LAS TRIBUS INDÍGENAS DEL MAGDALENA
JORGE ISAACS
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INTRODUCCIÓN

En el año de 1881,el Gobierno Nacional, presidido en ese entonces por el señor Núñez, creó una comisión que se encargara de continuar, siquiera en parte, los trabajos adelantados con tanto éxito anteriormente por la Comisión Corográfica. La misión fue puesta al cuidado del explorador argelino señor Manó y en ella actuó como Secretario el señor Isaacs. Las relaciones recíprocas entre el personal que integraba la comisión no marcharon muy bien desde el principio, por lo cual aquélla hubo de desintegrarse. Nuestro poeta-explorador continuó solo su viaje y tomó como centro de sus incursiones la Península Guajira y algunas de las regiones que hoy corresponden al Departamento del Magdalena. Fruto de sus andanzas y observaciones fue este trabajo que hoy se reimprime y que vio por vez primera la luz pública en la revista "Anales de la Instrucción Pública", en el año de 1884, bajo el título de "Estudio sobre las Tribus Indígenas del Estado del Magdalena, antes Provincia de Santa Marta" y que mereció luego una encendida diatriba de Don Miguel Antonio Caro, quien refutó con lujo de erudición en la época, las ideas peregrinas del señor lsaacs en las cuales él hace alarde de fe darwinista, y exaltó la abnegada tarea de los misioneros en el mundo entero en pro de la expansión de la fe de Cristo, para encararla a cierto desafecto que se trasluce en las páginas del autor de "María" por estos fieles servidores de nuestra religión.

"El trabajo del señor lsaacs —escribió Don Miguel Antonio Caro— es una compilación de rasgos poéticos, de largas transcripciones, de tomentos y citas, de observaciones personales. Allí no se destaca ningún pensamiento fecundo; no se desenvuelve ninguna teoría. Es una nueva y confusa Floresta de Santa Marta". La ardentía y el entusiasmo del señor Caro para combatir las ideas y las actitudes religiosas de Isaacs, lo llevó también a negarle todo valor a su esfuerzo personal y a su trabajo de campo. Sin embargo, prescindiendo de tales consideraciones, los datos consignados por el poeta tienen mucho interés para las investigaciones de los grupos indígenas asentados desde tiempos inmemoriales en los contrafuertes rocosos de la Siena Nevada de Santa Marta, tanto en el aspecto lingüístico como en el etnográfico y arqueológico. lsaacs tuvo ocasión de recoger directamente de labios de los sacerdotes de las tribus, relatos mitológicos alusivos al origen del mundo y a la procedencia de Los hombres, según las propias concepciones de su   mentalidad primitiva. Muchos de estos mitos y leyendas están hoy completamente desaparecidos o han sido reformados considerablemente en épocas posteriores. De aquí la importancia de estas historias, que sirven como puntos de referencia para el estudio de la evolución de las formas religiosas a través de los tiempos recientes y para medir e interpretar el proceso de aculturación determinado por el contacto moderno entre las tribus indígenas y otros conjuntos étnicos, tales como los grupos de colonos blancos, mestizos y negros.

Además de la presentación de vocabularios más o menos completos de las tribus de aquellas comarcas, el trabajo de Isaacs se extiende con algún detalle en consideraciones relativas a la interpretación del arte rupestre en varios sitios del Departamento del Magdalena. No podríamos dejar de señalar aquí la ingenuidad con que se adentró por campos que le estaban vedados por falta absoluta de conocimientos para un trabajo comparativo basado en alguna sistemática. Con todo, los materiales que presentó pueden ser utilizados por muchos aspectos, prescindiendo, desde luego, de la serie de interpretaciones que hace el autor y que no tienen mayor validez científica.

"De los jeroglíficos y emblemas que copié en los adoratorios recónditos de las montañas —afirma en su estudio el señor Isaacs— los sacerdotes indígenas, no obstante la veneración de que son objeto las piedras sagradas, solo conocen el significado de tres emblemas, los distinguidos en las planchas anexas con los números 42, 84 y sus semejantes, y 92. El primero es representación de la divinidad; el segundo del sol; y el tercero, una interminable evoluta, de la eternidad. Los otros signos, o su mayor parte, podrían comprobar que la tribu o nación que los grabó en las rocas, conservaba tradiciones toltecas, o memoria de inscripciones, de ídolos y monumentos de aquel pueblo. Así lo aseguró al mostrarle las planchas adjuntas, el señor presbítero Filiberto Thermos, viajero doctísimo que acababa de estudiar las antigüedades de México y de Centro América". Tales ideas no son aceptables en los tiempos actuales en que la ciencia de la interpretación y estudio de culturas extinguidas ha alcanzado un notable desarrollo en América, y cuenta ya con recursos eminentemente científicos y con una metodología que estaba lejos de estructurarse en el siglo pasado.

Manifestaciones de arte rupestre semejantes a las que fueron objeto de estudio por parte del señor Jorge lsaacs, se encuentran en varias regiones de Colombia. Generalmente se hicieron utilizando pinturas de origen mineral de color rojo, blanco y negro, o bien grabando directamente el signo en la roca, como se observa en varios sitios que ocupaban en el momento de la Conquista pueblos de origen Karib. Los mismos sistemas fueron empleados en casi todo el arte rupestre primitivo en el mundo entero. Triángulos, rombos concéntricos, figuras antropomorfas, zoomorfas, manos y pies humanos, etc., son los signos más frecuentes. Tales huellas han sido llamadas impropiamente pictografías, esto es, la representación gráfica de cuadros, objetos, escenas, etc., como las que existen en ciertos lugares de Australia, Africa y en algunas zonas de Norteamérica. Pero en Colombia solo existen los llamados ideogramas, definidos por los tratadistas modernos de arte primitivo como "símbolos pictóricos que se usan para sugerir objetos o ideas abstractos".

Consideramos que aún no se han allegado los elementos de juicio necesarios para una interpretación científica del significado del arte rupestre de Chibchas, Caribes y otros pueblos, si es que fueron estos los verdaderos autores de tales manifestaciones artísticas. Estas interpretaciones tienen que basarse sobre un conocimiento a fondo de las formas religiosas de tales pueblos. De ahí que la lectura fácil que en distintas ocasiones han hecho nuestros prehistoriadores y otros estudiosos como el señor lsaacs, de los signos de arte rupestre, deba tomarse con la reserva prudencial que exigen los rumbos de La moderna investigación arqueológica en América. Otro tanto puede decirse sobre las su posiciones relativas a la posible domesticación, en tiempos anteriores a la Conquista, de animales como la danta y el venado y a la utilización del caballo americano antiguo por los indios. Si bien es cierto que los restos de este último han sido evidenciados por los trabajos de paleontología, los fósiles datan de una época anterior al poblamiento humano del Nuevo Mundo.

Hechas las anteriores salvedades en forma muy general y hasta donde lo permite la brevedad de esta nota explicativa, no vacilamos en afirmar que el trabajo de Jorge Isaacs sigue siendo, aún hoy en día, un acopio de datos, algunos de los cuales son de singular importancia para la investigación de Los complejos culturales en una zona de contactos intercontinental es como lo fue en tiempos remotos ésta del Antiguo Estado del Magdalena.

Luis Duque Gómez

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