LAS TRIBUS INDÍGENAS DEL MAGDALENA
JORGE ISAACS
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V

Destínoles una sección de este capítulo a los estudios del señor Aristides Rojas sobre pictografías de las tribus indígenas de Venezuela: nada menos merecen sus observaciones respecto al asunto, y además de su importancia intrínseca tienen muchos puntos de relación y semejanza con las que dejo escritas al revisar los emblemas y jeroglíficos de la Sierra Nevada de Santa Marta. Indicaré después algunos grabados del territorio de Colombia, que aún esperan estudio formal de los etnógrafos del país, pictografías que en su mayor parte apenas han sido mencionadas hasta hoy,o permanecen desconocidas. Propóngome dejar así tan completo como me sea posible, en lo relativo a la materia, este trabajo, en circunstancias favorables, muy distintas de las presentes, arqueólogos de la nación lo terminarán.

En la cordillera litoral de Venezuela hay un valle pintoresco donde se hallan los campos de Burburata, Patanemo, Guaiguaza y San Esteban partiendo del último hacia las alturas de Hilaria, de 1.388 metros sobre el nivel del mar, en un sitio inmediato a las de Campanero, están los grabados con que empieza su estudio el señor Rojas.

"Entre las diversas figuras que tiene el jeroglífico de Campanero, sobresalen: la que imita una embarcación, varios dibujos que aparecen como fortificaciones o compartimientos y una serie de medias Lunas, que por el lado derecho van elevándose hasta llegar a una imagen del Sol. Una serpiente, figuras que parecen laganos, cocodrilos y otros animales llenan por el lado izquierdo y por el centro el cuadro, presentando un conjunto variado".

Habla en seguida de las figuras que se hallan en otro sitio cercano a San Esteban; de las que se han encontrado en las montañas litorales, desde su origen en el Estado de Barquisimeto; de las que vio en el de Falcón, y de las que hay en el de Yaracuy.

"Cerca de Guataparo, en el mismo Estado de Carabobo, al Oeste de Valencia, se hallan también figuras, entre las cuales sobresale un Ibis.

"En la colonia de Tovar al Norte de la Victoria, y sobre una meseta de la loma de Maya, se encuentran muchas rocas cubiertas de figuras que representan caras humanas, serpientes, tigres y manos, formando grupos, como también imágenes del Sol y de la Luna. Estas rocas esculpidas se hallan igualmente en el descenso de la fila montañosa hacia las vertientes del río Tuy en su prolongación hacia las costas del mar...

Figuras semejantes se encuentran también en el camino que conduce de Caracas a los Valles del Tuy, en varios lugares acerca de Turmerito, iguales a las que se han visto en las Antillas y más allá, en las cercanías de Charallave, se ve impresa sobre una hermosa roca la huella de un pie, que según la tradición de los campesinos del lugar, es la huella de San Juan.

"En los estribos de la cordillera costanera que se pierde en la dilatada llanura del Estado Guárico, en los morros de la Galera cerca de Camatagua, se ven dibujos hechos con almagre, que imitan círculos, manos, diferentes figuras geométricas y lo que es más notable aún la rana: (82).

"La región más al Norte, con rocas llenas de jeroglíficos que tiene el Orinoco, está en el puerto de Caicara, al Este de la desembocadura del Apure, y en San Rafael de Capuchino, frente a Cabruta, en las sabanas que se extienden desde el cerro de Quiriquinoa hasta las orillas del Cauca (83). La altura a que están esculpidas las figuras, manifiesta que éstas no han podido trazarse sino con la ayuda de grandes andamios. Cuando Humboldt preguntó a los indígenas de estos lugares, cómo se habían podido esculpir aquellas rocas, ellos le contestaron, sonreídos, que sus antepasados llegaron en canoas a la cima de aquellas alturas, y que así pudieron grabar los diversos dibujos que las adornan (84).

"Más al Sur de Caicara y a algunas millas de los cerros de la Encaramada, aparece como aislada la roca llamada por los indios Tepu Mereme (85) (roca pintada) llena de dibujos simbólicos que representan cocodrilos, boas y tigres gigantescos, utensilios domésticos, imágenes del Sol y de la Luna ."

