INDICE





INTRODUCCIÓN

OJEADA GENERAL

LUGARES DE COLOMBIA TOMADAS DE LA PARTE PRIMERA: SITIOS, MESETAS DE MÉJICO Y MONTAÑAS DE LA AMÉRICA MERIDIONAL

CAPÍTULO I
Volcanes de Turbaco

CAPÍTULO II
Cascada de Tequendama

CAPÍTULO III
Puentes naturales de Icononzo

CAPÍTULO IV
Paso del Quindío, en la Cordillera de los Andes

CAPÍTULO V
Cascada del Río Vinagre, cerca del volcán de Puraz

MONUMENTOS DE LOS INDIOS MUISCAS

CAPÍTULO VI
Calendario de los Indios Muiscas

CAPÍTULO VII
Cabeza grabada en durísima piedra, por los Indios Muiscas,  brazalete de obsidiana.
INTRODUCCIÓN
 

 

En este libro he reunido cuanto se relaciona con el orígen y primeros progresos de las Artes en los pueblos indígenas de América.

En los comienzos de la conquista de esta parte del mundo, fijóse la atencion de Europa singularmente en las gigantescas construcciones de Cuzco, en las magníficas vias trazadas en el centro de las Cordilleras, las pirámides de gradas y el culto y escritura simbólica de los Mejicanos. Muchas de estas regiones de Méjico y Perú fueron descritas por entonces con igual frecuencia que lo han sido en nuestros dias los alrededores del puerto Jackson, en Nueva-Holanda, y la isla de Otaiti; mas si ha de apreciarse con exactitud la sencillez y tinte verdadero y local que caracterizan las narraciones de los primeros viajeros españoles, preciso es á los lugares mismos; aunque estudiando sus obras, se echan de menos ciertas figuras que pudieran dar cabal ideal de tantos monumentos como el fanatismo ha destruido, ó se han arruinado, merced á una criminal negligencia.

El ardor con que se procedia á investigar la América disminuyó desde principios del siglo XVII; las colonias españolas, extendidas por las únicas comarcas que habitaron en otro tiempo pueblos civilizados, permanecieron apartadas de las naciones extranjeras; y en nuestra época,  cuando Clavijero publicó en Italia su Historia antiqua de Mejico, reputábanse dudosos hechos que aseveraban multitud de testigos oculares, enemigos unos de otros las mas veces. Escritores célebres, mas impresionados de los contrastes de la Naturaleza que de su pura armonía, complacíanse en pintar la América como país pantanoso, contrario á la multiplicacion de los animales, y de nuevo ocupado por hordas tan incultas como las que viven en el mar del Sud. Un escepticismo absoluto habia sucedido á la sana crítica, siempre que se trataba de la historia de los Americanos; confundiéndose las declamatorias descripciones de Solís y algunos otros publicistas, que jamás abandonaron la Europa, con los relatos sencillos y verídicos de los viajeros primitivos; y aun se tenia por obligacion de filósofo negar lo que los misioneros observaron.

Afortunadamente una revolucion se ha dejado sentir en esto de considerar la civilizacion de los pueblos y las causas de sus progresos ó estacionamientos, desde fines del último siglo. Hemos aprendido á conocer naciones cuyas costumbres, instituciones y artes difieren casi tanto de los Griegos y Romanos, como las formas originarias de las especies animales destruidas son diversas de las que describe la Historia natural. La Sociedad de Calcuta ha contribuido mucho al esclarecimiento de la historia de los pueblos asiáticos. Los monumentos de Egipto, que hoy se pintan con gran exactitud, se han comparado á aquellos otros que existian en los más lejanos paises, y mis investigaciones acerca de los indígenas de América aparecieron en un tiempo que no tenia por indigno de atencion aquello que se apartaba de los inimitables modelos que los Griegos nos legaron.

