|
-
- VII. Costa del Océano Pacífico y Vertiente
Oeste de la Cordillera Occidental
Leonor Herrera
|
|
VER MAPA DE LA COSTA DEL OCÉANO PACÍFICO Y
VERTIENTE OESTE DE LA CORDILLERA OCCIDENTAL
|
West, en su ya clásico estudio de geografía humana, establece un "área
cultural de las tierras bajas del Pacífico" que comienza, al sur, en la Provincia de
Esmeraldas en el Ecuador; y al norte abarca la mayor parte de la Provincia de Darién en
el sureste de Panamá (West 1957:1). Aunque se aplique esta definición a una población
de origen africano, muy distinta a la que concierne a este aparte, tiene, como se verá
más adelante, alguna validez para la época prehispánica. Los límites de la región
como se la considera en este documento, son diferentes a los del área cultural, pues
está convencionalmente delimitada al norte y sur, por las fronteras políticas actuales,
y no incluye la cuenca del bajo río Atrato. Por el occidente, a partir del río Guapi,
abarca la vertiente pacífica de la cordillera occidental, tomando como límite el
divorcio de aguas.
En el Departamento del Valle del Cauca, la línea divisoria entre las regiones
Costa pacífica y Cuenca Montañosa del río Cauca, corta tradiciones culturales que hacia
finales del Primer milenio d.C. se extendían por valle y cordillera. Sin embargo, si esta
divisoria se recorriera en dirección al mar, no haría justicia a los datos, cada vez
más abundantes, sobre relaciones entre costa y cordillera.
Tomando como referencia el Cabo Corrientes, se consideran dos sectores:
Hacia el norte del Cabo Corrientes 1, la franja costera es rocosa,
constituida por las abruptas estribaciones de la Serranía del Sapo (o de los Saltos) y la
Serranía de Baudó, caracterizadas por pendientes pronunciadas cubiertas de selva
pluvial. El río Baudó forma un largo valle longitudinal en esta formación montañosa.
1. Para la presentación geográfica de la región se utilizaron las
descripciones de Robert C. West (1957), Ernesto Guhl (1975, 1976) y Jean Francois Bouchard
(1982-3).
Entre las serranías y la cordillera, el río Atrato atraviesa un paisaje de
colinas bajas de sedimentos terciarios disectados, formando un amplio valle aluvial con
multitud de ciénagas. Las vertientes de la cordillera occidental, están cubiertas de
selva cálida y húmeda, que en el pie de monte tiene una lluviosidad de 8.000 mm.,
superior aún a la del valle del Atrato.
En dirección sur, en territorio de los departamentos de Risaralda y Valle del
Cauca y el extremo norte del Cauca, el paisaje hacia los 1.500 m. de altura se caracteriza
por lomeríos y pequeños valles de clima templado, donde pastizales y cultivos han
reemplazado en gran parte la vegetación original de bosque subtropical húmedo. Hay
partes muy áridas y erosionadas, que quedan a la sombra de los vientos prevalentes o
reciben su impacto cuando ya han descargado la humedad en los contrafuertes de la
cordillera. En dirección al mar, la cordillera cae en pendientes abruptas y selváticas
en las que ríos torrentosos han cortado cañones profundos. En esta zona llueve casi
todos los días.
El pie de la cordillera es una superficie de ondulaciones leves, cubiertas por
selva tropical, de clima muy húmedo (80 a 95%), caliente (30º). Precipitaciones
excesivas (hasta 10.000 mm anuales) hacen de ésta la zona la más lluviosa de América,
donde los dos períodos secos anuales (el verano en febrero-marzo y el veranillo en julio
y agosto) son escasamente notorios.
La región costera de Cabo Corrientes hacia el sur, está formada por materiales
aluviales recientes, muy inestables y cubierta de selva pantanosa, en la que predomina el
mangle. Los ríos, en su desembocadura, forman numerosos canales y esteros por los cuales
penetra el agua salada durante la marea alta. En la marea baja se retira el agua de los
esteros y queda un piso fangoso, no propicio para habitación humana. Esta zona es un
hábitat ideal para la fauna marina y terrestre, pues impera allí un régimen salobre y
se genera una gran cantidad de detritus orgánico, que constituye una abundante fuente
alimenticia. Además, la tupida vegetación provee un abrigo natural.
Esta región se subdivide así:
Subregión norte: a partir de Buenaventura, correspondería, más o
menos, con el Departamento del Chocó; Subregión sur: de Buenaventura hacia el
sur; Subregión Cordillerana: en los departamentos de Risaralda y Valle del
Cauca; Subregión Mesa del Chocó: estribaciones septentrionales de la cordillera
occidental y Subregión Insular.
Exceptuando la parte cordillerana, la región presenta condiciones adversas para
el trabajo arqueológico. Dada la escasez de vías de comunicación el transporte se hace
por río y mar, sometiéndose a las limitaciones de mareas y vientos. Los asentamientos
son difíciles de encontrar entre la espesa vegetación y donde ha habido desmonte, los
materiales arqueológicos sufren erosión y redeposición .
Subregión Pacífico Norte
Las primeras investigaciones arqueológicas se deben a Sigvald Linné quien
recorrió la región en 1927, haciendo recolecciones superficiales de material cerámico y
lítico y estudiando el contenido de tumbas. Entre los lugares visitados están la Bahía
de Cupica, el río Jurubidá, el Cabo Corrientes y el río Pavesa (Linné 1929). En 1942
el geólogo Víctor Oppenheim, hizo recolecciones superficiales de material cultural en
varios sitios: entre el Cabo Corrientes y la ensenada de Utría, en las bahías de Solano
y Cupica; en el Valle del Atrato, entre el río Salaquí y Bagadó; en el Valle del río
San Juan, en los sitios posteriormente excavados por G. y A. Reichel-Dolmatoff (Recasens y
Oppenheim 1943-44).
En 1960 Gerardo y Alicia Reichel-Dolmatoff hicieron prospecciones en la costa
comprendida entre Buenaventura y Cabo Corrientes, en las hoyas del medio y bajo río San
Juan y del Bajo Baudó. Realizaron excavaciones en Murillo y Minguimalo, dos de los
treinta sitios detectados en el bajo río San Juan. En 1961, ellos mismos prospectaron la
costa entre Cabo Corrientes y la frontera con Panamá, las cabeceras del río Baudó y los
ríos que desembocan en la costa. Localizaron quince sitios y excavaron en Bahía Cupica
(Reichel-Dolmatoff G. y A. 1962). Posteriormente excavaron el sitio de Catanguero, cerca a
la desembocadura del río Calima en el San Juan (Reichel 1965:114).
