LAS TRIBUS INDÍGENAS DEL MAGDALENA
JORGE ISAACS
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ESTUDIO SOBRE LAS TRIBUS INDÍGENAS DEL MAGDALENA

Lo preciso de geografía e historia

I

Desde 1857 el Estado del Magdalena, antes provincia de Santamarta, es una de las nueve secciones de los Estados Unidos de Colombia. Hubo época en que del territorio indicado se hicieron tres provincias, al crearse las de Riohacha y Valle Dupar, pero los cronistas daban a todo el país la denominación primero indicada. Su territorio, con el actual de Bolívar, formaron un solo departamento mientras subsistió la gran República de Colombia.

Las obras de los señores Felipe Pérez, Sergio Arboleda, José Manuel Royo, Ricardo S. Pereira abundan en los datos que necesito aprovechar, y tomaré de ellas lo indispensable, intercalando a veces algunas observaciones que me sugiere el conocimiento especial del país. El señor Pérez al tratar de aquella sección, en su Geografía física y política de los Estados Unidos de Colombia, impresa en 1863, advierte en más de un pasaje, que la Comisión Corográfica, cuyos trabajos le sirvieron de base, no recorrió esa región de la República. Los señores Arboleda, Royo y otros que asimismo tuvieron que valerse de estudios incompletos y de informes no siempre ajustados a rigurosa exactitud, acogerán benévolos las rectificaciones que me sea preciso hacer.

El Estado del Magdalena se extiende desde 7° 36’ hasta 12° 25’ de latitud N., y desde 3° 6’ de longitud E. hasta 0° 41' de longitud O. del meridiano de Bogotá. Tiene 698 miriámetros cuadrados de extensión. El señor Arboleda (1) indica solamente una superficie de 1.034 leguas cuadradas. Según este autor, la población alcanzaba a 85.000 habitantes en 1872; y el señor Royo en su Geografía, edición de 1881, pone casi la misma cifra, superándola apenes en 255. Por los cálculos del señor Pérez (1863), el número de habitantes llegaba entonces a 100.284; en la nueva edición de su geografía (1883), indica que el Estado, ateniéndose al censo de 1870, tiene los mismos que apunta e1 señor Royo; pero en el cuadro comparativo de la población de Colombia, de conformidad con los censos de 1843, 1851 y 1870, la sección tenía en este último año 88.928; en 1843, 62.411, y en 1851, 55.542.

En todas las cifras indicadas han quedado comprendidos los habitantes de los territorios de la Guajira (2) y de Nevada y Motilones. El último censo que se levantó en el Estado (1874), exagera la población, y cuando recorría el país, personas que intervinieron en el trabajo me hicieron notar el motivo que hubo para tal exageración: necesitábase que la cifra de los habitantes llegara a 125.000 sin contar los Territorios. Prescindiendo de la población de éstos, como debe ser, y hecho estudio de los principales centros en que habita la del Estado, hay que convenir en que ella no pasa de 75.000 habitantes.

Tengo a la vista copia de un documento que lleva este título: "Relación e informe de la Provincia de Santamarta y Riohacha por lo que respecta al estado actual de su comercio, labranzas, haciendas y frutos, que manifiesta los pocos que se cogen ahora y los que pueden cultivarse y conviene fomentar, y medios que se consideran oportunos para adelantar estos importantes objetos con beneficio de la Provincia, de sus vecinos, y de todo el Reino". Es el informe rendido al Virrey don Manuel Antonio Flórez por el señor Antonio de Narváez y Latorre, Gobernador de la provincia de Santamarta, el 19 de mayo de 1778. El documento original se halla en la Biblioteca Nacional de Bogotá en el legajo que lleva por rótulo: "Nuevo Reino de Granada-Caracas".