Héme propuesto, al describir los monumentos de América, adoptar el punto medio entre los dos caminos que siguen los sabios que de ellos se ocupan: las lenguas y las tradiciones de los pueblos. Entregándose los unos á hipótesis brillantes, pero fundadas en deleznables bases, deducen resultados generales de un pequeño número de hechos aislados; viendo en América colonias chinas y egipcias, dialectos célticos y el alfabeto fenicio. Y mientras que ignoramos si los Oscos, Godos ó Celtas proceden de Asia, se quiere afirmar el orígen de todas las hordas del Nuevo Continente. Han acumulado materiales los otros, sin elevarse á ninguna idea general; método que es estéril en la historia de los pueblos como en las diferentes ramas de las ciencias físicas. ¿Habré conseguido yo evitar estos escollos que señalo? Un corto número de naciones, bastante lejanas entre sí, los Etruscos, Egipcios, Tibetanos y Aztecas, ofrecen sorprendentes analogías en sus edificios, sus instituciones religiosas, sus divisiones del tiempo, sus ciclos de regeneracion y sus ideas místicas. Debe el historiador indicar estas semejanzas, difíciles de explicar, como lo son tambien las que se dan entre el sanscrito, el persa, el griego y lenguas de orígen germánico; mas téngase en cuenta que al procurar la generalizacion de las ideas es necesario detenerse en aquel límite que nos marca la falta de datos positivos; principio á que sujeto la exposicion que aquí hago de los resultados á que parece nos llevan las nociones que hasta el dia tengo adquiridas respecto de los pueblos indígenas del Nuevo Mundo.

Examinando atentamente la constitucion geológica de América y si se reflexiona acerca del equilibrio de los flúidos esparcidos por la superficie de la Tierra, no cabe admitir la opinion de que el Nuevo Continente surgió de las aguas con posterioridad al antiguo. Obsérvase en aquel la propia sucesion de capas roquizas que en nuestro hemisferio, y parece probable que los granitos y pizarras de las montañas del Perú, sus yesos y gredas, nacieran al nacer en los Alpes de Suiza las rocas análogas. El globo entero ha sufrido á no dudar las mismas catástrofes. Encuéntranse suspendidas en los picos de los Andes, á una altura que excede la del Mont-Blanc, conchas pelásgicas; huesos fósiles de elefantes se hallan esparcidos en las regiones equinocciales, siendo cosa de admirar, que no es en las llanuras ardientes del Orinoco, sino en las mesetas mas frias y elevadas de las Cordilleras, donde se ven estas osamentas. En el Nuevo, como en el antiguo Mundo, generaciones de especies destruidas han precedido á las que hoy se reparten la tierra, las aguas y el aire.

No hay cosa alguna que demuestre que la existencia del hombre es mas reciente en América que en los restantes continentes. Bajo los trópicos, las emigraciones de los pueblos se han visto dificultadas por la fuerza de la vegetacion, la amplitud de los rios y las inundaciones parciales. No puede asentarse, por tanto, como regla, que las regiones primeramente habitadas, son las que presentan mayor masa de poblacion; en el Asia boreal se ven comarcas tan pobremente ocupadas como las sábanas de Nuevo-Méjico y Paraguay.

El problema de la primitiva poblacion de América, cae bajo el dominio de la historia, en iguales condiciones que son del de las ciencias naturales, las cuestiones sobre el orígen de las plantas y animales, y de la distribucion de los gérmenes orgánicos. Al remontarnos á las más lejanas épocas, hallamos en casi todas las partes del globo hombres que se creen aborígenes, porque ignoran su filiacion; siendo imposible reconocer en la multitud de pueblos que se han sucedido y mezclado entre sí, esa capa originaria, mas allá dé la cual comienzan las tradiciones cosmogónicas.

Las naciones de América, excepcion hecha de las próximas al círculo polar, constituyen una sola raza que caracterizan la conformacion del cráneo, el color de la piel, lo extremadamente ralo de la barba y sus cabellos lisos y aplastados, cuya raza presenta relaciones sumamente sensibles con la mogólica, compuesta de los descendientes de los Hiongnu, en otro tiempo conocidos por Hunnos, Kalkas; Kalmukos y Buratos. Recientes observaciones han probado, además, que no solo los habitantes de Unalaska, sino otros muchos de la América meridional, acusan, por algunos caractéres osteológicos de la cabeza, un paso de la raza americana á la mogólica. El dia que se estudien y conozcan mejor los hombres morenos del Africa y ese enjambre de gentes que viven el interior y Nordeste de Asia, Tártaros y Tshudos, segun el vago nombre con que los designan viajeros sistemáticos, las razas caucásica, mogólica, americana, malaya y negra, aparecerán con mayores conexiones de que poder deducir un solo tipo orgánico, para la gran familia del género humano, modificado por circunstancias desconocidas quizás siempre.

