INDICE





INTRODUCCIÓN

OJEADA GENERAL

LUGARES DE COLOMBIA TOMADAS DE LA PARTE PRIMERA: SITIOS, MESETAS DE MÉJICO Y MONTAÑAS DE LA AMÉRICA MERIDIONAL

CAPÍTULO I
Volcanes de Turbaco

CAPÍTULO II
Cascada de Tequendama

CAPÍTULO III
Puentes naturales de Icononzo

CAPÍTULO IV
Paso del Quindío, en la Cordillera de los Andes

CAPÍTULO V
Cascada del Río Vinagre, cerca del volcán de Puraz

MONUMENTOS DE LOS INDIOS MUISCAS

CAPÍTULO VI
Calendario de los Indios Muiscas

CAPÍTULO VII
Cabeza grabada en durísima piedra, por los Indios Muiscas,  brazalete de obsidiana.
OJEADA GENERAL
 

 

Los monumentos de aquellas naciones apartadas de nosotros por el trascurso de muchos siglos despiertan nuestro interés de dos diversas maneras. Si las obras de arte que llegan hasta nosotros pertenecen á pueblos de muy adelantada civilizacion, excitan nuestro entusiasmo por el génio con que están concebidas, por la armonía y la belleza de las formas; así el busto de Alejandro, encontrado en los jardines de los Pisones, se reputaría siempre como precioso resto de la antigüedad, aunque su inscripcion no indicara que son aquellas las facciones del ilustre conquistador; y una piedra grabada, una medalla de los hermosos tiempos de la Grecia, admiran al artista por la severidad del estilo, por lo acabado de la ejecucion, sin que sea necesario que una leyenda ó una monograma relacione tales objetos con época determinada de la historia. ¡Magnífico privilegio de que goza cuanto se ha producido bajo el cielo del Asia Menor y parte de la Europa austral!

Los monumentos de aquellos pueblos que no alcanzaron un alto grado de cultura intelectual, y que por causas religiosas y políticas, por la naturaleza de su organizacion, se han revelado como menos sensibles á la belleza de las formas, únicamente deben mirarse como monumentos históricos; á cuya clase corresponden los restos de escultura diseminados por las vastas regiones que limitan de un lado las orillas del Eufrates y las costas orientales del Asia, del otro. Los ídolos del Tibet y del Indostan, los encontrados sobre la meseta central de la Mongolia, fijan nuestra atencion por la luz que prestan al exámen de las antiguas comunicaciones de los pueblos y orígen comun de sus tradiciones mitológicas.

Sirven al estudio filosófico de la historia las obras mas groseras y las mas raras formas; como esas masas de rocas esculpidas que solo imponen por su tamaño y época remota á que se atribuyen, y esas pirámides enormes que acusan el trabajo de infinitas manos.

Dignos son bajo este respecto de nuestro exámen, los restos escasos de arte, ó mas bien de la industria de los pueblos del Nuevo Continente. Persuadido de esta verdad, he reunido durante mis viajes cuanto una activa curiosidad me ha hecho descubrir en paises donde la barbarie de aquellos siglos y su intolerancia han destruido casi todo lo que podía darnos idea de las costumbres y cultos de los antiguos habitantes; donde se han demolido edificios para arrancar piedras de ellos ó buscar allí tesoros ocultos.

Espero que dé algun interés á mis investigaciones la comparacion que me propongo presentar entre las obras de arte de Méjico y el Perú y las del Antiguo Mundo. Apartado de todo espíritu sistemático, indicaré las analogías que naturalmente se ofrecen, dixtinguiendo las que parecen prueba de identidad de raza, de aquellas que probablemente se refieren solo á causas interiores, á esa semejanza que se observa en el desenvolvimiento de las facultades intelectuales de todos los pueblos. Debo limitarme aquí á una sucinta descripcion de los objetos; pues en la relacion de mi Viaje será lugar de exponer las consecuencias que parecen derivarse del conjunto de los monumentos que señalo; y como aun viven los pueblos á quienes se atribuyen esos edificios y esculturas, su fisonomía y el conocimiento de sus costumbres esclarecerán la historia de sus emigraciones.

