ORFEBRERÍA Y CHAMANISMO
Un estudio iconográfico del Museo del Oro
Gerardo Reichel-Dolmatoff
© Derechos Reservados de Autor

VI. El Chamán y sus Auxiliares

Un aspecto importante para entender la iconografía de los objetos de orfebrería, es el de los llamados animales auxiliares o subsidiarios del chamán. Se trata de ciertas especies que son sus familiares y que, en ocasiones, llegan a representar su alter ego. Debemos analizar estos conceptos en más detalle, ya que ellos podrán darnos indicaciones valiosas sobre el significado de ciertos rasgos formales.

Al observar el icono del vuelo chamánico (Icono A) se ven en muchos casos, al lado de la figura central, otras de animales, en una escala reducida respecto al patrón básico del ave. Con frecuencia estos animales aparecen en un estilo algo más abstracto que el utilizado en la figura central. Son más bien representaciones bidimensionales, siluetas de cabezas y sólo a veces de figuras tridimensionales frontales, conservando siempre la misma simetría bilateral, como la totalidad del icono.

Los animales representados son por lo general aves, en ocasiones de pico largo, otras veces de pico curvo; su cabeza está vuelta hacia arriba, es decir, en posición de mirar hacia la cabeza del personaje central. En muchos casos las cabezas aparecen colocadas a la altura de la cintura del icono y posiblemente unidas a ella. También se representan cuadrúpedos y reptiles y en algunos casos parece tratarse de animales del todo fantásticos. Me he referido a estas representaciones biomorfas que acompañan al personaje en vuelo, como auxiliares del chamán, de acuerdo con la interpretación, terminología y conceptos establecidos por los estudios chamanísticos de otras partes.

Pero en realidad, el concepto es mucho más complejo de lo que parece. En primer lugar, según todos los datos etnográficos colombianos, no se trata de especies zoológicas reales sino de los “espíritus” de animales, algunos de los cuales no pertenecen a la fauna científicamente determinada, sino a una esfera irreal.

Veamos primeramente la manera como el chamán adquiere estos animales. En muchos casos el proceso tiene un origen extático; el chamán cree verlos en sus alucinaciones, ante todo en el curso de su propio vuelo de iniciación, cuando interpreta la sensación de volar como un apoyo directo, físico, de los pájaros. También los animales pueden aparecerle en sueños, pesadillas o en estados hipnagógicos, sin la previa ingestión de un alucinógeno. En ocasiones, la vocación chamánica puede ser despertada por la súbita aparición, normal o visionaria, de un animal cuyo comportamiento extraño y fuera de lo usual llama la atención del observador. Por ejemplo, es un hecho que a veces el jaguar se acerca a un hombre por curiosidad y sin intención de atacarlo. En lugares despoblados los animales se acercan sin temor. En todos estos casos dicen que es posible que la persona sienta súbitamente una relación, una especie de entendimiento con el animal. Cuando un pájaro canta muy cerca o cuando un cuadrúpedo, al aproximarse una persona, no huye sino mira al intruso, la gente de la Sierra Nevada dice: “Este animal me está haciendo “urúmo” expresión que significa una advertencia, una llamada; una comunicación entre especies.

Por lo general, se pueden distinguir varias grandes categorías de animales auxiliares de los chamanes de las sociedades indígenas actuales, a saber: los que ayudan al chamán a volar (que es la categoría más grande), los que le ayudan en el diagnóstico y la curación de enfermedades, los que le sirven de verdugos, y los que le sirven de mensajeros; puede que haya otras categorías pero éstas son aparentemente las principales.

Los animales auxiliares que ayudan al chamán a volar son aquellas aves cuyo vuelo tiene características notables: los rapaces, especialmente el tijereto (Elanoides forfícatus), la tijereta de mar (Fregata magnificens) y el águila arpía (Harpia harpyja); el colibrí, la lechuza y otras. El gallinazo, sobre todo el gallinazo rey (Sarcorhamphus papa), son de importancia. A algunas de estas aves el chamán invoca cuando emprende el vuelo.