Por más que los pueblos indígenas del Nuevo Continente tengan de comun ciertas íntimas afinidades, ofrecen, no obstante, diferencias notables, si se atiende á la movilidad de sus facciones, á su tez de color mas ó menos pronunciado y la estatura, como acontece con los Arabes, Persas y Eslavos, que pertenecen todos á la raza caucásica. Las hordas que recorren las abrasadoras llanuras de las regiones equinocciales no tienen, sin embargo, mas acentuado el tinte oscuro de la piel que los montañeses ó los habitantes de la zona templada; bien sea que en la especie humana y en la mayoría de los animales haya una cierta época de la vida orgánica mas allá de la cual es casi nulo el influjo del clima y del alimento, bien sea que la desviacion del tipo primitivo no se haga sensible hasta pasada una larga série de siglos. Por otra parte, los Americanos, como los pueblos de la raza mogólica, presentan menor flexibilidad de organizacion que las restantes naciones de Europa y Asia.

La raza americana, menos numerosa que las demás, ocupa, no obstante, el mayor espacio del globo, extendiéndose por ambos hemisferios, desde el grado 68 de latitud Norte hasta el 55 de latitud Sud. Es esta, la única raza que tiene fijada su residencia así en las ardientes llanuras próximas al Océano, como en las montañas, en algunas de las cuales llega á 389 metros mas alto que el Pico de Tenerife.

El número de las lenguas con que se dixtinguen las diferentes tribus indígenas, parece mayor aún en el Nuevo Continente que en Africa, donde pasan de 140, segun investigaciones hechas por Seetzen y Vater. Aseméjase en esta relacion toda la América al Cáucaso, á la Italia, antes de su conquista por los Romanos, al Asia Menor, cuando reunia en corta extension de terreno los Cilicios de raza semítica, los Frigios de orígen tracio, los Lidios y los Celtas. La configuracion del suelo, la fuerza de la vegetacion y el temor de exponerse al calor de los llanos, que abrigan los de las montañas, dificultan las comunicaciones y contribuyen de esta suerte á la pasmosa variedad de las lenguas americanas. Así se observa que esta profusion disminuye en las sábanas y bosques del Norte, accesibles enteramente á los cazadores, á orilla de los grandes rios, á lo largo de las costas del Océano y por doquier extendieron su teocracia los Incas por medio de las armas.

Allí donde las lenguas se multiplican, en un continente, sin embargo, cuya poblacion total ni siquiera iguala la de Francia, se reputan diferentes las que ofrecen las mismas relaciones entre sí, no que el aleman y holandés, ó el italiano y el español, pero sí que el danés y el aleman, el caldeo y el árabe, el griego y el latin. Cuando se penetra en el dédalo de los idiomas americanos bien se vé que pueden agruparse muchos en familias, mientras que otros quedan enteramente aislados, como acontece con el vasco entre los europeos y el japonés en los asiáticos. Mas este aislamiento es aparente, porque debe suponerse con fundamento que aquellos que resisten toda clasificacion etnográfica, tienen sus afinidades con otros, extinguidos mucho há ó con los correspondientes á pueblos aun no visitados.

La mayoría de las lenguas americanas, aun aquellas que difieren entre sí como las de orígen germánico, céltico y eslavo, presentan una cierta semejanza en el conjunto de su organizacion; ya en la complicacion de las formas gramaticales, en las modificaciones que sufre el verbo segun la naturaleza de su régimen y en la multiplicidad de las partículas adicionales (affixa et suffixa). Anuncia esta tendencia uniforme de los idiomas, sino identidad de orígen, por lo menos extremada analogía en las disposiciones intelectuales de los pueblos americanos, desde la Groenlandia á las tierras magallánicas.

