INTRODUCCIÓN
En este libro he reunido cuanto se relaciona con el orígen y
primeros progresos de las Artes en los pueblos indígenas de
América.
En los comienzos de la conquista de esta parte del mundo, fijóse
la atencion de Europa singularmente en las gigantescas
construcciones de Cuzco, en las magníficas vias trazadas en el
centro de las Cordilleras, las pirámides de gradas y el culto y
escritura simbólica de los Mejicanos. Muchas de estas regiones de
Méjico y Perú fueron descritas por entonces con igual frecuencia
que lo han sido en nuestros dias los alrededores del puerto
Jackson, en Nueva-Holanda, y la isla de Otaiti; mas si ha de
apreciarse con exactitud la sencillez y tinte verdadero y local que
caracterizan las narraciones de los primeros viajeros españoles,
preciso es á los lugares mismos; aunque estudiando sus obras, se
echan de menos ciertas figuras que pudieran dar cabal ideal de
tantos monumentos como el fanatismo ha destruido, ó se han
arruinado, merced á una criminal negligencia.
El ardor con que se procedia á investigar la América disminuyó
desde principios del siglo XVII; las colonias españolas, extendidas
por las únicas comarcas que habitaron en otro tiempo pueblos
civilizados, permanecieron apartadas de las naciones extranjeras; y
en nuestra época, cuando Clavijero publicó en Italia su
Historia antiqua de Mejico, reputábanse dudosos hechos que
aseveraban multitud de testigos oculares, enemigos unos de otros
las mas veces. Escritores célebres, mas impresionados de los
contrastes de la Naturaleza que de su pura armonía, complacíanse en
pintar la América como país pantanoso, contrario á la
multiplicacion de los animales, y de nuevo ocupado por hordas tan
incultas como las que viven en el mar del Sud. Un escepticismo
absoluto habia sucedido á la sana crítica, siempre que se trataba
de la historia de los Americanos; confundiéndose las declamatorias
descripciones de Solís y algunos otros publicistas, que jamás
abandonaron la Europa, con los relatos sencillos y verídicos de los
viajeros primitivos; y aun se tenia por obligacion de filósofo
negar lo que los misioneros observaron.
Afortunadamente una revolucion se ha dejado sentir en esto de
considerar la civilizacion de los pueblos y las causas de sus
progresos ó estacionamientos, desde fines del último siglo. Hemos
aprendido á conocer naciones cuyas costumbres, instituciones y
artes difieren casi tanto de los Griegos y Romanos, como las formas
originarias de las especies animales destruidas son diversas de las
que describe la Historia natural. La
Sociedad de Calcuta ha
contribuido mucho al esclarecimiento de la historia de los pueblos
asiáticos. Los monumentos de Egipto, que hoy se pintan con gran
exactitud, se han comparado á aquellos otros que existian en los
más lejanos paises, y mis investigaciones acerca de los indígenas
de América aparecieron en un tiempo que no tenia por indigno de
atencion aquello que se apartaba de los inimitables modelos que los
Griegos nos legaron.
Héme propuesto, al describir los monumentos de América, adoptar
el punto medio entre los dos caminos que siguen los sabios que de
ellos se ocupan: las lenguas y las tradiciones de los pueblos.
Entregándose los unos á hipótesis brillantes, pero fundadas en
deleznables bases, deducen resultados generales de un pequeño
número de hechos aislados; viendo en América colonias chinas y
egipcias, dialectos célticos y el alfabeto fenicio. Y mientras que
ignoramos si los Oscos, Godos ó Celtas proceden de Asia, se quiere
afirmar el orígen de todas las hordas del Nuevo Continente. Han
acumulado materiales los otros, sin elevarse á ninguna idea
general; método que es estéril en la historia de los pueblos como
en las diferentes ramas de las ciencias físicas. ¿Habré conseguido
yo evitar estos escollos que señalo? Un corto número de naciones,
bastante lejanas entre sí, los Etruscos, Egipcios, Tibetanos y
Aztecas, ofrecen sorprendentes analogías en sus edificios, sus
instituciones religiosas, sus divisiones del tiempo, sus ciclos de
regeneracion y sus ideas místicas. Debe el historiador indicar
estas semejanzas, difíciles de explicar, como lo son tambien las
que se dan entre el sanscrito, el persa, el griego y lenguas de
orígen germánico; mas téngase en cuenta que al procurar la
generalizacion de las ideas es necesario detenerse en aquel límite
que nos marca la falta de datos positivos; principio á que sujeto
la exposicion que aquí hago de los resultados á que parece nos
llevan las nociones que hasta el dia tengo adquiridas respecto de
los pueblos indígenas del Nuevo Mundo.
