IV
Con motivo de su estructura o formación extraña e imponente
aspecto, y porque fue teatro de rabiosas batallas entre los indomables taironas y los
conquistadores, la Sierra Nevada de Santa Marta ha sido siempre asunto de leyendas
vulgares en las pocas y decadentes poblaciones que la rodean. El viajero lo halla muy
explicable y natural; mas no cabe decir otro tanto de las fantasías que sobre el mismo
tema escribió el ingeniero John May en un informe enviado al Comité de tenedores de
deuda colombiana. El señor Felipe Pérez, tomando a veras las imaginaciones del ingeniero
descriptor lo que le hubiera sucedido a cualquier hombre serio en su lugar
insertó pasajes de aquel informe en su Geografía de los Estados Unidos de Colombia,
publicada en 1863. Prohijó también en su Diccionario Geográfico el señor Joaquín
Esguerra todo aquello que quiso idear el señor May describiendo regiones de la Sierra que
no había recorrido. De suerte que lo que en muchas aulas de geografía del país se
estudia y sabe acerca de las montañas dichas, es muy interesante y bonito, si se quiere,
pero casi todo inexacto. Ellas no pierden ápice de su importancia por las rectificaciones
que en el lugar debido haré, ni como punto adecuado para la colonización extranjera, ni
respecto a la grandiosa belleza de sus valles y cumbres; lo contrario, porque a
cualesquiera esfuerzos de imaginación supera la sencilla verdad, y aun más atractivo me
parece el estudio de las tribus industriosas, fuertes y de mansa índole que habitan
aquellos montes, esperando sólo para su redención efectiva y prosperidad el amparo y
apoyo que es deber procurarles.
Aquí viene a propósito curiosear de prisa qué puntos calzaban los
geógrafos españoles hasta 1788 en lo relativo a orografía de la América. En ese año
se imprimió en Madrid el Diccionario Geográfico-Histórico del Coronel don Antonio
de Alcedo, Capitán de Reales Guardias Españolas, escritor muy bien reputado entre
los de su género, en tal época.
Principia así el artículo Andes (Cordillera de los):"Cadena
de montañas y serranías altísimas que atraviesan casi toda la América por espacio de
más de mil leguas, corriendo siempre N. S., desde la Provincia de Santa Marta, en que tienen
principio en la Sierra Nevada, del Nuevo Reino de Granada, siguiendo por las
Provincias del Perú y Chile, hasta el Estrecho de Magallanes y Cabo de Hornos, donde
terminan", etc.
"Nevada: Sierra muy alta y dilatada de la Provincia y Gobierno
de Santa Marta en el nuevo reino de Granada: es uno de los tres ramos o brazos de la
Cordillera de altísimas montañas que atraviesa toda la América por más de dos mil
leguas; el tercero de estos empieza en la Provincia de Santa Marta, sigue por el Reino
de tierra firme donde se estrecha entre Panamá y Portobelo, formando el Istmo que
divide los dos mares del N. y del S. y sigue luego extendiéndose otra vez por la América
septentrional, y Provincias de Nueva España: abundan estas montañas de la Sierra Nevada
en minerales", etc.
Véanse unos párrafos del señor Pérez sobre la materia, tomados
de su edición de 1863, sin que me sea permitido suprimir las imaginaciones del ingeniero
May, porque el lector necesitará hacer, a su tiempo, la comparación entre lo fantaseado
y la realidad:
"Respecto de la importante Sierra Nevada de Santa Marta,
región inexplorada, hé aquí todo lo que podemos decir en el estado de la geografía del
territorio que nos ocupa.
"Basta echar una mirada sobre el mapa del Estado del Magdalena,
para comprender que dicha sierra no es una continuación de la gran Cordillera Oriental
como se ha creído hasta aquí, sino que forma un sistema distinto. ¿Es ella un gran nudo
aislado, o formaba parte de la continuación de los Andes al través de lo que son ahora
las Antillas, y que en remoto tiempo era la prolongación del continente hasta su unión
con la isla de Cuba y las penínsulas de Yucatán y Florida? No lo sabemos, pero sí es
ésta nuestra opinión apoyada en la infinidad de islas que constituyen los archipiélagos
de las grandes y pequeñas Antillas, acaso viejas y paralelas costas del mar Pacífico en
tiempos antiquísimos. Esa porción de tierra sería entonces la verdadera América
Central, y contribuiría a regularizar (?) la forma del Nuevo Mundo, tan desgastada hoy
hacia el istmo de Panamá. Los puntos de rotura debieron ser pues la isla de Trinidad y lo
que hoy forma el grupo de las Lucayas.