Hay un corto número de voces que es comun á las lenguas de los dos continentes, si se atiende al resultado obtenido de investigaciones practicadas con delicado esmero y segun método no conocido antes en el estudio etimológico. De ochenta y tres americanas, apreciadas por Barton y Vater, setenta parecen de la propia raiz; siendo fácil convencerse dé que estas afinidades no son accidentales, descansan no mas que en la armonía imitativa ó sobre la igual conformacion de los órganos que hace casi idénticos en los niños los primeros sonidos articulados. De ciento setenta voces entre si afines, tres quintas partes recuerdan el mandchú, tunguso, mogol y samoyeda, y las dos restantes quintas partes el céltico, tschudo, vasco, copto y congo. Hánse hallado estas palabras, comparando la totalidad de las lenguas americanas con la totalidad de las del Antiguo Mundo; porque hasta ahora, no conocemos ningun idioma americano que aparezca mas unido que los otros á cualquiera de los numerosos grupos de los africanos, asiáticos ó europeos. Cuanto han afirmado algunos sabios, por puras teorías, relativamente á la pretendida pobreza de todas las lenguas americanas y á la extremada imperfección de su sistema numérico, es tan aventurado como lo son los asertos que se hacen respecto de la estupidez y debilidad de la especie humana en el Nuevo Mundo, inferioridad de la naturaleza viviente y degeneracion de los animales trasportados de uno á otro hemisferio.

Bastantes lenguas pertenecientes hoy solo á pueblos bárbaros, se revelan como restos de otras ricas, flexibles y propias de gran cultura. No hemos de discutir acerca de si el embrutecimiento fué ó no estado originario de la especie humana, ni si las hordas salvajes provienen de pueblos cuyas facultades intelectuales y lenguas en que estas se reflejan iban adelante paralelamente; bástanos recordar que lo poco que sabemos de la historia de los Americanos nos lleva á pensar que las tribus cuyas emigraciones se han dirigido de Norte á Sud, ofrecian ya, en las comarcas más setentrionales, esa variedad de idiomas que en la zona tórrida hallamos hoy; pudiendo deducirse de todo ello, por analogía, que la ramificacion, ó para huir de palabra sistemática, que la multiplicidad de las lenguas es fenómeno bien antiguo. Quizás las que llamamos americanas sean tan de América como de Europa el húngaro y el finés.

Preciso es convenir en que de la comparacion de los idiomas de ambos continentes no se han obtenido hasta ahora resultados generales; pero no hay que desesperar, pues este estudio será mas fructuoso cuando la sagacidad de los sabios pueda ejercitarse con mayor acopio de materiales. Aun existen muchas lenguas de la América y Asia central y oriental, cuyo mecanismo nos es tan desconocido como el tirreno, osco y sabino. Quizás se conserven, entre los pueblos que han desaparecido del Antiguo Mundo, allá en las vastas soledades de la América, tribus poco numerosas de muchos de ellos.

Si las lenguas prueban solo de una manera imperfecta la antigua comunicacion entre los dos mundos, las cosmogonías, monumentos, geroglificos é instituciones de los pueblos de América y Asia, revelan la comunicácion. de una manera indudable. Me atrevo á esperar que con ejemplos nuevos, unidos á los que hasta ahora se podian presentar, justificaré mi aserto, habiendo procurado dixtinguir cuidadosamente de lo que indica comunidad de orígen, lo que es resultado de la situacion análoga en que los pueblos se hallan cuando comienzan á perfeccionar su estado social.

Imposible ha sido hasta aquí fijar la época de las comunicaciones entre los habitantes de los dos mundos; como sería temerario designar el grupo de pueblos del; Antiguo Continente que mayores relaciones haya tenido con los Toltecas, Aztecas, Muiscas ó Peruanos; puesto que se revelan aquellas por las tradiciones, monumentos y usos que son anteriores quizás á la actual division de los Asiáticos en Mogoles, Indos, Tongusos y Chinos.

Cuando los Españoles descubrieron ú ocuparon el Nuevo Mundo, eran los de las montañas los mas adelantados de los pueblos americanos. Hombres que nacieron en las llanuras, bajo climas templados, habian subido á las Cordilleras, mas elevadas segun que se aproximan al Ecuador, porque encontraban allí una temperatura y plantas semejantes á las de su país natal.

