LAS TRIBUS INDÍGENAS DEL MAGDALENA
JORGE ISAACS
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III

La Geografía no se inventa. Hojeo en lo referente a montañas del Estado del Magdalena las dos ediciones de la obra del señor Pérez, la más extensa y minuciosa que hasta hoy se ha escrito del país:

"En Bobalí o cabeceras del Río de Oro, la Cordillera (Oriental o de Sumapaz) deja de correr paralela al Magdalena y toma rumbo al N.E. por espacio de 13.5 miriámetros, prescindiendo de inflexiones pequeñas, hasta el grupo de cerros que da origen, al E. al río Apón, afluente del lago de Maracaibo, y al O. al Majidiamo, tributario del Cesar (7), lanzando hasta una distancia de 3 miriámetros multiplicados contrafuertes, cabeceras de las aguas que vierten al Cesar. De allí vuelve a tomar su dirección general al N. para firmar la serranía del Valle de Upar o de Perijá, hasta el punto que da nacimiento al río Socuy, complementario del límite con Venezuela. De este punto tuerce por casi 2 miriámetros al N.O. volviendo definitivamente por 10 hasta su fin en dirección de la gran península de la Goajira, donde muere reventando en cuatro estribos en forma de estrella.

"En este punto no tiene la cordillera hacia la parte de la hoya del Ranchería o Riohacha estribo alguno notable... "En todas las planicies de la antigua provincia del Valle de Upar, inexploradas por la Comisión Corográfica por muerte de su jefe el señor Codazzi, sólo se encuéntran los cerritos de Chimichagua, cerca del pueblo de este nombre, y él Alto de las Minas al N. del pueblo de El Paso, con uno que otro punto culminante innominado". (Edición de 1863).

"Cordillera Oriental o de Sumapaz. Llámase a esta cordillera así por estar situada hacia el Oriente de las otras dos. Su eje y ramales atraviesan los Estados del Tolima, de Cundinamarca, de Boyacá, de Santander y del Magdalena, y separan la grande hoya del río Magdalena de las más grandes aún del Orinoco y del Amazonas. Tómanla algunos geógrafos como la continuación del eje principal de los Andes; pero terminando como termina, en la cercana República de Venezuela, lo más lógico es dar este carácter a la Cordillera Occidental, la cual, después de atravesar el Istmo de Panamá, va a formar los montes de la América del Norte, y se mantiene inclinada hacia el Pacífico hasta las bocas del Mac-Kenci en los mares boreales.

"Su punto de partida es el páramo de las Papas; hace allí una grande inflexión hacia el Oriente y toma luego hacia el N.E. hasta la ciudad de Pamplona, en Santander, en donde se abre en dos brazos, uno que va rectamente al Norte en busca de la Goajira y otro que penetra en la vecina República de Venezuela.

"El brazo que toma hacia el Norte en busca del Estado del Magdalena recibe en su remate el nombre de Serranía del Valle Dupar o de Perijá, y separa allí las aguas que van al río Magdalena de las que fluyen al lago de Maracaibo. Despide luego algunos ramales de poca consideración hacia los dos lados de su eje y termina en las cabeceras del río Hacha. Su largo es de 125 miriámetros" (Edición de 1883).

Un estudio detenido de aquella región, permite observar que el brazo de la Cordillera oriental que separa las aguas que van al río Magdalena de las que descienden al lago de Maracaibo, no muere en la base de la península Guajira, como lo indicó el señor Pérez en su edición de 1863, ni termina en las cabeceras del Río Hacha, absurdo que seguramente es obra de un descuido de redacción. (Edición de 1863).

El mapa de los señores Ponce dc León y Paz adolece del mismo error en que había incurrido el señor Pérez en su edición de 1863; pero ellos disculpan ése y otros con la siguiente advertencia, que va en nota al pie de la carta:

"No habiendo recorrido la Comisión Corográfica todo el Estado del Magdalena, la presente carta ha sido formada en su mayor parte con datos antiguos o de referencia".