"Mas sea de esto lo que fuere, la Sierra Nevada es un gran nudo
aislado mayor sin duda que el Chimborazo, cuyo centro lo componen cinco picos nevados, en
la latitud N. de 10° 51, y en la longitud oriental de Bogotá de 0° 34, dos
de ellos denominados el Picacho y la Horqueta, cuya altura se supone de 5.079 y
4.888 metros (10). De él respectivamente se
desprenden en todos rumbos diferentes estribos cuyo macizo alcanza de E. a O. a 15
miriámetros, y de N. a S. a 10, gran depósito hidrográfico de los ríos que tributan
directamente al Atlántico, a la Ciénaga de Santa Marta y a los ríos Cesar y Riohacha (11).
"En 1565 tuvo lugar una formidable explosión de la Sierra
Nevada, cuya detonación se oyó distintamente a grandes distancias, alcanzando la lava
vertida por el volcán a más de 20 miriámetros. Los ríos Gualí, Guarinó,
Sabandija, Nare y otros tributarios del Magdalena llevaron entonces al cauce común
sus aguas espesas y de color gris, murieron muchos peces y se infeccionó el aire de un
mal olor que duró muchos días. ¿Era esto un hecho relacionado con la explosión, o
simplemente un acontecimiento simultáneo? No se sabe; mas lo que sí es cierto es que
entre los antiguos habitantes del país no se tenía memoria de un suceso igual, ni en los
tiempos posteriores se ha repetido con carácter tan tremendo".
Seguramente el señor Pérez conoce tradiciones serias referentes a
aquella explosión en la Sierra Nevada de Santa Marta: en los cronistas más minuciosos
(Castellanos, por ejemplo) ningún dato he hallado a este respecto. La memoria o
tradición de los businkas, la tribu más antigua de la Sierra Nevada, sobre una
erupción terrible de las cumbres, se remonta a tiempos pre-históricos muy anteriores a
1565. Con temor me resuelvo a insinuar que el fenómeno a que se refiere el señor Pérez
tuvo su centro o causa en el Nevado de Ruiz que, dice Cieza de León, estuvo en actividad
hasta 1540, presentando caracteres de ella hasta diez años más tarde.
"La Sierra Nevada es en nuestro concepto no sólo el mejor
punto sino también el único (excepto las sabanas de Chiriquí) que por ahora y muchos
años después pueda adaptarse para un sistema de colonización en grande escala. Teniendo
como tiene sus faldas entre las ondas del Atlántico; con todos los climas desde el calor
de las riberas hasta el frío de los páramos, inocupada y con tribus vecinas con
quienes comerciar y a quienes civilizar, no admite rival ni puede tenerlo en toda la
vasta extensión de los Estados colombianos. El transporte a ella será fácil, la
seguridad salutífera del inmigrante completa, y sus esperanzas de riqueza fundadas, pues
tendrá a su vista el mercado opulento de las Antillas y de las costas de Venezuela,
Santamarta, Cartagena y el Istmo; y hasta los medios de retornar a su patria un día
cualquiera, no serán la consideración de menos monta en esos viajeros del hambre, de que
tanto necesita un país como el nuestro, tan despoblado por la conquista y tan desangrado
por las revoluciones.
"En la Sierra Nevada de Santamarta es, en nuestro concepto,
donde deben fijarse de preferencia las miras del país y del Gobierno, si es que en
realidad se piensa en apelar a la inmigración, como debe apelarse, para cambiar la faz
industrial y mejorar las razas de la república".
