duquesne permiso para sacar el dibujo de la piedra pentágona que había intentado describir en su obra.

Las nociones que paso á exponer sobre el calendario de los Muiscas, están basadas en los materiales que ofrece la Memoria española que acabo de citar, añadiendo por mi parte algunas consideraciones relativas á la analogía que entre este almanaque y los ciclos de los pueblos asiáticos se observa.

El Adelantado Gonzalo Jimenez de Quesada, llamado el Conquistador, llegó en 1537 de las playas de la Magdalena á las altas sabanas de Bogotá, admirándole ver el contraste que presentaba la civilizacion de los pueblos montañeses, y el bárbaro estado de las desparramadas hordas que habitaban las cálidas regiones de Tolú, Mahatés y Santa Marta. En aquella meseta en que á los 4 ó 5 grados de latitud se sostiene el termómetro centígrado casi constantemente en 17 ó 20, de día, y la noche entre los 8 y los 10, halló Quesada á los Indios Muiscas, á los Guanos, Muzos y Colimas, distribuidos por Ayuntamientos, dedicados á la agricultura y vestidos con telas de algodon, mientras que aquellas tribus errantes en las llanuras vecinas, de escasa elevacion sobre el Océano, vivían embrutecidas desnudas, sin industria y sin artes  (1) . Sorprendió á los Españoles un país, cuyo suelo poco fértil, ofrecia, sin embargo, ricas cosechas de maíz, de Chenopoclium quinoa y de turmas ó patatas. No he de detenerme á examinar ahora, si á pesar de la introduccion en Bogotá de los cereales y bestias de cuernos, estaba cuando mi viaje mas ó menos poblado que antes de la Conquista; solo observaré que al visitar yo las minas de sal gemma de Zipaquira, me enseñaron al Norte de la aldea india de Suba, indicios ciertos de un cultivo antiguo en terrenos que no estaban desmontados por aquella época.

La nacion de todas las de Cundinamarca que llamaron los Españoles Muisca ó Mozca, parece que fue la mas numerosa. Las tradiciones fabulosas de este pueblo, llegan hasta un tiempo remotísimo en que aun la Luna no acompañaba á la Tierra, y en que la meseta de Bogotá estaba convertida en lago de gran extension por causa de las inundaciones del rio de Funhzé. Ya hemos hablado al describir la cascada de Tequendama, de aquel hombre maravilloso conocido en la mitología americana por Bochica ó Idacanzas, que abrió paso á las aguas del lago de Funhzé, reunió á los hombres desparramados en sociedad, introdujo el culto del Sol, y á semejanza del peruano Manco-Capac y el mejicano Quetzalcoatl, fue legislador de los Muiscas. Refieren las mismas tradiciones que ese Bochica, hijo y símbolo del Sol, Sacerdote máximo de Sogamozo ó de Iraca, aconsejó á los jefes de las diversas tribus indias que se disputaban la suprema autoridad, que escogieran por zaque ó soberano al llamado Huncahua entre ellos, y que reverenciaban por su justicia y alta sabiduría. Adoptóse unánimemente esta indicacion del Sacerdote Máximo, y Huncahua, que reinó doscientos cincuenta años, llegó á someter todo el territorio que existe entre las sabanas de S. Juan de los Llanos y las montañas de Opon. Bochica entregado á penitencias austeras, vivió cien ciclos muiscas, ó sean dos mil años, desapareciendo misteriosamente en Iraca, al Este de Tunja. Esta ciudad, la mas populosa por entonces, la fundó Huncahua, primero de la dinastía de los zaques de Cundinamarca, y del nombre de su fundador, se denominó Húnca, convertido luego por los Españoles en Tunca ó Tunja.