Entre 1984 y 1986, Carlos Armando Rodríguez ha realizado investigaciones en el
bajo Río Calima (comunicación personal). En el río Munguidó integrantes del Proyecto
Calima realizaron en 1982 un reconocimiento y una excavación de sondeo (Bray, Schrimpff y
Herrera, en preparación).
La mayoría de los sitios detectados por G y A. Reichel-Dolmatoff son yacimientos
cerámicos pero en algunos (Alto río Baudó, río Jurubidá, río Chorí, Bahía de
Utría) encontraron conjuntos líticos Que no están asociados con cerámica o con
artefactos de piedra pulida o amolada y que consisten en raspadores unifaciales, hojas,
ocasionales choppers y perforadores. Como se trata de sitios superficiales o estratos
redepositados, no es posible fecharlos, pero tipológicamente se los asigna al paleoindio
(Reichel-Dolmatoff 1986: Figs. 13-16, pp. 41-47).
La excavación de un túmulo funerario, en Cupica, en cercanías del estero La
Resaca, permitió definir cinco fases sobre la base de un material consistente en vasijas
y fragmentos de cerámica, en su mayoría burdos y sin decoración. Otras asociaciones
fueron escasas: lascas de cuarzo, peloticas de mineral, volantes de huso, hachas de piedra
y una nariguera de oro de la fase IV, fase para la cual hay una fecha de C 14, del siglo
XIII d.C. Aunque el material cerámico muestra variaciones a lo largo de la secuencia, las
fases comparten elementos significativos que sugieren continuidad cultural. Mientras que
los comienzos de Cupica parecen relacionarse con desarrollos formativos tardíos de la
cuenca del río Sinú (Cupica I y II con Momil y Ciénaga de Oro, Cupica III con Tierra
Alta), las fases tardías (IV) están estrechamente emparentadas con cerámicas de la zona
de Lago Madden y del período Coclé Tardío en Panamá. Se ha sugerido que la presencia
de rasgos panameños podría deberse al establecimiento de pequeñas colonias en playas
colombianas, que se habrían extendido hasta Bahía Solano (Reichel-Dolmatoff G. y A.
1961; Reichel-Dolmatoff 1965: 132, 1978: 88).
Recientemente se ha reinterpretado el material de Cupica comparándolo con
resultados de investigaciones en Panamá. Los yacimientos costeros, tanto colombianos como
panameños, corresponderían a una población densa y un contacto vigoroso a lo largo de
los nueve siglos que preceden a la conquista; de manera que constituiría un área
cultural significativa por derecho propio. Incidentalmente se considera la fecha de 1.227
d.C. como demasiado tardía (Bray 198·4: 330-1).
En el bajo río San Juan, los reconocimientos y las excavaciones en yacimientos
estratificados en los sitios de Murillo y Minguimalo, permiten definir dos complejos
culturales diferentes aunque con evidencias de que hubo contacto entre ambos. La densidad
de material cultural y su profundidad indicarían que se trataba de poblados nucleados y
relativamente permanentes, probablemente compuestos por viviendas construídas sobre
pilotes.
Se denominó Murillo al complejo más antiguo, que tiene una primera fecha del
siglo IX d.C., aunque la posición estratigráfica de la muestra fechada, indica que su
comienzo se remonta algunos siglos atrás. El autor sugiere una economía basada en el
cultivo de raíces, recolección de frutas de palma, caza y pesca, por la presencia de
martillos o piedras pesadas para machacar y la ausencia de manes de moler y metates. Estos
elementos hacen su aparición en Minguimalo, el siguiente complejo, que tiene una fecha de
C 14 del siglo XIII. Las evidencias de este tienen una mayor expansión por la hoya del
río San Juan, que las del complejo anterior.
El material cerámico de ambos complejos es ordinario y no parece
tener antecedentes en el área del Chocó. Tentativamente, los autores sugieren una
relación con el Alto Amazonas por comparación de rasgos decorativos en la cerámica y la
presencia de hachas en forma de T, en Minguimalo (Reichel-Dolmatoff G. y A. 1962;
Reichel-Dolmatoff 1978: 86-87). |
|
En un sondeo hecho en un barranco del río Munguidó, afluente del
San Juan, se excavó un estrato cuya cerámica presenta rasgos tanto de Minguimalo como
del estilo Sonso (muy extendido por la región cordillerana y la suela plana del río
Cauca), con una fecha de C 14 del siglo XI d.C., que no aclara tampoco el origen de los
complejos del río San Juan, pero sugiere nexos más cercanos geográficamente (Herrera,
Cardale de Schrimpff y Bray 1983 y en preparación).
Los datos preliminares de las excavaciones en la Finca San Luis (CVC) en la parte
intermedia del bajo río Calima, indican la existencia de un asentamiento Sonsoide
(Rodríguez, 1986).
En las excavaciones de Catanguero, en el bajo río Calima, se recuperó una
cerámica que muestra rasgos similares con el período II de Mataje (Subregión Pacífico
Sur) y con la cerámica de la región de Calima (subregión Cordillerana) (Dussán de
Reichel 1965-6: 66; Reichel-Dolmatoff 1965: 100, 114). La lista de rasgos compartidos por
Catanguero y la región de Calima incluye elementos tanto del período llama (p ej.
incisiones finas, "canasteros") de los últimos siglos anteriores al comienzo,
de la era cristiana, como de Yotoco, el período siguiente (p. ej. pintura policroma y
cuencos (Herrera, Schrimpff y Bray 1982-3).
|
| Subregión
Pacífico Sur
Al parecer el primer investigador que hiciera reconocimientos fue Marshal Saville
en 1921, quien no publicó los resultados de sus exploraciones en el extremo sur de la
región (Cubillos 19551 8). En 1950 Julio Cesar Cubillos, exploró la franja costera de la
rada de Tumaco hacia el sur, hasta la frontera con Ecuador e hizo las primeras
excavaciones sistemáticas, en Monte Alto (Cubillos 1955). En 1962 Gerardo y Alicia
Reichel-Dolmatoff realizaron exploraciones a lo largo de la costa entre Buenaventura y la
frontera con el Ecuador y excavaron en los sitios de Mataje e Imbilí (Reichel-Dolmatoff
G. y A. 1961; Reichel-Dolmatoff 1965, 1978). Durante varios años, hasta 1977 Jean
Francois Bouchard llevó a cabo excavaciones en los sitios de Inguapí, El Balsal, El
Morro, Pampa de Nerete y Caunapi (Bouchard 1982-3). Recientemente Diógenes Patiño (1987
1988) hizo prospección y excavaciones en las regiones bajas costeras comprendidas entre
los ríos Guapi y Timbiquí.