La mayor parte de los asertos anteriores son de rigurosa exactitud,
y para afirmarlo sin vacilar, bastaría conocer la región de que se trata. Pero no está
inocupada, y así lo reconoce el señor Pérez en su edición de 1883, ateniéndose,
porque no tenía otros, a datos oficiales incompletos acerca de población civilizada y de
indígenas: la primera, de muy pocos blancos, y de mestizos y de mulatos traficantes
de que hablé en el prólogo de este libro puede llegar cuando mucho a 500; y los
naturales alcanzan a una cifra de 5.000 a 6.000, entre businkas, guamakas, sehiucos,
kogües y residentes en Marokaso (Setkúa) y cercanías. Se ha incurrido en el error de
comprender a todas estas tribus bajo el nombre de arhuacos, aruacas, aurohuacos o aruacos (12) denominación que ninguna de ellas se
dio nunca y de la cual fue motivo el faltar a los conquistadores, como hasta hoy a
los gobiernos del país, detalles sobre el particular.
"Terminaremos esta breve reseña sobre las montañas del Estado
litoral del Magdalena, prosigue el señor Pérez, con la parte final del luminoso y
extenso informe que, sobre la Sierra Nevada de Santa Marta, dio el ingeniero John May al
Comité de tenedores de deuda colombiana, a propósito de la cuestión
colonización."
Dice así:
"El escenario de la Sierra Nevada es extremadamente pintoresco,
y participa de un carácter volcánico. Bajo algunos respectos puede parecerse al de
Suiza; mas montañas como el Monteblanco se resienten de su insignificancia cuando se
comparan con la estupenda Cordillera que se levanta repentinamente del mar a unas
pocas leguas al Oriente de Santa Marta, y cubierta, aunque casi bajo el Ecuador, de
nieve y hielo desde muy cerca de la mitad de su elevación".
Adrede copio en bastardilla algunos conceptos, para que el lector
note, antes que yo lo haga, lo que pide rectificación en el informe del ingeniero May.
Contrafuertes de la Sierra caen a oriente y poniente de la bahía de
Santa Marta, y el mismo cerro del Morro que se destaca en la bahía al N. E., no es sino
un trozo del ramal avanzado entre ella y el puerto de Taganga.
Mr. May asegura que se levanta la Sierra 7.926 metros sobre el
Océano ¿Si las nieves cubren "muy cerca de la mitad de su elevación", no
tendrán los nevados, desde su comienzo inferior, una altura de 3.000 metros...?
"La cima principal de la Sierra es un pequeño plano inclinado
de forma ovalada, y su filo está tachonado alrededor de pequeños collados cónicos, que
le dan mucha semejanza con una diadema. Acaso sea esto probablemente el cráter de un
algún volcán extinguido o latente, y constituya un comience coronado y
verdaderamente imperial de los Andes. La vista de la entrada al valle de Tairona es
inexplicablemente hermosa, El adjunto mapa lo he sacado de cartas antiguas; la viñeta es
copiada de un dibujo viejo al aguada, casi borrado, representante de una curiosidad
natural de la ribera del mar entre el río Dondiego y Palomino, y de ninguna manera hace
justicia a la escena- El pico principal está incorrectamente dibujado, y ha cambiado de
forma desde que se tomó el diseño. El desfiladero del primer término, detrás de la
montaña, debe ser el de Rodrigo, llamado también Origua, el cual fue teatro de
muchos combates desesperados entre los indios y los españoles. Se pinta como uno de los
más espantosos del mundo. A poca distancia y más hacia atrás hay otro, escasamente de
menor importancia. Estos dos desfiladeros conducen a Cincorona, Taironaca y a las
llanuras o sabanas de Bongay".
Infiérese que el autor de estos párrafos estudiaba en los
cronistas, especialmente en las Elegías de varones ilustres de Indias, que leyó en
Gaira, el país que va describiendo, y los pormenores restantes lo demuestran más y
mejor. Sin embargo, ninguno de los cronistas habla de llanuras o sabanas en Bongay, porque
no existen, y si el proyecto de inmigración de que en seguida va a ocuparse Mr. May se
hubiese llevado a la práctica, él habría tenido que recorrer las ignotas soledades de
la Sierra con los historiadores bajo el brazo, para descubrir y señalarles a los colonos
extranjeros las comarcas que pinta y menciona.
"El país de Tairona es una tierra de profundos y estrechos
valles, de abismos, rocas y ventisqueros. El centro del territorio se distingue por una
montaña notable en forma de pan de azúcar, sin nieve, pero no por esto de una elevación
menor de quince o diez y seis mil pies".
