Ficha bibliográfica
Titulo:
Sinú Amerindio: Los Zenues
Edición original: Santa Fe de Bogota, Editora Geminis, 1996
Autor:
Banco de la República de Colombia
Notas: Libro sobre la herencia étnica y cultural indígena Zenú.


 

SINÚ     AMERINDIO    LOS    ZENÚES
La persistencia de la herencia étnica y cultural indígena zenú en el departamento de Córdoba
Banco de la República - Subgerencia cultural
Salón Múltiple - Área cultural - Montería
 


PRESENTACIÓN

Con el propósito de facilitar la aceptación de la evidencia de lo que somos, estimular el sentido de pertenencia y la valoración de nuestra cultura, la exposición Sinú Amerindio ofrece información sobre los actuales zenúes, que a pesar de haber sufrido una fuerte aculturación se consideran y son considerados indios; conservando algunos elementos culturales de sus ancestros y ejercitando otros, producto de la interacción con la cultura que los circunda e influye.

No son los grandes orfebres e ingenieros hidáulicos, su lengua les fue negada y con ella el legado de gran parte de la herencia cultural de los antiguos. Sin embargo, los zenúes que an existen conservan con amor sus tradiciones y poseen una riqueza cultural que los hace únicos y auténticos.

 
ORÍGENES Y ASENTAMIENTOS
CONFEDERACIÖN ZENÚ (SIGLOS I- VII)
 
Orígenes y asentamientos
Zenúes de San Andrés de Sotavento.
Al arribo de los españoles, en el siglo XVI, el territorio zenú estaba dividido en tres provincias: Finzenú, en el valle del Sinú y las sabanas, era centro ceremonial, funerario y de producción de manufacturas; Panzenú en el valle del San Jorge, era zona de explotación agrícola, pesquera y de elaboración de manufacturas; y Zenufana, valles del Bajo Cauca y Nechí, era sede del poder gubernamental y de centros de producción aurífera.
 

En la actualidad subsisten en Córdoba dos comunidades indígenas bien diferenciadas: los zenúes del resguardo de San Andres de Sotavento y los embera del Alto Sinú y Alto San Jorge.

EL HABITAT

El relieve hacia el norte del resguardo es ligeramente quebrado y ondulado con colinas erosionadas rodeadas por valles pequeños y hacia el sur, predominan los dilatados tremedales de la Ciéaga Grande.

La vegetación la conforman pastizales, rastrojos y escaso bosque original, ocasionado por la tala acelerada.

Poblamiento y vivienda

Vivienda urbana con
influencia española.
La vivienda rural es de tipo tradicional. Se construye en lomas o promontorios desde donde se domina el panorama y se recibe buena luz y ventilación. Se emplean materiales autóctonos.
Cultivos

En la época prehispánica los zenúes cultivaron el maíz, la yuca, la auyama, los fríjoles y los ñames criollos de gran valor nutritivo; y explotaron la rica variedad de palmas, gramíneas y bejucos para artesanías y construcción de viviendas.

Actualmente cultivan empleando sistemas tradicionales, rudimentarios, herencia de los abuelos aborígenes.

La producción es baja en frutos, de poco rendimiento y se destina al consumo familiar.

La concentración de la tierra en pocos terratenientes, a partir de la usurpación y el despojo, ha sido un factor limitante para las actividades agrícolas.

Otras actividades productivas

Últimamente ha habido algunos cambios importantes en el sistema de cultivos comunitarios en las fincas recuperadas: arado mecanizado, fertilización de suelos, control de plagas, recolección de cosechas y rotación de cultivos que han elevado los índices de productividad.

L os burros son medios
ítiles de transporte y carga .
En la ganadería se dan las explotaciones extensivas para la cría, levante y engorde de los hatos de ganado para carne, y en mínima proporción para leche o doble propósito.
El sistema más generalizado de transporte y carga son los burros. El caballo también es básico en las labores de vaquería, transporte y movilización de pasajeros y carga.

Cultura material y artesanía


Abanico en cepa de iraca
La mayoría de familias indígenas tejen la trenza del sombrero vueltiao, en algunas veredas se dedican a la cestería en bejuco, iraca, enea y junco para producir balayes, chocóes, diversos canastos, abanicos, floreros, maletas, hamacas de cepa de plátano y esteras, entre otros.
En el pasado aborigen la cerámica fue una de las técnicas más avanzadas en la cultura Zenú. Esa tradición aín subsiste, en el Bajo Sinú y las sabanas: San Sebastián de Urabá y San Nicolás de Bari en Lorica; Arache y Sitio Viejo en Chimá Flecha Sevilla en Chinú Momil y Ciénaga de Oro.

Momil se caracteriza por las réplicas precolombinas tanto en cerámica como talladas en madera, piedra y hueso.

Sombrero vueltiao zenú

Los antepasados zeníes usaron sombreros, gorros y tocados como prendas básicas de la indumentaria. Es probable que también tuvieran un significado ritual.

Hoy día se emplea la fibra de la vena central de la hoja de la caña flecha para tejer las trenzas.

El sombrero vueltiao. Auténtica herencia de la cultura Zenú.