Del documento citado transcribiré algunos pasajes a medida que vaya siendo oportuno, y tomo ahora lo relativo a población:

"La de esta Provincia es escasísima, la de sus primeros habitantes, los indios; por lo que mira a los no reducidos que constituyen el mayor número, es inaveriguable, por no estar sujetos a poblaciones regulares, y muchos, viviendo aún como fieras en los montes. Los cálculos más verosímiles suponen que los chimilas que ocupan la provincia de Santamarta sólo serán en el día poco más de mil en todos, y a los guajiros, y demás naciones dependientes que ocupan esta del Hacha,las hacen ascender a 30.000, pero ni unos ni otros consumen de nuestros géneros, ni efectos, sino lo que se les da, ni cultivan, ni cogen frutos que pueden servir para nuestro comercio, a excepción de la pesca de perlas que se ha hecho peculiar a los guajiros (que podríamos hacer con negros esclavos, como se hacía en otros tiempos) y antes el temor de ellos sirve de motivo o pretexto para que muchas gentes no se apliquen con más eficacia a la agricultura, por lo que pueden por ahora contemplarse más bien por nocivos que por población útil. La demás de blancos, indios reducidos, mulatos, negros libres y esclavos, y demás castas, apenas ascenderá toda de 25 a 30,000 almas en la provincia de Santamarta; y a 3.780 en esta de Riohacha, de suerte que en cualquiera ciudad de Europa se encuentran muchas más gentes que las que se hallan en esta provincia (tan grande como media España) dispersas en varios lugares, pueblecillos, haciendas y hatos, que se miran como perdidos en su inmensa extensión de más de 100 leguas de largo y otras tantas de ancho: lo que considerada su fertilidad y facilidades que ofrece para la utilidad, debe llenar de asombro y pasmo: pero cesa la admiración cuando con reflexión y conocimiento se examinan las causas de esta despoblación, de que las principales han sido:

"Primera, la indefensión de la capital, y de todos los demás pueblos de la costa (en que regularmente por la comodidad de la navegación para recibir y sacar géneros y frutos, se hacen los Establecimientos) que habiendo padecido por esto varias invasiones, saqueos y quemas por los enemigos, y principalmente de los piratas, que además de privarles de sus bienes mataban a los habitantes con extraordinarias crueldades, obligaron a muchos a abandonar esta Provincia, y retirarse a otras más defendidas en que hallasen mayor seguridad.

"Segunda, el no haberse perfeccionado tampoco aquí la reducción de los indios, sino en la costa, y quedado el centro de la Provincia, y aún toda ella, ocupada de indios bárbaros chimilas, y otras castas que saliendo a los caminos, haciendas o labranzas, mataban irremisiblemente a cuantos encontraban, lo que ocasionaba que los españoles no pudiesen salir del recinto de sus pueblos, sino en mucho número y siempre armados, pues de otro modo iban expuestos, y aun así han padecido muchas muertes y estragos, lo que les imposibiita el dedicarse al cultivo de las tierras, de tal modo que aun los frutos de primera necesidad para el alimento de la vida les han venido y vienen todavía en gran parte, de la provincia de Cartagena inmediata, lo que movió también a muchos a pasarse a otras.

"Tercera, la falta casi total de comunicación que entre si han tenido los pueblos de esta Provincia, y aun de caminos que no se habían abierto por la misma causa de estar ocupada de indios bárbaros, y principalmente de la capital que ha estado aislada y separada de las demás, sin haber otro paso que por la orilla del mar al Río de la Hacha, o al de la Magdalena, y por uno u otro al Valle y demás lugares dependientes, y aun éstos con grandes rodeos, riesgos y costos: lo que privándole del giro interior, que es el que más vivifica, y de los auxilios recíprocos que unos pueblos deben proporcionarse a otros, hacía también que las gentes la abandonasen.