Bochica dió á los habitantes de Bogotá una forma de gobierno que es notable por su analogía con las del Japon y del Tibet. Los Incas del Perú reunían en sus personas el peder civil y el eclesiástico; estos hijos del Sol eran á la vez Soberanos y Sacerdotes. Pero en Cundinamarca, en tiempos probablemente anteriores á Manco-Capac, constituyó Bochica por electores á los jefes de las cuatro tribus, Gameza, Busbanca, Pesca y Toca; ordenando para despues de su muerte, que pudieran estos electores y sus descendientes nombrar el Sacerdote Máximo de Iraca, Pontífices que al suceder á Bochica estaban obligados á heredar su santidad y virtudes. Lo que fue Cholula para los Aztecas en tiempo de Motezuma, fue para los Muiscas Iraca, donde se reunia el pueblo para ofrecer sus presentes al Sacerdote Máximo. Visitábanse los lugares que Bochica había pisado y hecho célebres por sus milagros; gozando los peregrinos, aun en medio de las mas sangrientas guerras, la proteccion de los príncipes por todo el territorio que habían de atravesar hasta llegar al santuario, (chunsua), y á los pies del Lama en él residente. El jefe civil, llamado zaque de Tunja, al cual pagaban tributo los príncipes de Bogotá ó zippa, los Pontífices de Iraca, constituían dos poderes distintos, como lo eran en el Japon el dairi y el Emperador.

Me parecen importantes estas nociones históricas para conocer al pueblo, de cuyo calendario vamos á ocuparnos.

No solo fue Bochica fundador de un nuevo culto, y legislador de los Muiscas, sino que como símbolo del Sol regulaba el tiempo y prescribía el órden de los sacrificios que habian de celebrarse al finalizar los pequeños ciclos, con ocasion de la quinta intercalacion lunar; á él se atribuye la invencion del calendario.

En el imperio del zaque, el día sua, y la noche za, tenían cuatro partes, la sua - me n a, desde la salida del Sol hasta medio día; sua-mena , del medio día á la puesta del Sol; zasca, desde la puesta del Sol hasta la media noche, y cagui desde media noche á la nueva salida del Sol. La voz sua ó zuhé designa á la vez en muisca el dia y el Sol; y de sua, que es sobrenombre de Bochica, se deriva sue, europeo ú hombre blanco (2) ; extraña denominacion que toma orígen en la circunstancia de haber considerado el pueblo á los Españoles, cuando llegó Quesada, como á hijos del Sol, sua .

La menor division del tiempo era entre los Muiscas de tres dias, siendo desconocida la semana de siete, así en América como en parte del Asia oriental. Dedicábase el primero del pequeño período de tres á un gran mercado que se celebraba en Turmequé. El año, zocam, se distribuía en lunas, y veinte de estas componían el año civil ó comun, conteniendo treinta siete el de los Sacerdotes, y veinte de estos grandes años, el ciclo muisca. Para distinguir los dias lunares, las lunas y los años, se empleaban séries periódicas cuyos diez términos eran números, y como las palabras que los designan, ofrecen muchas particularidades notabilisimas, hemos de entrar á continuacion en algunos detalles relativos á la lengua de Bogotá.

Desde fines del siglo pasado se ha perdido casi por completo el uso de esta lengua que llegó á ser dominante por las victorias del zaque Huncahua, por las de los zippas, y la influencia del gran lama de Iraca, en un extenso territorio, desde los llanos del Ariari y del Rio Meta hasta el Norte de Sogamozo; y así como la lengua del Inca se llama en el Perú quíchua, la de los Moscas ó Muiscas, se conoce en el país con el nombre de chibcha. La voz muisca, de la cual parece corrupcion mosca, significa hombre ó persona, aunque los naturales solo la aplican á sí propios generalmente; lo mismo sucede aquí que con la palabra quicha runa que designa un Indio de la raza cobriza, y no un blanco ni descendiente de colonos europeos.

La lengua chibcha ó muisca que era cuando se descubria el Nuevo Continente una de las mas esparcidas en la América meridional, como la del Inca y la caribe, contrasta singularmente con la azteca, tan notable por la repeticion de las sílabas tetl, tli, ítl. Los Indios de Bogotá ó Bacata (limite de los campos ó del terreno labrado) no conocen ni la l ni la d; caracterizándose su lengua por la frecuente repetícion de las sílabas cha, che, chis. Ejemplos: chu, chi, nosotros; hycha, chamique, yo mismo; chigua chiguitynynga, debemos pegar; muysca cha chro guy, hombre estimable; esa partícula cha añadida á la voz muysca, indica el masculino.

