| Introducción
Partimos de un hecho desconcertante: la casi totalidad de los objetos prehistóricos del Museo del Oro, carecen de documentación acerca de su lugar de procedencia geográfica exacta, así como de datos referentes a las condiciones específicas de su hallazgo, sólo sabemos que son piezas sacadas por guaqueros de tumbas y sitios de ofrendas. No se trata pues, de hallazgos arqueológicos propiamente dichos, porque les faltan todos los datos del contexto de una excavación controlada, y así sólo constituyen objetos aislados en tiempo y espacio. Es cierto que estos se pueden estudiar con métodos científicos, en lo que se refiere a sus aspectos metalúrgicos y tecnológicos, pero tan pronto como se trate de averiguar el significado de los objetos, es decir la intención que pueda haber tenido el artífice, junto con las normas sociales que moldearon sus ideas, se entra forzosamente en un terreno comparativo y especulativo.
En este libro, la metodología que emplearé principalmente, para detectar el antiguo significado de ciertas categorías de objetos de orfebrería, será la etno-arqueología; paleo-etnología podría ser un término alternativo. Trataré de interpretar los artefactos prehistóricos, no sólo a la luz de la arqueología, sino también de los conocimientos etnológicos que se tienen acerca de las culturas indígenas históricas y actuales.
La validez de mi enfoque depende ante todo de las condiciones locales, en efecto, la etno-arqueología está plenamente justificada en países donde existe una continuidad cultural, de épocas prehistóricas hasta el presente, donde hay lo que llamaríamos una secuencia estratigráfica. Este es el caso de Colombia. Tanto en la Sierra Nevada de Santa Marta, como en el territorio de los indios Tunebo, en el Chocó, en el Golfo de Urabá y en tantas otras regiones más, los actuales indios ocupan tierras donde vivían sus antepasados ya antes de la conquista española. Así, el límite entre la arqueología y la etnología colombiana es tenue; pero entrelazando los múltiples hilos sueltos de nuestros conocimientos arqueológicos, con tal cual dato de los cronistas españoles, creo que será posible vislumbrar algunos rasgos que unan los diferentes estratos. Además, no puede haber duda de que muchas instituciones, creencias y prácticas que podemos observar entre los indios colombianos actuales, tengan sus profundas raíces en su pasado prehispánico. (1)
Soy el primero en aconsejar cautela en esta clase de estudios interpretativos, pero también soy optimista acerca de sus posibilidades. Es cierto que muchos aspectos culturales de un grupo humano, sobre todo los socio-económicos y tecnológicos, se modifican y aún cambian rápidamente con el correr del tiempo, pero también se observa que hay ciertas constantes, ciertas prácticas y creencias que, por referirse a experiencias fundamentales en la vida humana, tienden a perdurar por largas épocas, porque son estructuras unificadoras de gran importancia para la sociedad. Nacimiento y muerte, sexo, alucinación o la interpretación de fenómenos físicos cíclicos en la naturaleza, pueden eventualmente constituir los focos de tales universalia humana, tanto culturales como biológicos, que siguen transmitiendo un conjunto de ideaciones coherentes a través del tiempo. (2)
En lo concerniente a la orfebrería en particular, debo atestiguar y enfatizar que el oro de los antiguos sigue siendo un tema, a veces casi una obsesión, de las sociedades indígenas actuales. En el país, desde la Sierra Nevada de Santa Marta hasta el Amazonas, desde Arauca hasta el Chocó, los Kogi, Tunebo, Cuna, Catío, Emberá, Tukano o Tanimuka, todos hablan repetidamente en sus mitos y tradiciones, a un nivel de trascendencia simbólica y no económica, del oro que poseían sus ancestros. También hay que recordar, que aún hoy en día hay grupos indígenas donde se usan adornos de oro, plata o cobre, como por ejemplo entre los indios Cuna, Kogi, los del Chocó y otros. Desde luego, este hecho implica que todavía existan creencias y tradiciones referentes a la simbología de estos materiales y artefactos. Hay pues, muchas fuentes de información que aún no se han explorado.
Habiéndome ocupado por casi medio siglo de los problemas arqueológicos y etnológicos del país y convivido con los indios de la Sierra Nevada de Santa Marta, los del noroeste del Amazonas y de muchas otras regiones, confío en haber captado algo del sentido de la mentalidad de los indígenas.