  Donde el hombre, por razon de un suelo ingrato se vé obligado á luchar contra los obstáculos naturales, y triunfa y no sucumbe, desenvuelve sus facultades mas fácilmente; asi las áridas montañas del Cáucaso y del Asia central ofrecen refugio á pueblos libres y bárbaros, y en aquella region equinoccial de América en que se ven sábanas siempre verdes como suspendidas por encima de las nubes, solo se han encontrado pueblos de alguna cultura en el seno de las Cordilleras, cuyos primeros progresos en las Artes contaban igual antigüedad que la rara forma de sus gobiernos, tan poco favorables á la libertad individual.

El Nuevo Continente, como acontece en Asia y Africa, presenta muchos centros de una civilizacion primitiva, cuyas relaciones mútuas ignoramos; tales son Meroe, el Tibet y la China. Méjico recibe su cultura de un país situado hácia el Norte; los grandes edificios de Tiahuanaco, en la América meridional, sirvieron de modelo á los monumentos que en Cuzco levantaron los Incas y hordas de cazadores salvajes atraviesan hoy las vastas llanuras del alto Canadá, Florida y desierto limitado por el Orinoco, el Casiquiaro y el Guainia; comarcas, que á juzgar por los diques de considerable longitud, armas de bronce y piedras esculpidas que allí se encuentran, fueron un tiempo asiento de pueblos industriosos.

La desigual distribucion de los animales por el globo ha ejercido gran influjo en la suerte de las naciones y su rápida civilizacion. La vida pastoril representa en el Antiguo Continente el tránsito de los pueblos cazadores á los agrícolas. Los rumiantes, que fácilmente se aclimatan á todas las zonas, han seguido al negro africano como al Mogol, el Malayo y el Caucásico. Por mas que muchos cuadrúpedos y un mayor número de vegetales sean comunes á las regiones mas setentrionales de ambos mundos, no presenta la América, á pesar de esta circunstancia, en la familia de los bueyes, sino el bisonte y el almizclado, difíciles de subyugar y cuyas hembras dan poca leche, no obstante ser excelentes los pastos. El cazador americano no se hallaba preparado para la agricultura por el cuidado de los rebaños y costumbres de la vida pastoril, y jamás se ha ocurrido al habitante de los Andes ordeñar al Llama, la Alpaca y el Guanaco. Era la leche alimento no utilizado en otro tiempo por los Americanos, como tambien sucedia en muchos pueblos del Asia oriental.

Nunca se ha visto abandonar al salvaje la libertad de su estado cazador para abrazar voluntariamente la vida agrícola; y es que este tránsito como el mas difícil en la historia de las sociedades humanas, puede solo producirse por la fuerza de las circunstancias. Cuando por razon de sus lejanas emigraciones, unas hordas belicosas empujan á otras cazadoras hácia las llanuras de la zona equinoccial, trasforman estas su carácter y costumbres, merced á la rica vegetacion y espesor de las selvas. Regiones hay entre el Orinoco, el Ucajalé y el Amazonas, donde apenas si se encuentra otro espacio libre que no sean los rios y los lagos, y cuando á sus orillas se fijan las tribus mas salvajes, rodean sus cabañas de bananeros y otras plantas alimenticias.

No hay tradicion alguna que revele lazos de union entre las naciones de la América meridional y las del norte del Istmo de Panamá. Los anales del imperio mejicano que parece llegan al siglo VI de nuestra era, señalan las épocas de las emigraciones, sus causas, y los nombres de los jefes de la ilustre familia de Citin, que proviniendo de regiones desconocidas de Aztlan y Teocolhuacan, llevaron á Anahuac pueblos setentrionales. Piérdese la fundacion de Tenoctitlan, como la de Roma, en los tiempos heróicos, y los anales Aztecas, semejantes á los de los Chinos y Tibetanos, solo desde el siglo XII refieren, casi sin interrupcion, las fiestas seculares, la genealogía de los Reyes, los tributos impuestos á los vencidos, la construccion de las ciudades, los fenómenos celestes y los acontecimientos mas minuciosos que han influido en el estado de las nacientes sociedades.