Examinando atentamente la constitucion geológica de América y si
se reflexiona acerca del equilibrio de los flúidos esparcidos por
la superficie de la Tierra, no cabe admitir la opinion de que el
Nuevo Continente surgió de las aguas con posterioridad al antiguo.
Obsérvase en aquel la propia sucesion de capas roquizas que en
nuestro hemisferio, y parece probable que los granitos y pizarras
de las montañas del Perú, sus yesos y gredas, nacieran al nacer en
los Alpes de Suiza las rocas análogas. El globo entero ha sufrido á
no dudar las mismas catástrofes. Encuéntranse suspendidas en los
picos de los Andes, á una altura que excede la del Mont-Blanc,
conchas pelásgicas; huesos fósiles de elefantes se hallan
esparcidos en las regiones equinocciales, siendo cosa de admirar,
que no es en las llanuras ardientes del Orinoco, sino en las
mesetas mas frias y elevadas de las Cordilleras, donde se ven estas
osamentas. En el Nuevo, como en el antiguo Mundo, generaciones de
especies destruidas han precedido á las que hoy se reparten la
tierra, las aguas y el aire.
No hay cosa alguna que demuestre que la existencia del hombre es
mas reciente en América que en los restantes continentes. Bajo los
trópicos, las emigraciones de los pueblos se han visto dificultadas
por la fuerza de la vegetacion, la amplitud de los rios y las
inundaciones parciales. No puede asentarse, por tanto, como regla,
que las regiones primeramente habitadas, son las que presentan
mayor masa de poblacion; en el Asia boreal se ven comarcas tan
pobremente ocupadas como las sábanas de Nuevo-Méjico y
Paraguay.
El problema de la primitiva poblacion de América, cae bajo el
dominio de la historia, en iguales condiciones que son del de las
ciencias naturales, las cuestiones sobre el orígen de las plantas y
animales, y de la distribucion de los gérmenes orgánicos. Al
remontarnos á las más lejanas épocas, hallamos en casi todas las
partes del globo hombres que se creen aborígenes, porque ignoran su
filiacion; siendo imposible reconocer en la multitud de pueblos que
se han sucedido y mezclado entre sí, esa capa originaria, mas allá
dé la cual comienzan las tradiciones cosmogónicas.
Las naciones de América, excepcion hecha de las próximas al
círculo polar, constituyen una sola raza que caracterizan la
conformacion del cráneo, el color de la piel, lo extremadamente
ralo de la barba y sus cabellos lisos y aplastados, cuya raza
presenta relaciones sumamente sensibles con la mogólica, compuesta
de los descendientes de los Hiongnu, en otro tiempo conocidos por
Hunnos, Kalkas; Kalmukos y Buratos. Recientes observaciones han
probado, además, que no solo los habitantes de Unalaska, sino otros
muchos de la América meridional, acusan, por algunos caractéres
osteológicos de la cabeza, un paso de la raza americana á la
mogólica. El dia que se estudien y conozcan mejor los hombres
morenos del Africa y ese enjambre de gentes que viven el interior y
Nordeste de Asia, Tártaros y Tshudos, segun el vago nombre con que
los designan viajeros sistemáticos, las razas caucásica, mogólica,
americana, malaya y negra, aparecerán con mayores conexiones de que
poder deducir un solo tipo orgánico, para la gran familia del
género humano, modificado por circunstancias desconocidas quizás
siempre.