Habla en seguida de los emblemas a que se refiere Humboldt en el capítulo XXI, Libro Primero de su obra titulada Cuadros de la naturaleza, y habría de ser redundante reproducir todas las observaciones hechas por tan conocido autor.

Prosigue el señor Rojas:

"Por el estudio que hemos hecho de las diversas pictografías venezolanas, comprendemos que éstas representan épocas distintas de nuestra historia. Las más antiguas coinciden con la bajada de las aguas y levantamiento del fondo del antiguo Océano, al Este de los Andes. En este caso están las rocas pintadas del Orinoco y sus afluentes y las de los llanos del Guárico, Cojedes, Portuguesa, etc,

"Casi todos los jeroglíficos están a orillas de las aguas o cercanos a algún río, y siempre en la dilatada zona que se extiende desde las bocas del Orinoco hasta los Andes; y en la cordillera de la costa, desde Paria hasta el entroncamiento de esta misma cordillera con los Andes de Barquisimeto. Puede decirse que los jeroglíficos, ya en las llanuras y orillas de los ríos, ya en las alturas de la cordillera costanera de Venezuela, marcan el itinerario del pueblo caribe y de sus diversas tribus de Este a Oeste. Trasmontando los Andes de Barquisimeto, Mérida, Trujillo y Táchira, desaparecen las rocas con jeroglíficos, lo que nos indica que pueblos de ótro origen diferente del caribe poblaron las grandes alturas al Occidente de Venezuela".

De los Cuadros de la naturaleza, capítulo ya citado, sí es ahora pertinente la transcripción de algunas líneas, de valía por el dictamen que emitió Humboldt después de 1848, en la elucidación del mismo punto que el señor Rojas acaba de tocar:

"Las figuras simbólicas que Roberto Schomburgh halló en la cuenca del Esequibo, cerca de las rápidas de Waraputa, se parecen, dice él, a las que existen en la isla Saint-John, y cuyo origen caribe es innegable. Sin poner en duda la exactitud de tal afirmación, no puedo creer, sin embargo, a pesar de la vasta extensión de las comarcas porque se esparcieron los caribes y del antiguo poder de esta bella raza, que la zona inmensa de rocas esculpidas que atraviesan de Oeste a Este gran parte de la América meridional, pueda ser obra de los caribes. Más bien ha de verse en éstas las huellas de una civilización antigua, que se remonta a una época en que no se conocían aun ni los nombres ni el parentesco de las razas que distinguimos hoy. El mismo respeto que por todas partes se muestra hacia estas groseras esculturas de los antepasados, prueba que los indios de nuestros días no tienen idea ninguna de cómo se ejecutan tales cosas".

El señor Rojas continúa:

"Los temas son variados según la localidad indígena que se estudie; y las piedras simbolizan sucesos diferentes. Y a son caras de caciques en conmemoración de algún hecho de armas o de la conquista de alguna región; ya son piedras sepulcrales con manos, pies, animales, indicando algún antiguo cementerio sobre alguna meseta circundada de árboles; ya son imágenes del Sol y de la Luna en curvas crecientes (86), acompañadas de alguno que otro trofeo de guerra; ya representan, finalmente, la bajada de las aguas, la época lacustre, cuando los indígenas podían atracar sus canoas en las aguas del Orinoco, a las rocas que se levantan hoy sobre el actual nivel de la corriente, y que llevan en sus cimas figuras pintadas. En estos casos, sobresalen en él cuadro una o más embarcaciones y la figura de la rana.

"Sábese que los chaimas, cumanagotos, tamanacos y otras naciones originarias del pueblo caribe, adoraban al Sol y la Luna; y que para ellos la rana fue el dios de las aguas. Refiere Ruiz Blanco que los cumanagotos nunca mataban las ranas, a las que tenían como uno de sus animales domésticos, castigándola cuando no llovía. No es, pues, de extrañar que figure este animal entre los jeroglíficos del Orinoco, donde los caribes del tiempo de la conquista conservaban la tradición del último cataclismo geológico del Continente americano (87).

