IV.
PASO DE QUINDÍO, EN LA CORDILLERA DE LOS
A
NDES.
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Paso del Quindío por la Cordillera de los Andes
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La Cordillera de los Andes se parte en el reino de
Nueva-Granada,entre 2° 30
´ y 5° 15’ de latitud boreal,
en tres cadenas paralelas; y de ellas, solo las dos laterales están
cubiertas á grandes alturas de arenisca y otras formaciones
secundarias.
Separa
la cadena oriental de las llanuras del Rio Meta el
Valle del Magdalena, y en su pendiente occidental se encuentran los
puentes naturales de Icononzo. La
Suma Paz y
Chingasa
son sus mas elevadas cimas, aunque ninguna llega á la region de las
nieves perpétuas.
Divide las aguas
la cadena central entre la cuenca del
Rio Magdalena y el Cauca; toca al límite de las nieves perpétuas y
sus cimas colosales
Guanacas, Baragan y Quindiu lo pasan. A
la salida y puesta del sol presenta esta cadena magnífico
espectáculo á los habitantes de Santa—Fé, y recuerda, aunque
con mas imponentes dimensiones, la vista de los Alpes de la
Suiza.
La
cadena occidental de los Andes marca el Valle de Cauca
dixtinguiéndolo de la provincia del Choco y costas del mar del Sud.
Cuenta apenas 1,500 metros de altura, y baja de tal suerte entre
las fuentes del Rio Atracto y las del San Juan que cuesta trabajo
seguir su prolongacion en el istmo de Panamá.
Confúndense hácia el Norte estas tres cadenas de montañas, entre
6 y 7 grados de latitud boreal, formando un solo grupo al Sur de
Popayan, en la provincia de Pasto. Preciso es, por otra parte,
diferenciarlas de la division de las Cordilleras observada por
Bouguer y La Condamine, en el reino de Quito, desde el ecuador
hasta 2° de latitud austral.
Santa-Fé de Bogotá se halla al Oeste del Páramo de
Chingasa, en una meseta de 2,650 metros de altura absoluta,
que se prolonga por la
Cordillera oriental. De modo que, por
razon de esta estructura particular de los Andes, para ir de
Santa-Fé á Popayan y al Cauca, es necesario bajar la
cadena
oriental, bien por la
Mesa y Tocayma, ó por los puentes
naturales de
Icononzo; cruzar despues el valle del Rio
Magdalena y pasar la
cadena central. Es el
Páramo de
Guanacas, el paso mas frecuentado, y ha sido descrito por
Bouguer, á su vuelta de Quito á Cartagena de Indias. Atraviésase
siguiendo este camino en un solo dia y por medio de pais habitado,
la cresta de la Cordillera central. Nosotros preferimos al paso de
Guanacas el de la
montaña Quindiu ó Quindio, entre
las ciudades de Ibaga y Cartago. He creido indispensables estos
detalles geográficos para dar á conocer mejor la posicion de un
sitio que en vano se buscaria en los mapas mas acabados de la
América Meridional, por ejemplo, el de La Cruz.
Considérase la montaña de Quindiu (lat. 4°,
36’,
long. 5°, 12’) como el mas penoso. paso de la Cordillera de
los Andes; porque es bosque espeso, completamente deshabitado, que
en la mejor estacion cuesta diez ó doce dias de travesía. Allí no
hay cabaña alguna, ni medios de subsistencia. Los viajeros, en
todas las épocas del año, hacen sus provisiones para un mes, porque
á menudo sucede que por el deshielo de las nieves y súbita crecida
de los torrentes, se encuentran aislados y sin poder dirigirse á
Ibaga ni á Cartago. El Garito del Páramo, que es el punto
culminante, mide 3,500 metros sobre las aguas del Océano, y como el
pié de la montaña, hácia las orillas del Cauca, solo cuenta 960,
disfrútase en este sitio de un clima dulce y templado. El sendero
porqué se pasa la Cordillera es tan estrecho que apenas tiene 4 ó 5
decímetros, y se parece á una galería al descubierto. Como casi
toda la Cordillera, esta parte de los Andes es de superficie
arcillosa, habiendo formado barrancos de 6 á 7 metros de
profundidad los hilos de agua que bajan de la montaña. Por estas
grietas llenas de lodo se anda, no obstante las oscuridades que
produce la espesa vegetacion que cubre las aberturas. Los bueyes,
bestias de carga que se usan en estas comarcas, difícilmente pasan
por dichas galerías que tienen hasta 2,000 metros de largo,
y si se tropieza con ellos por desgracia en el centro de los
barrancos, hay que desandar el camino recorrido ó subirse á los
bordes de la grieta sujetándose á las raices que del suelo penetran
hasta allí.