Los números son, en lengua chibcha, los siguientes:   1, ata; 2, bozha ó bosa; 3, mica; 4, mhuyca ó muyhica; 5, hicsca ó hisca; 6, ta; 7, qhupqa ó cuhupqua; 8, shuzha ó suhuza; 9, aca; 10, hubchíbica ó ubchihica. Estos diez primeros números se escogieron como términos de las séries periódicas que designaban las divisiones grandes y pequeñas del tiempo. Los Muiscas al pasar de estas cifras añadian á cada una de ellas la voz quihicha ó qhicha, que significa pie; diciendo 11, 12, 13, pie uno, pie dos, pie tres, ó sea quihicha ata, quihicha bosa, quihicha mica, etc.; expresiones sencillas que vienen á mostrarnos el método de contar por los dedos de los pies cuando se acabaron los de las manos. Tambien juega gran papel el 20 en la numeracion americana, como hemos visto al hablar del calendario de los pueblos de raza mejicana, cifra que componen los dedos de todas las extremidades. En lengua chibcha, 20 es pie diez ó quihícha ubchihica, y tambien gueta, que se deriva de gue, casa; 21, guetas asaqui ata; 22, guetas asaqui bosa; 23, guetas asaqui mica, etc., hasta 30 ó 20 mas (asaqui) 10, guetas asaqui ubchihica; 40 ó dos 20, gue-bosa; 60 ó tres 20, gue-mica; 80 ó cuatro 20, gue-muyhica; 100 ó cinco 20, gue-hisca. Debemos recordar aquí, que los Aztecas, despues de las unidades, que se parecian á los clavos de lós Etruscos, carecian de cifra ó geroglífico simple, a no ser para 20, el cuadrado de 20 ó 400, y el cubo de 20 ú 8,000.

Debo insistir en esta uniformidad que las naciones de ambas Américas presentan en el primer desarrollo de sus ideas y métodos propios para expresar gráficamente cantidades numéricas superiores al 10, que es tanto mas digna de atencion, cuanto que revela un sistema de numeracion muy distinto al empleado en el Antiguo Continente desde los Griegos, cuya notacion ya era menos imperfecta que la de los Romanos, hasta los Tibetanos, Indios y Chinos, que se disputan la gloria del admirable invento de las cifras cuyo valor cambia con la posicion.

No hay idea mas equivocada, entre las infinitas que se han esparcido relativamente á las lenguas de los pueblos poco adelantados en la civilizacion, que la que Paw y otros escritores igualmente sistemáticos sostienen, afirmando que ninguna nacion indígena del Nuevo Continente sabe contar en un idioma pasando del 3 (3) . Ya conocemos los sistemas numéricos de cuarenta lenguas americanas, y solo la obra de Hervas, la Aritmética de todas las naciones, contiene treinta. Obsérvase al estudiar estas diversas lenguas, que cuando los pueblos han salido de su primer estado de embrutecimiento, no se diferencian entre sí apenas por los progresos ulteriores en la manera de expresar las cantidades. Así los Peruanos eran tan hábiles, por lo menos, como los Romanos y Griegos, para designar en su lengua números de muchos millones, y aun para indicar el millon tenían la palabra no compuesta (hunu) que carece de análoga en los idiomas del Antiguo Continente. Huc, uno; iscay, dos; qimça, tres... chunca, diez; chuc hu­niyoc, once; chunca iscayniyoc, doce... iscaychunca, veinte; qimça chunca, treinta; tahuachunca, cuarenta... pachac, ciento; iscaypachac, doscientos... huaranca, mil; iscayhua— ronco, dos mil... chuncahuaranca, diez mil; iscaychtsnca­huaranca, veinte mil; pachachuoranca, cien mil; hunu, un millon; íscay-hunu, dos millones; quim c a-hunu, tres millones.., marcha uniforme que se sigue en otras muchas lenguas americanas, Cuyas expresiones numéricas no tienen mas defecto que ser muy largas y de difícil pronunciacion para los órganos de los Europeos. Esta necesidad de contar se deja sentir en un estado social muy anterior al que tan vagamente denominamos de civilizacion.