Mas poco importa que las tradiciones no nos descubran relacíon alguna directa entre los pueblos de una y otra América, pues su historia nos dá á conocer notables analogías en sus respectivas revoluciones políticas y religiosas, de que data la civilizacion de los Aztecas, Muiscas y Peruanos. Aparécense hómbres barbudos y de mas claro color que los indígenas de Anahuac, Cundinamarca y meseta de Cuzco, sin que sea posible indicar el lugar de su nacimiento. Sacerdotes, legisladores, amigos de la paz que favorece los artes, cambian repentinamente el estado de los pueblos á que vinieron y que los acogen con veneracion; séres misteriosos cuyos sagrados nombres son Quetzalcoatl, Bochica y Manco-Capac. El primero, vestido el negro hábito sacerdotal, procede de Panuco, orillas del golfo de Méjico; Bochica, el Buda de los Muiscas, se presenta en las altas llanuras de Bogotá, á donde llega de las sábanas situadas al Este de las Cordilleras. Mezclada de maravillas, ficciones religiosas y esos rasgos que trasparentan un sentido alegórico, se encuentra la historia de estos extranjeros (que he procurado desarrollar en el presente libro), en los cuales han creido ver algunos sabios náufragos europeos, ó descendientes de aquellos Escandinavos que desde el siglo XI han visitado la Groenlandia, Tierra-Nueva y áun quizás la Nueva-Escocia; pero deteniéndonos, por poco que sea, en la época de las emigraciones toltecas primeras, en las instituciones monásticas, símbolos del culto, calendario y forma de los monumentos de Cholula, Sogamozo y Cuzco, bien se concibe que no tomaron sus códigos de leyes Quetzalcoatl, Bochica y Manco­Capac, del Norte de Europa; sino que parece que hay que buscarlos en el Asia oriental, en aquellos pueblos que han comunicado con los Tibetanos, los Tártaros Samanistas y los Ainos barbudos de las islas de Jeso y Sacalin.

Al emplear en el curso de estas investigaciones las frases monumentos del Nuevo Mundo, progreso en las artes del dibujo, cultura intelectual, no quiero designar un estado de cosas que indique lo que vagamente se llama una civilizacion muy adelantada. No hay dificultad mayor que la de comparar naciones que siguen caminos diversos en su perfeccionamiento social; y así los Mejicanos y Peruanos no pueden juzgarse con arreglo á principios tomados de la historia de los pueblos que nuestros estudios nos recuerdan á cada paso; aléjanse de los Griegos y los Romanos, cuanto se acercan á los Tibetanos y Etruscos. Un gobierno teocrático dificultaba el desenvolvimiento de las facultades individuales entre los Peruanos, á pesar de que favorecia los adelantos de la industria, las obras públicas y cuanto revela, por decirlo así, una civilizacion en masa. Entre los Griegos, por el contrario, antes del tiempo de Pericias, no correspondia á los progresos lentos de esta civilizacion en masa un desarrollo tan libre y rápido. Asemejábase el imperio de los Incas á un gran establecimiento monástico en que se prescribe á cada miembro de la congregacion lo que le toca hacer en pro del bien comun. Cuando se estudia á los Peruanos en los mismos lugares de su existencia, obsérvase que han conservado á través de los siglos su fisonomía nacional y se aprende á estimar en su justo valor el código de leyes de Manco-Capac y sus efectos sobre las costumbres y la felicidad pública de este pueblo en que se disfrutaba de un cierto bienestar general que no trascendia á la dicha privada; mas que amor patrio resignacion á los decretos del soberano; obediencia pasiva sin entusiasmo tratándose de atrevidas empresas; un espíritu de órden regulando minuciosamente las mas indiferentes acciones de la vida, sin grandes ideas, ni elevacion de carácter. Aquellas instituciones políticas, de las mas complicadas que la historia nos muestra, tenia ahogado el gérmen de la libertad individual, y permitían lisonjearse al fundador de Cuzco con poder obligar á los hombres á ser felices, cuando solo eran en realidad simples máquinas.Indudablemente esta teocracia personal se manifestaba como menos opresora que el gobierno de los Reyes mejicanos; pero uno y otra han contribuido á dar á los monumentos, al culto y á la mitología de los dos pueblos montañeses ese aspecto triste y sombrío que tanto contrasta con las artes y dulces ficciones de la Grecia.

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