Por más que los pueblos indígenas del Nuevo Continente tengan de
comun ciertas íntimas afinidades, ofrecen, no obstante, diferencias
notables, si se atiende á la movilidad de sus facciones, á su tez
de color mas ó menos pronunciado y la estatura, como acontece con
los Arabes, Persas y Eslavos, que pertenecen todos á la raza
caucásica. Las hordas que recorren las abrasadoras llanuras de las
regiones equinocciales no tienen, sin embargo, mas acentuado el
tinte oscuro de la piel que los montañeses ó los habitantes de la
zona templada; bien sea que en la especie humana y en la mayoría de
los animales haya una cierta época de la vida orgánica mas allá de
la cual es casi nulo el influjo del clima y del alimento, bien sea
que la desviacion del tipo primitivo no se haga sensible hasta
pasada una larga série de siglos. Por otra parte, los Americanos,
como los pueblos de la raza mogólica, presentan menor flexibilidad
de organizacion que las restantes naciones de Europa y Asia.
La raza americana, menos numerosa que las demás, ocupa, no
obstante, el mayor espacio del globo, extendiéndose por ambos
hemisferios, desde el grado 68 de latitud Norte hasta el 55 de
latitud Sud. Es esta, la única raza que tiene fijada su residencia
así en las ardientes llanuras próximas al Océano, como en las
montañas, en algunas de las cuales llega á 389 metros mas alto que
el Pico de Tenerife.
El número de las lenguas con que se dixtinguen las diferentes
tribus indígenas, parece mayor aún en el Nuevo Continente que en
Africa, donde pasan de 140, segun investigaciones hechas por
Seetzen y Vater. Aseméjase en esta relacion toda la América al
Cáucaso, á la Italia, antes de su conquista por los Romanos, al
Asia Menor, cuando reunia en corta extension de terreno los
Cilicios de raza semítica, los Frigios de orígen tracio, los Lidios
y los Celtas. La configuracion del suelo, la fuerza de la
vegetacion y el temor de exponerse al calor de los llanos, que
abrigan los de las montañas, dificultan las comunicaciones y
contribuyen de esta suerte á la pasmosa variedad de las lenguas
americanas. Así se observa que esta profusion disminuye en las
sábanas y bosques del Norte, accesibles enteramente á los
cazadores, á orilla de los grandes rios, á lo largo de las costas
del Océano y por doquier extendieron su teocracia los Incas por
medio de las armas.
Allí donde las lenguas se multiplican, en un continente, sin
embargo, cuya poblacion total ni siquiera iguala la de Francia, se
reputan diferentes las que ofrecen las mismas relaciones entre sí,
no que el aleman y holandés, ó el italiano y el español, pero
sí que el danés y el aleman, el caldeo y el árabe, el griego y el
latin. Cuando se penetra en el dédalo de los idiomas americanos
bien se vé que pueden agruparse muchos en familias, mientras que
otros quedan enteramente aislados, como acontece con el vasco entre
los europeos y el japonés en los asiáticos. Mas este aislamiento es
aparente, porque debe suponerse con fundamento que aquellos que
resisten toda clasificacion etnográfica, tienen sus afinidades con
otros, extinguidos mucho há ó con los correspondientes á pueblos
aun no visitados.
La mayoría de las lenguas americanas, aun aquellas que difieren
entre sí como las de orígen germánico, céltico y eslavo, presentan
una cierta semejanza en el conjunto de su organizacion; ya en la
complicacion de las formas gramaticales, en las modificaciones que
sufre el verbo segun la naturaleza de su régimen y en la
multiplicidad de las partículas adicionales
(affixa et
suffixa). Anuncia esta tendencia uniforme de los idiomas, sino
identidad de orígen, por lo menos extremada analogía en las
disposiciones intelectuales de los pueblos americanos, desde la
Groenlandia á las tierras magallánicas.