Bajando por la pendiente occidental de la Cordillera en octubre
de 1801, á pié y seguidos de doce bueyes que llevaban nuestros
instrumentos y colecciones, sufrimos mucho en los últimos dias de
caminar por esta montaña de Quindiu, en razon de los contínuos
chaparrones que nos molestaron. Pasa el sendero por un pais
pantanoso poblado de cañas bambú, y los pinchos de las raices de
estas gigantescas gramíneas, destrozaron nuestro calzado; de suerte
que tuvimos necesidad de marchar descalzos, como todo viajero que
se encuentra en nuestra situacion y no gusta de que le lleven á
hombros de otro. La indicada circunstancia, la humedad
constante, lo largo del camino, la fuerza muscular que se emplea
andando sobre la arcilla espesa y cenagosa, la necesidad de pasar á
nado profundos torrentes de agua muy fria, hacen que sea este viaje
excesivamente penoso; mas no ofrece, á pesar de ello, esos peligros
con que la credulidad del pueblo alarma á los viajeros. Si bien es
el sendero estrecho, son pocos los parajes en que puede haber temor
de dar con un precipicio. Como los bueyes acostumbran poner la pata
siempre en la misma huella, fórmase en el camino una série de hoyos
pequeños separados por ciertas prominencias de tierra, que en el
tiempo de las lluvias fuertes permanecen ocultas por el agua
haciéndose muy vacilante la marcha del viajero que ignora si pisa
en las hondonadas ó en los diques.
Siendo pocas las personas acomodadas que tienen hábito de andar
á pié en estos climas y por caminos tan difíciles durante diez y
nueve ó
veinte dias seguidos, se hacen llevar en sillas que
se colocan los hombres á la espalda; pues el paso de Quindiu no
permite caminar montados en mulos. Se oye decir en este pais
andar en carguero, como quien dice
ir á caballo, sin
que por esto se crea humillante el oficio de
carguero;
debiendo notarse que los que á él se dedican no son indios, sino
mestizos, y á veces blancos. Mas aun sorprende oir cómo estos
hombres, desnudos y ocupados en cosa tan degradante á nuestros
ojos, disputan en medio del bosque porque el uno rehúsa dar al
otro, que pretende tener mas blanca la piel, el título de
Don ó
Su
Merced. Los
cargueros conducen
seis á siete arrobas (75 á 88 kilóg.) y algunos muy robustos hasta
nueve. Apenas se concibe cómo escogen voluntariamente este oficio
los jóvenes mas fuertes de estas montañas sin que sean parte á
detenerlos la enorme fatiga que les ocasiona una marcha por este
pais montuoso de ocho horas diarias, ni los destrozos que hace en
sus espaldas la ruda faena cual si fueran bestias, ni la crueldad
con que algunos viajeros los abandonan en la selva si por desgracia
enferman, ni la modesta ganancia que obtienen de este trabajo que
llega á 240 ó 280 reales. Solo el gusto de una vida errante en que
se goza de cierta independencia, explica la preferencia de esta
ocupacion respecto de la sedentaria y monotona de las ciudades.