Los animales que ayudan en las curaciones de las enfermedades son, en el caso de los indios Tukano, dos grupos: aquel los que tienen una connotación fálica y otros que muerden o destrozan con sus dientes o picos. Los primeros son, por ejemplo, la ardilla (cuya cola se compara con un falo), el pájaro carpintero (su cabeza roja es fálica), el pájaro mochilero (su nido se compara con los testículos), etc. El segundo grupo consiste de peces muy voraces tales como la piraña, de roedores, y de ciertas tortugas que, cuando muerden, difícilmente sueltan la presa. Como ya dije anteriormente, en muchos casos el rito de curación simboliza la inseminación seguida por el desarrollo intrauterino y el renacimiento del paciente. Para ello se invocan los animales fálicos y luego aquellos que muerden y roen la “envoltura” del paciente, que es una especie de placenta. Los animales destruyen y botan todas las materias y esencias patógenas. (1) Entre los indios del Chocó, el chamán prepara o hace preparar, gran número de tallas de madera que representan animales o ancestros. Estas tallas se cuelgan de las vigas, se amarran de los horcones o se ponen en el suelo, cerca del enfermo, quien yace en un pequeño recinto ritual. El chamán, en un trance visionario, invoca a los seres sobrenaturales y, como aliciente, los invita a tomar la chicha que se ha preparado para este fin. (2)

Los animales verdugos son aquellos que ejecutan las órdenes de un chamán para agredir a un enemigo, y son el jaguar, las culebras venenosas o los insectos ponzoñosos.

Por último, los mensajeros chamánicos son ciertos pájaros que “hablan” —las guacamayas, los loros, las cotorras, las guacharacas y otros. El murciélago y la chotacabra (Caprimulgidae) también figuran como mensajeros del chamán, así como ciertas libélulas y mariposas. Esta lista podría aumentarse con muchos otros ejemplos pero las especies citadas bastarán para ilustrar el caso. Es pues a estos animales a los cuales el chamán acude, e invoca en sus ensalmos y cantos, para que le presten su ayuda. (3)

Lo que salta a la vista es que los diferentes animales son altamente especializados y que dicha especialización se relaciona con su forma, color y comportamiento, tal como estas características se manifiestan en la realidad zoológica.

Si interpretamos correctamente el lenguaje simbólico de los chamanes, los llamados “animales auxiliares” son simplemente representaciones zoomorfas que simbolizan ciertos poderes del chamán. No se trata pues de pájaros, felinos, reptiles o peces en el sentido zoológico nuestro, sino de principios o cualidades que, a los ojos del chamán, están contenidos en los animales. Estos principios o cualidades serían, por ejemplo: el vuelo, la agudeza de la vista o del oído, la agresividad, la idea de devorar, la idea de eliminar lo podrido, la capacidad de metamorfosis, la capacidad de camuflaje o de simular la muerte, etc.

Los atavíos que se ponen los chamanes exteriorizan este concepto de animales auxiliares. Las coronas ceremoniales consisten de plumas de muy diversos pájaros que están combinadas según reglas muy complejas. Hay collares de dientes de animales, de pequeños huesos, de alas de cucarrones y, en el Vaupés, se usan grandes cinturones de dientes de jabalí. Los chamanes de los indios Guahibo de los Llanos Orientales usan (o usaban hasta hace poco) coronas de garras de jaguar, taparrabos de piel de jaguar y una gran guacamaya sobre sus hombros.

Los instrumentos musicales atestiguan el mismo complejo de ideas. Entre los Tukano hay flautas de hueso, silbatos de caracoles y un instrumento hecho de la concha de una tortuga; los Guahibo usan cráneos de venados como flautas; los Cuna tienen un tipo de flauta manufacturada con el cráneo de un oso hormiguero. En el noroeste amazónico se usan cascabeles hechos de pezuñas de venado y en la Sierra Nevada de Santa Marta reaparece la misma concha de tortuga, como instrumento musical ritual. A eso se añade el simbolismo de los diferentes cueros (venado, jabalí, etc.) que se usan para los tambores.

La parafernalia chamánica también abarca el empleo de plumas individuales, recipientes o cucharas de hueso o de caracoles, y una multitud de otros objetos de origen animal. Todos aquellos elementos, sean atavíos, parafernalia, o instrumentos musicales, significan la presencia de los espíritus auxiliares, es decir expresan una gran gama de poderes chamánicos; de ningún modo son para ellos lo que nosotros tan despectivamente llamamos disfraces, adornos, ni objetos para la diversión.

La selección y progresiva acumulación de estos poderes obedece, desde luego, a la iniciativa de cada chamán; él es quien, consciente o inconscientemente, escoge determinado animal, cuando cree poseer cierto poder. Ocasionalmente un chamán renombrado puede otorgar un tal poder a otro de menor rango. Pero de todos modos se trata de un proceso de proyección psicológica, a través del cual el chamán expresa el potencial de su personalidad.