En la zona costera hacia el sur de Buenaventura se encuentran pequeños sitios de
habitación, con cerámica tardía, que en algunos casos se relaciona con los complejos
del río San Juan, y, sobretodo a partir del río Guapi, con estilos de la región de
Tumaco (Reichel-Dolmatoff 1978). Los yacimientos están localizados con frecuencia, en la
extremidad de la llanura aluvial, en el umbral entre la zona de manglares y la selva
tropical húmeda. Generalmente se componen de aglomeraciones de montículos artificiales,
localmente denominados "tolas", en los que se encuentran cabecitas y figurinas
antropomorfas en gran profusión, vasijas trípodes y ralladores en forma de pescado. El
límite cultural y ecológico de la región estaría en el Ecuador en el río Verde
(Bouchard, 1985).
Las excavaciones en Monte Alto, dejaron entrever que la ocupación del área
podría tener una considerable antigüedad y que hubo variaciones a lo largo del tiempo,
tanto en el material cultural, como en las pautas de asentamiento y en las de entierro. El
autor propone una división en dos períodos: Antiguo y Menos Antiguo y sugiere relaciones
con material cultural del sur de Méjico y la posibilidad de movimiento cultural en
dirección Norte-Sur (Cubillos 1955).
Las excavaciones llevadas a cabo en el río Mataje, confluencia con la quebrada
la Rucia, no han sido publicadas en detalle. Se trata de un montículo artificial formado
por la acumulación de basuras y pisos de habitación, que permitió establecer una
secuencia de unos cuatrocientos años. Una fecha de C14 de 400 + o - 180 a.C. marca el
final del período I, para el cual se mencionan alcarrazas, soportes trípodes altos y
soportes mamiformes. El período II, tiene una fecha inicial de 300 + o - 200 años a.C. y
en él aparecen figurinas con rasgos faciales similares a las de las representaciones
humanas del período llama (Calima), así como la decoración por finas incisiones,
también características de este desarrollo cordillerano. Mataje II, es el período que
corresponde, con detalle, al sitio Catanguero en el bajo río Calima. La fecha 10 + o -
130 d.C. marca el final del período II y el comienzo del III. En el río Mira, en el
sitio de Imbilí, se encuentran grandes acumulaciones de basura en las cuales hay material
relacionado con el del río Mataje, pero que son algo tardías del año 1.000 d.C.
aproximadamente (Reichel-Dolmatoff 1965, 1978; Dussán de Reichel 1965-66).
El material cultural de estos sitios, se interpretó como restos de colonias de
navegantes de origen mesoamericano que, no florecieron y se fueron desplazando hacia el
sur a la costa ecuatoriana. También por el occidente penetraron a la cordillera por los
ríos Patía, Calima y otros. Su influencia es notoria en el valle del río Cauca donde
originan más altos desarrollos. Los grupos que permanecieron en la región de Tumaco,
sufrieron los efectos del medio inhóspito, que se reflejan en el material cerámico como
una regresión, pues se vuelve paulatinamente sencillo y burdo. Según Reichel-Dolmatoff,
la región de Tumaco se podría considerar una extensión de la arqueología de la
Provincia de Esmeraldas, pero no se trataría de una sola cultura sino de un largo
desarrollo y de varias superposiciones de culturas. Los rasgos que se tomaron como base
para proponer movimientos migratorios desde Mesoamérica son: tumbas profundas de pozo con
cámara lateral, figurinas antropomorfas elaboradas, deformación craneana
occipito-frontal, cerámica multípoda, alcarrazas, sellos, torteros complicados, pitos
biomorfos (Reichel-Dolmatoff 1965, 1978 y comunicación personal 1967).
Basándose en la excavación de sitios de habitación y basureros, Bouchard
(1982-3, 1985) define una secuencia de cinco complejos: Inguapi, Balsal, Nerete, Morro y
Bucheli. Compara el material de estos con el de los sitios arriba mencionados y el de la
Tolita, dentro de un esquema integrado con la periodización vigente en el Ecuador. Hace
así mismo un examen crítico de las hipótesis de origen mesoamericano de estos
desarrollos para concluir que hay más argumentos en favor de una raíz suramericana.
De acuerdo con este esquema ciertos rasgos son generales para toda la secuencia,
como las figurillas antropomorfas con deformación craneana. Los asentamientos se
encuentran en las cercanías del agua (ríos, esteros o playas); en los complejos más
tempranos sobre la topografía natural y en el más reciente sobre las "tolas".
La economía era mixta, orientada hacia explotación de la fauna de mar, ríos y esteros;
recolección de frutas silvestres; cultivo de raíces y maíz.
Inguapi es el complejo más antiguo, cuya primera fecha, 325 + o - 85 a.C.
corresponde cronológicamente al formativo tardío. El material cerámico, incluyendo las
figurinas, muestra rasgos chorreroides; aparecen evidencias de trabajo de oro, ya con
técnicas desarrolladas. Se relaciona con los períodos Monte Alto Antiguo, Mataje I y el
período pre-tolita de La Tolita.
El siguiente complejo, Inguapi 2, con fechas 270 y 50 a.C., se deriva del
anterior, pero desaparecen los rasgos chorreroides de la cerámica. Las figurinas de este
complejo son las que siempre ilustran la "Cultura Tumaco-La Tolita". Corresponde
a la época de los desarrollos Regionales y dentro de ella a una etapa
"clásica" propuesta por el autor; se relaciona con el periodo II de Mataje y el
período clásico de La Tolita.
Continúa la secuencia con el complejo Balsal, que tiene una fecha de 50 d.C. El
complejo Nerete, para el cual no hay fechas se considera contemporáneo. En estos
complejos desaparecen los rasgos clásicos en las figurinas y, hay otros cambios en la
cerámica que podrían deberse tanto a relaciones de tipo comercial como a la llegada de
grupos humanos que reemplazaron a la población anterior. Ambos complejos harían parte de
una etapa intermedia en la época de los Desarrollos Regionales.
El complejo Morro, con fecha 430 d.C. representa en la secuencia, una
modificación más drástica que la anterior, pues cambian todos los tipos cerámicos,
aunque las figurinas continúan. Se postula la llegada de un nuevo grupo a la región.
Corresponde a una etapa tardía de los Desarrollos Regionales.
La cerámica del último complejo, Bucheli que tiene fecha 1075 d.C., al ser
comparada con la de los complejos anteriores, sugiere una regresión: las formas se
simplifican, desaparecen ciertos modos decorativos y las figurinas se estilizan hasta
llegar a lo rudimentario. En cuanto a los patrones de asentamiento, hay sitios Bucheli en
el interior de la llanura aluvial y aparecen las famosas "tolas". Este complejo
corresponde a la época de Integración y podría estar relacionado con Imbilí, y
posiblemente la fase Monte Alto Menos Antiguo. |
Para la región del río Guapi Diógenes Patiño define cuatro fases culturales:
Las Delicias, El Tamarindo, La Cocotera y San Miguel, cuyos materiales se encontraron en
varios sitios que corresponden a la ocupación de dos zonas ecológicamente diferentes.