Este aspecto presenta la Sierra hacia las fuentes del Tucurinca y el
Aracataca, no al norte, sino teniendo por punto de vista el Astillero, en las faldas al
poniente: lo del monte central, salvo su altura así precisada, es el origen de
la necia tradición consabida el Dorado de Tairona que costó la esclavitud y
la muerte a millares de indígenas en aquellas montañas desde 1539. Piedrahita dice del
Valle de Tairona (lib, 3° cap. 1°): "Le asignan diferentes sitios, sin más
autoridad que la de su presuncion".
"Los ríos forman elevadas cataratas, y sus vados son
pocos y excesivamente peligrosos. Es increíble la variedad y el lujo (?) de la
vegetación. Los distritos inferiores están infestados de serpientes y tigres (13), y la plaga de los insectos es
intolerable; pero de cierta altura en adelante desaparecen estos inconvenientes
(14) y no se hallan más animales que los que desearía encontrar un
cazador. A uno y otro lado pueden verse los caminos ya mencionados, interrumpidos aquí y
allí por árboles enormes que han echado raíces por entre las piedras, y rastros (?) que
conducían a las casas de campo o a las aldeas y ciudades (?) que no existen ya,
y cuyos restos, entremezclados con los fragmentos de crisoles y loza despedazada,
embarazan (!) el terreno.
De esas calzadas, por lo que vi y está indicado en los cronistas,
hablaré en más oportuna ocasión. Los fragmentos de crisoles o cosa semejante,
sólo habría podido verlos Mr. May en Palomino, población situada cinco o seis leguas al
N. O de San Antonio; lo de restos de edificios, que se construían sabido se
está de madera con techumbres pajizas, devorados por las llamas de los
conquistadores muchas veces, de 1516 a 1600, es una mera suposición.
"El paisaje tiene algo de esplendor sobrenatural (?) y
espantoso; las cimas heladas de las montañas, cuando no están cubiertas de nieves,
brillan, relampaguean y cambian de color con la claridad del sol; y el silencio que reina
alrededor no es interrumpido sino en raras ocasiones, bien por la caída de los árboles
decadentes, la voz del trueno o el estruendo del lurte al descender.
"Me parece que el territorio de la Sierra Nevada reúne todos
los requisitos que pueden desearse, pues el clima, el suelo y la temperatura no se pueden
tachar; los caminos están hechos y sólo requieren alguna reparación
(15); los sitios propios para el establecimiento de nuevas ciudades y
con las conveniencias de cada localidad, están preparados también
(16); como lo están las líneas para buques de vapor y de vela en
servicio constante. El mercado para los productos de las labranzas abraza toda la costa,
en donde la mantequilla, las papas, el trigo, la cebada, los ajos, las manzanas, la
cerveza y la cidra, tienen gran demanda y alcanzan a precios fabulosos (?). El distrito
está rodeado de una población pobre y amiga, que quiere y puede trabajar. Tiene un buen
puerto, y tan pronto como se halle colonizado y que las tierras se limpien y queden bajo
el cultivo, la comisión misma se hallará poseedora (en virtud de algunos derechos de
dominio que se reserve en algunas haciendas) de una propiedad en las minas adyacentes con
fuerza de agua ilimitada, y lotes en la ciudad, que por un manejo bien combinado
pueden pasar a manos de los especuladores en tales empresas, y venir a ser de un valor
incalculable".
El buen puerto a que hace referencia, debe ser el de Santa Marta, y
ninguna objeción ocurre hasta allí, porque en realidad es inmejorable; pero luego se
verá que indica a Posihueica (17) en el
Riofrío, como el lugar preferible para la ciudad primera o centro de la colonia, distante
de Santa Marta 45 o 50 kilómetros, y solamente diez y ocho o diez y nueve de la Ciénaga
de San Juan, población que por sus condiciones topográficas y riqueza efectiva ha de ser
el puerto y mercado principal de cualquiera colonia que se funde en las faldas o
vertientes occidentales de la Sierra.
"El mejor sitio para una nueva ciudad sería
probablemente el de Posigueica, en el Riofrío, cuyas orillas SE DICE que son planas.
En la vecindad de esta ciudad el campo fue densamente poblado. La situación de Taironaca
en el. Dondiego debe ser buena también; pero quizá está muy al interior para la
inmediata colonización. Los españoles se encantaron con este lugar y lo abandonaron con repugnancia" (18).