El hilo de nuestra pesquisa nos conduce ahora a una tierra lejana, al golfo de México donde la monumental civilización Olmeca data de aproximadamente mil años antes de Cristo. En 1968, Michael Coe, de la Universidad de Yale y especialista de fama mundial en aquella zona arqueológica y sus problemas, analizó en detalle una escultura de piedra verde, de carácter religioso, y llegó a una conclusión sorprendente. Aquella escultura hallada en Las Limas, estado de Veracruz, representa una mujer sentada que sostiene una criatura que se caracteriza por la típica boca felina de la iconografía olmeca. Lo que llamó la atención del investigador eran cuatro caras humanas incisas, una en cada hombro y una en cada rodilla de la figura femenina central. Las caras, trazadas muy esquemáticamente en perfil, sin embargo se diferencian la una de la otra por pequeños detalles gráficos, sugiriendo que se trata de representaciones individualizadas.

En una proyección temporal de mas de dos mil años hacia adelante, Michael Coe lanzó una teoría extremadamente interesante. Basándose en un análisis minucioso de detalles iconográficos, Coe comparó las cuatro caras con cuatro representaciones aztecas del Período Post-Clásico de México, a saber, con Xipe Totec y la Serpiente Emplumada, principios de la regeneración y la vida, opuestos a la Serpiente de Fuego y el dios de la Muerte. Además identificó a la figura central como la diosa del Maíz y al niño como el dios de la Lluvia. En otras palabras, C0E sugiere tres correlaciones culturales muy importantes: en primer lugar, que las cabezas incisas de la estatua olmeca representan los prototipos de cuatro divinidades aztecas postclásicas; en segundo lugar, que los Olmecas veneraban a varias divinidades; y, en tercer lugar, que la religión olmeca estaba basada en una filosofía dualista de principios de oposición. (4)

Estoy inclinado a aceptar plenamente las teorías de Michael Coe, pero tal como él proyecta su visión hacia adelante en el tiempo, hacia una dimensión de religiones estatales y de divinidades, yo estoy tentado de mirar hacia atrás. Mirando la estatua de Las Limas desde la perspectiva colombiana y chamánica sugiero que, originalmente, aquella representación femenina tenía un carácter chamánico y que las cuatro caras, en sus hombros y rodillas, se desarrollaron a partir de las representaciones de cuatro animales auxiliares, es decir, de cuatro poderes del chamán. La importancia de estas dos perspectivas temporales yace en la posibilidad de poder trazar eventualmente la lenta evolución de ciertas representaciones llamadas sobrenaturales, en las culturas indígenas americanas. En el fondo se trata de la manifestación del poder, cualquiera que sea su definición. El animal auxiliar que el chamán crea en su imaginación como símbolo de su poder, se individualiza y se transforma con el tiempo en una divinidad antropomorfizada que acompaña, ya no a un chamán, sino a un sacerdote que es el representante de una divinidad central.

Veamos pues otra vez el ¡cono del vuelo chamánico; creo que en él podríamos tal vez trazar otras líneas de desarrollo mental.

Es evidente que en todos los casos del icono del vuelo chamánico los únicos animales que se representan son pájaros. En otras palabras, ese ¡cono enfatiza el poder de volar y los otros poderes no se exteriorizan iconográficamente en él.

Dada la importancia primordial del vuelo chamánico en esta categoría de artefactos, es natural que los pájaros y sus características constituyan un gran acervo de símbolos y metáforas. Sería demasiado largo citar aquí siquiera una selección de datos etnográficos colombianos que se refieran a este tema y trataré de una sola cultura, la de los Kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta.

En varias ocasiones ví en la Sierra recintos rituales donde los chamanes y sus aprendices habían colocado gran número de pájaros disecados, colocados con las alas desplegadas sobre troncos y ramas de los árboles cercanos. Eran aves de distintas especies, desde colibríes hasta halcones. También había visto las grandes coronas de baile y sabía que cada pluma, según su color y el pájaro al cual pertenecía, simbolizaba diversos principios. En una interpretación dada por los indios, la corona representaba al Sol, con sus rayos; según otra interpretación era una especie de calendario en el cual los días y los meses estaban marcados por ciertas plumas. Cuando pedí a un indio hacerme un dibujo de un bailarín con su gran corona, dibujó un falo penetrando en una vagina.