En la zona de manglares los sitios están en las áreas de bocanas y esteros, en
los llamados "firmes" o sea lugares menos inundables y ricos en capas húmicas.
La fase Las Delicias que corresponde a este patrón de asentamiento tiene materiales que
se relacionan con los complejos El Balsal, Nerete y Morro, pero la fecha obtenida de 190
± 90 a.C. es más temprana que la de los complejos de la costa de Tumaco. Comparte con
estos ciertas formas cerámicas (platos, escudillas trípodes, copas con pedestal
acampanada y cuencos) y rasgos decorativos como pintura roja en bandas; hay figurillas
humanas macizas y modeladas.
La fase La Cocotera, fechada 110 ± 60 d.C. también con sitios en la zona de
manglares se relaciona con el complejo Inguapi y con Mataje, Monte Alto y, en la costa de
Esmeraldas en el Ecuador, con La Tolita y La Propicia. Comparte con éstos rasgos como
figurillas humanas huecas modeladas y moldeadas, algunas con deformación craneana,
profusión de vasijas trípodes, con soportes huecos cónicos o mamiformes, vasijas
aquilladas y compuestas, alcarrazas, etc.; en la decoración el énfasis es en incisiones
con motivos geométricos y la pintura en tones rojo, naranja, blanco y negro (positiva y
negativa). La orfebrería característica de esta fase es de piezas grandes y también muy
pequeñas (adornos, como orejeras, pendientes, narigueras y claves). En la industria
lítica abundan pesas de red, hachas trapezoidales, metates, manos de moler y
machacadores. Los datos palinológicos además indican que se cultivaba maíz y yuca.
Los sitios de las fases El Tamarindo y San Miguel están en la llanura aluvial en
las riberas de los ríos y en las partes altas de lomas y colinas aledañas. La fase El
Tamarindo fechada en 140 ± 60 d.C. está pobremente documentada y es difícil
relacionarla claramente con otros sitios; hay algunas semejanzas con elementos de los
complejos Balsal y Nerete. El material cerámico de San Miguel, aún sin fecha, tiene
rasgos distintos a los de las anteriores fases, lo que parece indicar que corresponde a
nuevos pobladores, de épocas tardías. Se relaciona en algunos aspectos (decoración de
cordones aplicados, incisiones de líneas paralelas o cruzadas y puntos impresos en el
labio de bordes reforzados) con la cerámica encontrada en el sitio San Luis en el bajo
Calima, la cual a su vez se relaciona con el horizonte Sonso (Patiño 1987; 1988:
114-124).
|
| La
Subregión Cordillerana
Las investigaciones en esta subregión que se conoce popularmente con el
apelativo "Calima", se han concentrado en los municipios de Restrepo, Darién,
Yotoco y Vijes.
Entre las más tempranas están las de Henry Wassén (1976) quien en el año de
1935 excavó tumbas y recolectó datos sobre ajuares funerarios, en el Valle de El Dorado,
en el año de 1935. Dos años más tarde Gregorio Hernández de Alba (1976) hizo
reconocimientos en Yotoco y Darién. Hacia finales de la década del treinta, a raíz del
auge de la guaquería, el Instituto Etnológico Nacional, envió comisiones de
arqueología de salvamento de las cuales formaron parte Julio César Cubillos, Roberto
Pineda Giraldo y Gerardo Reichel-Dolmatoff (Pineda G. 1945, Duque Gómez 1946). Una
comisión similar compuesta por Warwick Bray, Andrew Macmillan y Joaquín Parra, trabajó
en el año 1962 en el valle del río Calima, donde se construía una represa (Bray 1976).
Diez años más tarde, Ana María Caldas, Alvaro Chávez y Marina Villamizar (1972),
excavaron varias tumbas en el valle de El Dorado y sus alrededores. Al año siguiente, Ana
María Falchetti y Clemencia Plazas (1973) excavaron tumbas en el municipio de Restrepo.
Hacia finales de la década Carlos Humberto Illera (1978), realizó reconocimientos y
excavaciones en los municipios de Darién y Restrepo.
Entre 1979 y 1986 la Fundación Pro-Calima ha promovido un proyecto
interdisciplinarias con orientación ambiental en los municipios de Restrepo, Darién,
Yotoco, La Cumbre y Dagua (Herrera, Cardale de Schrimpff y Bray 1982-3; Gahwiler 1983).
Además del grupo de Pro-Calima, otros investigadores han trabajado en la región durante
la última década. Gonzalo Correal buscó sitios Paleoindios (comunicación personal)·
Edgar Torres hizo un reconocimiento en cercanías de Dagua y en el río Pepitas
(comunicación personal); Vladimir Bashilov, Carlos A. Rodríguez y Héctor Salgado
(Salgado et al. 1984, Salgado 1984), llevaron a cabo excavaciones de plantas de vivienda
en el cerro del Cabo de la Vela; Carlos A. Rodríguez (1983-4) hizo una prospección en la
región del río Las Vueltas, conocido también como Garrapatas y Héctor Salgado (1985)
excavó en el sitio El Pital.
|
En la parte media de la región cordillerana, el relieve es de lomeríos, entre
los cuales se intercalan pequeños valles de suelo anegadizo, que en las aerofotografías
muestran huellas de antiguas zanjas y eras de cultivo. En los pastizales de las laderas se
ven también zanjas que bajan por las pendientes y planes artificiales. El mayor de estos
valles es el Valle de El Dorado, que si bien no iguala en tamaño al de Calima, convertido
en embalse, es representativo de este paisaje y por esto se escogió para hacer un estudio
de las transformaciones en la fisiografía, vegetación y clima a partir de una época
anterior a la ocupación humana. Para esta reconstrucción se utilizaron varias clases de
análisis: de polen (en muestras obtenidas con barreno hasta una profundidad de 5 m.); de
suelos, de fitolitas y de carbón. |
La historia comienza hace unos 40.000 años, cuando existía en el valle y sus
alrededores una vegetación de bosque andino y subandino que crecía sobre un suelo
húmedo. El fondo del valle, que tenía una sección en V, se va rellenando con materia
orgánica, sedimentos y material de arrastre; y como consecuencia de lluvias de ceniza
volcánica y fenómenos inducidos por estas (erosión y deslizamientos masivos de suelo),
la salida del Valle se bloquea, formándose un lago.