Las investigaciones acerca de los monumentos levantados por naciones semi-bárbaras, ofrecen á mas un nuevo interés que pudiera llamarse psicológico; presentan á nuestra vista el cuadro de la marcha progresiva y uniforme del espíritu humano. Las obras de los primeros habitantes de Méjico ocupan un lugar intermedio entre las de los pueblos escitas y los antiguos monumentos del Indostan. Imponente espectáculo es el del génio humano cuando se recorre el espacio que existe entre las tumbas de Tinian y las estátuas de la isla de Paques, hasta los monumentos del templo mejicano de Mitla, y desde los ídolos informes que contenia este templo hasta las obras maestras de Praxiteles y Lisipo.

No debe admirarnos en las de los pueblos de América el estilo grosero y la incorreccion de los contornos, porque estas naciones, separadas quizás del resto del género humano, errantes en un país donde el hombre ha tenido que luchar mucho tiempo contra una naturaleza salvaje y siempre agitada, no han podido desenvolverse sino es con lentitud. Ofrécennos iguales fenómenos el Este del Asia, el Occidente y Norte de Europa, y al indicarlos, no diré nada acerca de las secretas causas por las cuales solo se ha desenvuelto el gérmen de las bellas artes en una muy pequeña parte del globo. ¡Cuántos pueblos del Antiguo Continente han vivido bajo un clima análogo al de la Grecia, rodeados de cuanto puede conmover la imaginacion, sin elevarse jamás al sentimiento de la belleza de las formas que solo ha presidido á las artes donde el génio de los Griegos las ha fecundado!

Bastan estas consideraciones para señalar el fin que me  he propuesto con mis generalidades acerca de los monumentos americanos. Puede su estudio ser tan útil como lo es el de las lenguas mas imperfectas, que no solo interesan por su analogía con las conocidas, sino que tambien por la íntima relacion que existe entre su estructura y el grado de inteligencia del hombre mas ó menos alejado de la civilizacion.

Al presentar en una misma obra los groseros monumentos de los pueblos indígenas de la América y los sitios pintorescos del país montuoso que han habitado, creo reunir objetos cuyas relaciones no han escapado á la sagacidad de los que se dedican al estudio filosófico del espíritu humano. Por mas que las costumbres de las naciones, el desenvolvimiento de sus facultades intelectuales, el carácter particular en sus obras impreso, dependen á la vez de infinitas causas que no son puramente locales, no puede desconocerse que el clima, la configuracion del suelo, la fisonomía de los vegetales, el aspecto de una naturaleza risueña ó salvaje, influyen en el progreso de las artes y estilo que dixtingue sus producciones; influencia mas sensible á medida que el hombre se encuentra mas apartado de la civilizacion. ¡Qué contraste el que se observa entre la arquitectura de un pueblo que ha habitado vastas y tenebrosas cavernas y la de esas hordas tanto tiempo nómadas, cuyos atrevidos monumentos recuerdan en el fuste de las columnas los esbeltos troncos de las palmeras del desierto! Preciso es para conocer bien el origen de las artes, estudiar los accidentes del sitio que las vé nacer. Los únicos pueblos en que hallamos monumentos dignos de notar son montañeses, que aislados en la region de las nubes, sobre las mas elevadas mesetas del globo, en medio de volcanes cuyo cráter está siempre rodeado de perpétuos hielos, no admiran en la soledad de estos desiertos sino lo que interesa á la imaginacion por la magnitud de las masas; y así señala sus obras el sello de la salvaje naturaleza de las Cordilleras.

A dar á conocer las grandes escenas de esta naturaleza dedico una parte del presente libro, en que atiendo mas á pintar el contorno de las montañas, los valles que las surcan y las imponentes cascadas que forma la caida de los torrentes, que al efecto pintoresco que pueda resultar de la contemplacion de este espectáculo. Son los Andes comparados con la cadena de los altos Alpes, lo que esta á la de los Pirineos, y cuanto he visto de romántico ó grandioso en la Saverne, en la Alemania setentrional, en los montes Euganeos, en la cadena central de Europa, en la rápida pendiente del volcan de Tenerife, se encuentra reunido en las Cordilleras del Nuevo-Mundo. No bastarían algunos siglos para observar las bellezas y descubrir las maravillas allí prodigadas, en una extension de 2.500 leguas, desde las montañas graníticas del estrecho de Magallanes hasta las costas próximas al Asia oriental; pero pensaria tener cumplido mi propósito, si los modestos bosquejos que contiene este libró excitan á los viajeros amantes de las artes á visitar las regiones que he recorrido, para que estos majestuosos sitios, que no cabe comparar con los del Antiguo Continente, lleguen á pintarse con la fidelidad que piden.

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