Hay que regresar pues a los orígenes. Según varias versiones del mito de la Creación, fué Hátei Se, el Padre Pene, quien procreó la vida con Kangushína, la vulva, ambos designados como los chamanes originales. Ella fué la primera manifestación de la Madre Universal quien, en otra de sus múltiples personificaciones, fué la hija del Trueno, un principio fálico. De esta unión nació el principio de la Obscuridad y de ella surgió el principio de la Luz. Luego nacieron los cuatro Señores de los Puntos Cardinales y éstos, eventualmente, adquirieron las características de seres divinos, cada uno dotado de ciertos rasgos físicos, de atavíos y parafernalia distintivos y de ciertos poderes explícitos. Eran el Señor de la Tierra, el Señor del Agua, el Señor de los Animales y el Señor de las Plantas. El hijo del Señor de la Obscuridad era un ave negra, llamada ávui.

Todo eso ocurrió en la más absoluta obscuridad pero entonces comenzó a amanecer. La palabra amanecer tiene para los Kogi el doble sentido del alba y de un nacimiento. Luego el Señor del Cenit, un ser solar, previno a todos los pájaros que no cantaran; pero la pava cantó antes del amanecer y así ¡o hicieron varias otras aves; desde entonces son perseguidas por los hombres como presa. Pero los otros pájaros no cantaron. Dice el mito: “En aquel entonces los pájaros eran gente... entonces escogieron sus plumajes... blanco, amarillo, rojo, de todos los colores del cielo al amanecer el día”. Según dicen los Kogi, hasta hoy en día los pájaros forman grandes parentelas y entre ciertas de ellas —rapaces, loros, aves marinas, etc.— hay un parentesco o, por lo menos, una relación jerárquica en términos de hermanos mayores y hermanos menores.

Al llegar a este punto de nuestra pesquisa cambiamos otra vez de escenario. Nos trasladamos al territorio del Vaupés y resumimos el mito de la creación de los Desana y sus vecinos.

En el comienzo de los tiempos, el Padre Sol ordenó a Pamurímahsé, un personaje celeste fálico, que poblara la tierra. Pamurí-mahsë, también llamado el procreador, poseía una larga vara sonajera, objeto fálico de los chamanes, la cual debería clavar verticalmente en la tierra, para crear allí la humanidad. La vara no debía arrojar ninguna sombra. El mito describe luego los largos viajes del procreador, en búsqueda de este lugar. Por fin lo encontró; plantó la vara verticalmente sin sombra, y entonces cayeron de ella gotas de semen; de ellas se originó la humanidad indígena.

Viajando por el río Piraparaná, de norte a sur, llegué a la piedra de Nyí, una gran roca que surge de las aguas y en cuya superficie plana, vertical, hay un antiguo petroglifo espectacular. Mis compañeros indígenas me explicaron que fué allí donde Pamurí-mahs ö comenzó a poblar las tierras del Vaupés. Me explicaron que el petroglifo representaba la vara fálica y añadieron que a las mujeres les era prohibido mirar la piedra, cuando iban de viaje por allí. La piedra de Nyí está localizada prácticamente en el punto donde el río Piraparaná cruza la línea equinoxial; en este lugar el rayo fálico del sol cenital no arrojó ninguna sombra.

Algún tiempo después, a una o dos jornadas de la piedra de Nyí, un chamán de los indios Barasana me habló en detalle del petroglifo. Le pedí que me lo dibujara en la arena del piso, lo que hizo, explicándome que aquello era un falo alado. Algún tiempo después le pedí otro dibujo, esta vez sobre papel con lápices de colores; y nuevamente dibujó un falo alado. Así el gran chamán de la creación de los Tukano era pues un falo alado.

Debemos seguir ahora la pista del chamán, ya no en el vuelo a dimensiones extraterrestres y causado por la ingestión de alucinógenos, sino aquí en esta tierra, en la forma como él se presenta con su atavío ritual. Observamos en primer lugar la serie de figuras humanas muy elaboradas y estilizadas que, en la literatura arqueológica sobre orfebrería se han agrupado bajo el nombre de Darién. (5)

Estas piezas representan seres humanos revestidos con una gran profusión de atributos de las más diversas formas. La parte inferior de las figuras, de la cintura hacia abajo, está extremadamente esquematizada desde todo punto de vista y es apenas una lámina vertical que se bifurca hacia abajo para indicar las piernas. Los pies consisten en la prolongación de la lámina bisecada y simplemente doblada hacia adelante; a veces se indican los dedos de los pies, por cortas incisiones paralelas. Hay ciertas similitudes entre la parte inferior de estas figuras, y las colas desplegadas del icono del vuelo chamánico. Fuera del rasgo compartido de la bifurcación, signo esencialmente humano, en ambos casos se trata de la intención de presentar planos lisos y de forma elemental, carentes de toda elaboración plástica o gráfica. La parte superior del cuerpo, en contraste, es por lo general exuberantemente elaborada, sobrecargada, y los detalles son muy complejos; en ellos se combinan rasgos humanos, animales y motivos abstractos, con la representación de objetos tales como máscaras, coronas, vasijas cerámicas, instrumentos musicales e insignias que parecen simbolizar la autoridad del portador.