"Cuarta, la total falta de comercio, que por estas razones, y por no poder los indios cultivar frutos algunos, ha experimentado hasta ahora; y como el comercio, atrayendo las gentes, es uno de los principales fomentos de la población, no puede ésta prosperar: pues no habiendo aquí haciendas, comercio exterior, ni giro interior, se iban a otras provincias donde hallaban estas comodidades, y los pocos que quedaron en ésta, careciendo de comercio con nuestros pueblos, lo tenían sólo con los extranjeros, que por mar, les traían las ropas bastas y géneros que necesitaban, a cambio de palo de tinte, ganado y cueros, productos únicos y groseros de ésta, que no hallaban salida para otras partes y a aquellos acomodan mucho".

Alucinándole sus deseos, el señor De Narváez y Latorre agrega: "La mayor parte de estos inconvenientes han cesado ya". Redactaba su informe en Mayo de 1778, y veinte y nueve meses después había de estallar en Simacota la revolución de los Comuneros (3).

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(1) Rudimentos de Geografía, Cronología e Historia - 1872. (Regresar a 1)

(2) Los cronistas más connotados escriben Guajira, y no Goajira, y lo mismo los autores de las antiguas cartas geográficas. Solamente en la de los señores Manuel Ponce de León y Manuel Maria Fas, impresa en 1864. se nota la alteración inconsulta. y no disculpable, del nombre de aquella península. El señor doctor Rafael Celedón en su Gramática, Catecismo y Vocabulario de la lengua Goajira (Paris. 1878), acepta la modificación extraña: inclínome sin embargo a creer que fue obra del editor porque el señor Celedón tiene muy bien sabido que en la lengua guajira no hay una sola palabra que tenga la radical goa y si muchísima la otra, como en casi todos los idiomas americanos, Los señores Pérez, Arboleda, Royo, y ya muchos más, prohijan el mismo error, y de seguro convendrán en rectificarlo. Guashlre en guajiro, vale hombre rico; guayú, persona, gente, y su plural es guayiro, según lo advierte el señor Ezequiel Uricoechea en la introducción que puso a la Gramática aludida. Tales palabras explican el origen de los nombres guajiro y Guajira. Con las mismas razones que asisten para alterar la raíz de que se trata, podría decirse: Goayana, Goaira, Goatemala, Goayaquil, Goatapuri, Goaduas, Goasca, etc. (Regresar a 2)

(3) "Hasta entonces (1776) el comercio de Indias había estado restringido al puerto de Cádiz, con grave perjuicio para los colonos y menor para el erario, por el poderoso estímulo que tenía el contrabando. En 1765 se ensayó franquear otros puertos para el comercio de las islas de barlovento; y como los resultados excediesen a las esperanzas, Don José de Gálvez extendió, en 1778, las franquicias a los puertos de Buenos Aires. Chile y el Perú, y algún tiempo después al Nuevo Reino.
"Anhelando el Virrey la prosperidad en la Colonia, permitió el comercio por los puertos de Santamarta y de Riohacha: al mismo tiempo que, celoso por su seguridad. continuó las fortificaciones de Cartagena, destinando al efecto ocho mil pesos anuales: y envió la escuadra de que podía disponer en aquella ciudad en auxilio del Presidente de Guatemala, que la solicitaba para tener a raya a los ingleses que insistían en ocupar la costa de Mosquitos.
"Poco tiempo tardaron en realizarse los temores de guerra con la Gran Bretaña, y el Virrey se trasladó a Cartagena para atender oportunamente a la defensa del país. La Corte, urgida por recursos. quiso sacarlos de sus colonias: y descontenta de las medidas tomadas por el Virrey respecto del comercio libre, que así le llamaban, envió un comisionado a deshacer lo que aquel había dispuesto en beneficio de los pueblos. Con este doble objeto vino como regente Visitador don Juan Francisco Gutiérrez de Piñeres, que no sospechaba había de ser quien prendiera la primera chispa revolucionaria en el país, tantos años esquilmado pacientemente". Quijano Otero, Historia Patria, 1883.  (Regresar a 3)

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