Mejor acierta el señor Arboleda cuando al determinar las siete comarcas principales en que divide el territorio de la Nación, dice:

"6°. La hoya del Río Hacha comprendida entre la Sierra Nevada y el ramal de los Andes que corre por la Goajira " (8).

Para indicar de seguida ciertos detalles, es oportuno advertir, primero, que la Cordillera oriental o su brazo de que se trata, no puede terminar en las cabeceras del río Hacha. Las cabeceras de este río están en lo más alto de las vertientes orientales de la Sierra Nevada, en donde los aborígenes le dan el nombre de Shínkaka; toma después el de Ranchería; desde Barrancas o Corazonal se le llama río de Hacha, o el Hacha, algunas leguas al sur de su desembocadura; y allí se le denomina Calancala, alterando el nombre guajiro, Carancara (9).

Al internarse uno en la región occidental de la Guajira, inclinándose en la ruta hacia el sur, llega al pie de una arista de la cordillera, rama que naciendo en el nudo del Cerrajón corre al oriente hasta las inmediaciones de Las Guardias; y el mismo punto de nacimiento tiene el río Aguarar, que va por las pampas guajiras orilleando el ramal descrito.

Desde Kasuto, diez y ocho o más leguas del Calancala al centro de la Península, se divisan en dirección aparente de N. a S. estas alturas: Epits (la Teta guajira), que es la más inmediata al mar, Pahurta, Juripish, Parária, Guarreschi y Ahiupana. Remontando la costa en dirección N.E. se ven los montes de Carrizal (Jatets) en el fondo de la ensenada del Cabo de la Vela (Tepira); desde allí, ya en rumbo E. franco, se nota que van elevándose en montículos, y en altas lomas después, las eminencias que llegan a formar la cordillera de Parassi, ramal de la de Makuira: ésta se levanta abrupta y rocosa al S. E. de Bahía-Honda, y baja uno de sus pequeños ramales hasta Punta Chimare: se la vuelve a divisar más altiva a inmediaciones de Puerto-Estrella o Cabo Falso (Pararierum). Busqué su base y macizos principales en las cercanías de Magüeipá. y desde el valle de Epiesí, muy poco trecho de Punta-Espada, deshice el camino hacia Occidente al pie de las montañas. La altura mayor, al S.E. de Epiesí, es la de Arahur; su cumbre, temida por los salvajes, está siempre cubierta de nieblas, que el impetuoso viento Nordeste no alcanza a disipar: dos o tres leguas adelante, se yergue Hitujoro, pirámide colosal. La sierra de Makuira avanza casi rectamente en la dirección indicada (Oeste), desnuda y áspera en lo general, imponente y hosca en ciertos puntos, mostrando en sus plintos el estrago de marejadas que la azotaron en remoto tiempo: tal se nota en Sisur, Jurjier, Gaguanúa y Kenap. Adelantando leguas, es muy agrio el aspecto de los montes, cuyas rocas gigantes, y como socavadas y sacudidas, parecen esqueletos de serranía que el oleaje de siglos y siglos carcomió: así en Houpainse, Haras y Arirú. Desde Uchirou se tienden al S.O. las altas vegas de Paruou, donde nace el río Guarkaro.

Si en el corazón de la península, o mejor expresado, en su garganta, es visible el truncamiento o ruptura de la Cordillera oriental, de que apenas se descubren como vértebras regadas, ello se explica al reconocer que en edad remotísima las olas del mar Caribe y del saco de Maracaibo corrieron y lucharon allí, antes de que surgiera el territorio llano de la Península, formado por aluviones del Kariguañá, cuando corría, con diez o veinte veces mayor raudal que hoy, por la hoya del Valle Dupar, desembocando entre  la Sierra Nevada y la Cordillera oriental sobre la extensión de costa cuyo centro ocupa hoy Riohacha.

Aquella arista de que se habló al principio, que termina aparentemente en las inmediaciones de Las Guardias, población venezolana, y que bordea el río Aguarar, es la más septentrional del nudo de Montes de Oca; y la cordillera de Makuira (Macoíra, según Juan de Castellanos), debe de ser la designada en los mapas con el nombre de Sierra-Aceite, que es desconocido entre los aborígenes de la Península.