Estas condiciones lacustres no eran permanentes; de tiempo en tiempo, bajaba el
nivel del agua y quedaba un pantano y en algún intervalo se mejoró tanto el drenaje, que
volvió a crecer el bosque. Hacia el final de la época que antecede a la ocupación
humana, hay un último episodio de deslizamientos y vuelve a formarse un lago, que a la
larga se seca, quedando de nuevo un pantano, el cual, hacia el año 100 ± 320 d.C., se
adecuó para cultivo por medio de la construcción de drenajes. Pero es antes, en la
época lacustre, cuando aparece por primera vez polen de maíz y también cambios
importantes en la vegetación de los alrededores del Valle, indicativos de deforestación.
Hay una fecha, 4.730 ± 230 a.C., para este episodio en el diagrama de polen de la
Hacienda El Dorado y, otra, 3.200 ± 180 a.C. para el diagrama de la Hacienda Lusitania.
(Bray, Herrera y Schrimpff 1985 a, 1985 b y comunicación personal, Monsalve 1985, Botero
1985, Piperno 1985).
Hay para otros sitios fechas más antiguas, pero conviene antes de entrar a
considerarlas, discutir el significado de los hallazgos aislados de puntas de proyectil en
piedra. Estas no pueden interpretarse inequívocamente como evidencias de ocupación
durante el paleoindio y bien podría tratarse de artefactos elaborados en época tardía.
Aparte de la punta de Restrepo (Reichel-Dolmatoff, 1965:48) sobre la cual no existen datos
de contexto, hay información sobre otras procedentes del Municipio de Yotoco; una de la
Agrícola Sinaí, hallada en recolección superficial y otras dos de las haciendas El
Dorado y La Virginia en tumbas con material cerámico tardío. La última tiene una fecha
de C14 de 610 ± 75 d.C. (Bray s.f.).
En los abrigos rocosos no se han encontrado yacimientos paleoindios (Correal
comunicación personal). Los sitios de ocupación más antiguos son a campo abierto en las
fincas Sauzalito y El Recreo localizadas muy cerca una de la otra en el Municipio de
Darién. Allí se han encontrado conjuntos líticos que incluyen piedras burdas
simplemente partidas , cantos rodados con huellas de trabajo, piedras de río lisas y
planas a las cuales se les hizo, un orificio para suspensión y finalmente tres artefactos
tentativamente denominados "azadas". También se encontraron nueces carbonizadas
todavía sin identificar. Para el sitio Sauzalito hay tres fechas de radiocarbono 7.720 ±
150 a.C.; 7.650 ± 110 a.C. y 7.350 ± 100 a.C. Para El Recreo los análisis de C14 están
en proceso pero hay indicios de que posiblemente corresponde a la misma época. Parece que
se trata de campamentos estacionales usados con cierta frecuencia en esta época y
posteriormente abandonados. (Bray, Herrera y Cardale de Schrimpff, comunicación
personal).
En el Pital, situado en el sector donde empieza la caída fuerte de la cordillera
hacia la costa del Pacífico se encontró un yacimiento profundo y estratificado. A la
primera ocupación de éste, datada en 5.360 ± 140 a.C. corresponde un conjunto lítico,
similar al de los sitios anteriores, es decir con escasas evidencias de trabajo humano
(cantos rodados, pequeños percutores, y líticos que presentan fracturas o lascado) así
como hachas. El grosor del estrato correspondiente (45 cm) indica que el sitio se usó por
largo tiempo. En el siguiente estrato cultural, separado del anterior por una capa
estéril, se encontró material lítico de características similares fechado en 2.140 ±
90 a.C. (Salgado 1985; 1986).
Entre las peculiaridades del material de estos tres sitios, que lo distinguen de
otros conjuntos precerámicos, están las "hachas" o "azadas". Además
de las encontradas en las excavaciones recientemente se han detectado varias en
colecciones particulares. Todas tienen acanaladura y silueta redondeada entre circular y
oblonga, fueron terminadas por pulimento, en algunos casos tan cuidadoso y bien conservado
que se podría pensar fueron usadas más bien como adornos o emblemas. La mayoría tiene
desgastes y desconchamientos por uso. Hay sin embargo un ejemplar, de excavación que es
aproximadamente rectangular y no fue pulido.
La mayoría de las fechas para Ilama, primera ocupación cerámica de la región,
se concentran en el milenio anterior a la era cristiana, a partir de una de 720 ± 100
a.C., que corresponde a la base del yacimiento de El Topacio. Una fecha anterior, de 1590
± 70 a.C. obtenida de carbón encontrado en tres tumbas, se considera todavía con
reservas. En El Pital, la base del estrato Ilama, que viene inmediatamente a continuación
del último estrato precerámico tiene una fecha de 310 - 80 a.C. (Cardale de Schrimpff,
Herrera y Bray 1985; Cardale de Schrimpff, 1986 Salgado, 1986).
La cerámica llama es técnicamente muy avanzada, con uso muy frecuente de
incisiones como recurso decorativo, en vasijas con representaciones antropomorfas y
zoomorfas. Aparece la vasija con doble vertedera y asa puente ("alcarraza") y
son frecuentes las representaciones masculinas adosadas a vasos ("canasteros").
Los datos sobre hallazgos de tumbas, (de pozo poco profundo con cámara pequeña) indican
que se trabajaba el oro, con técnicas desarrolladas, para producir objetos, tanto de
lámina lisa, como fundidos (Cardale de Schrimpff, Herrera y Bray 1985).
Hacia principios de la era cristiana un cambio notorio en varios aspectos da
lugar a la definición de un nuevo período denominado Yotoco, que perdura hasta el siglo
XIII d.C. La primera fecha aceptada para este período (195 ± 185 a.C.) se traslada con
las últimas de Ilama. Ciertamente hay continuidad con algunos elementos del período
anterior (alcarrazas, pintura negativa negra), pero no se puede descartar la posibilidad
de que este cambio se deba a la llegada de gente nueva al área. En la cerámica son
características la pintura policroma y las alcarrazas zoomorfas. La orfebrería muestra
un extraordinario florecimiento; la mayoría de las piezas conocidas como del estilo
Calima (Pérez de Barradas 1954) pertenecen a este período. Son piezas de oro de buena
ley, elaboradas por martillado y fundición a la cera perdida. Las evidencias parecen
indicar que fue durante esta época cuando se construyó la red de caminos, que surca la
región; algunos se dirigen, hacia el valle del río Cauca y al parecer lo atravesaban
para adentrarse en la cordillera central, otros van hacia la vertiente del Pacífico
(Bray, Herrera y Schrimpff 1981).