"La semejanza de las figuras, hasta en sus más pequeños pormenores, y la ausencia de caracteres o de escritura, manifiestan que las tribus indígenas de Venezuela no pasaron en sus dibujos de la idea simbólica, y que, en muchos casos, su pictografía puede considerarse como de un carácter puramente mímico o figurativo. Sin embargo, la mayor parte de ellas recuerdan un hecho, un mito, una tradición que ha pasado de padres a hijos y se ha conservado en el transcurso de los siglos, como veremos más adelante. Cualquiera que sea el sentido de estas figuras y el objeto con que fueron esculpidas sobre las rocas graníticas, no dejan de merecer por esto el interés de aquellos que se ocupan en la historia filosófica de nuestro planeta, ha dicho Humboldt. El respeto, por otra parte, que ellas inspiran a los restos de los pueblos indígenas, la veneración, el santo recuerdo y el mismo fanatismo con que se oponen a que sean destruídos por la mano del hombre civilizado, comprueban la opinión de Brinton, cuando dice que todos estos jeroglíficos son los mudos y elocuentes epitafios de las pasadas generaciones"

Copiosos datos suministra en lo tocante a pictografías americanas el libro del señor Rojas, pero al no prescindir ahora de muchos, pudiera agrandarse demasiado esta adición, complemento de los estudios que hice en la Sierra Nevada de Santa Marta, y urge volver cuanto antes al cauce y desarrollo final del presente capítulo.

No obstante, hay en el libro apreciaciones e indicios de que no estaría bien desentenderse.

Habla de dos inscripciones, hallada la una en un túmulo de Gravecreek (Virginia Occidental), y la otra en la desembocadura del Tauton. Juzgó el señor Rojas, ateniéndose a los juicios de Rafu y Jomard, que la primera podía ser rúnica o ibérica, y que la otra, estudiada por Mathieu, permitía suponer que habitantes de la Atlántida estuvieron en América cuarenta y ocho años antes de la desaparición de aquel Continente, El Congreso Americanista reunido en 1875, decidió que ninguno de tales descubrimientos era merecedor de la importancia que se les había dado, y por resolverse está si los caracteres de la inscripción encontrada en Graveereek son rúnicos.

Cuanto a las inscripciones fenicias de la piedra que dizque se halló en el Brasil en 1873, sábese ya que todo ello fue superchería odiosa de alguno que por ese medio pretendió ganarse renombre, y aun parece que al infeliz le costó su audacia la vida: el buho de Minerva ve en lo tenebroso, y escarnece airado a los profanadores del templo.

Páginas adelante:

"Pero si ellos (los jeroglíficos del Orinoco) son contemporáneos de la época lacustre, ¿qué significan, qué acontecimientos interpretan, qué historia de los antiguos pueblos conmemoran? Para nosotros, algunos de estos dibujos simbólicos recuerdan el último cataclismo americano, otros fijan la tradición universal que ha existido en todos los pueblos de la tierra —el diluvio (88); y otros la entrada en las tierras americanas de los primeros hombres que comenzaron a poblana, muchísimos siglos antes del cristianismo (89). Estudiemos las antiguas leyendas de Venezuela y encontraremos la escultura simbólica, como el primer germen de una civilización en la aurora de su historia.

"Refiere Schomburgh que los indios macousi, en las regiones del Esequibo, creen que el único ser natural que sobrevivió a una inundación general, volvió a poblar la tierra cambiando las piedras en hombres. Este mito, añade Humboldt, fruto de la brillante imaginación de los macousi, y que recuerda a Deucalión y Pirra, se reproduce todavía bajo diferentes formas entre los tamanacos del Orinoco.

"Debemos la tradición de los tamanacos, sobre la formación del mundo, después del diluvio, a un célebre misionero italiano, el padre Gilij que vivió mucho tiempo en las regiones del Orinoco. Refiere este misionero que AMALIVACA, el padre de los tamanacos, es decir, el Creador del género humano, llegó en cierto día, sobre una canoa, en los momentos de la grande inundación que se llama la edad de las aguas, cuando las olas del Océano chocaban en el interior de las tierras, contra las montañas de la Encaramada (90). Cuando les preguntó el misionero a los tamanacos, cómo pudo sobrevivir el género humano después de semejante catástrofe, los indios le contestaron al instante, que todos los tamanacos se ahogaron, con la excepción de un hombre y de una mujer que se refugiaron en la cima de la elevada montaña de Tamacú, cerca de las orillas del río Asiverú, llamado por los españoles Cuchivero; que desde allí ambos comenzaron a arrojar, por sobre sus cabezas y hacia atrás, los frutos de la palma moriche, y que de las semillas de éstas salieron los hombres y mujeres que actualmente pueblan la tierra. Amalivaca, viajando en su embarcación, grabó las figuras del Sol y de la Luna sobre la roca pintada (Tepu-mereme) que se encuentra cerca de la Encaramada.