Hay un corto número de voces que es comun á las lenguas de los
dos continentes, si se atiende al resultado obtenido de
investigaciones practicadas con delicado esmero y segun método no
conocido antes en el estudio etimológico. De ochenta y tres
americanas, apreciadas por Barton y Vater, setenta parecen de la
propia raiz; siendo fácil convencerse dé que estas afinidades no
son accidentales, descansan no mas que en la armonía imitativa ó
sobre la igual conformacion de los órganos que hace casi idénticos
en los niños los primeros sonidos articulados. De ciento setenta
voces entre si afines, tres quintas partes recuerdan el mandchú,
tunguso, mogol y samoyeda, y las dos restantes quintas partes el
céltico, tschudo, vasco, copto y congo. Hánse hallado estas
palabras, comparando la totalidad de las lenguas americanas con la
totalidad de las del Antiguo Mundo; porque hasta ahora, no
conocemos ningun idioma americano que aparezca mas unido que los
otros á cualquiera de los numerosos grupos de los africanos,
asiáticos ó europeos. Cuanto han afirmado algunos sabios, por puras
teorías, relativamente á la pretendida pobreza de todas las lenguas
americanas y á la extremada imperfección de su sistema numérico, es
tan aventurado como lo son los asertos que se hacen respecto de la
estupidez y debilidad de la especie humana en el Nuevo Mundo,
inferioridad de la naturaleza viviente y degeneracion de los
animales trasportados de uno á otro hemisferio.
Bastantes lenguas pertenecientes hoy solo á pueblos bárbaros, se
revelan como restos de otras ricas, flexibles y propias de gran
cultura. No hemos de discutir acerca de si el embrutecimiento fué ó
no estado originario de la especie humana, ni si las hordas
salvajes provienen de pueblos cuyas facultades intelectuales y
lenguas en que estas se reflejan iban adelante paralelamente;
bástanos recordar que lo poco que sabemos de la historia de los
Americanos nos lleva á pensar que las tribus cuyas emigraciones se
han dirigido de Norte á Sud, ofrecian ya, en las comarcas más
setentrionales, esa variedad de idiomas que en la zona tórrida
hallamos hoy; pudiendo deducirse de todo ello, por analogía, que la
ramificacion, ó para huir de palabra sistemática, que la
multiplicidad de las lenguas es fenómeno bien antiguo. Quizás las
que llamamos americanas sean tan de América como de Europa el
húngaro y el finés.
Preciso es convenir en que de la comparacion de los idiomas de
ambos continentes no se han obtenido hasta ahora resultados
generales; pero no hay que desesperar, pues este estudio será mas
fructuoso cuando la sagacidad de los sabios pueda ejercitarse con
mayor acopio de materiales. Aun existen muchas lenguas de la
América y Asia central y oriental, cuyo mecanismo nos es tan
desconocido como el tirreno, osco y sabino. Quizás se conserven,
entre los pueblos que han desaparecido del Antiguo Mundo, allá en
las vastas soledades de la América, tribus poco numerosas de muchos
de ellos.
Si las lenguas prueban solo de una manera imperfecta la antigua
comunicacion entre los dos mundos, las cosmogonías, monumentos,
geroglificos é instituciones de los pueblos de América y Asia,
revelan la comunicácion. de una manera indudable. Me atrevo á
esperar que con ejemplos nuevos, unidos á los que hasta ahora se
podian presentar, justificaré mi aserto, habiendo procurado
dixtinguir cuidadosamente de lo que indica comunidad de orígen, lo
que es resultado de la situacion análoga en que los pueblos se
hallan cuando comienzan á perfeccionar su estado
social.
Imposible ha sido hasta aquí fijar la época de las
comunicaciones entre los habitantes de los dos mundos; como sería
temerario designar el grupo de pueblos del; Antiguo Continente que
mayores relaciones haya tenido con los Toltecas, Aztecas, Muiscas ó
Peruanos; puesto que se revelan aquellas por las tradiciones,
monumentos y usos que son anteriores quizás á la actual division de
los Asiáticos en Mogoles, Indos, Tongusos y Chinos.
Cuando los Españoles descubrieron ú ocuparon el Nuevo Mundo,
eran los de las montañas los mas adelantados de los pueblos
americanos. Hombres que nacieron en las llanuras, bajo climas
templados, habian subido á las Cordilleras, mas elevadas segun que
se aproximan al Ecuador, porque encontraban allí una temperatura y
plantas semejantes á las de su país natal.
Donde el hombre, por razon de un suelo ingrato se vé
obligado á luchar contra los obstáculos naturales, y triunfa y no
sucumbe, desenvuelve sus facultades mas fácilmente; asi las áridas
montañas del Cáucaso y del Asia central ofrecen refugio á pueblos
libres y bárbaros, y en aquella region equinoccial de América en
que se ven sábanas siempre verdes como suspendidas por encima de
las nubes, solo se han encontrado pueblos de alguna cultura en el
seno de las Cordilleras, cuyos primeros progresos en las Artes
contaban igual antigüedad que la rara forma de sus gobiernos, tan
poco favorables á la libertad individual.