Después de advertir que "no deben economizarse fatigas y
gastos para empezar con buen éxito", hace prevenciones acerca del modo que conviene
adoptar en el envío de los emigrantes y cualidades de ellos, y continua así:
"Probablemente las tierras de la Sierra Nevada pueden adaptarse
al cultivo de la vid, porque las uvas crecen en los bosques en el estado silvestre;
deberían por tanto enviarse personas que conociesen prácticamente este ramo del cultivo".
Las uvas silvestres de que se habla, son frutillas de las regiones
cálidas, y tal vez agraz (cocoloba uvifera), adorotes, y otras de la especie;
seguro estoy de ello; y si en la producción de aquellas plantas monteses es cordura
fundar probabilidades de buenos resultados en el cultivo de la vid, rarísimas comarcas de
la América tórrida serían de mal temperamento o inservibles para tan valiosa industria.
Por carencia de datos fidedignos, o más bien a causa de precipitud en el estudio previo
que requería un informe de tal importancia, se hallan casi a continuación estas
aseveraciones erróneas:
"Los indios sirven perfectamente bien de criados de labranzas
con tal de que les dé que comer y vestir". No se les menciona ni se les tiene en
cuenta para más en lo que transcribió el señor Pérez del informe que me ocupa.
"Las inmensas llanuras que hay al pie de la Siena
Nevada producen espontáneamente algodón, índigo y tabaco; el cacao no tiene
igual en el mundo en punto a calidad". No les cabe el epíteto de inmensas a las
llanuras que, muy angostadas por el mar al principio, se extienden de Dibulla o Nueva
Salamanca hasta Riohacha; ni les cabe tampoco a las del Valle Dupar: en cuanto a la
producción espontánea de aquellos frutos y excelencia incomparable del cacao, que se
cosecha en muy corta cantidad, no hay ápice de exactitud.
"Una inspección del mapa del Nuevo Mundo mostrará que,
suponiendo que sea el clima de la Sierra tal como lo he presentado, ella es el lugar
propio y natural para empezar la colonización de Sur América por los europeos. Como
antes se ha observado, ella es el principio de los Andes, y el territorio que yace detrás
es del mismo carácter y casi ilimitable en extensión. La temperatura del Valle de Upar
es fría y suave (19), y más allá está la
cordillera de Ocaña, rica en minas y en tierra de una fertilidad sin igual. La proximidad
de este país encantador a Europa, su historia romántica ( . . .!) y tradiciones
fascinadoras, constituirían al ser verdadera y simplemente representadas, una atracción
irresistible para los emigrantes europeos, especialmente en los momentos presentes,
en que, por motivo de la guerra civil de lo Estados Unidos, querrán establecerse en otros
países, donde puedan estar seguros de las enormes contribuciones y cargas que deben pesar
sobre cada ramo de la industria en esa grande y hasta aquí próspera república".
La debilidad de este último argumento en favor de la empresa,
aventurado por imprevisión, y el ser excesivamente romántica la comarca descrita para
colonizadores ingleses, no debieron de contribuir poco al resfriamiento del Comité de
negociantes en deuda colombiana.
Quizá se juzgue que me he detenido demasiado en la inserción y
análisis del informe de Mr. May. Habríaseme hecho imprescindible la tarea más adelante;
en ocasión menos oportuna, y ya está. A no hallarse inserto el informe en una Geografía
de carácter oficial, hubiera sido mejor dejarlo sin rectificación; mas tratándose
precisamente de regiones que por desgracia no pudieron estudiar el señor Coronel Codazzi
y sus inteligentes colaboradores, es aprovechable todo lo que ayude a poner la verdad en
su punto, desechándose lo incierto y lo de pura leyenda o aprendido de oídas: al país y
a sus geógrafos distintos les importa que así se haga, y aunque el trabajo en que hoy me
ocupo requerirá otros verdaderamente científicos, después de mis esfuerzos iniciales,
contribuyo a tal obra de rectificación en cuanto alcanza mi insuficiencia y no me lo
impidieron rémoras y enojosos obstáculos de que al principio hablé.