"Humboldt vio la gran piedra que los indios le mostraron en las llanuras de Maita, la cual era, según los indígenas, un instrumento de música, el tambor de Amalivaca.

"La leyenda no queda, empero, reducida a esto, según refiere Humboldt. Amalivaca tuvo un hermano, VOCHI, quien le ayudó a dar a la superficie de la tierra su forma actual; y cuentan los tamanacos, que los dos hermanos, en su sistema de perfectabilidad, quisieron, desde luego, arreglar el Orinoco de tal manera, que pudiera siempre seguir el curso de la corriente al descender y al remontar el río (91).

"Amalivaca tuvo dos hijas que tuvieron un decidido gusto por los viajes; y la tradición refiere, en sentido figurado, que el padre les fracturó las piernas para imposibilitarlas en sus deseos de viajar y poder de esta manera poblar la tierra de los tamanacos.

"Después de haber arreglado las cosas en la región anegada del Orinoco, Amalivaca se reembarcó y regresó a la otra orilla, al mismo lugar de donde había venido (92). Los indios no habían visto desde entonces llegar a sus tierras ningún hombre que les diera noticia de su generador sino a los misioneros, e imaginándose que la otra orilla era la Europa, uno de los caciques tamanacos preguntó inocentemente al padre Gilij : "Si había visto por allá al gran Amalivaca, el padre de los tamanacos, que había cubierto las rocas de figuras simbólicas".

"No fue Amalivaca una creación mítica sino un hombre histórico, el primer civilizador de Venezuela, cuyo nombre se ha conservado en la memoria de millares de generaciones".

Al llegar ahí, transcribe el señor Rojas un párrafo de Humboldt, que copia de los Viajes al Orinoco. Hé aquí lo más conducente a mi propósito:

"Esta divinidad nacional, Amalivaca, que llega por agua de una tierra lejana, que prescribe leyes a la naturaleza y obliga a los pueblos a renunciar a sus emigraciones; y estos rasgos diversos de un sistema de creencia tan antiguo, son muy dignos de fijar nuestra atención... El nombre de Amalivaca está extendido sobre un espacio de más de cinco mil leguas cuadradas, y vuelve a encontrarse como designando al Padre de los hombres (nuestro grande abuelo) hasta entre las naciones caribes, cuyo idioma no se parece al tamanaco más que el alemán y el griego al persa y sánscrito. Amalivaca no es primitivamente el Grande Espíritu, y el Viejo del Cielo, este ser invisible, cuyo culto nace del de la fuerza de la naturaleza, cuando los pueblos se elevan insensiblemente al sentimiento de la unidad, sino más bien, un personaje de los tiempos heroicos, un hombre que viniendo de lejos, ha vivido en la tierra de los tamanacos y caribes, grabando rasgos simbólicos sobre las rocas..."

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(82) Requiere atención este pasaje con motivo de que se mencionan los dibujos hechos con almagre u ocre rojo, y la rana, símbolo importante entre los chibchas y también en la nación que tuvo el centro de su teocracia, en el valle de San Agustin. De lo que he transcrito de Nadaillac acerca de pictografías, viene el caso recordar lo que dice de las trazadas en orillas del Mancos y del San Juan. por ser algunas de color rojo o blanco. Todas las pictografías chibchas fueron hechas con la Gámesa, pero no se ha demostrado que fuera obra de aquella misma sustancia u otra semejante; solo cabe exceptuar la de nación.
De las figuras que copió el Coronel Codazzi en las ruinas de San Agustín, la que tiene el número 25 representa una rana de gran tamaño, y él la describe asi: "Bajando a una hondonada de 44 metros (lugar marcado H. por donde corre un arroyo) se encontró la imagen de una rana colosal, que sin duda significaba entre los andaquíes, lo mismo que entre los chibchas, abundancia de aguas; coincidencia que no deja de ser interesante, pues indicaría cierto comercio de ideas entre las dos apartadas naciones". A no dudarlo, fue muy anterior a los andaquíes la nación que labró las estatuas del valle de San Agustin, y es muy posible que de ella tomaran también los chibchas, o sus antecesores, la veneración a tal especie de batracios: esta conjetura tiene algún fundamento, como se verá al ocuparme más detenidamente de aquellas ruinas. (regresar a 82)