En el valle de El Dorado, continúan las evidencias de uso agrícola durante el
período Yotoco. Hay varias fechas de C14, entre los siglos VIII y XI d.C., para una
compleja red de canales que se conectan entre si formando campos de cultivo (camellones,
espacios cuadrangulares) y desagües, visibles hoy en día como variaciones de color en
los pastos. La información de polen y fitolitas indica que se cultivaba maíz. Semillas
carbonizadas, encontradas en un sitio de vivienda del período Yotoco en la vertiente del
valle de Calima, fueron identificadas por C. Earle Smith como de maíz de dos variedades,
una de ellas probablemente emparentada con la clase Pollo-Nal Tel y de fríjol (Phaseolus
vulgaris). El uso de otros cultígenos se puede deducir de las representaciones
fitomorfas en cerámica: alcarrazas en forma de arracacha (Arracacia xanthorriza, Bancroft)
y calabazo (Lagenaria vulgaris, Serg). En orfebrería, las representaciones de
poporos sugieren que se consumía coca. |
El sistema de campos de cultivo en el Valle de El Dorado se usó en forma
continua hasta el siglo XIII. Hacia el año 1200 los diagramas de polen muestran un
interludio de clima más seco y frío, que también ha sido detectado en otras regiones de
Colombia como la Sabana de Bogotá y el Valle del Magdalena. No se entiende bien por qué,
a partir de entonces, el foco de la actividad agrícola se desplaza hacia el borde del
valle y las laderas. Es posible que el descenso general en el nivel freático restara
operacionalidad al sistema de campos de cultivo en el piso del valle e hiciera forzosa una
intensificación en el uso de las pendientes.
El siglo XIII marca también un cambio cultural en la región de Calima: aparecen
evidencias de una nueva ocupación, conocida como período Sonso. Los cambios se notan en
la cerámica, con el advenimiento de nuevas formas (grandes cántaros de tres asas) y
técnicas decorativas (pastillaje); continúa usándose la pintura negra pero en motivos
lineales. Desaparecen las alcarrazas y las representaciones zoomorfas. La orfebrería
sufre una notable decadencia en comparación con los niveles estéticos alcanzados en el
período anterior; los torzales macizos son una de las formas características. Las tumbas
son ahora de pozo profundo. Con frecuencia las viviendas se construían sobre
aterrazamientos artificiales; excavaciones en el cerro Cabo de La Vela (Jiguales), indican
que eran de planta circular-irregular en unos casos, pero en otros fueron erigidas sobre
pilotes, con planta posiblemente rectangular. Durante el período Sonso se construyen
probablemente la mayoría de las plataformas artificiales que se encuentran en las
laderas, dispersas o formando agrupaciones seminucleadas. Algunas de estas son de
dimensiones considerables, hasta de 100 m. de largo. La densidad de plataformas y del
material cerámico y la frecuencia con que se encuentra cerámica de este período sobre
la superficie sugieren que hubo un aumento considerable de población (Bray, Herrera y
Cardale de Schrimpff 1980, 1981, 1983 y 1985; Salgado, Rodríguez y Bashilov 1984; Salgado
1984).
Los rasgos que caracterizan cada uno de los tres períodos tienen una dispersión
diferente. Mientras que la del material llama es restringida (municipios de Restrepo,
Darién, parte de Vijes y Yotoco), el material Yotoco pasa los límites de la región y se
encuentra en el plan del valle del río Cauca, cerca a Buga. Siguiendo la cuenca de éste
hacia el norte, ciertas formas cerámicas típicas de Yotoco (como las alcarrazas y vasos
silbantes policromos zoomorfos), se repiten con algunas modificaciones, en vasijas del
Viejo Caldas. En cuanto a la orfebrería, los estilos clásicos Calima y Quimbaya
comparten rasgos tecnológicos y formales (Plazas y Falchetti 1983).
Los complejos cerámico y orfebre que caracterizan el período Sonso, se asemejan
a los definidos para el plan del Valle del Cauca y constituyen todos una tradición
tardía, que también se conecta con cerámica de la región del Viejo Caldas (Véase
infra, Valle del río Cauca). Uno de los detalles compartidos es la
representación estilizada de personajes con prominente y ganchuda nariz.
Hacia el sureste de la región de Calima, en la zona de La Cumbre - Pavas -
Bitaco, se encuentran los rasgos arqueológicos tardíos ya mencionados (plataformas de
vivienda, canales en las laderas y tumbas profundas de pozo). El material cerámico sin
embargo muestra ciertos rasgos distintivos, como son las grandes urnas funerarias, ya sean
cilíndricas ("veleros") o de cuerpo redondeado. Estilísticamente éstas
corresponden con el período Sonso, pero tienen fechas que van de 305 a.C. hasta 1140
d.C., o sea que cronológicamente se situarían en el período Yotoco, lo cual parece una
incongruencia (Gahwiler 1983; Bray, Herrera y Schrimpff 1981).
En las vertientes del Pacífico en dirección norte, todavía en el departamento
del Valle del Cauca (municipios de El Cairo y Versalles) se detectaron plataformas
artificiales semicirculares en diversos tamaños y formando agrupaciones seminucleadas, es
decir una pauta de asentamiento similar a la del período Sonso. El material cerámico
también parece corresponder con el de las ocupaciones tardías del Valle del Cauca
(Rodríguez 1983-4).
Un poco más hacia el Norte, la subregión cordillerana incluye una parte del
departamento de Risaralda sobre la cual, no hay datos de trabajo de campo, pero si piezas
en museos y colecciones particulares. Esta cae bajo la denominación "zona
occidental", dentro de la distribución cerámica del área Quimbaya establecida por
Duque Gómez. La descripción que se da de este material sugiere que se trata de una
variedad del estilo Sonso (Duque Gómez 1970).
|
Subregión Mesa del Chocó
Comprende las vertientes de la Cordillera Occidental que caen al Valle del Atrato
y las Llanuras del Atlántico, en buena parte cubiertas de vegetación selvática. Abarca
administrativamente un sector del departamento del Chocó y aproximadamente la mitad del
departamento de Antioquia. En ella se encuentran importantes yacimientos auríferos y
según datos de los cronistas y relatos de la guaquería, se han encontrado allí tumbas
ricas en oro (Burcher 1985). Los estudios arqueológicos son muy escasos.
|
Graciliano Arcila Vélez (1953, 1960) ha documentado material procedente de
tumbas en Mutatá y en el Carmen del Atrato. En 1982 Gilberto Cadavid realizó
reconocimientos y recolecciones superficiales en los municipios de Anzá, Santa Fé,
Frontino y Dabeiba (comunicación personal). Según datos de este último
reconocimiento, hay en esta región importantes rasgos arqueológicos sobre la superficie:
agrupaciones nucleadas de terrazas artificiales ("patios de indios") algunos con
muros de contención en piedra y quebradas encausadas con piedras en ciertos trechos.
|
El material documentado del Carmen del Atrato acusa influencias
del área Quimbaya y Golfo de Urabá. En cuanto a la cerámica procedente de tumbas
revestidas en piedra de Mutatá, se propone la coexistencia de dos manifestaciones
culturales, caracterizada la una por decoración de incisiones burdas (según las
ilustraciones, este material muestra similitudes con el del Magdalena Medio) y la otra por
punteado, incisión pulimentada y pastillaje, que se relaciona con material
característico del Golfo de Urabá (Arcila Vélez 1953).