Se teje con un nímero impar de conjuntos de pencas, llamados “pares” o “pies”.

El número de “pies” determina las clases de trenzas y las calidades de los sombreros. De siete pares, “lica”; de 11, pacotilla; de 15, “quinciano”; de 19, de 21, de 23, de 27... siendo más fino el de mayor nímero de pares de pencas.

Obtenida la trenza se cose el sombrero. Hoy se hace en máquina de coser sencilla.

El sombrero vueltiao se distingue por combinación de fibras blancas y negras, dando origen a figuras llamadas “pintas”, que simbolizan elementos religiosos y totémicos.

El nombre de cada “pinta” denuncia un contenido filosófico, simbólico y cultural: la flor de la cocorilla, el diente del ñeque, el peine grande y el chiquito, la mariposa, la araña, el pechito del grillo, las que brillan, el corazón del abanico, el pilón, el grano de arroz, la pisada del perro...

Los centros más importantes de producción del sombrero son San Andrés de Sotavento (Córdoba) y Sampués (Sucre). También se elabora en algunos parajes de Ciénaga de Oro, Sahagín, San Carlos, Chinú, Momil, Purísima, Valencia, Tierralta y Puerto Libertador.

Vestuario y atuendos

El vestuario está adaptado a las exigencias climáticas y de trabajo.

Hasta mediados del presente siglo los abuelos zeníes usaban parumas, franelas amansaloco, abarcas tres puntá y sombrero vueltiao. Las mujeres se ataviaban con una falda ancha, un poco abajo de la rodilla, y blusa suelta de manga corta y cuello escotado. Calzaban babuchas de pana.

Hoy, el hombre usa pantalón de dril, camisa manga larga y franela de hilo, abarcas y sombrero vueltiao.

La mujer, trajes de vivos colores a la altura de la rodilla, con mangas a medio brazo, ajustados al talle; en las jóvenes con sugestivos escotes; zapatos comunes de tacón bajo.

Los niños andan en pantalonetas, descalzos y sin camisa.

Organización familiar y social

La organización social se basa en la familia extensa, que gira alrededor de la casa paterna.

La unión matrimonial se concreta cuando el novio define con los suegros los términos del “arreglo” o pago de dinero, cuyo monto simboliza el estatus de la novia e implica el reconocimiento y aprobación social del matrimonio.

La poligamia es frecuente. Están prohibidos los matrimonios entre familiares cercanos. El ideal es casarse con una pareja de otro caserío y de otro grupo.

Organización política. El cabildo

Resguardo indígena Zenú
de San Andrés de Sotavento.
En 1773 el rey de España, Carlos III, constituyó el resguardo con 83 mil hectáreas de terreno y tres barrios: Mexión (San Andrés), Chenú (Chinú) y Pinchorroy (Chimá), con sus cabildos y capitanes, bajo el mando central de un cacique.

Desde entonces los zeníes han sido despojados de sus tierras por los terratenientes. En los íltimos 20 años han recuperado sólo cerca de 25 mil hectáreas y constituido más de 40 cabildos, en los municipios de San Andrés de Sotavento, Purísima, Chinú, Chimá, Momil y Ciénaga de Oro en Córdoba, y Sampués, Sincelejo y Palmito en Sucre.

El proceso de recuperación de las tierras ha sido largo y doloroso. Muchos de los líderes han caído asesinados; otros encarcelados, perseguidos y ultrajados. Pero el espíritu de lucha sigue vivo.

Religiosidad

Las expresiones mágico-religiosas de los actuales zeníes son fruto de un largo proceso de sincretismo entre las creencias y prácticas de la religiosidad indígena precolombina y las manifestaciones y ritos de la religión católica.

La mayoría de las festividades coinciden con las épocas propicias para la preparación, siembra y cosecha de cultivos y en la temporada de estío.

En los festejos religiosos se mezclan ritos y santoral católico con la santería popular.

Los santos católicos más venerados son: san Andrés, santa Lucía, santa Catalina, santa Rosa de Lima, La virgen del Carmen, san José, el Niño Jesís y Todos los santos.

San Simón de Ayuda, expresión ritual del tólem del maíz.


Los santos de creación indígena de mayor fervor son: san Simón de Ayuda, relacionado con la cosecha del maíz santo Domingo Vidal y san Antonio, que fueron santificados porque sus cadáveres se momificaron y por los innumerables milagros que han hecho a sus creyentes.

Y un sinnímero de santos que se han formado de piedras encontradas en la vera de los caminos o en los campos de cultivo, como san Quema’o, la virgen de la Piedra, santa Rosa de Piedra, san Andrés y san Andresito.

Tradición oral

Perviven aín en la memoria prodigiosa y en la mente fabuladora de los viejos rezagos de mitos, leyendas y cuentos, creencias ancestrales y religiosas como los Chimpines de los arroyos y caminos, mohanes y encantos de manantiales, pozetas y jagüeyes; niños en cruces y animes; espantos y conjuros; brujas, duendes y ánimas en pena.