El Nuevo Continente, como acontece en Asia y Africa, presenta
muchos centros de una civilizacion primitiva, cuyas relaciones
mútuas ignoramos; tales son Meroe, el Tibet y la China. Méjico
recibe su cultura de un país situado hácia el Norte; los grandes
edificios de Tiahuanaco, en la América meridional, sirvieron de
modelo á los monumentos que en Cuzco levantaron los Incas y hordas
de cazadores salvajes atraviesan hoy las vastas llanuras del alto
Canadá, Florida y desierto limitado por el Orinoco, el Casiquiaro y
el Guainia; comarcas, que á juzgar por los diques de considerable
longitud, armas de bronce y piedras esculpidas que allí se
encuentran, fueron un tiempo asiento de pueblos industriosos.
La desigual distribucion de los animales por el globo ha
ejercido gran influjo en la suerte de las naciones y su rápida
civilizacion. La vida pastoril representa en el Antiguo Continente
el tránsito de los pueblos cazadores á los agrícolas. Los
rumiantes, que fácilmente se aclimatan á todas las zonas, han
seguido al negro africano como al Mogol, el Malayo y el Caucásico.
Por mas que muchos cuadrúpedos y un mayor número de vegetales sean
comunes á las regiones mas setentrionales de ambos mundos, no
presenta la América, á pesar de esta circunstancia, en la familia
de los bueyes, sino el bisonte y el almizclado, difíciles de
subyugar y cuyas hembras dan poca leche, no obstante ser excelentes
los pastos. El cazador americano no se hallaba preparado para la
agricultura por el cuidado de los rebaños y costumbres de la vida
pastoril, y jamás se ha ocurrido al habitante de los Andes ordeñar
al Llama, la Alpaca y el Guanaco. Era la leche alimento no
utilizado en otro tiempo por los Americanos, como tambien
sucedia en muchos pueblos del Asia oriental.
Nunca se ha visto abandonar al salvaje la libertad de su estado
cazador para abrazar voluntariamente la vida agrícola; y es que
este tránsito como el mas difícil en la historia de las sociedades
humanas, puede solo producirse por la fuerza de las circunstancias.
Cuando por razon de sus lejanas emigraciones, unas hordas belicosas
empujan á otras cazadoras hácia las llanuras de la zona
equinoccial, trasforman estas su carácter y costumbres, merced á la
rica vegetacion y espesor de las selvas. Regiones hay entre el
Orinoco, el Ucajalé y el Amazonas, donde apenas si se encuentra
otro espacio libre que no sean los rios y los lagos, y cuando á sus
orillas se fijan las tribus mas salvajes, rodean sus cabañas de
bananeros y otras plantas alimenticias.
No hay tradicion alguna que revele lazos de union entre las
naciones de la América meridional y las del norte del Istmo de
Panamá. Los anales del imperio mejicano que parece llegan al siglo
VI de nuestra era, señalan las épocas de las emigraciones, sus
causas, y los nombres de los jefes de la ilustre familia de Citin,
que proviniendo de regiones desconocidas de Aztlan y Teocolhuacan,
llevaron á Anahuac pueblos setentrionales. Piérdese la fundacion de
Tenoctitlan, como la de Roma, en los tiempos heróicos, y los anales
Aztecas, semejantes á los de los Chinos y Tibetanos, solo desde el
siglo XII refieren, casi sin interrupcion, las fiestas seculares,
la genealogía de los Reyes, los tributos impuestos á los vencidos,
la construccion de las ciudades, los fenómenos celestes y los
acontecimientos mas minuciosos que han influido en el estado de las
nacientes sociedades.
Mas poco importa que las tradiciones no nos descubran relacíon
alguna directa entre los pueblos de una y otra América, pues su
historia nos dá á conocer notables analogías en sus respectivas
revoluciones políticas y religiosas, de que data la civilizacion de
los Aztecas, Muiscas y Peruanos. Aparécense hómbres barbudos y de
mas claro color que los indígenas de Anahuac, Cundinamarca y meseta
de Cuzco, sin que sea posible indicar el lugar de su nacimiento.