Subregión Insular
Está constituída por las Islas Gorgona, Gorgonilla y Malpelo. En 1924 el
etnólogo inglés James Hornell visitó la isla mayor y realizó reconocimientos,
recolecciones superficiales y excavaciones de sondeo. Reporta la presencia de petroglifos,
material lítico (metates, manos, hachas, cinceles, cuñas, escariadores, etc.) y
cerámico. En este el principal modo decorativo es la pintura roja seguida por las
impresiones ejecutadas sobre bandas de aplique; también hay pequeñas agarraderas. El
material ilustrado parece más bien tardío. Sin embargo en dos de los sitios sondeados
éste se halla colocado bajo una capa estéril de depósito aluvial relativamente gruesa
(20 a 35 cms) sobre la cual se ha desarrollado una capa de humus de unos 10 cms. Estos
depósitos corresponderían a desechos acumulados bajo viviendas construídas sobre
pilotes, en zonas inundables (Harnell, 1925, 1926). En 1982, Edgar Torres (comunicación
personal) hizo reconocimientos en Gorgona y Gorgonilla. En la primera excavó sondeos, en
los cuales encontró material cerámico que muestra similitudes con el de Tumaco, aunque
las figurinas estaban ausentes. El material lítico incluye hachas, pesas de red y piedras
tentativamente llamadas de moler.
|
| Balance
General de la Región
El énfasis en este balance está en contactos y movimientos de poblaciones, tema
que no pierde su fascinación y menos ahora con los recientes hallazgos de sitios
precerámicos dañables que plantean nuevos interrogantes como el de la procedencia
inmediata de estas gentes y sus movimientos. Hay sin embargo una laguna de conocimientos
que le resta solidez a cualquier intento en este sentido, como es la falta de información
sobre las fluctuaciones en la Línea costera y en el clima costero durante los últimos
diez o quince mil años. Estas debieron influir grandemente en las pautas de vida y de
migración desde la época temprana.
La presencia de yacimientos líticos en la franja costera y el
emplazamiento de El Pital, en las estribaciones pacíficas de la cordillera occidental y
de Sauzalito y El Recreo hacia la vertiente opuesta, es sugestivo de movimientos lentos de
población desde la costa en dirección Este.
El material lítico de estos tres sitios es rudimentario, aunque podría
corresponder a una economía encaminada hacia la explotación de recursos vegetales,
teniendo en cuenta que polen de maíz hace su aparición a finales del quinto milenio a.C.
De hecho algunas de las herramientas encontradas podrían ser más bien azadas que hachas.
Incidentalmente el utillaje de estos tres sitios parece configurar un conjunto lítico de
características bien definidas cuyo parentesco con la tradición Abriense habría que
determinar cuando se haya clasificado totalmente.
Si bien una economía que combinara caza, pesca y recolección,
tanto de especies vegetales como de animales de mar y de río, podría permitir
asentamientos estables en la franja costera por su abundancia de recursos aluviales y
marinos, la región cordillerana sería menos apropiada para ello; a pesar de esto, El
Pital parece corresponder a una ocupación pre-cerámica relativamente prolongada. |
El dato de polen de maíz fechado en el quinto milenio a.C. en el Valle de El
Dorado es uno de los más antiguos para Colombia *, pero la ausencia de estudios
comparativos de morfología de polen de maíz por un lado y de datos de yacimientos sobre
la franja costera, no permiten por ahora especular sobre su procedencia y el papel que la
región pudo jugar en el proceso de domesticación. Ciertamente el Chocó es parte del
área de dispersión del maíz chococito, una raza muy primitiva que se encuentra en la
costa pacífica, desde el Norte de Sur América hasta Centro América (Sanoja 1981: 97).
* Hay una fecha más antigua para la aparición de polen de maíz en el páramo
de Peña Negra, alrededores de la Sabana de Bogotá: 6370 ± 80 a.C.GrN 12068 (Kuhry,
1986).
En el Ecuador en un sitio costero en la Península de Santa Elena aparecen
fitolitas de maíz en yacimientos fechados por C14 entre 6.300 y 4.650 a.C. asociadas con
un utillaje no especializado y otras evidencias de un tipo de economía que combinaba
caza, pesca y recolección (Stothert, 1985); pero habría razón para pensar que las
experiencias en domesticación de plantas podrían remontarse, como se ha sugerido, a una
época entre 7.000 y 10.000 a.C. (Sanoja 1981: 87). En los diagramas de polen de El
Dorado, la zona de la columna donde comienza el polen de maíz (que muestra una frecuencia
baja pero estable durante una época prolongada) podría interpretarse tentativamente como
evidencia de pequeñas siembras, en áreas dentro del bosque andino y subandino preparadas
por tala y quema. Se trataría de una población, con agricultura incipiente, más que de
una etapa temprana de experimentación y domesticación de cultígenos (Luisa Fernanda
Herrera, comunicación personal).
El yacimiento de El Pital no aclara el origen de Ilama, la primera ocupación
cerámica, puesto que en este aparece abruptamente, como un conjunto técnicamente
desarrollado, en un estrato escasamente diferenciado del último depósito precerámico, y
con una fecha tardía, del siglo IV a.C. Este hiato puede deberse a un disturbio antiguo
del sitio. Aparte del yacimiento de Catanguero en el bajo Calima y de la región de
Tumaco, no hay hasta el momento otros nexos para esta cerámica en el país. Comparte
algunos rasgos y un cierto "aire de familia" con cerámica de formativo
ecuatoriano en las provincias costeras de Manabí y Guayas, períodos Machalilla
(1.200-800 a.C.) y Chorrera, (800-300 a.C.). Tal vez las semejanzas son más marcadas
entre la cerámica Yotoco y el período Chorrera. Pero para aclarar el carácter de las
relaciones entre Calima, Tumaco y el formativo ecuatoriano, son necesarias más
investigaciones en los bajos ríos Calima, Dagua, Patía, San Juan de Micay que son de
curso largo y comunican la región costera con la cordillerana.