Son muy conocidos los cuentos de Tío Conejo, Tía Zorra, Tío Tigre, Pedro Ardimalas; Pedro, Juan y Manuelito, Juan Bobo y otras leyendas y relatos alusivos a hadas madrinas, reyes, príncipes encantados; adivinanzas, refranes y chistes que animan velorios y reuniones sociales.

Los chimpines

La encanta y los Chimpines
Cuando los niños mueren sin bautizar (“moros”), se convierten en Chimpines o duendecillos traviesos que merodean en las riberas de los arroyos y a la vera de los caminos al acecho de los niños “moros” y desobedientes, para extraviarlos en la maraña de los bosques y entregárselos al Maligno, quien los sacrifica chupándoles la sangre por el ombligo y cercenándoles la lengua.
Los Chimpines son descritos como seres de bajísima estatura, de color negro, boca colorada y con los pies invertidos, pero caminan hacia adelante brincando entre las piedras.

Prácticas curativas

Son importantes, dentro de la sociedad, los personajes dedicados a la medicina tradicional, herencia de los abuelos y tradiciones indígenas:

· Curiosos. Previenen y curan “daños” y maleficios con “contras” y conjuros.

· Sopladores o hechiceros. Se contratan para hacerle daño a un enemigo, conquistar mujeres esquivas o dominar maridos mujeriegos.

· Sobanderos. Curan descomposturas, luxaciones, zafaduras, fracturas, golpes, hematomas y “vientos” con rezos, “secretos”, sobos, “baños”, emplastos, parches porosos y de caraña.

· Curanderos de mordeduras de culebras. Antes curaban sólo con compuestos, contras, emplastos y baños hoy usan antídotos complementarios como sueros antiofídicos y antibióticos.

· Homeópatas. Diagnostican los males mediante la “lectura de los orines”, la coloración del semblante y de los ojos. Recetan medicamentos alopáticos.

· Médiums del doctor san Gregorio Hernández. San Simón de Ayuda, san Simoncito, san Roque, santo Domingo Vidal y otros santos; curan enfermos agónicos y desahuciados, remedian males incurables, rehabilitan a inválidos y tullidos, y practican “cirugías” invisibles.

· Parteras y comadronas, señoras de avanzada edad que atienden partos, preparan brebajes para el control natal y para provocar abortos.

Ritos fínebres

Se conservan aín ritos fínebres que se desarrollan en cuatro etapas: la mortuoria, el entierro, el despacho del alma o novenario y la “acompaña”.

Durante la procesión del entierro los familiares o amigos más allegados al difunto van tomando ron ñeque y chicha masato.

En la sepultura depositan el ataíd, orientando la cabeza del difunto hacia el poniente para que “pueda ver la claridad”.

Le echan tierra que pisan con pisones de madera, uno macho y dos hembras, simbolizando una danza en torno al muerto, pues la muerte es el renacer a la vida del más allá. Los funerales son demostraciones de alegría y tristeza. Mientras los pisones giran rítmicamente hacia la derecha, se entonan zafras mortuorias.

Velorio de angelito

El “despacho” del alma se realiza a los nueve días del deceso, bien entrada la media noche. Los familiares del difunto deben apagar cada uno una vela, para simbolizar que el alma del muerto deja el mundo de los vivos.

La “acompaña” son reuniones nocturnas de solidaridad durante un mes en casa de los deudos, para acompañarlos a sobrellevar la pena. Las mujeres conversan y rezan; los hombres juegan cartas y dominó y narran cuentos, leyendas y chistes; los niños se divierten con rondas y juegos infantiles. Se ofrecen comidas, ron ñeque, tinto y calentillo durante las nuevas noches de velorio.

A los niños los entierran con la cabeza hacia el naciente, con los ojos abiertos con dos pajitas y una flor en la boca. El velorio se diferencia por ser animado con tonadas interpretadas por conjuntos de pitos y tambores y juegos de florón.

Folclor

Cuentan los viejos que antes los zeníes ejecutaban mísica con instrumentos autóctonos como el cacho, el caracol o chía, el pito atravesado, la caja o tambor chiquito, los tambores macho y hembra, los guachos, la guacharaca y otros instrumentos aculturados como los metálicos de viento, el violín, el redoblante y los platillos.

El conjunto típico es el formado por pito atravesado, caja o tambor chiquito y guaches. Interpretan melodías de acento terrígeno en los fandangos y cumbias.

Existieron hasta mediados de siglo bandas de mísica en Tuchín y San Andrés, que animaban las fiestas de corralejas, los fandangos y actos litírgicos. Hoy se contratan agrupaciones regionales.

El corcovado, Flauta Malibú y Gaita.
Pito atravesao, gauches, tambor macho, tambor hembra y tambora.
Violín, caña hueca, cacho, guacharaca y maracas.
 

Entre los ritmos y tonadas típicos eran frecuentes la cumbia, los fandangos cantados, los porros y puyas interpretados por conjuntos de pitos y tambores y por las bandas de mísica los merengues por las agrupaciones de violín y violina; y los cantos de bullerengue en los bailes cantados.

Las manifestaciones coreográficas más tradicionales que recuerdan los mayores son: bullerengue, cumbia, fandango, porro y puya.


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