Siguiendo mis inclinaciones personales, siempre me he interesado en el llamado arte primitivo, en problemas de iconografía y de simbolismo, en fin, en el aspecto interpretativo de este mundo del pensamiento humano prehistórico y arqueológico que constituye la mayor parte de la cultura universal en cualquier lugar del globo.
Para mí, se desprende con claridad un hecho ineludible: la arqueología no se puede separar de la etnología de las sociedades tribales actuales; el etnólogo además debe colaborar con el botánico, el farmacólogo y el neurólogo, sobre todo en lo que se refiere a la esfera del pensamiento chamanístico. En efecto, si queremos estudiar las motivaciones, formas y metas de la conducta humana y de eso se trata en antropología entonces necesitamos la colaboración de especialistas en muchas disciplinas de las ciencias y las humanidades.
Sobre la orfebrería precolombina del país ya existe una nutrida bibliografía, con textos eruditos, ilustraciones espléndidas y ediciones cuidadosamente preparadas. (3) Ya desde décadas, el Museo del Oro envía periódicamente exposiciones itinerantes a distintas partes del mundo y los museos extranjeros que exponen estas muestras, se esmeran en publicar catálogos y guías de alta calidad para el visitante.
Algunos arqueólogos han escrito libros o artículos sobre determinados aspectos del oro precolombiano, se han propuesto clasificaciones formales y se ha tratado de correlacionar éstas con ciertas regiones del país. Así, por ejemplo, se habla de áreas o estilos de orfebrería, y se les han dado nombres de ciertas tribus que en la época de la Conquista ocupaban las regiones de donde, supuestamente, provenían los objetos de oro. Tenemos así las áreas Quimbaya, Muisca, Sinú y otras. Esta zonificación por cierto no es del todo sustentable. Por ejemplo, los Quimbayas eran una tribu que ocupaba en el siglo XVI sólo una pequeña parte de la Cordillera Central pero el llamado Estilo Quimbaya de orfebrería se ha querido reconocer en una zona mucho más amplia. Los llamados estilos Calima, Tolima y Nariño (denominadas según regiones geográficas y no tribales) están poco definidos; en algunas regiones, hay coincidencia entre un territorio tribal del siglo XVI y un llamado estilo de orfebrería prehistórica. (4)
La orfebrería precolombina carece, casi por completo, de un marco de referencia cronológica. (5) Por los cronistas españoles sabemos que estaba en pleno florecimiento en varias regiones del país a comienzos del siglo XVI, pero no conocemos casi nada de sus fases iniciales, su evolución y sus diferentes períodos. Hay algunas pocas fechas aisladas, obtenidas por arqueólogos a base de asociaciones con carbono radioactivo, que indican la presencia de la orfebrería ya algunos siglos antes de Cristo, pero estos datos desde luego no son suficientes para trazar la historia de desarrollos e interrelaciones con otras áreas de América. Futuras investigaciones arqueológicas, así como el análisis metalúrgico y tecnológico de la orfebrería podrán dar buenas bases para definir fases de desarrollo.
Conozco el Museo del Oro desde sus primeros comienzos y me he podido dar cuenta de su prodigioso desarrollo. Recuerdo cómo Paul Rivet, con su apasionado interés por la metalurgia del Nuevo Mundo, estimuló al Presidente de la República y a las directivas del Banco de la República para la adquisición de colecciones particulares. Sin embargo, durante casi medio siglo no se me había brindado la oportunidad de ver los objetos del Museo, sino a través de los vidrios de las vitrinas.
Al estudiar ahora todos aquellos materiales que no están en exhibición, muchos de ellos rotos o poco vistosos, tuve que revisar algunas ideas preconcebidas. Hasta entonces había conocido la orfebrería precolombina sólo como visitante de museos y exposiciones, así como por las ilustraciones publicadas en libros, catálogos y revistas. Había visto pues sólo la parte de la cual los museólogos hacían un despliegue con las piezas más vistosas, tal como ocurre en todos los museos del mundo, donde se expone sólo lo que es bello, lo que es un tesoro.