Los vínculos entre la región de Tumaco y la costa Norte ecuatoriana a finales
del formativo y comienzos del Desarrollo Regional son más claros, pero hacen falta
investigaciones, con énfasis en la zona al Norte del río Guapi, para aclarar las
relaciones entre las secuencias de Cubillos, Reichel, Bouchard y Patiño así como para
hallar la clave de las divergencias, dentro de lo que se podría llamar la tradición
Tumaco - La Tolita. Posiblemente estas muestren la existencia de multitud de comunidades
en interacción activa. Es decir asentamientos estables pero con una buena dosis de
movimiento de población (colonización) y de objetos e ideas (comercio), a lo largo de la
costa y de la intrincada red de brazos fluviales y esteros, que explotada adecuadamente
sería más eficiente que una red de caminos. Otro aspecto que no está suficientemente
claro es que pasó en esta región costera durante el segundo milenio d.C.
Reichel-Dolmatoff y Bouchard coinciden en que, por lo menos en cerámica se evidencia un
proceso de degradación; esta se atribuye a la influencia de un medio difícil, sobre
grupos portadores de una cultura avanzada. Lo sorprendente es, que este proceso hubiera
tomado tanto tiempo. Y que esta gente hubiera persistido en habitar la región cuando la
cordillera, habría sido un hábitat atractivo para grupos de agricultores avanzados. Es
interesante anotar que en la parte cordillerana más inmediata a los asentamientos Tumaco,
o sea al altiplano de Nariño no hay hasta el momento evidencias de contacto hasta el
siglo IX d.C. (Uribe 1976); más aún, no se han encontrado asentamientos contemporáneos
con las primeras fases de Tumaco, y, mientras el límite de los asentamientos Tumaco
parece estar hacia el río Guapi, las evidencias más claras de penetración a la
cordillera están más al Norte, en el territorio del departamento del Valle del Cauca.
Tal vez los asentamientos Tumaco no sean la expresión de una migración poco
exitosa, sino de un movimiento de expansión desde un centro en la costa ecuatoriana (por
ejemplo La Tolita) en un proceso gradual, que involucró gente con un sistema económico
bien desarrollado dentro de una adaptación costera. La costa colombiana se habría
constituído en un área periférica, una región un tanto marginal con respecto a un
núcleo muy dinámico, tanto desde el punto de vista ecológico como cultural. Habría
sido también un punto de parada, un punto intermedio, para expediciones territoriales de
más largo alcance costa arriba y costa adentro. Y es interesante desde esta perspectiva
anotar que el final de las ocupaciones Tumaco, en el segundo milenio d.C. coincide, mas o
menos, con el comienzo de las ocupaciones tardías ("sonsoides") del valle del
Cauca y la cordillera. Es como si con este cambio se hubiera eliminado el interés por los
contactos entre las áreas costeras del norte de Ecuador, sur de Colombia y región
cordillerana, que es muy marcado durante el primer milenio d.C., como lo sugiere la
evidencia de la orfebrería. Esta tiene en Tumaco una fecha del siglo IV x.C., la más
antigua del área andina septentrional, y durante el período Yotoco, alcanza en la
región de Calima el clímax de su desarrollo. Ya para esta época sin embargo, el punto
focal en cuanto a contactos y difusión comienza a desplazarse en sentido opuesto, hacia
la cordillera central.
El material cerámico que estilísticamente se relaciona con Yotoco es común en
por las subregiones Valle del Cauca y Cauca Medio y también se reporta ocasionalmente por
San Agustín y Tierradentro. Por su amplia distribución y considerable duración
temporal, se lo puede considerar como una tradición cerámica. Sus fechas más antiguas
aceptadas, corresponden a sitios en la cordillera Occidental en el departamento del Valle
del Cauca. En el Viejo Caldas, al extremo sur de su dispersión se lo conceptúa tardío,
del siglo XII d.C. (Bruhns 1976), lo cual podría ser cierto. Lo que es discutible, es
incluírlo como tipo dentro del complejo Medio Caldas, la mayoría de cuyo material se
relaciona con el complejo Sonso. Es posible que la difusión de Yotoco se realizara en
dirección Sur-Norte, con la región de Calima como foco. Es difícil evaluar si esta
distribución cerámica representa desplazamientos de población o comercio en forma
intensiva. La evidencia de los caminos parecen indicar que se daba mucha importancia a las
comunicaciones con regiones lejanas.
Aparecen ya para el período Yotoco, las explanaciones artificiales en las
pendientes ("tambos", "patios de indios", "golpes de
cuchara") que se encuentran a lo largo de las cordilleras Occidental y Central y son
posiblemente tardías. Los campos de cultivos formados por zanjas verticales en las
pendientes, (cuya evidencia es clara para el período Sonso) podrían tener una
dispersión y una cronología semejantes. Ambos rasgos son muy populares durante el
período Sonso. El material cerámico y las construcciones Sonsoides alcanzan una rápida
difusión por la cordillera y la suela plana del río Cauca, durante los tres siglos
anteriores a la conquista española, constituyendo arqueológicamente un horizonte.
|
Sobre el carácter del empalme entre Yotoco y Sonso se puede anotar que en las
excavaciones en que se encuentra material de estos dos períodos no hay un estado estéril
entre ambos o una clara división estratigráfica. Por otro lado Pérez de Barradas
(1954), distinguió el oro tardío de la región de Calima con el sugestivo término
"invasionista Las fechas más antiguas, para material relacionado con Sonso, están
en la zona de la Cumbre-Pavas en el extremo occidental de la subregión cordillerana y
podrían indicar, que el río Cauca pudo ser, la ruta por la cual llegaron los últimos
ocupantes prehispánicos de Calima a las estribaciones de la cordillera. |
Para la región costera, al Norte de Buenaventura, es poco lo que se puede
agregar a las conclusiones de Reichel-Dolmatoff sobre sus excavaciones en el río San Juan
y la Bahía de Cupica. Ambas, permanecen todavía difíciles de relacionar con el resto de
la región. Si bien hay evidencias de contacto entre la cerámica del río San Juan y el
horizonte Sonso, se trata de complejos cerámicos muy distintos. Es bien interesante, y no
muy fácil de explicar, que la fecha para éste es relativamente temprana (siglo XI) para
Sonso y un poco posterior al cambio de Murillo-Minguimalo, que se relaciona con la
introducción del cultivo del maíz. Nuevos datos sobre la subregión Mesa del Chocó
ayudarán a aclarar el problema.
También es necesaria más investigación en la franja costera de Buenaventura al
Norte, aprovechando al máximo proyectos de arqueología de rescate. En el futuro cercano
es indispensable desarrollar un proyecto en la zona de la Bahía de Málaga donde ya se
iniciaron las obras de una base naval.
|
REGRESAR AL INDICE |
|
|