Para mí no cabe duda de que estas figuras representan chamanes, pero esta vez ya no en vuelo sino con ambos pies en esta tierra y ostentando un conjunto de rasgos que simbolizan sus diversos poderes. Posiblemente los objetos o grupos de objetos corresponden a diferentes ritos o ciclos rituales. Designaré a estas figuras como el icono del chamán ritualmente ataviado (Icono B).

La distribución geográfica de este icono es muy amplia; la máxima densidad se ha observado en la región del Sinú, pero se han encontrado ejemplares en la Costa Pacífica, en el Quindío, así como en el valle del río Magdalena. Fuera de Colombia se conoce este icono en Panamá y un ejemplar fué hallado en el Cenote de los sacrificios, en Chichen ltzá, Yucatán.

Existen varios estudios sobre el llamado Estilo Darién; Charles Bolian (1937) hizo una seriación de 52 ejemplares que agrupó en cuatro fases sucesivas, basándose en la distribución de lo que designó como “rasgos diagnósticos”. En su serie, sugiere un desarrollo cronológico que se extiende aproximadamente desde 200 antes de Cristo, hasta la época de la conquista. Bolian ve relaciones con los llamados estilos Tolima, Calima y Quimbaya pero no trata en ningún momento de interpretar el significado de las piezas. Falchetti de Sáenz (1979) analizó en detalle los rasgos diagnósticos de 1 35 de estas piezas y, así mismo, trató de relacionarlas con las llamadas “áreas de orfebrería”, para sugerir luego relaciones con los estilos arriba mencionados. Tampoco esta autora toca el tema del significado. El único trabajo que lanza una teoría interpretativa (para uno solo de los rasgos) es un artículo de Schultes & Bright (1979), al cual me referiré más tarde.

Ya que mi enfoque es interpretativo y se desarrolla dentro del marco de referencia del chamanismo, mi análisis de estos objetos es muy diferente al de Bolian ode Falchetti. Mirando las figuras del llamado Estilo Darién desde el punto de vista de la representación de poderes chamánicos, me ocuparé a continuación de aquellos rasgos que creo poder interpretar.

Veamos en primer lugar la representación iconográfica del poder de volar. Hay una relación estilística general entre muchas piezas del Icono B, con el Icono A. En la parte superior se trata del patrón básico de una forma alada y, en la parte inferior de una pieza desplegada en dos salientes laterales, o sea la cola del patrón ornitomorfo. Los pies antropomorfos se vuelven hacia afuera y forman un abanico que ya no deja reconocer su origen humano. En el Icono A hemos visto la transformación de la cola bifurcada de un pájaro, en piernas humanas. Por cierto, el concepto mismo de la bifurcación constituye un elemento que comparten los dos iconos.

Muchas figuras del Icono B tienen en su parte superior un par de alas, generalmente levantadas en un ángulo de unos 45 grados y enmarcando la cara. La forma de las alas puede ser plana y sencilla o puede ser estilizada, a veces representada por espirales alargadas. Varias piezas llevan dos plumas largas que salen casi verticalmente, a la altura de las orejas y que a veces pueden confundirse con las alas propiamente dichas. La típica insignia de algunos chamanes amazónicos son exactamente las dos plumas que se colocan saliendo de la zona de la nuca. En las figuras del Icono B también se observan algunos tocados que consisten de grandes plumas curvas. Una pieza (MO 22.424) lleva un alto tocado o corona que parece estar formada por un complejo arreglo de plumas. Algunas figuras sostienen horizontalmente en sus manos una vara sobre la cual están posados varios pájaros de pico largo, con las colas desplegadas. En resumen, el poder del vuelo chamánico está expresado en un gran número de detalles.

 

  CONTINUAR

 

1. Reichel-Dolmatoff (1976). (regresar1)

2. Reichel-Dolmatoff (1962). (regresar2)

3.Para algunos ejemplos, véase Reichel-Dolmatoff (1976); Zerries (1952). Por cierto, algunos chamanes también convocan a los espíritus de plantas medicinales, alucinógenas y tóxicas. (regresar3)

4. Coe (1968); (regresar4)

5.Véase Bolian, en Lathrap & Douglas (1973). (regresar5)