Hé ahí un mero esbozo del sistema orográfico de la Guajira: volveremos a ella. El lector no ha hecho más que recorrer a vuelo de águila aquel escenario espléndido que las inmensidades luminosas del Océano circundan.

Tengo a la vista la importante obra del señor Ricardo S. Pereira, editada en Paris en 1883 —Les Etats-Unis de Colombie, précis d’histoire et de Géographie physique, politique et comerciale—, trabajo digno de encomio— El señor Pereira, que tan exacto y minucioso es, como muy competente, al indicar en el contexto y mapas los límites de Colombia con Venezuela, no poseía tampoco los datos indispensables al describir la manera como termina la rama de la Cordillera Oriental que desde las inmediaciones de Pamplona corre al N., separándose así de la que penetra en territorio de Venezuela. De ahí que, hablando en la página 68 de la Cordillera Oriental del Valle Dupar o de Perijá, o sea de Motilones, diga que "se pierde al Oeste del golfo de Venezuela, en las sabanas de los guajiros", y ya se ha visto que avanza y se extiende hasta Arahur, muy cerca de Punta Espada y Chichibacoa. Y en lo que dice de la fisonomía general del Estado del Magdalena siguiendo el curso o dirección de la cadena mencionada, se lee: "Al partir de este punto (nacimiento del Socuy), la cordillera dobla hacia el N. E. entrando en la gran península de la Goajira, donde forma un nudo con el nombre de Montes Oca, el cual presenta cuatro ramas principales que van a morir a orillas del Océano". Ya no terminan, pues, al occidente del golfo de Venezuela, según la indicación hecha en el primer pasaje transcrito; pero tampoco mueren en el Océano las aristas del nudo de Montes de Oca, y así lo demuestra el mapa del Estado del Magdalena en la obra que cito, y de la misma manera está indicado en la carta de los señores Ponce de León y Paz. Los ramales de Montes de Oca, como dije antes, fueron rotos y derruídos por los oleajes de aguas del mar de las Antillas y del golfo de Venezuela, en la garganta de la Península.

La Geografía del señor Royo, edición de 1881, termina así la descripción del ramal de que hablo: "En el Estado de Santander, esta cordillera da una ramificación por la banda del occidente, la cual se extiende en la dirección Sudnorte hasta el Estado del Magdalena, donde termina con la famosa Sierra Nevada".

En el Diccionario Geográfico de los Estados Unidos de Colombia por el señor Joaquín Esguerra O., Cordillera Oriental, página 72, hállase la siguiente indicación, la misma del señor Pérez en 1883, respecto del punto hasta donde avanza la cordillera: "termina por último en las cabeceras del Rio Hacha", lo que equivale a decir, en las más encumbradas vertientes orientales de la Sierra Nevada, nacimiento del río Ranchería, que ya en la llanura toma la denominación de Río Hacha.

Estas y otras rectificaciones, que con temor me atrevo a insinuar, no menoscaban en lo mínimo el mérito de los trabajos citados: no es obra de poco tiempo conseguir su irreprochable perfección, y con mucha oportunidad dice el señor Pérez en el prólogo que lleva la última edición de su Geografía:

"En el mundo científico todo marcha lentamente, y no hay razón para exigir que nosotros, país de ayer con todos los inconvenientes de la ignorancia, seamos una excepción de la regla común. Las cartas generales y particulares de las naciones europeas, no han sido la obra de seis o diez años, ni tampoco de un hombre solo. Allá han trabajado en ellas diferentes sabios y se han empleado unas veces cincuenta, otras sesenta y otras ochenta años; allá se han tenido a la mano toda clase de recursos y se ha trabajado en regiones conocidas y pobladas desde tiempo de César".

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(7) Jikuamake ( j francesa y e muda) es el nombre de ese río entre los indígenas que viven en las montañas donde nace. (Regresar a 7)

(8) Así la dibuja también en su carta geográfica el General Acosta. (Regresar a 8)

(9) El señor Royo, en su geografía, edición de 1851, página 122, menciona como ríos distintos el Hacha y el Calancala. (Regresar a 9)

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