En lo que dijo el señor Pérez sobre aspecto del país -Estado del
Magdalena hay unos párrafos que, por las mismas razones apuntadas hace poco, exigen
también examen.
"Por lo que hace a la Sierra Nevada, hoy completamente
desierta o visitada cuando más por algunas tribus semibárbaras, ella parece ser el
don más precioso que la naturaleza ha hecho al Estado. Su cercanía al mar, pues casi
puede decirse que moja los pastos de sus faldas en las espumas del Atlántico; la variedad
de sus temperaturas, lo saludable de sus aires, la riqueza de sus aguas, la hermosura
de sus mesas, propias para el asiento de grandes colonias industriales, y hasta su
bella posición entre Venezuela y los Estados colombianos, teniendo a su frente las
Antillas y atrás el Orinoco, todo en fin parece haber contribuido a hacer de ella una
región privilegiada (si!), centro futuro del Estado".
Por carecer el señor Pérez de pormenores exactos acerca de tales
montañas, acogió los de Mr. May, sin vacilación ni desconfianza mínima, y cualquiera
habría hecho lo propio en su lugar. De ahí que las suponga completamente desiertas o
visitadas más por algunas tribus semibárbaras; de ahí que acepte lo de la
hermosura de las mesas. Hay en ello de verdad las inducciones del señor Pérez, no
bastantes a premunirlo de errores.
En páginas que destinaré al efecto, se encontrarán detalles bien
minuciosos sobre las tribus que moran en la Sierra Nevada, sus tradiciones interesantes,
religión, etc. Los businkas y guamakas, cuyos vocabularios quedan impresos en
hojas precedentes, son de estas tribu, al igual de los kogües y sehiucos.
Ningunas tribus semibárbaras visitan la Sierra: únicamente podrían ser los chimilas,
habitantes de los declivios y llanuras pantanosas, al Occidente; los motilones de
la Cordillera Oriental, o sean, prescindiendo del antiguo apodo itotos, tupes y
yukures; o los guajiros, dueños absolutos de la península que se extiende al
Levante. Los naturales de la Sierra Nevada temen u odian a esas tribus, y no viene
todavía al caso historiar los motivos, algunos de los cuales se remontan a tiempos
prehistóricos.
Sí es colonizable con muchísimas ventajas el macizo de la Sierra,
como el señor Pérez lo infería; pero no en los puntos o regiones que Mr. May designó,
abiertas en el escritorio las Elegías de varones ilustres de Indias. De seguro
se habrá supuesto el señor Pérez que recorrí aquel país con su obra en mi exiguo
equipaje: precisamente así sucedió. Y transcurridos ya ocho meses de viajes en el
Estado, no me satisfacía por completo el estudio acerca de lugares aparentes para
colonizaciones, por los climas y posición de ellos. Están en las vertientes orientales
de la Siena Nevada. De ahí se tienen: las planicies guajiras a los pies, el Valle Dupar
media jornada al Sur, y el puerto de Riohacha a diez o doce leguas por camino que se hará
casi todo carretero a costa de pequeña erogación, viniendo él a ser parte de la
carretera de doce miriámetros que debe construirse desde San Juan de Cesar a aquel
puerto. La necesidad premiosa e inaplazable en el Estado, ésa; y también la obra que
duplicaría en el transcurso de ocho o diez años la renta, decadente ya por diversos
motivos, que produce la aduana. Con sesenta mil pesos la subvención anual efectiva
que ahora da el Gobierno de la República para el proyectado ferrocarril de Santa Marta al
Cerro de San Antonio la carretera sería un hecho, y devolvería de sus gastos de
construcción ciento por uno.
Diseñaba indicaciones que han de hacerse en otro lugar: impaciencia
disculpable, que es amor a los pueblos de aquella sección del país, y honda gratitud.
Continúa el señor Pérez:
"Este enorme macizo que según Humboldt mide 16.000 pies de
elevación, y cuyas crestas coronadas de nieves eternas se distinguen en el mar desde una
distancia de 40 miriámetros (20), creen
algunos que forma el principio de los Andes ( . . .?); otros lo toman por su fin (!); y
otros lo miran como una cordillera independiente hoy, y acaso ramificada en tiempos
anteriores con las tierras que forman las grandes y pequeñas Antillas
(21). Mas sea de ello lo que fuere, lo cierto es que después del
soberbio nudo de Pasto o Almaguer, donde se trifurca el gran sistema de los Andes, nada
hay en los Estados colombianos tan imponente y tan bello en la escala orográfica, como
este nudo que interrumpe la monotonía de las costas del Estado y desafía la ciencia del
geólogo con sus caracteres y rareza".