No es el paso de Quindiu, el único punto donde de este modo se
viaja; en la provincia entera de Antioquía, rodeada de terribles
montañas, no hay otro medio de escoger sino el de andar á pié
cuando la robustez lo permite, ó encomendarse á los
carqueros ; tal es el camino que va de Santa-Fé de Antioquía
á la Boca de Nares, ó al Rio Samaná. He conocido un habitante de
dicha comarca que, por su gordura, no habia encontrado mas que dos
mestizos capaces de llevarlo; si sus dos
cargueros hubieran
muerto mientras él se encontraba en el Magdalena ó en el Mompox ó
en Honda, no regresára á su casa. En Choco, Ibaga, y Medellin es
tan grande el número de los jóvenes que llenan este oficio de
bestias de carga, que á veces se cuentan filas de cincuenta á
sesenta en el camino. Cuando los españoles intentaron hacer
practicables á los mulos estos senderos de Nares á Antioquía, los
cargueros protestaron de la mejora, y el gobierno tuvo la
debilidad de ceder á la reclamacion. Conviene recordar aquí, que
hay en las minas de méjico una clase de hombres que no tienen mas
ocupacion que llevar á cuestas otros hombres. La pereza de los
blancos, enorme en estos climas, hace que los directores de los
establecimientos mineros tomen á sueldo á los indios de este
género, á quienes llaman
caballitos porque se hacen ensillar
todas las mañanas, y apoyados en un bastoncillo, con el cuerpo
inclinado hácia delante, conducen al amo de un punto á otro de la
mina. Los
caballitos y
cargueros de paso mas seguro,
igual y dulce son preferidos. ¡Cuán triste es pensar que hay
hombres recomendables por cualidades propias de las bestias!
La persona que va en las sillas de los
cargueros, ha de
permanecer inmóvil horas enteras, so pena de caer ambos con mas
peligros aun de los naturales, porque atraviesa el
carguero
los puntos mas escarpados, fiado en su destreza, ó el torrente en
un pequeño madero. Son sin embargo, raros los accidentes, y los que
ocurren se atribuyen á la imprudencia de los viajeros que asustados
saltan á tierra desde la silla.
Descúbrese un sitio pintoresco, á la entrada de la montaña de
Quindiu, en las cercanías de Ibaga y junto á un punto que se llama
Pié de la Cuesta. Aparece por encima de una gran masa de rocas
graníticas, el cono truncado de Tolima cubierto de perpétua nieve,
y recordando en su forma el Cotopaxi y el Cayambo; el pequeño
riachuelo de Combeina, que mezcla sus aguas á las del Rio Cuello,
serpentea por un estrecho valle, abriéndose camino al través de un
bosque de palmeras, y allá en el fondo se divisa una parte de la
ciudad de Ibaga, el gran Valle del Magdalena y la cadena oriental
de los Andes.
Una vez llegados á Ibaga, entre los preparativos del proyectado
viaje, se cuentan muchos cientos de hojas de
v
ij
ao, cortadas en las montañas próximas,
planta de la familia del Bananero que forma un género nuevo
semejante al Thalia y que no debe confundirse con la
Heliconia
bihai. Estas hojas membranosas y lustrosas como las del Musa,
son ovales y tienen 54 centímetros de longitud por 37 de ancho. Su
superficie inferior es blanca plata y cubierta de una sustancia
harinosa que se desprende por escamas. Este particular
barniz las pone en condiciones de resistir mucho tiempo á la
lluvia. Al recogerlas, ábrese una incision en la nerviacion
principal que es la prolongacion del peciolo, incision de que se
sujetan cuando se trata de convertirlas en techumbre móvil; pasado.
el momento se arrollan y guardan. Se necesitan 50 kilógramos de
estas hojas para el techo de una cabaña que cobije seis ó siete
personas. Los
carguieros proporcionan algunas estacas y
preparan la tienda en un paraje del bosque seco y útil para
pernoctar en él. En pocos minutos, con ligaduras de lianas y las
hojas de vijao se forman estas cabañas frescas y cómodas. Si
durante la noche siente el viajero que la lluvia penetra hasta él,
indica la gotera y una hoja basta para remediar el inconveniente.
Nosotros pasamos muchas noches en el valle de Boquia, bajo una
de estas tiendas sin que el agua que abundante y casi contínua
caia, nos molestara un momento.
La montaña de Quindiu es uno de los sitios mas ricos en plantas
útiles é interesantes. Allí encontramos la palmera ceroxilon
(Ceroxylon andicola), cuyo tronco está cubierto por una
espécie de cera vegetal; las pasifloras arbóreas y la magnífica
Mutisia grandiflora, cuya flor, escarlata, tiene una
longitud de 16 centímetros.