Pero ahora, encontrándome frente a esta enorme colección de reservas museales, por primera vez los objetos comenzaron a tomar vida y a expresar una gama de ideas. (6) Al examinar pieza por pieza, comencé a detectar las estructuras de ciertos pensamientos y pude seguir sus huellas e interrelaciones, de un grupo al otro de objetos. Por lo que yo pude discernir en el curso de esta labor, se trata de un complejo de ideas relacionadas con el chamanismo, institución indígena que refleja conceptos cosmológicos, procesos psicológicos, normas sociales. En efecto, en las páginas que siguen, sugiero que la mayoría de las representaciones figurativas de la orfebrería precolombina del país, constituyen un complejo coherente y articulado de arte chamánico, con el tema unificador de la transformación.
La existencia de este complejo, en sí, talvez no sea sorprendente, se sabía que los objetos procedían de tumbas y de lugares de ofrenda, es decir, de contextos rituales. Lo que sí es sorprendente, es el hecho de que no se hubiera tratado aún de reconstruir este contexto ritual, relacionándolo con el chamanismo de los indígenas americanos, el cual está tan claramente atestiguado por tantísimas piezas. Esta dimensión de ideas y significados había pasado por alto, y en cambio se habían enfatizado aspectos tales como los etnohistóricos y los meramente formales de la orfebrería.
Ahora, al reconocer esta relación entre los objetos rituales y la ideología chamanística, pude aproximarme a la comprensión de significados más profundos y, con ellos, a algunas de las causas sociales que dieron origen y forma a este complejo artístico y tecnológico, tan mundialmente importante, como es la orfebrería prehistórica de Colombia.
Mi ensayo de interpretación del oro precolombino tendrá pues como tema central la institución del chamanismo, visto como parte esencial de los fundamentos ideológicos de las culturas indígenas de Colombia.
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1. Para América del Sur son importantes estudios recientes de interpretación de arte chamánico: Berezkin (1983) sobre la cultura Moche, del Perú; Dobkin (1981) sobre las culturas de Moche y Paracas: Donnan (1976) y Donnan & McClewlow (1979), sobre Moche; González (1974), sobre el noroeste argentino; Lathrap (1973) y Rowe (1962), sobre el arte de Chavín, también en el Perú. Para América Central, se pueden citar los trabajos de Helms (1977) y Linares (1977). Un reciente ejemplo colombiano es el estudio de Osborn (1985), sobre un canto chamánico de los indios Tunebo, de Santander, y su relación con la arqueología. (regresar1) 2.En el fondo tenemos sólo dos alternativas: o aceptamos la posibilidad de una transmisión cultural histórica desde el Paleolítico del Viejo Mundo hasta el Neolítico del Nuevo Mundo, o aceptamos el concepto de C.C. Jung (1975), de los arquetipos y del inconsciente colectivo. (regresar2)
3. Algunas de las principales publicaciones sobre orfebrería prehistórica colombiana son: Duque (1965, pp. 281-332); Pérez de Barradas (1954; 1958; 1965 -1966); Plazas de Nieto (1975); Rivet & Arsandaux 11946). Una fuente valiosa de información es el Boletín del Museo de Oro, así como los diversos catálogos de exposiciones en el extranjero, por ejemplo, Bray 11978), Jones (1 974á 1985); Kann (1982). Una bibliografía detallada, sobre orfebrería precolombina del país, ha sido publicada por Heller (1971). (regresar3)
4 . En el presente libro utilizo de vez en cuando el término estilo, tal como lo acostumbran usarlo arqueólogos y autores especialistas en orfebrería colombiana. También acepto, para los fines de una orientación general del lector, la demarcación de áreas, tal como figuran en el mapa facilitado por el Museo del Oro para el presente libro. (regresar4)
5. Los gráficos de barras, publicados en algunos trabajos, dan la impresión de que se hayan descubierto desarrollos continuos de orfebrería, a través de siglos, en ciertas regiones del país; sinembargo estas barras son aún dudosas, ya que se basan en poquísimas fechas verificadas. (regresar5)
6. Una limitación para mi trabajo, consistió en no haber podido examinar el corpus de objetos de orfebrería del Museo del Oro, que actualmente se halla dentro y fuera del país, en varias exposiciones itinerantes, así como el de sus varios museos filiales en Colombia. Otra limitación seria fue la falta de una buena, moderna y moderadamente completa biblioteca de investigación. La dirección del Museo del Oro, muy generosamente, me ofreció adquirir libros en el extranjero, pero la premura de tiempo y el mismo enfoque multidisciplinario de mi trabajo no hicieron posible esta iniciativa. (regresar6) |