Sin comentarios, que estarían de sobra después de los ya escritos,
tomo a continuación algunos renglones de la Geografía de los Estados Unidos de Colombia,
por el General T. C. de Mosquera, publicada en 1866.
Ha dicho, siguiendo el curso de la Cordillera Oriental, desde su
bifurcación al Norte: "De los páramos de Pamplona se desprende la cadena que forma
la sierra de Ocaña y Perijá, que inclinándose al Occidente, vuelve al N.E., y va a
morir en la península de la Goajira, dejando al Valle de Upar entre este ramo de la
Cordillera y la Sierra Nevada de Santa Marta, que se eleva a la altura de 7.926
metros" (22).
En la descripción particular del Estado del Magdalena: "A
la parte oriental está la cadena de montes de Santa Marta, que se eleva hasta las
regiones de la nieve perpetua, y cuyo aspecto majestuoso se divisa desde el fondo del
mar Caribe. Valles altos, y mesas semejantes a las del interior del país, se encuentran
en esta Cadena, que puede asegurarse que apenas tiene un enlace con la Cordillera de
los Andes, y que hemos clasificado como un grupo especial, llamado a connaturalizar
en él a los hombres de la raza caucasa, que al pisar las abrasadoras playas de Colombia,
no pueden resistir el clima intertropical. La aspereza de los bosques que hay que vencer
para llegar a una altura amena y fecunda, ha sido sin duda la que ha impedido que se
pueble; y apenas habitan esas altas regiones algunas hordas de indígenas salvajes y pocas
familias de otros medio civilizados de la Nación de los Motilones
". (23).
De lo que relativo a la Sierra Nevada hay en las geografías
nacionales, hé aquí lo más correcto, salvo la inexactitud que indico en bastardilla,
error que debe excusarse, como otros de los autores citados,
"De los grupos montañosos de Colombia, independientes del
sistema andino, el más notable es el macizo de la Sierra Nevada de Santa Marta. Forma una
isla de montañas completamente rodeada por aguas y terrenos de aluvión: al O, la
Ciénaga de Santa Marta y los caños del Magdalena; al S. y al S-E, el valle del río
Cesar; al E. y al N-E. el valle de Ranchería o Río Hacha, la separa de los Andes.
Entre el Ranchería y los altos afluentes del Cesar, el suelo es perfectamente plano (24). Ningún otro grupo de cumbres se eleva
tanto, en comparación de su base, como la Sierra Nevada: cubre una superficie cuatro
veces menor que la Suiza, y sin embargo yergue sus picos cargados de nieve a 6,000 metros
de altura". (25)
_________
(10) Aquí hay una nota que dice: "May asegura que el pico principal
alcanza a 7.926 metros". Ateniéndome a los informes Que obtuve en viajes por la
Sierra Nevada, creo Que May no la trasmontó, y que en su corta excursión a las
vertientes meridionales, se detuvo en San Sebastián de Rábago; parece que no hizo otra
al interior de la Sierra. Como se verá, aquellos montes miden, segun Humboldt, 16.000
pies de altura; 17.500 les da Simons en su mapa mencionado, y en la Geografía de Pereira
se indica que alcanzan a una elevación de 6.000 metros. De seguro, este dato último se
acerca más a lo cierto; mas será demostrable, de conformidad con la teoría de
Boussingault, que la altitud de la Sierra Nevada ha ido disminuyendo después del
movimiento plutónico que la hizo llegar a mayor elevación que todas las cumbres
colombianas. (regresar a 10)
( 11) En su edición de 1883, dice el señor Pérez respecto
de la Sierra Nevada. "Quieren algunos que se repute le gran Sierra Nevada de
Santamarta como el principio o el final de la Cordillera Oriental". Es visible y
palpable que tal concepto entraña un craso error. Pero ella parece estar constituida
separadamente. Su masa es mayor que la del Chimborazo, y su centro lo forman cinco picos,