Algunos pueblos del Nuevo Continente, cuya numeracion poseemos, no saben contar mas allá del veinte ó del treinta, y llaman mucho á cuanto excede de estos; así dicen los Misioneros, asegurando, sin embargo, á la vez que de signan estas naciones el número ciento con montoncitos de maíz de veinte granos cada uno (4) . Prueba evidentemente tal circunstancia que los Jaruros del Orinoco, y los Guaranis del Paraguay, cuentan por veintenas, como los Mejicanos y Muiscas, y que solo la extremada pereza, que es tan propia de los salvajes mas inteligentes, les obliga á facilitarse la numeracion de tres-veintes, cuatro—veintes, contando al modo de los niños ya por los dedos de manos, y pies, ya amontonando granos de maiz. Igual crédito merecen los asertos de esos viajeros qúe afirman haber multitud de naciones en América que no cuentan mas allá del cinco, que la que concederíamos á un Chino que dijera de los Europeos que no pasan en su notacion del diez, porque el diez y seis, el diez y siete y el diez y ocho son compuestos de diez y las primeras unidades. No ha de confundirse la pretendida imposibilidad de expresar grandes cantidades, con esos límites que prescribe el génio de las diversas lenguas al número de los signos no compuestos, los cuales son cinco unas veces, otras diez; otras veinte, segun que los pueblos se complacen en detenerse para contar unidades en los dedos de una mano, en los de ambas ó en los de manos y pies juntamente.

En las lenguas de aquellos pueblos americanos que mas lejos están del desenvolvimiento de sus facultades, como son los Guaranios y Lulos, se expresa el 6 por 4 con 2; el 7 por 4 con 3; el 8 por 5 con 3. Otras tribus ya mas adelantadas, como los Omaguas, y en Africa los Yolofs y los Fulahs, emplean palabras que á la vez significan mano y cinco, como nosotros el 10; así, pues, 7 es mano y dos, y 15 tres manos. En persa pendj indica 5 y pentcha mano. Tambien en las cifras romanas se encuentran indicios de un sistema de numeracion quinaria, multiplicándose las unidades hasta llegar á 5, que tiene un signo especial, como 55 cientos (5) . Los Zamucas llaman como los Muíscas al 11, pie uno; 12, píe dos; siendo el resto de la numeracion de estos pueblos sumamente pesada, por el uso, de pueriles circunlocuciones con que sustituyen las palabras simples; así dicen la mano acabada, por ejemplo, en vez de 5; uno de la otra (mano) por 6; las dos manos acabadas, por 10; los pies acabados por 20, que alguna vez se expresa por hombre ó persona, para indicar que las dos manos y los dos pies constituyen la persona completa. Los Jaruros dicen noenipume, dos hombres ó 40, derivándolo de noeni, 2, y canipume, hombre. Los Sapiboconos no tienen designacion simple para 100 y 1,000, sino que usan para 10, tunca; para 100 tunca-tunca, y para 1,000 tunca-tunca-tunca; formando los cuadrados y cubos por repeticion, como los Chinos su plural, y los Vascos su superlativo. Los grupos de veinte unidades ó veintenas de los Muiscas, Mejicanos y tantas otras naciones de América; se halla tambien en el Antiguo Continente en los Vascos y habitantes de la Armórica. Los primeros cuentan: uno, bat ó unan; dos, bi ó dau; tres, íru ó tri; veinte, ogueí ó hugent; cuarenta, berro guei ó dauhqent; sesenta, iruroguei ó trihugent. Interesa seguir la formacion de los pequeños grupos de cinco, diez ó veinte, en esos sistemas de numeracion tan distintos y, que sin embargo, presentan la uniformidad que caracteriza todos los inventos del género humano en la primera edad de su existencia social.

(1) Historia general de las conquistas del Nuevo Reino de Granada, por el Doctor D. Lucas Fernandez Piedrahita, p 15. El autor, que murió Obispo de Panamá, escribió su libro sobre los trabajos de Quesada el Conquistador, de Juan Castellanos, cura de Tunja, y de los Franciscanos fray Antonio Medrano y fray Pedro Aguada. (regresar1)
(2) Gramática de la lengua general del Nuevo Reino llamada Mosca, por el P. fray Bernardo de Lugo , Madrid, 1619, p. 7.  (regresar2)
(3)  Investigacíones filosóficas sobre los Americanos, parte V, seccion 1ª., t. 11, p. 162 (ed. de 1769). (regresar3)
(4)  Hervas, Idea del Universo: Aritmetica di tulle le nazioni conosciule, L XIX, p. 96, 97 y 106.  (regresar4)
(5) Hervas, p. 28, 96, 102, 105, 112, 116 y 127. Viaje de Mungo.ParcK,  t.I, p. 25 y 95. (regresar 5)

anterior índice siguiente