(83) Kaura es el nombre que le dan los guajiros a la cabra, y káuráuta a la piel del mismo animal. Kai en la misma lengua, significa sol, y kara, niña de pocos años. Tal vez el nombre de aquel puerto equivalía a niña hermosa? (regresar a 83)

(84) Pero Humboldt añade: Esto es sin duda un sueño geológico imaginado para resolver el problema de una civilización extinguida hace tiempo". (regresar a 84)

(85) Tepu-Merena escribió Humboldt. (regresar a 85 )

(86) Probablemente son las volutas de los dibujos 42, 52, 93 y otros tomados en la Sierra Nevada, cuya significación inferí por lo que del primero me indicó Aniku Gama. (regresar a 86)


(87) Es de notarse que los guajiros, caribes indudablemente, no adoran al sol ni a la luna. Admiran a Mareigua, a quien dan también el nombre de peuriyú: temen a Yarfa o Yarfamá y a Guandurú, Espíritu maligno que causa enfermedades; pero no los representan en forma alguna, solo guardan los ancianos jefes (raurá) un amuleto al cual atribuyen cierto poder: es de oro más o menos puro, del tamaño de un turpial, mitad hombre, mitad águila; el Guara.
De la rana ví meramente representaciones toscas, de oro o tumaba, en los collares de algunas mujeres guajiras. Habitando un país donde no abundan las aguas, la tribu olvidó su culto al batracio. que no tiene atmósfera, ni elemento favorable en la Península. Ranillas como aquellas, del mismo metal, usan las mujeres de la Nevada, pero muy rara vez, si es frecuente hallar la forma del animal en los dibujos bastos de sus mochilas de lana o algodón. (regresar a 87)


(88) ¿La universalidad del diluvio mosaico está plenamente demostrada por la ciencia? ¿Todos los pueblos del globo guardan tradición de ese cataclismo? Los aborígenes de la Nevada, visto está, ninguna conservan, y lo propio sucede en otras reglones americanas. (regresar a 88)

(89) He subrayado esas palabras porque se debe hacer notar incontinente que todavía se duda y vacila mucho entre los hombres de ciencia respecto al origen de los primeros hombres que habitaron la América. ¿Eran autóctonos? ¿Vinieron de una o de distinta, regiones del Asia? ¿De alguna de Africa, cuando tuvo diferente forma el mundo ignoto en sus regiones tropicales? ¿Existió la Atlántida? (regresar a 89)

(90) Ruego al lector que recuerde cuando hablé de los montes de Sulivaka, donde nacieron los primeros hombres, según la tradición de los businkas. (regresar a 90)

(91) Vochi: acaso sea el mismo Bochica; nadie ignora que vino de la región oriental, según las leyenda. de los chibchas. (regresar a 91)

(92) La tradición no dice que los hermanos fueran de raza blanca: y al tratarse de aquel regreso de Amalivaca, no hay ya mención alguna de Vochi. Es interesante notar como figuraron Huitaca y Vaqui en las memorias legendarias de los chibchas. Véase Piedrahita, Libro II. Cap. III. De la misma pág. tomo lo siguiente: Referían, y lo hacen al presente por tradición de unos a otros, que en los pasados siglos aportó a aquellas regiones un hombre extranjero, a quien llamaban unos Nemquetheba, otros Bochica, y otros Zué, y algunos dicen que no fue solo el extranjero, sino tres, que en diferentes tiempos entraron predicando, pero lo más común y recibido entre ellos es que fue uno solo con los tres epítetos referidos". Del libro I. cap. II. Lo que si es verosímil por conjeturas es, que de los Llanos (nombre que se les da a las pampas de Oriente) subieron al Nuevo Reino los primeros que lo habitaron, donde la destemplanza de la región, opuesta a la de que subieron les obligó a vestirse para reparo de los frios". (regresar a 92)

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