de los cuales el más elevado mide 7.926 metros. El que los aborígenes denominan
Schinundúa, el más alto de todos, que se ve del Oriente como un león colosal en acecho
hacia el mar, tiene de elevación 6.500 metros a lo sumo. La Sierra se extiende de S.0. a
N.E., no de O. a E.; y desde el Alto de las Minas, al S.0., hasta los ramales que caen a
inmediaciones de la quebrada de Moreno, extremidad del macizo al N.E., ocupa una
extensión de 18 miriámetros: su anchura puede llegar de Santamarta a Valencia de Jesús,
hasta 12 miriámetros. (regresar a 11)
(1 2) En 1737, el cronista don José Nicolás de la Rosa,
husmeando aun el Dorado de Tairona, le halló una etimología muy original a la
Palabra." Este apelativo Aurohuaco, dice, interpreta en nuestro castellano, oro
escondido, porque verdaderamente es esta Sierra el Potosí de toda la costa en riquezas de
oro, plata, cobre, plomo y variedad de piedras preciosas". No le fue en zaga el
Presbítero Antonio Julián quien supone que los Aruacas del Orinoco son Aruacos de la
Sierra Nevada de Santa Marta, quienes buscando refugio allá, como los caribes de la
Provincia, abandonaron sus tierras. Este es uno de los candores menos admirables de aquel
autor. Floresta de la Santa Iglesia catedral de Santa Marta. Valencia 1833. libre 2°
(escrito en 1737), cap 39 La Perla de la América, Parte 23 discurso 3° (1854).
Primera edición, 1787. Véanse sobre Aruacas: El Orinoco Ilustrado (1741), por el P.
Joseph Gumilla, cap. X: Fray Pedro Simón, Primera parte, 3a. noticia, cap. XXIII .
(regresar a 12)
(13) No son tantas ni tantos. Estas parecen noticias anotadas en el
litoral. idénticas a las que se les prodigaron a Reclus y a otros viajeros al aviarse
para la primera excursión a los desiertos de la Sierra. (regresar a 13)
(14) Desde que se llega a una elevación de 1.400 a
1.500 metros. (regresar a 14)
(15) ¡Qué caminos! ¿Trozos de los empedrados de
los indígenas, rutas sepultadas o derruidas en centenares de años? (regresar a 15)
( 16) Cualquiera observación a ese
respecto es inoficiosa. Hay en la Sierra todas las condiciones deseables pera el
establecimiento de colonias agrícolas y mineras: fácil le fue a Mr. May adivinarlo: lo
difícil e imposible era llegar, sin estudio serio y minucioso de aquella región, a plan
exacto y términos precisos y en empresas de tal clase, todo lo demás es humo. (regresar a 16)
(17) Posihueyca y Posigueyca escribe Piedrahita:
Castellanos. Pocigueyca: ¿la c fue de seguro alteración andaluza, como en Dorcino?
(regresar a 17)
( 18) No tal. Fue Ecija, la ciudad fundada por Francisco de
Castro en 1570. Varones Ilustres de Indias. Parte 2a. Elogio de Rojas, canto 1°, octavas
64, 131 y 132. (regresar a 18)
( 19) Según la Geografia del señor Pérez. segunda
edición. 1883 : temperatura media del Valle Dupar, 30° del centígrado: Valencia de
Jesús, 31°; San Juan de Cesar, 29°; Fonseca, 31°. Véase el prólogo de la primera
edición, página IV. (regresar a 19)
(20) Es quizá demasiado: de Bahía-honda y
Taroa, a 21 o 22 miriámetros, se ve difícilmente en tardes y mañanas límpidas. (regresar a 20)
(21) Esta conjetura tiene en su apoyo
inducciones bien fundadas. argumentos que casi pudieran llamarse tangibles en vista de la
formación y aspecto de la montaña a que se refiere. Algunas páginas adelante será
preciso volver a tratar de la materia. (regresar a 21)
( 22) Parte 3a. Geografía física,
página 185. (regresar a 22)
(23) Parte 4a. Geografía especial de los Estados,
página 267. (regresar a 23)
(24) Entre la Ranchería et es haute afluents du
César, le sol est parfaitement uni. (regresar a 24)
(25) Pereira, obra citada Orografía, Pág. 68. (regresar a 25)
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