Sacerdotes, legisladores, amigos de la paz que favorece los artes,
cambian repentinamente el estado de los pueblos á que vinieron y
que los acogen con veneracion; séres misteriosos cuyos sagrados
nombres son Quetzalcoatl, Bochica y Manco-Capac. El primero,
vestido el negro hábito sacerdotal, procede de Panuco, orillas del
golfo de Méjico; Bochica, el Buda de los Muiscas, se presenta en
las altas llanuras de Bogotá, á donde llega de las sábanas situadas
al Este de las Cordilleras. Mezclada de maravillas, ficciones
religiosas y esos rasgos que trasparentan un sentido alegórico, se
encuentra la historia de estos extranjeros (que he procurado
desarrollar en el presente libro), en los cuales han creido ver
algunos sabios náufragos europeos, ó descendientes de aquellos
Escandinavos que desde el siglo XI han visitado la Groenlandia,
Tierra-Nueva y áun quizás la Nueva-Escocia; pero deteniéndonos, por
poco que sea, en la época de las emigraciones toltecas primeras, en
las instituciones monásticas, símbolos del culto, calendario y
forma de los monumentos de Cholula, Sogamozo y Cuzco, bien se
concibe que no tomaron sus códigos de leyes Quetzalcoatl, Bochica y
MancoCapac, del Norte de Europa; sino que parece que hay que
buscarlos en el Asia oriental, en aquellos pueblos que han
comunicado con los Tibetanos, los Tártaros Samanistas y los Ainos
barbudos de las islas de Jeso y Sacalin.
Al emplear en el curso de estas investigaciones las frases
monumentos del Nuevo Mundo, progreso en las artes del dibujo,
cultura intelectual, no quiero designar un estado de cosas que
indique lo que vagamente se llama una civilizacion muy adelantada.
No hay dificultad mayor que la de comparar naciones que siguen
caminos diversos en su perfeccionamiento social; y así los
Mejicanos y Peruanos no pueden juzgarse con arreglo á principios
tomados de la historia de los pueblos que nuestros estudios nos
recuerdan á cada paso; aléjanse de los Griegos y los Romanos,
cuanto se acercan á los Tibetanos y Etruscos. Un gobierno
teocrático dificultaba el desenvolvimiento de las facultades
individuales entre los Peruanos, á pesar de que favorecia los
adelantos de la industria, las obras públicas y cuanto revela, por
decirlo así, una civilizacion en masa. Entre los Griegos, por el
contrario, antes del tiempo de Pericias, no correspondia á los
progresos lentos de esta civilizacion en masa un desarrollo tan
libre y rápido. Asemejábase el imperio de los Incas á un gran
establecimiento monástico en que se prescribe á cada miembro de la
congregacion lo que le toca hacer en pro del bien comun. Cuando se
estudia á los Peruanos en los mismos lugares de su existencia,
obsérvase que han conservado á través de los siglos su fisonomía
nacional y se aprende á estimar en su justo valor el código de
leyes de Manco-Capac y sus efectos sobre las costumbres y la
felicidad pública de este pueblo en que se disfrutaba de un cierto
bienestar general que no trascendia á la dicha privada; mas que
amor patrio resignacion á los decretos del soberano; obediencia
pasiva sin entusiasmo tratándose de atrevidas empresas; un espíritu
de órden regulando minuciosamente las mas indiferentes acciones de
la vida, sin grandes ideas, ni elevacion de carácter. Aquellas
instituciones políticas, de las mas complicadas que la historia nos
muestra, tenia ahogado el gérmen de la libertad individual, y
permitían lisonjearse al fundador de Cuzco con poder obligar á los
hombres á ser felices, cuando solo eran en realidad simples
máquinas.Indudablemente esta teocracia personal se manifestaba
como menos opresora que el gobierno de los Reyes mejicanos; pero
uno y otra han contribuido á dar á los monumentos, al culto y á la
mitología de los dos pueblos montañeses ese aspecto triste y
sombrío que tanto contrasta con las artes y dulces ficciones de la
Grecia.